Videos Proféticos

           ¿Es necesario el ministerio profético en la Iglesia actual?

                                                                   ( Efesios 4:11-16)  

      Evidentemente, sí. Algunos teólogos dan por finalizado el ministerio profético con la llegada del Precursor, Juan el  Bautista, pero esa posición debemos entenderla en el debido orden. En todo caso, si nos atenemos al significado del término, las palabras hebreas ro´eh y chozeh, unidas a nabhî, acentúan el hecho de que el profeta es "uno que revela la voluntad de Dios al pueblo". Para tal fin, podía, y puede, utilizarse las formas de instrucción, admonición y exhortación, mediante el uso, en el Espíritu, de la Palabra revelada en la Biblia. Otras designaciones son "hombre de Dios", "mensajero de Dios" o "vigilante o atalaya de Dios". Esto nos indica que el profeta está al servicio especial del Señor, vigilando los intereses espirituales del pueblo de Dios. Exhortar en contra del mero formalismo religioso, acentuar el deber moral bíblico, hacer presión sobre la necesidad del servicio espiritual en santidad, y promover los intereses de la verdad y de la justicia según la Palabra, son posiciones inherentes al oficio profético, ayer, hoy y mañana.

 

      Ante esto, debemos asumir que la Iglesia de Jesucristo en nuestros días está necesitada de varones de Dios que, con valentía, denuedo y verdad, denuncien y proclamen con sonido cierto y poderoso la voluntad del Señor frente al relativismo, el postmodernismo y la apostasía. Consideramos, pues, que Efesios 4:11 contempla este importante ministerio, que se desprende del testimonio profético de hombres como David Wilkerson , Paul Washer y  otros, cuyos videos adjuntamos en este sitio web con respeto y gratitud. Atendamos, pues, con humildad ,sometimiento y mansedumbre, la voz de Dios para nuestras vidas.  

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"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia" (2ª Timoteo 3:16)

   Solo la Fe

  Solo la Gracia

  Solo Cristo

  Solo la Escritura

  Solo a Dios gloria 

      Todos necesitamos ser vivificados

"La vida es la más grande de todas las posesiones. Pasar de muerte a vida es sufrir el más grande de los cambios. Y no hay otro cambio que capacite al alma humana para entrar en el cielo.

 

No basta con una pequeña mejoría o una leve reforma; no basta con limpiar y purificar un poco; no basta con pintar y remendar para dar una nueva apariencia al exterior. Es preciso recibir algo completamente nuevo: una nueva naturaleza, un nuevo ser, un nuevo principio de vida, una nueva mente; eso y sólo eso será suficiente para las necesidades del alma humana. No basta con una nueva piel; necesitamos un nuevo corazón.

El bloque de mármol arrancado de la cantera y convertido en noble figura; el desierto transformado en hermoso jardín cubierto de flores; y el trozo de hierro trabajado hasta que llega a ser una diminuta pieza del reloj constituyen grandes cambios. Empero,  no son nada comparados con el cambio que ha de sufrir todo hijo de Adam, por cuanto aquéllos no son más que la misma materia bajo distinta forma. Mas el hombre necesita que se le injerte algo que hasta entonces no tenía. Requiere un cambio tan grande como el que representa pasar de un estado de muerte a uno a uno de vida; ha de convertirse en una nueva criatura. Las cosas viejas han de pasar y todas han de ser hechas nuevas. Debe "nacer de nuevo"; ha de nacer de lo alto, de Dios. El nacimiento espiritual es tan necesa-rio a la vida del alma como el natural lo es a la del cuerpo (2 Corintios 5:17; Juan 3:3).                      ( Juan Carlos Ryle)

      La grandeza de Cristo en relación

                          con la Iglesia 

" Y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia" (Colosenses 1:18) 

Cristo es la Cabeza única de la Iglesia que es su Cuerpo. En ningún lugar de las Escrituras se hace mención de alguna otra en ningún sentido, ni literal ni figurado, ni visible ni invisible. No hay absolutamen-te nadie en quien Cristo haya delegado la facultad de ser Cabeza.

La dignidad de la  Cabeza  de la Iglesia está íntimamente relacionada con la resurrección y, en consecuencia, con la muerte de la cruz. "Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, quien además está a la diestra de Dios" (Romanos 8:34). Sólo Cristo murió. Sólo Cristo resucitó. Sólo Cristo ha sido dado como Cabeza a la Iglesia (Efesios 1:20-23).

"Para que en todo tenga la preeminen-cia". Cristo ostenta la primacía en todo lo que concierne a autoridad sobre la Iglesia. Sólo El es el Maestro y el Legislador, el Señor y el Juez."

  (Texto:José M. Martínez (1924-2016) /Ilustración: Obra de Rembrandt)