¡¡“Y oí otra voz del cielo que decía: salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas”!!    (Apocalipsis 18:4)

(Ante la sutil trampa del catolicismo romano a la iglesia de Jesucristo por medio de la “Semana de Oración por la Unidad de los ¿cristianos?”).

 

¡Cuán doloroso y preocupante nos resulta ver a muchas iglesias protestantes siendo seducidas y arrastradas por la iglesia apóstata a estas reuniones engañosas, atraídas astutamente por “la mujer vestida de púrpura y escarlata, y adornada de oro, de piedras preciosas y de perlas”, que tiene en la mano “un cáliz de oro lleno de abominaciones y de la inmundicia de su fornicación; y en su frente un nombre escrito, un misterio: BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA"! Ésta es "... la mujer ebria de la sangre de los mártires de Jesús”(Apocalipsis 17:4-6), aquella que en las plazas y calles de nuestro país dio cruel  e infame muerte a nuestros amados hermanos por su firme fe en Jesucristo y en su Palabra santa, única y verdadera (1) ( estando, por cierto, su traducción, lectura y difusión prohibidas  -en la lengua común del pueblo- bajo pena de muerte, decretada por los ahora llamados hermanos y compañeros de camino). Conviene señalar que fue, precisamente, la Constitución de Cádiz de 1812 la que abolió tal opresora medida, así como el terrorífico Tribunal de la Inquisición. Por ello, desde aquí grito en el Espíritu, con voz tronante, con trompeta de Dios, cierta y bíblica: “No seáis, pues, partícipes con ellos. Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor, andad como hijos de luz...Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas (Efesios 5:7-8, 11). “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia?¿Y que comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente”(2ª Corintios 6:14-16).

 

El Señor me ha dicho por su Palabra: “Dirás todo lo que te mande. No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte” (Jeremías 1:7-8). “Tú, pues, ciñe tus lomos, levántate, y háblales todo cuanto te mande; no temas delante de ellos, para que no te haga yo quebrantar delante de ellos...Y pelearán contra ti, pero no te vencerán” (vers. 17-18). Fiel al mandato de Jehová el Señor, te pregunto: ¿...qué tienes tú en el camino de Egipto, para que bebas agua del Nilo ( y comas el pan leudado e impuro del Anticristo)" (2:18). Pero el Señor sigue diciendo: “Y no oyeron ni inclinaron su oído; antes bien caminaron en sus propios consejos, en la dureza de su corazón malvado, y fueron hacia atrás y no hacia adelante (7:24). Sé, hermanos amados en el ministerio, aquellos que compartís la mesa llena de vómito y suciedad de los impíos, que os reiréis de estas palabras que el Señor dirige a vuestras vidas como responsables de su hermosa grey, y que vuestra respuesta -una vez más- será de ignorancia y rechazo, pero Jehová me insta una y otra vez: “Tú, pues, les dirás todas estas palabras, pero no te oirán; los llamarás ( a salir de la comunión con las tinieblas de la mentira y la idolatría) y no te responderán” (7:27). "Les hablarás, pues, mis palabras, escuchen o dejen de escuchar; porque son muy rebeldes" (Ezequiel 2:7). Pero el llamamiento del Señor sí debe retumbar poderosamente en el corazón de esa parte del pueblo de Dios: ¡¡“SALID DE ELLA, PUEBLO MÍO, PARA QUE NO SEÁIS PARTÍCIPES DE SUS PECADOS, NI RECIBÁIS PARTE DE SUS PLAGAS”!! (Apocalipsis 18:4). Muy pronto -el tiempo se está acercando-, se hará realidad la justicia irreversible de Dios por medio del cumplimiento de esta Palabra profética : “¡¡HA CAÍDO, HA CAÍDO BABILONIA, LA GRAN CIUDAD, PORQUE HA HECHO BEBER A TODAS LAS NACIONES DEL VINO DEL FUROR DE SU FORNICACIÓN!! (14:8).

 

Y, a vosotros, hermanos fieles en Cristo, os dejo esta Palabra: “Esto lo digo para que nadie os engañe con palabras persuasivas (sean quienes sean). Porque aunque estoy ausente en cuerpo, no obstante en espíritu estoy con vosotros, gozándome y mirando vuestro buen orden, y la firmeza de vuestra fe en Cristo. Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias” (Colosenses 2:4-7).

                                                                                             (J. Mª V. M.)

 

Cartel de este año 2012

                               (Cartel de este año 2012, anunciador

                               de la "Semana de Oración por la Unidad

                               de los ¿cristianos?").

 

(1) http://www.iglesiaevangelicaelalfarero.com/historia-y-biograf%C3%ADas/

 

http://www.iglesiaevangelicaelalfarero.com/apolog%C3%A9tica/la-estrategia-de-satan%C3%A1s/

 

http://www.iglesiaevangelicaelalfarero.com/opini%C3%B3n/la-antipat%C3%ADa-protestante-en-espa%C3%B1a/

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   Solo la Fe

  Solo la Gracia

  Solo Cristo

  Solo la Escritura

  Solo a Dios gloria 

Inutilidad de las obras para la salvación

(El trágico engaño de la religión romana)

"Todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia" (Isaías 64:6).

 

La historia refiere de un general romano que después de haber prestado grandes servicios a la república, fue acusado de un delito capital. Confiado en sus méritos, se presentó muy animoso y  tranquilo  ante el Senado; y  mostrando a los jueces las gloriosas y múltiples heridas que había recibido en defensa de la patria, exclamó:  ¿Es posible que servicios tan eminentes, que acciones tan valientes, que heridas tan honrosas queden borradas por un solo delito?

 

Muchos religiosos sinceros, a semejanza de aquel general romano, se han presentado, se presentan y se presentarán muy confiados ante el tribunal de Dios; apoyados en una larga lista de buenas obras y de acciones religiosas y morales que consideran válidas para obtener la anhelada salvación de sus almas.  ¡Cuánta desesperación, cuánto dolor, cuántas lágrimas al comprobar que se encuentran ante la justicia de Dios con las manos vacías¡  Esa es la trágica consecuencia del pecado en la vida del hombre caído. Entonces muchos hombres se preguntarán inútilmente: ¿Es posible que tanto bien quede olvidado por causa de algunos pecados y transgresiones? Sí, porque según la voluntad de Dios las obras no significan nada en cuanto a la salvación: solo la fe en la perfecta obra expiatoria de Cristo tiene validez para la reden-ción del pecador sin esperanza. Bien que lo expresa el apóstol Pablo:"Por gracia sois salvos, por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios" (Efesios 2:8). 

El mismo Jesús abre el camino a la vida eterna a través de su Palabra: "De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida" (Juan 5:24).

Él nos dejó palabras de esperanza frente al dolor y desesperación de Marta : "Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá" (Juan 11:25).

(J.Mª V.M./Inspirado en un texto de 1862)

     La presencia de Dios debe ordenar                      nuestra manera de vivir 

Al alma a la que Dios se manifiesta y le da el deleite de su presencia, está obligada a demostrar fidelidad a Él. No debe involucrarse en ningún negocio que no corresponda a la vocación recibida  o a una necesidad obvia. Debe desempeñar sus negocios sin preocuparte en cuanto a la continuación de los mismos, con la intención solamente de cumplir la voluntad de Dios, voluntad que obra tanto en un aparente mal como en un bien.

 

Debe ocuparse más en Dios que en las criaturas, y creer que no hay ejercicio , más importante y excelente que el de guardar la unión con el Dios presente. A Él debe la complacencia. Agradar al hombre lleva a la distracción y nos aleja de Dios.

 

El alma que está en Dios debe sujetarse al orden y a la providencia, y aceptar con voluntad la pobreza, la miseria, el abandono y el sufrimiento de toda índole. Tampoco debe buscar carnalmente la liberación de ello, sino más bien gozarse de que la propia presunción sufra una quiebra. Como Pablo debe gloriarse en las debilidades (2ª Corintios 12:9-10).

          (Johann v. Bernières-Louvigni)