Día 24 de abril 

Y los que vinieron, macho y hembra de toda carne vinieron, como se lo había mandado Dios; y Jehová cerró la puerta detrás de Noé”(Génesis 7:16).

 

Mientras observaba la lenta y trabajosa marcha de un caracol en el jardín de casa, vino a mi mente el relato bíblico de la marcha de los animales escogidos por el Señor para ocupar su lugar en el arca antes de enviar el anunciado diluvio sobre la tierra. Y, sobre todo, pude darme cuenta de la gran paciencia demostrada por Dios con este tipo de crustáceo, mientras las veloces aves, las alegres gacelas, los briosos caballos, etc., llegaban con suficiente antelación al refugio preparado por el justo Noé y sus hijos. No olvidemos que el Señor tuvo que esperar a que todos entrasen en el arca, porque como dice la Escritura: “Y los que vinieron, macho y hembra de toda carne vinieron, como se lo había mandado Dios ; y Jehová cerró la puerta detrás de Noé” (Génesis 7:16). Después, una vez cerrada definitivamente la puerta,  ”diluvió durante cuarenta días sobre la tierra; y las aguas crecieron, y levantaron el arca, que fue alzada sobre la tierra” (Génesis 7:17)

 

Ante esto, amado hermano, debes tener en cuenta que no todos los escogidos de Dios en Cristo caminan espiritualmente al mismo ritmo. Al igual que los animales que peregrinaban hacia el arca salvadora, los redimidos marchan hacia la presencia de Dios con diferentes velocidades, aunque todos tengan “puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe” (Hebreos 12:1-2). Encontramos en el camino a hermanos de poco ánimo a los que hay alentar, así como a débiles a los que estamos llamados a sostener en su duro caminar hacia el refugio de Dios. A veces, el Señor nos da el privilegio de poder sobrellevar las cargas de los otros. El mismo apóstol Pablo así lo muestra con su propio ejemplo: “Así que los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles” (Romanos 15:1).

 

Siguiendo con el símil del caracol es fácil entender que, por su lentitud y fragilidad, estuviese expuesto, en mayor medida, al peligro de aquellos depredadores que quedaron fuera del arca. El caracol, en su aparente debilidad, podría decir como Pablo: “...yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día” (2ª Timoteo 1:12). También demostró saber tres cosas que muchos creyentes olvidan con frecuencia en nuestros días: En primer lugar, sabía hacia dónde debía ir ; en segundo lugar, conocía el camino que debía recorrer para llegar al arca y, en último lugar, estaba seguro de llegar a la meta “porque fiel es el que prometió” (Hebreos 10:23). Posiblemente, necesites meditar sobre este versículo: “...una cosa hago, olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a los que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús"(Filipenses 3:13-14).                     (J. Mª V. M.)

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Día 25 de abril

Y la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario” (Mateo 14:24).

 

Es bien conocido de todos como el viento de Levante azota las costas del estrecho de Gibraltar, siendo muy molesta su presencia, principalmente en zonas cercanas a la ciudad de Tarifa a la que, paradójicamente, ha beneficiado de manera muy peculiar: en su bella y famosa playa de Los Lances se practica, aprovechando tal circunstancia, uno de los deportes más en auge en todo el mundo: el windsurf o tabla a vela. Pero no siempre es apacible el estado de las aguas en ese hermoso lugar donde se abrazan dos mares desconocidos entre sí : el Mediterráneo y el Atlántico. Allí se han dado, desde la más remota antigüedad, fuertes y peligrosas tempestades y tormentas que han convertido estas aguas en tumba de muchas atrevidas y desafiantes embarcaciones.

 

Más de una vez he sido testigo de este furioso ataque de los elementos sobre los barcos que navegaban hacia el Mediterráneo buscando una zona menos expuesta y peligrosa. Desde un lugar de privilegio podía ver -con gran tensión y preocupación- como los pesqueros enfilaban, con angustiosa premura, el seguro abrigo del puerto de Algeciras, mientras la lluvia y los vientos jugaban con tan frágiles embarcaciones. En cierta ocasión, dialogando con un veterano marinero de bajura, éste me comentó con voz entrecortada por lo emotivos recuerdos: “Lo peor no es la tempestad, sino las dolorosas consecuencias que ésta acarrea a los marineros y a sus familias: yo he perdido un hijo en un desgraciado naufragio en esa zona”. ¡Cuántas veces en mi vida me he visto igualmente zarandeado por las imprevisibles tormentas que han azotado mi alma hasta límites casi insoportablesPero, oh mi Señor, en todas estas fuertes pruebas que han ayudado a fortalecer mi vida espiritual, has estado a mi lado en la barca, enseñándome a descansar en tu Palabra fiel y verdadera cuando los vientos eran contrarios! ¡Cuán consoladora es ésta promesa de Dios para con sus hijos: “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo”! (Isaías 43:2)

 

El Señor también me ha mostrado que nadie puede llegar a ser un experimentado marinero si no ha pasado por las pruebas y dificultades propias del oficio frente a tempestades extremas. Dios utiliza para su servicio a aquellos que luchan, con denuedo y valentía, contra las amenazadoras olas que pretenden intimidarles  para que busquen la seguridad cómoda del puerto. ¡No olvidemos que nuestra fidelidad a Cristo es probada cada día en las aguas tempestuosas de la vida terrenal, y que de ellas tenemos que salir victoriosos en Él!                                               (J. Mª V. M.)

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Día 26 de abril

No temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar” (Mateo 10:28).

 

El día 9 de abril de 1.945, en la ciudad alemana de Flossenbürg, fue vilmente ajusticiado por medio de la horca, el pastor y teólogo protestante Dietrich Bonhoeffer. Contaba tan sólo con 39 años de edad cuando el régimen nazi acabó con su vida, después de un fallido intento por asesinarle. El doctor de campo, testigo de la ejecución, dijo de él: Se arrodilló para orar antes de subir los escalones del cadalso, valiente y sereno. En los cincuenta años que he trabajado como doctor nunca vi morir a un hombre tan entregado a la voluntad de Dios”. Según otros testigos, sus últimas palabras antes de morir fueron: “Este es el fin; para mí el principio de la vida”. Con anterioridad a su muerte, horas antes, había dirigido un servicio de culto a petición de un grupo de presos cristianos. Dejó un amplio legado literario, destacando el título "El costo de ser discípulo" , donde destacan unas palabras premonitorias sobre sí mismo que tuvieron su cumplimiento pocos años después: “Cuando Dios llama a un hombre, le ordena venir y morir”. Muchos testigos de Jesús así lo hicieron en victoriosa obediencia: "Y ellos lo han vencido (a Satanás) por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte" (Apocalipsis 12:11).

 

Todo discípulo de Jesucristo debe asumir, desde el mismo llamamiento, que trabajar para la proclamación del Evangelio en un mundo dominado por el principe de las tinieblas es muy duro, porque Satanás luchará con todas sus fuerzas malignas para impedir que la semilla de la vida eterna sea sembrada en los corazones de los hombres que viven bajo su esclavitud. El Señor Jesús era consciente de esto cuando los envió a predicar por primera vez: “He aquí yo os envío como a ovejas en medio de lobos” “Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre” “Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar” (Mateo 10:16,22,28). Deben asumir, asimismo,  que “el discípulo no es más que el maestro, ni el siervo más que su señor” (vers. 24). El Señor Jesucristo fue despreciado, rechazado y crucificado por aquellos a los que había venido a salvar. Ninguno de nosotros, pues, debe sorprenderse si padece como su Maestro, “porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué no se hará? (Lucas 23:31). Amado hermano, a Dietrich Bonhoeffer, como buen siervo y fiel, le fue concedido a causa de Cristo no sólo creer en Él sino también padecer por Él (Filipenses 1:29). ¡Ahora se encuentra en el gozo de su Señor! ¡El mundo no era digno para este mártir de la fe! (Hebreos 11:38).                                                                                                                               

                                                                                                                        (J. Mª V. M.)

 

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"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia" (2ª Timoteo 3:16)

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  Solo la Gracia

  Solo Cristo

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  Solo a Dios gloria 

      LA VERDADERA UNIDAD EXISTE

"...solícitos en guardar la UNIDAD DEL ESPÍRITU en el vínculo de la paz" (Efesios 4:3)

 

La verdadera unidad existe. La cuestión

es: ¿Quién puede producir esa unidad? Y la respuesta es que sólo el Espíritu Santo puede producir tal unidad. Eso fue lo que ocurrió en Pentecostés. Como resultado del bautismo con el Espíritu Santo, no solo predicaron aquellos cristianos primitivos codo con codo un mismo mensaje de salvación, sino que además "se añadieron aquel día como tres mil almas" (Hechos 2:41). Y podemos asegurar que  aquellas almas eran verdaderas "piedras vivas" y no meros elementos decorativos en una estructura vacía. En otras palabras, para alcanzar la meta de la unidad entre cristianos . . . es imprescindible la vigorosa acción del Espíritu Santo produciendo un verdadero temor de Dios y un intenso anhelo por su gloria. Un mero sentimiento intelectual a una determinada ortodoxia no es suficiente. Ya tenemos demasiado cadáveres eclesiásticos constituidos por ese material, demasiados valles de huesos secos. Solo el soplo del Espíritu puede formar un cuerpo vivo y vitalizador.

 

Querido hermano, si anhelas ver al pueblo de Dios unido alrededor de un proyecto, una visión o una causa común, no te dejes engañar por el espejismo de Babel ni te conformes con la bendición de Adulam. Elévate a Pentecostés, busca que el Espíritu sople sobre los huesos secos, que su fuego consuma toda la escoria de nuestros apaños, maniobras y estrategias. Imbúyete del espíritu del Maestro, quien dijo: "No recibo gloria de los hombres" (Juan 5:41), y de su siervo Pablo, quien dejó claro que no buscaba "gloria de los hombres, ni de vosotros ni de otros" (1ª Tesalonicenses 2:6).    (D. C. M.)

El Evangelio de la gracia soberana de Dios  (Carlos Haddon Spurgeon)

 

Habiéndose  observado, con evidente preocupación, cuán grande es el rechazo generalizado de muchos hacia la doctrina de la gracia soberana de Dios, incluimos estas breves líneas del reconocido siervo de Dios  C.H.Spurgeon sobre tan transcen-dente  tema:

"Si algo es aborrecido enconadamente es el verdadero Evangelio de la gracia de Dios, especialmente si esa odiosa palabra "soberanía" se menciona al mismo tiempo. Atrévanse a decir: "Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compa-dezca" (Romanos 9:15), y habrá furiosos críticos que les insultarán descomedida-mente. El religioso moderno no sólo aborrece la doctrina de la gracia soberana, sino que despotrica y se enfurece con su sola mención. Preferiría que blasfemára-mos antes que predicáramos la elección por el Padre, la expiación por el Hijo o la regeneración por el Espíritu. Si quieren ver a alguien excitado hasta que lo satánico prevalezca claramente, dejen que algunos de los nuevos teólogos les oigan predicar un sermón sobre la libre gracia.

 

Un evangelio que sea según los hombres será bienvenido por los hombres, pero hace falta una operación divina en el corazón y la mente para que alguien esté dispuesto a recibir en lo más profundo de su alma este inaceptable Evangelio de Dios. 

Mis queridos hermanos, no traten de hacerlo agradable a las mentes carnales. No oculten el tropiezo de la cruz, no sea que la hagan vana. Los ángulos y las esquinas del Evangelio son su fuerza: recortarlos significa quitarles su poder.

La moderación no es el aumento de la fuerza sino su muerte. ¡Claro!, habrán notado que aun entre las sectas sus puntos distintivos son los cuernos de su poder; y cuando éstos quedan prácticamente omitidos, la secta decae. Aprendan, pues, que si quitan a Cristo del cristianismo, el cristianismo está muerto. Si quitan la gracia del Evangelio, el Evangelio desaparece. Si a la gente no le gusta la doctrina de la gracia, denle tanto más de la  misma".            (C. H. S./1890)