Día 6 de abril

 

La brevedad de la vida del hombre sobre la tierra

Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece” (Santiago 4:14).

 

Paseando junto a la playa, a la caída de la tarde, pude contemplar como un barco de pasajeros se iba perdiendo lentamente en la neblina gris que lo atraía hacia mar adentro, ocultándolo celosamente de mi vista. Esta visión me hizo recordar cuán breve es la vida del hombre sobre la tierra a pesar de los muchos trabajos de éste por intentar prolongarla. Podríamos decir con el rey David: “Mis días se han desvanecido como el humo”y desaparecieron cual sombra que pasa rápidamente ante nuestros ojos, sin darnos tiempo para fijar la mirada (Salmo 102:3,11; 109:23; 144:4). También lo dice Santiago a aquellos que hacen neciamente planes para el mañana: “¿qué es vuestra vida ? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece” (Santiago 4:14).

 

Aunque nuestra vida fuese mucho más longeva de lo que realmente es; aunque viviésemos tantos años como los patriarcas, cuyas vidas cubrían muchos siglos; al final de ellos , irremisiblemente, diríamos lo mismo que David:“Mis días se han desvanecido como humo” (Salmo 102:3). Tomemos como ejemplo la respuesta dada por Jacob a Faraón cuando éste le preguntó: “¿Cuántos son los días de los años de tu vida? Y Jacob respondió a Faraón: Los días de los años de mi peregrinación son ciento treinta años; pocos y malos han sido los días de los años de mi vida” (Génesis 47:9). Si a Jacob le parece corta su vida ¿Qué podremos decir de la nuestra, que según la Palabra “...son setenta años...y en los más robustos son ochenta años?”(Salmo 90:10)

En el libro de Isaías, el profeta hace una trascendente pregunta al Señor con relación al mensaje a proclamar: "¿Qué tengo que decir a voces? Que toda carne es hierba, y toda su gloria como flor del campo. La hierba se seca, y la flor se marchita..." (Isaías 40:6; 1ª Pedro 1:24). En realidad es así, como lo reconoció el rey David de sí mismo: "El hombre, como la hierba son sus días; florece como la flor del campo, que pasó el viento por ella, y pereció, y su lugar no la conocerá más" (Salmo 1:3:15-16).

 

Es verdad, amado hermano o amigo, que el engañador procura hacer creer que el día de la partida está muy lejano, y que todavía no es necesario reconciliarse con el Señor, ignorando conscientemente las palabras de Dios al rico insensato de la parábola: "Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?" (Lucas 12:20). Si quieres comprobarlo, acércate a una residencia de ancianos y habla con cualquiera de ellos. Pregúntale que le han parecido los años transcurridos hasta ahora. Es muy posible que responda que le parecen un sueño, que sus años han pasado como un abrir y cerrar de ojos. Pero ante la cercana  partida, parecen ignorar la inevitable realidad que les espera: el juicio inapelable y la eternidad sin Dios. Por ello, debemos ayudarlos a bien morir, no solo a bien vivir, porque "está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio" (Hebreos 9:27). Pero hay esperanza en Cristo para ellos: "El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida" (Juan 5:24).                                                                                                                                                                                                   (J. Mª V. M.)

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Día 7 de abril

Esto haré: Derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes” (Lucas 12:18).

 

Nadie puede negar que vivimos en un mundo edificador de graneros. Todos los hombres se afanan, de una manera o de otra, en edificar para su seguridad, sin tener en cuenta a Dios y su Palabra para nada. Los demás hombres son sólo figuras inertes, inanimadas, de su egoísta paisaje. Este materialismo ateo impregna a toda la humanidad, social y económicamente, creando oasis privilegiados en medio de la miseria humana: inversiones en bolsa o títulos mobiliarios, inversiones inmobiliarias, cuentas opacas, etc. Todo gira alrededor de una utópica seguridad que para muchos ha sido una verdadera trampa, por causa de aquellos corruptos que utilizan este tipo de “aparente seguridad”, de "atrayente granero"-, para despojar impunemente a los incautos que han caído en sus doradas redes. Bien que lo anunció Jesús:“Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos... tesoros en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega...porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Lucas 12:33-34)

 

Muchos de los que viven en la “otra sociedad”-la de la orilla sin esperanza , la del futuro sin cosechas ni graneros , donde no llegan los sobresaltos bursátiles, ni los esquilmadores de seda -, sí saben de personas que ignoran las palabras inversión o ahorro , de hombres de mirada perdida que esperan una cosecha que nunca llega, o de niños que pululan en los hediondos vertederos de la gran ciudad intentando recolectar el pan de cada día escondido entre los malolientes y fétidos desechos de los de enfrente. En este mundo, cínicamente olvidado e ignorado, el problema no es el de almacenar más y más para dormir plácidamente sin sobresaltos futuros, sino el de satisfacer una de las más urgentes necesidades del ser humano: comer y seguir existiendo.Allí los niños conocen la cara horrible del hambre, las mordazas del silencio obligado, de la escuela callejera sin pupitres, de la contaminación terrible del pecado que abre llagas malolientes.

 

Mientras, otros que se precian y ufanan -mintiendo- de ser discípulos de Jesús, de Aquel que dijo:“Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recostar su cabeza (Mateo 8:20), dilapidan millones de euros, sin escrúpulo alguno, en escandalosas campañas viajeras que solo pretenden cimentar un reino de injusticia, no el bendito reino de Jesucristo. Hermano amado, a la luz de la Palabra de Dios construir graneros y almacenar bienes es perder, dar en su Nombre es sembrar y cosechar: "Dad y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo." (Lucas 6:38).  ¿Qué estás haciendo para  que el Señor sea glorificado?                                                           (J. Mª V. M.)

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Día 8 de abril

...puesto que me has dado tierra de secano, dame también fuentes de agua. Él entonces le dio las fuentes de arriba, y las de abajo” (Josué 15:19).

 

La tierra de Palestina experimentaba, en tiempos bíblicos, graves sequías que los campesinos intentaban mitigar habilitando regadíos para distribuir la escasa agua disponible a todas las zonas cultivadas. De esta manera conseguían, aún en la árida época estival, producir fértiles cosechas. Por tal motivo, el gran valor y estima que los labradores daban a los arroyos, manantiales y fuentes - algo que aparece frecuentemente en el relato bíblico- sobrepasaba al de otros colectivos, aún al de los propios pastores. En cuanto a las fuentes o manantiales, encontramos en este texto del libro de Josué que las había de dos clases: fuentes de arriba y fuentes de abajo. Las tierras del Neguev que Acsa recibió de su padre Caleb como dote de su unión con Otoniel, eran tierras de secano que recibían el azote de un ardoroso sol en su mayor tiempo, haciendo imprescindible el uso de la irrigación; de ahí la segunda petición de la hija de Caleb (vers. 19).

 

La vida del cristiano necesita tanto de las fuentes de arriba como de las de abajo. Las aguas que vienen de arriba podemos encontrarlas en colinas provistas por el Señor, descendiendo hacia nuestra alma sedienta del Dios vivo (Salmo 63:1). Estas aguas refrescantes las tenemos siempre que extendamos nuestras manos hacia Aquel que prometió: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba” (Juan 7:37). Es una experiencia real en la vida del propio David: “Extendí mis manos a ti, mi alma a ti como la tierra sedienta” (Salmo 143:6). Pero las aguas de abajo aparecen en lugares difíciles y desérticos, en las circunstancias áridas de cada día. Para recibirlas basta con que confiemos en las promesas benditas del Señor, “porque aguas será cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad. El lugar seco se convertirá en estanque, y el sequedal en manaderos de aguas” (Isaías 35:6-7).

 

Amado hermano, posiblemente lleves andando “tres días por el desierto sin hallar agua” (Éxodo 15:22). O tal vez , has llegado a muchos estanques del mundo para beber, pero no has podido saciar tu sed porque las aguas eran amargas (vers. 23). Conozco personalmente esa desalentadora experiencia, ya que en casa teníamos un pozo grande, hermoso, rebosante durante todo el año...pero sus abundantes aguas se habían vuelto salobres y amargas ¡Sólo servían para ser utilizadas en la limpieza! En aquel lejano tiempo de mi niñez, aún no entendía del amor de Dios, ni de su poder para endulzar el agua que calma la sed de sus redimidos (vers.25). Ahora, bendito sea el Señor, puedo beber de las fuentes de arriba y de las fuentes de abajo; pero otras ovejas, tristemente, han hecho dos males, dice el Señor: “Me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas rotas que no retienen agua”(Jeremías 2:13). ¿Estás viviendo, quizás, esta situación espiritual? ¡Acércate de nuevo a Cristo, la fuente de agua viva!                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                             (J. Mª V. M.)

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"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia" (2ª Timoteo 3:16)

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Inutilidad de las obras para la salvación

(El trágico engaño de la religión romana)

"Todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia" (Isaías 64:6).

 

La historia refiere de un general romano que después de haber prestado grandes servicios a la república, fue acusado de un delito capital. Confiado en sus méritos, se presentó muy animoso y  tranquilo  ante el Senado; y  mostrando a los jueces las gloriosas y múltiples heridas que había recibido en defensa de la patria, exclamó:  ¿Es posible que servicios tan eminentes, que acciones tan valientes, que heridas tan honrosas queden borradas por un solo delito?

 

Muchos religiosos sinceros, a semejanza de aquel general romano, se han presentado, se presentan y se presentarán muy confiados ante el tribunal de Dios; apoyados en una larga lista de buenas obras y de acciones religiosas y morales que consideran válidas para obtener la anhelada salvación de sus almas.  ¡Cuánta desesperación, cuánto dolor, cuántas lágrimas al comprobar que se encuentran ante la justicia de Dios con las manos vacías¡  Esa es la trágica consecuencia del pecado en la vida del hombre caído. Entonces muchos hombres se preguntarán inútilmente: ¿Es posible que tanto bien quede olvidado por causa de algunos pecados y transgresiones? Sí, porque según la voluntad de Dios las obras no significan nada en cuanto a la salvación: solo la fe en la perfecta obra expiatoria de Cristo tiene validez para la reden-ción del pecador sin esperanza. Bien que lo expresa el apóstol Pablo:"Por gracia sois salvos, por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios" (Efesios 2:8). 

El mismo Jesús abre el camino a la vida eterna a través de su Palabra: "De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida" (Juan 5:24).

Él nos dejó palabras de esperanza frente al dolor y desesperación de Marta : "Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá" (Juan 11:25).

(J.Mª V.M./Inspirado en un texto de 1862)

     La presencia de Dios debe ordenar                      nuestra manera de vivir 

Al alma a la que Dios se manifiesta y le da el deleite de su presencia, está obligada a demostrar fidelidad a Él. No debe involucrarse en ningún negocio que no corresponda a la vocación recibida  o a una necesidad obvia. Debe desempeñar sus negocios sin preocuparte en cuanto a la continuación de los mismos, con la intención solamente de cumplir la voluntad de Dios, voluntad que obra tanto en un aparente mal como en un bien.

 

Debe ocuparse más en Dios que en las criaturas, y creer que no hay ejercicio , más importante y excelente que el de guardar la unión con el Dios presente. A Él debe la complacencia. Agradar al hombre lleva a la distracción y nos aleja de Dios.

 

El alma que está en Dios debe sujetarse al orden y a la providencia, y aceptar con voluntad la pobreza, la miseria, el abandono y el sufrimiento de toda índole. Tampoco debe buscar carnalmente la liberación de ello, sino más bien gozarse de que la propia presunción sufra una quiebra. Como Pablo debe gloriarse en las debilidades (2ª Corintios 12:9-10).

          (Johann v. Bernières-Louvigni)