Día 9 de mayo

 

Experimentando la victoria... 

Entonces el rey mandó, y trajeron a Daniel, y le echaron en el foso de los leones” (Daniel 6:16).

 

Hermano amado, no te desanimes cuando seas acechado y perseguido por aquellos que te fuerzan a que camines junto ellos en sus malvados deseos y abominables idolatrías. Muchas veces, el Señor ha manifestado su poder y gloria en medio de lo que otros consideraban derrotas y fracasos. Aquí encontramos a un Daniel aparentemente abandonado por su Dios, por Aquel al que él se encomendaba cada día delante de todos: “Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes” (Daniel 6:10). Pero la respuesta de Dios fue otra: Él permitió que sus enemigos siguieran adelante con su malvado plan: intentar acabar con su vida. Una vez más, al igual que ocurrió con José frente a sus hermanos, “Dios lo encaminó a bien” (Génesis 50:20), ya que “envió su ángel, el cual cerró la boca de los leones, para que nle hiciesen daño” (Daniel 6:22).

 

Cuando tus enemigos se junten contra ti, y te hallen confiando firmemente en oración delante de la presencia de tu Dios -como siempre lo has hecho-, no temas mal alguno porque Dios siempre muestra su poder y su gloria en medio de las más difíciles situaciones, como sucedió en la vida de su siervo Pablo cuando éste fue arrojado -después de haber sido azotado con saña - al calabozo más profundo de la inmunda cárcel de Filipos (Hechos 16:23-24). En estos momentos, el enemigo se goza grandemente con lo que considera “su victoria”, pero ésta es sólo aparente, no real y definitiva: Dios siempre tiene la última palabra, no el enemigo; como afirmó una fiel sierva del Señor ante sus acongojados compañeros de prisión: “La aparente derrota del cristiano es sólo un glorioso camino para el triunfo; confiad siempre en Dios y  Él os dará la victoria prometida”.

 

Amado, viene a mi memoria la primera vez que experimenté -junto a mi padre- el atravesar un largo y oscuro túnel en el duro asiento de un desvencijado tren de aquel tiempo. Nunca había pasado por un túnel, y mucho menos por uno de la extensión de éste. Mi padre, comprensivo ante mi temor, me dijo con ternura“Hijo mío, no temas, todo túnel tiene su fin y, además, yo estoy a tu lado”.Más tarde, al pasar por los angustiosos túneles de la prueba en mi vida cristiana, pude experimentar palabras de ánimo y consuelo de parte de mi Padre eterno: “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia” (Isaías 41:10)¡Cuánto fortalece nuestro corazón esta Palabra en momentos de pesadas pruebas y sufrimientos por causa de nuestra fe en Jesucristo!                                                                                

                                                                                      (J. Mª V. M.)

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10 de mayo

 

EL EJEMPLO QUE LOS CRISTIANOS NECESITAMOS

...damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes” (1ª Tesalonicenses 2:13).

 

¡Qué gozo en el Espíritu produce en nuestros corazones el encontrar en la cartas paulinas el fiel testimonio de estos hermanos de Tesalónica que -por su obediencia y fidelidad a la Escritura-, mueven a los enviados del Señor (Pablo, Silvano y Timoteo) a dar gracias a Dios sin cesar porque sus testimonios hablan de haber recibido la Palabra de Dios como palabra divina, no de hombres y, además, actuando poderosamente en ellos en medio de persecuciones y tribulaciones! Es tan loable el comportamiento de esta congregación que les hace exclamar: “Damos siempre gracias a Dios por todos vosotros...acordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo...de tal manera que habéis sido ejemplo a todos los de Macedonia y de Acaya que han creído” (1ª Tesalonicenses 1:2,7).

 

Pero, amados hermanos, debemos asumir confiadamente que "la fe tiene que ser probada en el horno siete veces calentado de la aflicción", tal como repetía una y otra vez Carlos H. Spurgeon desde el púlpito del Metropolitan Tabernacule de Londres. También, desde la pira humeante del martirio a manos de la cruel y sanguinaria Inquisición española, un fiel discípulo de Cristo confesó ante sus verdugos: “Ningún creyente será coronado de gloria si no ha sido pisado en el lagar del desprecio y del dolor por causa de su fe”. Precisamente, porque la obra era prosperada por el Señor, los judíos de Tesalónica -llenos de celos y envidia- les atacaron calentando al pueblo y a las autoridades contra ellos. Esta dolorosa e injusta situación ya la había vivido el propio apóstol Pablo con anterioridad, siendo librado por el Señor mediante piadosos y fieles hermanos  (Hechos 17:5-9). ¡Más adelante, muchos hermanos de esa iglesia llegaron a experimentar lo duro y difícil del seguimiento de Jesús, y cuánto pesa la cruz de cada día! (1ª Tesalonicenses 1:6, 2ª Tesalonicenses 1:7). Recordarían, sin lugar a dudas, las propias palabras del Maestro: “Si a mi me han perseguido, también a vosotros os perseguirán” (Juan 15:20). ¡Es el precio inevitable de una vida consagrada al Señor!  

 

Hermano en Cristo, debes asumir algo muy importante que nunca has de olvidar ni relegar: “La finalidad de la vida cristiana no es ser feliz, ni buscar el placer y evitar el dolor, sino hacer la voluntad del Señor, sea cual sea”. Estas son palabras de un mártir cristiano de nuestros días que fueron corroboradas dando su vida por la justicia de Dios. Posiblemente, ahora mismo estés abrumado por el desdén y el desprecio del mundo hacia ti y hacia Aquel al que amas y predicas. Es una situación que cuesta mucho soportar, pero el Señor te consuela y conforta con palabras bañadas de amor, gozo y esperanza: “Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos" (Mateo 5:11-12).                                                                                                                      (J. Mª V. M.)


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Día 11 de mayo 

La soberbia del hombre le abate...

Dios resiste a los soberbios, pero a los humildes da su gracia ” (Santiago 4:6).

 

Le llamaban “el duque”, y solía colocarse a la puerta de la antigua estación de autobuses de Jerez. Nadie sabía realmente cuál era su verdadero nombre, ni su lugar de procedencia, aunque conservaba ciertos rasgos que denotaban un pasado muy diferente; de ahí el por qué de su apodo:“el duque”, originado en el ánimo de aquellos que compartían su triste destino. Todo alrededor de su vida era un misterio insondable. Ni aún siquiera los propios compañeros de la calle, aquellos que participaban de su miserable existencia, conocían algo relacionado con su vida. Sólo se sabía que un frío día de invierno apareció refugiado, entre cartones y harapos, en los portales de la citada estación. A partir de ahí, todo han sido conjeturas y especulaciones, ya que nadie ha logrado bucear en el arisco mar de su corazón. No hablaba con nadie, excepto para requerirles su limosna o alguna ayuda de ropa o alimentos. Pero algo sí se sabía de este oscuro personaje: su insoportable carácter, manifestado un día tras otro a través de una petulante y déspota soberbia y altanería”.

 

De esta manera comenzaba, en el boletín de una conocida iglesia, la noticia del fallecimiento de este singular mendigo callejero. Pero el verdadero interés de este suceso no consistía en dicha muerte, sino en algo más trascendente: el radical cambio experimentado en el corazón de este hombre por medio de la obra del Espíritu Santo, el cual convence “al mundo de pecado, de justicia y de juicio” (Juan 16:8). En el momento de su partida junto al Señor, ya no existía "el duque", sino un hijo  amado del Rey de reyes y Señor de señores, quién envió a un joven viajero cristiano que se acercó a él y, mirándole a los ojos, le habló de la obra realizada por Jesucristo para justificar al pecador. A continuación, le dejó un Nuevo Testamento sobre su regazo y siguió su camino encomendando su alma al Señor. Según el hermano que narraba el suceso, “el principal motivo de la degradación de esta persona, lo que realmente le había llevado a tan triste situación, había comenzado en su propia soberbia. Por causa de ella, al encenderse la ira y la discordia en su corazón hacia su propia familia, había consumido todo su patrimonio en enconados pleitos que acabaron arrastrándole a la ruina más absoluta, perdiendo no sólo los bienes materiales sino también los afectivos. Esto le llevó al rechazo de todo y de todos y a la soledad más desgarradora”. ¡Leyendo esta historia entendemos por qué la soberbia es el viento que inflama el odio, causando devastadores incendios en el corazón humano!

 

Amado hermano, según un conocido escritor cristiano, “la soberbia más sutil y refinada sabe ocultarse -astuta y hábilmente- bajo las más diversas formas, utilizando tanto las vestiduras religiosas como las sociales. Sabe hacer tantos papeles como situaciones existen. La soberbia todo lo infecta, todo lo pudre, todo lo consume”. La Palabra de Dios advierte: Ciertamente la soberbia sólo produce contiendas, mas con los avisados está la sabiduría” (Proverbios 13:10). Hoy muchos hombres se jactan de sus soberbias, ignorando que antes de la ruina es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu” (16:18). El más eficaz antídoto contra la soberbia es la humildad; pero una humildad obrada por el Espíritu, no fabricada por el propio creyente. Para bien de tu vida espiritual, para que no des lugar  a este mal, retén esta Palabra en tu corazón: “Tened pues, entre vosotros el mismo sentir que tuvo Cristo Jesús el cual, siendo de condición divina, no utilizó su igualdad con Dios como cosa a que aferrarse, sino que se anodadó a sí mismo, tomando forma de siervo...” (Filipenses 2:5-8).                                                                                                                 (J. Mª V. M.)

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"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia" (2ª Timoteo 3:16)

   Solo la Fe

  Solo la Gracia

  Solo Cristo

  Solo la Escritura

  Solo a Dios gloria 

 Después de caminar ardua  y dolorosa-mente por los caminos pedregosos de la vida, experimentando adversas pruebas  no deseadas  en este impío teatro del mundo, mi alma sólo ansiaba  la paz suave, dulce, consoladora de mi Señor. ¡No más miedos, no más viajes hacia la aflicción inacabada, no más días sin sol!

Al final del camino,junto a aguas de reposo, me esperaba una amorosa y firme promesa del que ama mi alma: "Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor" (Mat.25:21).  (R. de S.)

El Catecismo reformado de Heidelberg (s. XVI)

En estos últimos tiempos, estamos viviendo circunstancias muy preocupantes en nuestras iglesias reformadas con relación a los funda-mentos doctrinales que las rigen. Consideramos, pues, como una imperante necesidad el volver de nuevo a las valiosas confesiones de fe de nuestros antiguos hermanos de la Reforma;  tratados de fe que han sido arrinconados en mucha iglesias históricas por sucedáneos que en nada reflejan la pureza bíblica que sustentó la vida espiritual y el íntegro testimo-nio de muchos hombres y mujeres que honraron el nombre del Señor Jesucristo, a pesar de vivir en medio de graves dificultades y peligros.

 

Con el fin de estimular la vuelta a la lectura y meditación de dichos tratados de fe, incluimos la primera pregunta del Catecismo de Heidelberg (1563):

¿Cuál es tu único consuelo tanto en la vida como en la muerte?

 

Que yo, con cuerpo y alma, tanto en la vida como en la muerte (Rom. 14:8) , no me pertenezco a mí mismo (1 Co. 6:19), sino a mi fiel Salvador Jesucristo (1 Co. 3:23; Tit.2:14) , que me libró de todo el poder del diablo (Heb. 2:14; 1Juan 3:8; Jn. 8:34-36), satisfaciendo enteramente con su preciosa sangre por todos mis pecados (1 P. 1:18-19; 1J.1:7; 2:2-12), y me guarda de tal manera (Jn. 6:39; 10:28; 2 Ts. 3:3; 1  P. 1:5) que sin la voluntad de mi Padre celestial ni un sólo cabello de mi cabeza puede caer (Mt.10:30; Lc. 21:18), antes es necesario que todas las cosas sirvan para  mi salvación (Ro. 3:28).

Por eso también me asegura, por su Espíritu Santo, la vida eterna y me hace pronto y aparejado para vivir en adelante su santa voluntad (Ro. 8:14; 1 Jn. 3:3)".

    ¡Cuán pocos son los que aman la          cruz de Cristo!

"Jesucristo tiene ahora muchos amadores de su reino celestial, mas muy poquitos que lleven su cruz. Tiene muchos que deseen la consolación, y muy pocos que quieran la tribulación. Muchos compañeros para la mesa, y pocos para la abstinencia: todos quieren gozar con Cristo, mas muy pocos quieren sufrir algo por Él. Muchos siguen a Jesús hasta partir el pan, mas pocos a beber el cáliz de la pasión. Muchos honran sus milagros, mas pocos siguen el vituperio de la cruz. Muchos aman a Jesús cuando no hay adversidades: muchos le alaban y bendicen en el tiempo que reciben de él consolaciones: mas si Jesús se escondiese y los dejase un poco, luego se quejarían, o desesperarían.

Mas los que aman a Jesús por él mismo y no por su propia consolación, bendícenlo en la tribulación y angustia tan bien como en la consolación, siempre lo alabarían y harían gracias."  (Texto literal de Tomás de Kempis )