Día 3 de mayo 

Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3).

 

Visitando una valiosa colección pictórica en mi ciudad, -compuesta en su mayoría por destacadas obras de la pintura española de los siglos XIV al XX, entre las que encontramos interesantes muestras atribuidas a reconocidos maestros como El Greco, Murillo, Velázquez, Zurbarán, Goya, etc. -, pude apreciar que algunas de las restauraciones no se habían realizado adecuadamente con el fin de preservar y realzar la pintura original, sino que aparecían atrevidos “repintados” que la suplantaban. Este hecho deslucía, en parte, la elevada calidad de dicha exposición. Aún así, es de agradecer que tales obras hayan recalado en una ciudad no precisamente muy inclinada a disfrutar con tesoros artísticos de tan indudable prestigio y categoría.

 

Después de tan grata y enriquecedora visita -que pienso volver a repetir si el Señor lo permite-, no pude dejar de pensar en el parecido de esta galería pictórica con muchas iglesias cristianas. Es un hecho reconocido, aunque silenciado, que no todos los que ocupan un lugar en los bancos de nuestras iglesias muestran haber nacido de nuevo, sino que se asemejan sorprendentemente a algunos de estos antiguos lienzos, ya que sólo han sido restaurados exteriormente, no habiendo experimentado un genuino nacimiento espiritual. Creemos, por consiguiente, de acuerdo con la Palabra de Dios, que el pecador debe nacer de nuevo; que el hombre muerto en sus delitos y pecados, no necesita una restauración religiosa o moral, sino ser hecho partícipe de la naturaleza divina (2ª Pedro 1:4). Desde muchos púlpitos se hacen encendidos llamamientos a dejar esto o lo otro; a abandonar éste o aquel dañino hábito que encadena y esclaviza al oyente, pero debemos considerar - a la luz del Evangelio de Jesucristo-, que éste no es el mensaje que el hombre pecador necesita escuchar, sino: ”De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no pude ver el reino de Dios" (Juan 3:3).

 

Según palabras del siervo de Dios  Juan Carlos Ryle, en su reconocida obra “Meditaciones sobre los Evangelios” (editorialperegrino.com), para disfrutar de los privilegios del Reino de Cristo se debe nacer del Espíritu Santo. Él escribió: “El cambio que nuestro Señor declara aquí necesario para la salvación no es superficial ni ligero. No es una mera reforma, una corrección, un cambio moral...es una nueva creación. Es pasar de muerte a vida”. El término restaurar o restauración, sólo es aplicable, pues, a la vida del convertido que haya sido dañado por el pecado, tal como enseña Pablo: “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no seas que tú también seas tentado” (Gálatas 6:1).  Amado hermano, sólo Cristo es el restaurador perfecto que tu vida, posiblemente, necesita: acude a Él confiadamente.                                                                                                             (J. Mª V. M.)

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Día 4 de mayo

Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron. Parte cayó en pedregales...pero salido el sol se quemó...y parte cayó entre espinos; los espinos crecieron y la ahogaron. Pero otra parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno”(Mat. 13:4-8).

 

Todos los cristianos sabemos, y aún más aquellos que servimos al Señor en el ministerio pastoral, cuántos días grises amanecen sobre nuestras vidas. Son días que pretenden enfriar con su gélida influencia el fuego de un corazón entregado sin condiciones a la obra del Señor. No puedo negar, delante de Aquel que amorosamente me llamó para servirle, que ayer atravesaba uno de esos días desalentadores. Pero al buscar al Señor en su Tabernáculo, en el silencio de su presencia, recordé estas tiernas palabras de Jesús: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”(Juan 16:33)¡Cuántas veces encontramos a Jesús orando en solitario por aquellos que habían de recibir su Palabra de vida! De igual manera, nos sucede cuando sembramos una y otra vez el mensaje del Reino  y algunos no lo reciben en sus endurecidos corazones. ¿Hemos considerado cuántas aves, cuántos soles, cuántos espinos abundan en muchas congregaciones, impidiendo el crecimiento fructífero de la bendita Palabra del Señor en sus vidas y en las de los demás?

 

Pero una vez más -ese mismo día-, el Consolador, el Espíritu de verdad, habló a mi corazón mientras seguía atentamente una interesante entrevista realizada en una televisión local a un prestigioso fotógrafo, Miguel Quirós Morales - por demás viejo conocido mío-, sobre su valiosa y generosa colaboración con la Asociación Española contra el Cáncer. Este reconocido profesional, que había aportado un excepcional y delicado trabajo para la edición de un calendario para el presente año 2012, dijo unas palabras que me impactaron grandemente:“ Seguiré sembrando alegría y felicidad, aunque otros pisoteen la cosecha”. Muchos siglos antes, un poeta romano contemporáneo de Jesucristo, Publio Ovidio Nason, escribió en una de sus obras: “La gota taladra la roca, no por la fuerza, sino por su  perseverancia”.

 

Amado hermanoesta sabia frase en boca de una persona no evangélica, me hizo meditar sobre la hermosa parábola “del sembrador”,el cuál tuvo que sembrar por cuatro veces para que la semilla cayese, al fin, en buena tierra y diese fruto (Mateo 13:8, 23). El mismo Jesucristo, al comienzo de su ministerio, tuvo que experimentar el rechazo de los suyos:“A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron” (Juan 1:11); pero Él perseveró en su misión...y apareció el fruto: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (vers. 12). Si estás viviendo momentos de desánimo, de cansancio ante la respuesta apática o fría sobre tu abnegado trabajo en el Señor, no te desanimes, sino sigue el consejo de Pablo: “Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús” (2ª Timoteo 2:1).

                                                                                                                                     (J. Mª V. M.)

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Día 5 de mayo

Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte” (Santiago 1:15).

 

El llamado picudo rojo (rhynchophorus ferrogineus) es una especie de coleóptero originario de Asia tropical. La larva perfora galerías de más de un metro de longitud, devorando el corazón mismo de la palmera, produciendo la lenta, pero casi inevitable, degradación de la misma. El picudo rojo se ha extendido a numerosos países de los continentes africano, europeo y americano. La invasiva y dañina plaga de este coleóptero se detectó primeramente en España en el mes de enero de 1994, en Almuñecar (Granada). En el año 2005 pasó al palmeral de Elche -el mayor de Europa-, causando graves daños. En este año, la plaga fue detectada en Jerez de la Frontera - una ciudad hermoseada por miles de palmeras y naranjos-, afectando a cientos de ejemplares  adultos, y a otros en período de crecimiento, tanto en el área urbana como en las zonas rurales.”

 

De igual manera, Satanás infecta a los creyentes  -en estos días de tanta amoralidad y carnalidad-, haciéndoles creer que muchas de las influencias pecaminosas de este mundo dominado por el príncipe de las tinieblas no son pecado. Pero el pecado es semejante a este enemigo destructor de las palmeras, el picudo rojoel cual se alimenta del corazón de sus víctimas hasta llegar a destruirlas. Sólo lo percibimos cuando, desgraciadamente, el daño está hecho. El mayor éxito que ha tenido el enemigo no sólo ha consistido en hacer caer al creyente en pecado, en desobediencia ante la Palabra de Dios, sino que ha logrado inocular un “picudo rojo” en su propio corazón , llevándolo a fundamentar su vida -y sus decisiones- en la propia conciencia , en un mal entendido libre albedrío y en conceptos sociales permisivos; haciéndole perder la sensibilidad acerca de lo que es bueno y de lo que es malo (Isaías 5:20), y relativizando la gravedad del pecado ante Dios: éste es el mayor peligro para todo hijo de Dios. Desde el momento en que esto ocurre, el corazón de la vida espiritual está dañado, atacado por todo tipo de larvas pecaminosas. 

 

Amado hermano, el diablo lleva mucho tiempo intentando influir en tu corazón para que esto ocurra. Todo su esfuerzo está enfocado en minimizar el pecado y sus desastrosas consecuencias, haciendote creer que ciertos mandamientos de Dios son obsoletos, sin validez en estos días. Pero, una vez más, el Señor nos advierte: “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas...Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él” (Colosenses 2:8, 6) ¡No permitas que el pecado que te asedia consiga dañar tu vida: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida”!(Prov. 4:23).     (J. Mª V. M.)

                                                                                                                                 Siguiente...13

 

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"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia" (2ª Timoteo 3:16)

   Solo la Fe

  Solo la Gracia

  Solo Cristo

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  Solo a Dios gloria 

               IMPORTANCIA DE LA PACIENCIA EN LA VIDA CRISTIANA

"No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque nos es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa"  (Hebreos 10:35-36) .

"El escritor de Hebreos afirma que la paciencia es necesaria, no sólo porque tenemos que soportar hasta el fin, sino porque Satanás tiene innumerables ardides con los cuales nos acosa; y de aquí que si no tenemos una paciencia extraordinaria, nos derrotará una y mil veces antes de que podamos llegar siquiera a la mitad de nuestra jornada.

 

La herencia de la vida eterna está segura, mas como la vida es una carrera, debemos seguir adelante hacia el blanco. Pero en nuestro camino hay muchos obstáculos y dificultades, que no únicamente nos detienen, sino que también pararían nuestros pasos, si no tuviéramos gran firmeza mental para sortearlos. Satanás mañosamente sugiere toda clase de dificultades para desanimarnos. En suma , los cristianos jamás avanzarán dos pasos sin desmayar, a no ser que les sostenga la paciencia. Esta, pues, es la única forma por la cual podemos avanzar con firmeza y constancia; pues no podremos obedecer a Dios de otra manera, ni disfrutar de la herencia prometida, la cual es llamada aquí metonímicamente, la promesa."

                             (Juan CALVINO)

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"Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe"  (Hebreos 12:1-2)

El cristiano está llamado a ser espectáculo para el mundo impío

"Porque según pienso, Dios nos ha exhibido a nosotros, los apóstoles como postreros, como a sentenciados a muerte; pues hemos llegado a ser

espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres" (1ª Corintios 4:9)

El apóstol Pablo, a través de estas palabras describe, con extrema crudeza y realidad, las duras circunstancias por las que han de atravesar aquellos fieles y abnegados servidores del Evangelio que están siendo destinados a las más crueles sentencias por causa de su inquebrantable fe en Jesucristo. 

Desde su llamamiento, son conscientes de que están destinados a la muerte, expuestos a las insaciables fieras que les esperaban en esos sórdidos espectáculos de sangre y muerte. Por este motivo,  se dirige a los tibios e indolentes miembros de la iglesia de Corinto --hombres llenos de una vacía autoestimación que les hacía menospreciar a los propios apóstoles que les anunciaron el Evangelio de salvación--con el fin de mostrarles cuánto sufren por causa de su entrega a ellos y al Señor.

 

Nosotros, aquellos que hemos sido objeto de la gracia salvadora de Cristo, contemplando ésta vívida descripción de los trabajos, sufrimientos y humillaciones del apóstol y sus compañeros de ministerio, no podemos sentirnos ajenos como si de algo extraño se tratase. Todos nosotros, tenemos una gran deuda de gratitud con aquellos que --a costa de sacrificar sus vidas, familias y haciendas-- nos predicaron el  poderoso Evangelio de Jesucristo, llegando a sufrir en ocasiones el más ultrajante desprecio y rechazo. 

 

Ellos, sin tener en cuenta su propia seguridad y estimación,combatieron con el poder de la Palabra nuestro errores, idolatrías, supersticiones, blasfemias y malos tratamientos. Ante este firme testimonio de fe, la pregunta sería: ¿Estamos nosotros comprometidos con Cristo hasta este punto de entrega y obediencia por amor a las almas?"                         (Jesús Mª Vázquez Moreno)