Día 30 de abril

 

Pero gracias a la ayuda de Dios, persevero firme hasta el día de hoy” (Hechos 26:22).

 

Sabemos que a  muchos cristianos, en esta época de tanta inestabilidad  social y moral -donde las cosas son hoy de una manera  y mañana de otra-, les es muy difícil guardar una sólida firmeza  y continuidad en su compromiso como discípulos de Jesucristo lo que, sin duda, influye en la vida de las iglesias y en la de los propios creyentes que las componen. Se dice en medios no cristianos, que lo difícil no es comenzar el camino, sino perseverar en él hasta el final. La Palabra de Dios lo enseña, igualmente, por boca de Salomón: “Mejor es el fin del negocio que su principio” (Eclesiastés 7:8). Evidentementeentre el principio del negocio y su fin, se encuentra la perseverancia. Podemos comenzar toda obra o proyecto con ilusión, pero sin la perseverancia en el Señor, no conseguiremos fruto alguno de nuestro trabajo, porque... ¡cuán inconstante y dubitativo es el corazón del hombre! Sólo Dios es el que se muestra como Aquel que comenzó en nosotros la buena obra  y “la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Filipenses 1:6).

 

La perseverancia aparece en toda la Biblia como una  evidencia real de fe y confianza en las promesas firmes de Dios. Un cristiano que no persevera en el camino de la vida cristiana, es un hombre sin fe. ¡Cuánto sabía de esto el fiel siervo de Dios Juan Bunyan, autor de “El Progreso del Peregrino”, una semblanza de la vida perseverante en la fe del escogido de Dios! Aunque Bunyan escribiese su autobiografía en el libro “Gracia abundante para el mayor de los pecadores”, es innegable que en el título anterior sale a la luz su propia perseverancia en el camino hacia la Ciudad celestial; un peregrinaje plagado de dificultades y sufrimientos pero, a la vez, bañado por la fe y la esperanza en Cristo. Pablo, delante de Festo y de Agripa, no silencia su testimonio perseverante: “Habiendo obtenido auxilio de Dios, persevero hasta el día de hoy, dando testimonio a pequeños y a grandes” (Hechos 26:22). También dijo desde la cárcel: “Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:14). Según palabras del poeta italiano Publio Ovidio Nasón (43 a.C.-17 d.C.), "la gota agujerea la roca, no por la fuerza, sino por su perseverancia" . 

 

Amado hermano, si acudimos a la definición de la palabra perseverancia en cualquier diccionario secular, éste nos dirá que tiene que ver con: “constancia en el seguimiento de una cosa iniciada, continuar lo que se ha comenzado, adherirse o agarrarse para conseguir algo”. Esto fue, precisamente, lo que hizo una pequeña araña a la que le destruí la tela que estaba tejiendo en un rincón alto de mi despacho. Pude observar como ella, sin desanimarse ni quejarse, volvió de nuevo a su trabajo. Con paciencia y perseverancia dignas de ser imitadas por muchos cristianos, este laborioso y tenaz arácnido logró tejer de nuevo aquello que yo había desbaratado en un instante¡Cuánto aprendí de su firme constancia y de su silencioso quehacer! 

                                                                                                    (J. Mª V. M.)              

 

El peligro de los lobos encubiertos de ovejas

 

Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces” (Mateo 7:15-20).

 

No debe extrañarnos el que nos encontremos en nuestras congregaciones con falsos profetas. Es la cizaña que sembró el maligno mientras dormían aquellos que deberían haber vigilado (vers. 25). Suelen llevar la careta de la verdadera espiritualidad; pero esta máscara no les dura mucho tiempo, porque al ser construida con la cera del engaño se derrite inevitablemente al estar cerca del fuego de Dios, al calor de la genuina adoración. Su hábitat seguro, estable, es el de las iglesias formalistas, frías, donde el Espíritu Santo ha sido enclaustrado y apagado (desoyendo la advertencia de la Palabra : 1ª Tesalonicenses 5:19); ocupando sólo un lugar testimonial en las confesiones de fe.

 

De igual manera, los lobos cubiertos con piel de oveja -a la que posiblemente han devorado para apropiársela- no tienen de oveja sino su falsa apariencia. No es prudente olvidar que debajo de ella se esconde un depredador feroz y carnicero. La Palabra nos advierte de este peligro: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo” (1ª Juan 4:1). Si atendemos a su voz, su mirada, su comida, su forma de andar, concluiremos que nos encontramos ante un astuto y peligroso ejemplar de canis lupus que ha entrado furtivamente en el rebaño de Jesucristo “para hurtar, matar y destruir” (Juan 10:10). Abundando en esta enseñanza de Jesús, señalaremos una última y concluyente prueba: los espinos jamás producirán uvas, ni higos los abrojos: es contrario a su naturaleza. A tal fin, Jesús concluye su enseñanza con una máxima a tener en cuenta: “Así que, por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:20).

 

Amado hermano, ten cuidado con aquellos que te aseguran con palabras persuasivas, no bíblicas, que ya no existen falsos profetas, que lo de los lobos vestidos de ovejas es algo del pasado, caduco; que no debes vivir tu vida espiritual preocupado por tales historias, sino mirar hacia adelante y confiar en aquellos que te guían. Un sabio y experimentado siervo de Dios, me refirió lo siguiente: “Cuando era aún un adolescente, empecé a trabajar de pastor en tierras de Asturias. En una ocasión, después de haber oído por enésima vez las advertencias de mi patrón, que por reiteradas me aburrían, me adentré por unas peligrosas cañadas con el fin de cortar camino para subir a los buenos ´pastos de altura´. Al poco tiempo, aparecieron ante mí varios lobos hambrientos que, sin dudar, se abalanzaron sobre el rebaño. Aunque reaccioné con valentía y decisión, no pude evitar que hicieran presa en varias ovejas. Como pude, logré reagrupar a las restantes, saliendo con dificultad a un espacio abierto. Jamás olvidaré aquella amarga -pero a la vez necesaria y costosa- experiencia. Sí, hermano mío, existen los lobos rapaces en las iglesias del Señor; procura, por tanto, no caer en sus engaños. Camina por lugares seguros siguiendo la dirección de Dios (Salmo 18:32)”.  

 

No tengas dudas ni temor, porque por el camino nuevo que nos ha abierto Cristo en medio del desierto caminaremos seguros hacia la Jerusalén celestial, tal como lo anunció el profeta Isaías: "Fortaleced las manos cansadas, afirmad las rodillas endebles. Decid a los de corazón apocado: Esforzaos, no temáis...porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad...Y habrá allí calzada y camino; y será llamado  Camino de Santidad; no pasará inmundo por él, sino que él mismo (Cristo) estará con ellos; el que anduviere por este camino, por torpe que sea, no se extraviará. No habrá allí león, ni fiera subirá por él, ni allí se hallará, para que caminen los redimidos" (Isaías 35:3-9) ¿Caminarás por fe, sin temor alguno, confiando en estas poderosas y consoladoras palabras del Señor para sus redimidos?                                                 

                                                                                                   (J. Mª V. M.)

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Día 1 de mayo

Como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir” (1ª Pedro 1:15).

 

Desde la caída en el huerto, el enemigo repite una estrategia muy burda: utilizando el engaño intenta hacer creer a muchos creyentes sinceros que la santificación es un fruto que sólo aparece en ciertos cristianos privilegiados que viven en alturas espirituales excepcionales, y que para vivirla en plenitud es necesario salir del contacto con el mundo, mentira que desbarata la Palabra de Dios (1ª Corintios 5:9-10). Según un informe hecho público recientemente por un grupo de expertos, muchas especies de flores y plantas amenazadas por la contaminación, están huyendo hacia las más altas cimas buscando protección en un habitat cada vez más reducido. En la pureza de ese espacio se puede encontrar el delicado narcissus asturiensis, la deslumbrante blancura del crocus o el cálido amarillo de la crepis pyrenaica; pero la santidad es una planta que está llamada a florecer en esta tierra sujeta al pecado.      

 

¡Cuán distante de la realidad bíblica es esta idea nacida de un seudocristianismo en auge que solo pretende entronizar -siguiendo el ejemplo católico- a ciertas figuras mediáticas en detrimento del llamamiento de Dios para todos los redimidos! El apóstol Pedro, dirigiéndose a las iglesias de la dispersión, llama a la santificación a todos los redimidos por la obra de Cristo: "... como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo" (1ª Pedro 1:14-16; Levítico 11:44). Cada hijo de Dios, independientemente de su labor dentro de la obra del Señor, está llamado a ser santo "con todos lo que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo"(1ª Corintios 1:2).

 

Amado hermano, a pesar de que la importancia de la santidad en la vida de los redimidos haya sido relegada últimamente a la memoria histórica de muchas iglesias, en favor de las supuestas señales y milagros tan en boga, no podemos bajar los brazos desalentados sin anhelar que Dios nos santifique por completo (1ª Tesalonicenses 5:23). Alguien escribió: “Sí, la vida de santidad es para ti; porque la santidad es un llamamiento de Dios para gente como tú, alma que has sido elegida para alumbrar con la luz poderosa de Cristo a toda criatura”. ¿Estás viviendo irreprensible en  santidad delante de Dios a la espera de la venida de nuestro Señor Jesucristo?       

(J. Mª V. M.)


 


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        El peligro de la herejía gnóstica

"Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como también habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado" (2ª Ped. 2:1-2)

 

"En los tres primeros siglos, la Iglesia tuvo que defender numerosas herejías. Se ponían en peligro las verdades reveladas.

 

El gnosticismo ha sido el peligro más grave que ha corrido la Iglesia. Pasó por más de treinta sistemas gnósticos diferentes, a base de elementos de todas las filosofías y pensamientos regidos por el pensamiento libre. Fue un auténtico anticristianismo y una degradación de la revelación divina.

 

Marción, "el lobo de Ponto", fue uno de los adversarios más serios en el siglo II. Tenía cualidades de jefe y arrastraba tras de sí a muchas personas, a las que llamaba discípulos; fundó sólidas iglesias, que permanecieron fieles hasta el martirio.

Su doctrina se difundió rápidamente. Hacia el año 150, Justino escribía: "Siembra el mundo de blasfemias, ayudado por todos los demonios. Los que le siguen, no pueden probar lo que afirman, pero se dejan llevar y son presa del ateísmo".

Le combatieron Dionisio en Corinto, Ireneo en Lyon, Teófilo en Antioquía, Tertuliano en Cartago, Hipólito y Rodón en Roma y Bar Daisán en Edesa."

                                     (Italo Volpi)

              Seguridad de salvación

Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios"    (1ª Juan 5:13)

 

"Hay dos clases de personas que no deben tener seguridad alguna. La primera: esos que pertenecen a la Iglesia, pero que no son convertidos, no habiendo jamás nacido del Espíritu. La segunda: esos que no quieren hacer la voluntad de Dios, y que no se apresuran a ocupar el lugar que Dios les ha designado, sino que quieren ocupar cualquier otro puesto.

 

Alguien preguntará: "¿Tienen seguridad todos los que pertenecen a la Iglesia?" 

No; creo que muchos de los amados de Dios no tienen seguridad de la salva-ción; pero es privilegio de todos los hijos de Dios, sin ninguna duda, disfrutar del conocimiento de su propia salvación ya en esta vida.  El hombre que vive dudando no está preparado para servir a Dios. Y si el hombre no está seguro de su salvación, ¿cómo podrá ayudar a otro para que entre en el reino de Dios?

Si me veo en peligro de ahogarme, y no creo llegar jamás a la orilla, ¿cómo podré socorrer a otro? Primero debo yo poner pie en tierra firme, y luego podré ayudar a mi prójimo. . . Nadie puede servir a Dios con gusto, si no está seguro de su propia salvación"  (D. L. MOODY)