Día 3 de abril

Pablo y Bernabé...les persuadían a que perseverasen en la gracia de Dios”(Hechos 13:43).

 

Uno de los primeros engaños que el enemigo suele utilizar con aquellos que han abrazado la fe de Jesucristo, es el de advertirlos sobre la dificultad de la vida cristiana, así como de la dureza de este compromiso frente al desdén y el menosprecio de los hombres impíos. Tal vez, llevado de este sutil trabajo del enemigo, alguno llegue a preguntarte: ¿Qué estás haciendo cargando con esa cruz tan pesada? ¿Así piensas vivir los años que aún te quedan por delante? ¿Vas a desperdiciar tu vida sin disfrutar de los placeres a los que tienes derecho? ¿Crees que esto es para ti? ¿Podrás soportar el vivir enfrentado a los tuyos, alejado de sus fiestas y costumbres? ¿Estás seguro del paso que has dado?

 

Hermano amado, guárdate de prestar atención a estos pensamientos que vienen de la carne y no del Espíritu. Los que llevamos algo más de camino andado, sabemos que el hombre fuerte, frustrado por haber sido atado y saqueado por Jesucristo (Mateo 12:29), no cejará en su empeño de hacerte mirar para atrás, Haciéndote recordar engañosamente el pescado, frutas y hortalizas que comías en Egipto "de balde";para que añores volver a tu antigua prisión. Por ello, agrava las dificultades del camino para desalentar a los que comienzan; pero tú debes declarar con fe:“Yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día"(2ª Timoteo 1:12). Ese árbol alto y fuerte que contemplas a diario, fue un día no muy lejano un simple brote inadvertido en la tierra. Ahora, pasados los años, habiendo sido sometido a duras pruebas internas y externas, es admirado por todos por su fortaleza y belleza. Así es el desarrollo de la vida espiritual: "...primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga" (Marcos 4:28).

 

Cuando contemplamos a gigantes espirituales como Pablo, Policarpo, Ireneo, Wycliffe, Spurgeon, etc., olvidamos que ellos también comenzaron sus vidas espirituales con grandes problemas y dificultades. Basta con acudir a los días posteriores a la conversión de Pablo: En Damasco, Ananías recibe revelación de Cristo en visión, la cual anuncia los sufrimientos del futuro apóstol: “...porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre” (Hechos 9:16). En verdad, así ocurrió durante toda su vida de servicio a Cristo, como él mismo relata a los corintios (2ª Corintios11:23-33). Este gigante de Cristo, pudo decir al final de su abnegada vida: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe” (2ª Timoteo 4:7) ¿Podrás decir lo mismo al final de tu carrera en el Señor?                                                                                                                 (J. Mª V. M.)

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Día 4 de abril

El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” (Proverbios 28:13).

 

Muchos hermanos en la fe viven engañados y engañándose a sí mismos, pensando que pueden caminar en el Señor ocultando sus culpas, postergando un día tras otro la confesión de sus pecados y la restauración de su comunión con Dios. Este es el ardid que el engañador emplea para esclavizar a las almas inconstantes: primero procura inducirlas a la culpa, a la desobediencia a Dios, y después las mantiene atrapadas en ella, llevándolas a una desesperación impotente o a una actitud de vana y aparente religiosidad sin fruto alguno. Desde esta posición de disimulo, relativiza la gravedad del pecado, así como la justicia y santidad de Dios, rebajándolas al nivel de su propia rebeldía ante la demanda de su Palabra. 

 

De esta manera, fue engañada la imprudente Eva por el tentador. Ella le prestó oído, le creyó, y obedeciendo a su falsa palabra -teniendo en poco el mandamiento firme de Dios-, se decidió a cometer el primer pecado de la historia humana (Génesis 3); pecado que abriría la puerta a una progresiva iniquidad en el hombre. Ante esto, sería conveniente que nos hiciésemos la siguiente pregunta:¿Voy a permitir que el enemigo me vuelva a atrapar en un segundo lazo? ¡Cuidado con imitar al desesperado Caín cuando fue tratado por Dios: “Mi pecado es grande, más de cuanto yo pueda soportar”(Génesis 4:13 NC.). Jehová hace caer en él la primera maldición sobre la humanidad . De nada le sirvió encubrir su pecado, porque como declara el texto: “El que encubre su pecado no prosperará(Proverbios 28:13). El resultado de su obstinación, no solamente de su pecado, fue una vida apartada y errante fuera de Dios. Confesándolo habría podido alcanzar misericodia. Jesús dice: “Al que a mí viene, no le echo fuera”(Juan 6:37).

 

Muchos creyentes se olvidan, siguiendo los pasos de Caín, de la gracia perdonadora de Dios, encubriendo sus pecados inútilmente ante los ojos del Dios Omnisciente, de Aquel que “escudriña los corazones de todos” (1º Crónicas 29:17). Los que así hacen, muestran que no conocen de la bondad  y misericordia del Señor al que dicen seguir y obedecer. Deberían confesar, arrepentidos: “¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. Él volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades; y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados”(Miqueas 7:18-19). Hermano amado, no vuelvas a esconderte de la mirada de Dios; ¡Confiésale tu pecado, por muy grave que sea;  apártate y alcanzarás misericordia!                                                                                                                                                                                                                                                      (J. Mª V. M.)

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Día 5 de abril

¡Cuidado con el cebo empleado por Satanás!

Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga" (1ª Corintios 10:12).

 

Hace tiempo, en un pueblo marinero de la costa gaditana, tuve la oportunidad de hablar con un veterano pescador sobre algo que desconozco por completo: el arte de la pesca con caña. Durante la amena e interesante charla, sentados junto al muelle, éste me hizo ver la importancia de los detalles en este deporte, algo que muchos aficionados principiantes de tierra adentro sólo creen conocer. “Hijo mío, dijo con parsimonia en un momento de la conversación, ningún pez busca el anzuelo, sino el cebo que se le pone delante”.Siguió diciendo: “La pesca esconde cosas raras que sólo conocen los que desde niños la han vivido. Elegir la carnada adecuada es algo que no todos los pescadores conocen”.Después de despedirme de este anciano pescador, caminé meditando sobre una frase que había logrado retener: “Ningún pez busca el anzuelo, sino el cebo que se le pone delante”.¡Cuán simple y profunda verdad! ¡Cuantos hijos de Dios, pensé, han sido atraídos al pecado por un cebo sutilmente elegido por Satanás para cada víctima!

 

La diversidad de los cebos o carnazas es muy amplia, tanta como casi la total diversidad de peces que pueblan nuestros mares y ríos. Del mismo modo, Satanás emplea un cebo diferente para atrapar a cada hombre en su anzuelo destructor. Basta con que recordemos la estratagema del tentador para intentar engañar a Jesús en el desierto. Astutamente, elige aquellos cebos impregnados con la mentira que, comúnmente, le ha dado resultados positivos: la autosuficiencia sin Dios, la autosemejanza con Dios y la autoexaltación sobre Dios. En respuesta a estas insidiosas tentaciones, Jesús emplea la única defensa que todos los creyentes deben utilizar: “Escrito está ” (Mateo4: 4,7,1)

 

Eva fue engañada por la serpiente utilizando el cebo de la duda frente a Dios: “¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?” (Génesis 3:1). Satanás utiliza parte de la conversación mantenida por Dios con Adán, pero desautoriza la sentencia final:”Porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Genesis 2:17), suplantándola por: “No moriréis” (Génesis 3:4). Este es el más eficaz de los cebos utilizados por el engañador frente al hombre durante toda la historia humana. Él suele acercarse sigilosamente a la orilla de nuestro corazón y lanza el anzuelo con la carnaza que alienta “los deseos carnales que batallan contra el alma” (1ª Pedro 2:11). Frente al no de Dios, él ofrece el apetitoso “si puedes”. Hermano amado, huye de la tentación, no te acerques a la orilla, mantente firme en tu fe. De esta forma no darás ocasión al enemigo de tu alma. ¡Que Dios te fortalezca e ilumine con su Santa Palabra !                                                                      

(J. Mª V. M.)


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         Las tribulaciones del cristiano

"El sufrimiento, en cualquiera de sus formas, enfermedad, pérdida de bienes, muerte de seres queridos, adversida-des, desengaños, etc., siempre es aprovechado por el diablo para hacer su obra. Como hemos mencionado antes, la aflicción es terreno abonado para la duda. Y cuando el adversario no consigue sembrar la duda trata de hundir al creyente en el abatimiento y la desespera-ción, reduciéndolo así a la impotencia espiritual.

 

¿Por qué permite Dios el sufrimiento de sus hijos? ( . . .) En algunos casos  Dios permite que suframos a causa de nuestros pecados. No es que en tal caso el sufrimiento tenga  como objeto expiar la culpa, pues esto lo hizo Cristo por todos nuestros pecados.  Se trata de un castigo con carácter disciplinario a fin de corregirnos y santificarnos. Es magistral la enseñanza que a este respecto encontramos en Hebreos 12:7-13 donde se comenta un antiguo proverbio: "Hijo mío, no menosprecies el castigo del Señor ni desmayes cuando eres de El reprendido, porque el Señor al que ama castiga y azota a cualquiera que recibe por hijo" (Heb. 12:5,6; Prov. 3:11,12) ."                                (José M. Martínez)           

     El ineludible juicio final de Dios

Existe un día grande del que muy a menudo se habla en la Escritura: es el día del juicio, el día en que Dios juzgará lo oculto de los corazones de los hombres por el Señor Jesucristo.

 

Toda alma no cristiana no podrá mante-nerse en el día del juicio. Los impíos no permanecerán en el día del juicio. Actualmente, los pecadores son muy atrevidos y desvergonzados; su cuello se mantiene erguido como si su nervio fuese de hierro, y su frente parece de duro metal.

 

La mayoría de ellos no se avergüenzan cuando son sorprendidos en pecado. Hablando entre nosotros, ¿no es extraordinaria la osadía con que los pecadores participan muchas veces de los actos religiosos, con hipocresía, como si realmente sintiesen lo que no sienten? ¡Con qué desfachatez y sarcasmo juran  a veces y hacen sus votos! ¡Con cuánta osadía algunos impíos se acercan a la mesa del Señor! Ah, pero ello durará solo muy poco tiempo.  Cuando aparecerá el Señor Jesús, el Santo Jesús en toda su gloria, entonces los pecadores, de rostro endurecido por la desvergüenza, serán humillados. . .

Muchos impíos se consuelan ahora pensando que su pecado no es conocido, que ningún ojo humano les ha visto; pero en aquel día los más secretos e íntimos pecados de cada uno serán sacados y llevados a la luz. . .

 

¡Cómo debierais temblar y caer cubiertos de vergüenza, oh hombres impíos que os introducís hipócrita-mente en las congregaciones!

                       (Roberto M. McCheyne)