¿TODA UNIDAD ES PRODUCIDA POR EL ESPÍRITU SANTO Y APROBADA POR EL SEÑOR?

...solícitos en guardad la unidad del Espíritu Santo en el vínculo de la paz” (Efesios 4:3)

 

Resulta realmente desconcertante para un verdadero discípulo de Jesucristo que, mientras la Alianza y el Concilio Mundial de Iglesias no consideran -a pesar de sus contínuas y reiteradas solicitudes- a la Iglesia Adventista del Séptimo Día como iglesia evangélica, nuestra Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España, mantenga aún en sus filas, sin el menor reparo doctrinal y sin cumplir con la impuesta labor de atalayas , a este grupo seudoprotestante que podría -algo muy posible- presidir y dirigir esta Federación evangélica con el beneplácito y aquiescencia de una mayoria bíblicamente relajada y centrada en sí misma.

 

¡Una vez más somos testigos de que España es diferente en todo, aún en aquellos temas donde se precisa una gran prudencia y firmeza en la fe!

¿Cómo es posible que podamos sentarnos cómodamente junto a aquellos que sostienen y defienden ardorosamente, sin reservas, que los escritos de la falsa profetisa Elena G. White son inspirados por Dios y colocados al mismo nivel de las Sagradas Escrituras? Para ellos, las enseñanzas espúreas, heréticas, de esta mujer ocupan en su base doctrinal y en sus vidas espirituales un lugar de obligado cumplimiento, y así lo confiesan orgullosos. Evidentemente, es algo a considerar seriamente por la Iglesia de Jesucristo, aquella que está llamada a ser "columna y baluarte de la verdad" (1ª Timoteo3:15).

 

Doctrinas como “la aniquilación del alma”, la inmortalidad condicional”, “el juicio investigador”, etc., hacen inviable cualquier posible unidad con la Iglesia Adventista. La propia Palabra así lo advierte por mandamiento incuestionable: “No sembrarás tu viña con semillas diversas, no sea que se pierda todo, tanto la semilla que sembraste como el fruto de la viña. No ararás con buey y con asno juntamente. No vestirás ropa de lana y lino juntamente” (Deuteronomio 22:9-11). En el libro del profeta Amós encontramos un versículo concluyente: “¿Andarán dos juntos si no estuvieren de acuerdo?” (Amós 3:3). Pablo, ante el problema que amenaza la unidad doctrinal de las iglesias de Galacia por causa de los judaizantes, advierte firmemente “Un poco de levadura leuda toda la masa” (Gálatas 5:9). Él es consciente del peligro que se cierne sobre la naciente Iglesia, aunque éste parezca incipiente.

En otro orden, y en cuanto al planificado y astuto acercamiento de la Iglesia católico-romana a través de la "estrategia gabaonita"(Josué 9:1-27), el nuevo ecumenismo tan en boga, solamente nos apoyaremos en el llamamiento de Pablo a la santidad (separación) y a la pureza de vida:"No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente" (2ª Corintios 6:14-16). No necesitamos a estas alturas de la historia de la Iglesia del Señor aportar razones bíblicas, conocidas sobradamente por todos, para sostener la imposibilidad de toda comunión o fraternidad con una institución que se fundamenta sobre la mentira y el menosprecio de la voluntad de Dios expresada en su Palabra, otrora perseguida in misericorde, reproduciéndose por todo nuestro país el odio desenfrenado y cruel de Saulo de Tarso hacia los discípulos de Jesucristo: "Y Saulo (figura del fanatismo más acerbado) asolaba a la Iglesia, y entrando casa por casa, arrastraba a hombres y mujeres, y los entregaba en la cárcel" (Hechos 8:3). La máquina represora y torturadora puesta en marcha por la iglesia del Anticristo sembró de sangre, dolor y muerte nuestras calles y plazas. La raíz de este siniestro proceso podemos localizarla en muchos falsos hermanos que se introdujeron a escondidas para espiar y denunciar a los confiados discípulos de Jesús (Gálatas 2:4)

 

En la llamada Patrología o Patrística, encontramos valiosos testimonios de ungidos siervos de Dios avisando a las iglesias sobre la cizaña que la iglesia apóstata de Roma intentaba sembrar en el campo del Señor. Ellos, junto al apóstol Juan, tenían la total certeza de que en Roma (la ciudad de las siete montes o colinas: Palatinus, Aventinus, Testaceuso, Testaqueo, Esquilinus, Pincius, Capitolinus y Caelius)  (Apoc. 17:9) se encontraba la sede del Anticristo y de la Gran Ramera, “con la cual han fornicado los reyes de la tierra, y los moradores de la tierra se han embriagado con el vino de su fornicación. Y me llevó en el Espíritu al desierto; y vi a una mujer sentada sobre una bestia escarlata llena de nombres de blasfemia, que tenía siete cabezas y diez cuernos. Y la mujer estaba vestida de de púrpura y escarlata, y adornada de oro, de piedras preciosas y de perlas, y tenía en la mano un cáliz de oro lleno de abominaciones y de la inmundicia de su fornicación; y en su frente un nombre escrito, un misterio: BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA. Vi a la mujer ebria de la sangre de los santos, y de la sangre de los mártires de Jesús; y cuando la vi, quedé asombrado con gran asombro.” (Apocalipsis 17:2-6).

 

¿Te asombras, hermano, al igual que el apóstol? No deberías, ya que la propia Palabra y la historia nos alumbra para evitar que seamos engañados. El falso ecumenismo compartido con esta secta es “participar de las obras infructuosas de las tinieblas” (Efesios 5:11), amén de aliarnos con aquellos que derramaron la sangre de nuestros amados hermanos, quienes ofrecieron generosa y valientemente sus vidas en defensa del Evangelio de Jesucristo. Ahora suelen emplear una táctica conciliadora e integradora, con un astuto aperturismo a todo y a todos, pero no son capaces de tapar su identidad de lobos con el manoseado disfraz de cordero. El fin que persiguen es el mismo desde hace siglos: intentar destruir el verdadero rebaño de Jesucristo con mentiras endulzadas que puedan atraer a aquellas ovejas confiadas que desconocen las artimañas del enemigo de Cristo. Pablo, aplica acertados epítetos a los que se dejan seducir: necios e insensatos (Efesios 5:15,17).

 

Hermanos amados, sigamos el consejo del Espíritu: “Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo, para que o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio, y en nada intimidados por los que se oponen”. (Filipenses 1:27)

No olvidemos que estamos llamados a la unidad, pero sólo con aquellos que enseñan, viven y proclaman todo el consejo de Dios, como dijo el propio Jesús: “Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre.” (Mateo 12:50).

                                                    Jesús Mª Vázquez Moreno

 

(Ilustraciones: Fotografías de culto ecuménico celebrado en San Fernando (iglesia I.E.E.), y de la Semana de la Oración por la Unidad de los Cristianos celebrada en la catedral católica de Cádiz)

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   Solo la Fe

  Solo la Gracia

  Solo Cristo

  Solo la Escritura

  Solo a Dios gloria 

 Después de caminar ardua  y dolorosa-mente por los caminos pedregosos de la vida, experimentando adversas pruebas  no deseadas  en este impío teatro del mundo, mi alma sólo ansiaba  la paz suave, dulce, consoladora de mi Señor. ¡No más miedos, no más viajes hacia la aflicción inacabada, no más días sin sol!

Al final del camino,junto a aguas de reposo, me esperaba una amorosa y firme promesa del que ama mi alma: "Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor" (Mat.25:21).  (R. de S.)

El Catecismo reformado de Heidelberg (s. XVI)

En estos últimos tiempos, estamos viviendo circunstancias muy preocupantes en nuestras iglesias reformadas con relación a los funda-mentos doctrinales que las rigen. Consideramos, pues, como una imperante necesidad el volver de nuevo a las valiosas confesiones de fe de nuestros antiguos hermanos de la Reforma;  tratados de fe que han sido arrinconados en mucha iglesias históricas por sucedáneos que en nada reflejan la pureza bíblica que sustentó la vida espiritual y el íntegro testimo-nio de muchos hombres y mujeres que honraron el nombre del Señor Jesucristo, a pesar de vivir en medio de graves dificultades y peligros.

 

Con el fin de estimular la vuelta a la lectura y meditación de dichos tratados de fe, incluimos la primera pregunta del Catecismo de Heidelberg (1563):

¿Cuál es tu único consuelo tanto en la vida como en la muerte?

 

Que yo, con cuerpo y alma, tanto en la vida como en la muerte (Rom. 14:8) , no me pertenezco a mí mismo (1 Co. 6:19), sino a mi fiel Salvador Jesucristo (1 Co. 3:23; Tit.2:14) , que me libró de todo el poder del diablo (Heb. 2:14; 1Juan 3:8; Jn. 8:34-36), satisfaciendo enteramente con su preciosa sangre por todos mis pecados (1 P. 1:18-19; 1J.1:7; 2:2-12), y me guarda de tal manera (Jn. 6:39; 10:28; 2 Ts. 3:3; 1  P. 1:5) que sin la voluntad de mi Padre celestial ni un sólo cabello de mi cabeza puede caer (Mt.10:30; Lc. 21:18), antes es necesario que todas las cosas sirvan para  mi salvación (Ro. 3:28).

Por eso también me asegura, por su Espíritu Santo, la vida eterna y me hace pronto y aparejado para vivir en adelante su santa voluntad (Ro. 8:14; 1 Jn. 3:3)".

    ¡Cuán pocos son los que aman la          cruz de Cristo!

"Jesucristo tiene ahora muchos amadores de su reino celestial, mas muy poquitos que lleven su cruz. Tiene muchos que deseen la consolación, y muy pocos que quieran la tribulación. Muchos compañeros para la mesa, y pocos para la abstinencia: todos quieren gozar con Cristo, mas muy pocos quieren sufrir algo por Él. Muchos siguen a Jesús hasta partir el pan, mas pocos a beber el cáliz de la pasión. Muchos honran sus milagros, mas pocos siguen el vituperio de la cruz. Muchos aman a Jesús cuando no hay adversidades: muchos le alaban y bendicen en el tiempo que reciben de él consolaciones: mas si Jesús se escondiese y los dejase un poco, luego se quejarían, o desesperarían.

Mas los que aman a Jesús por él mismo y no por su propia consolación, bendícenlo en la tribulación y angustia tan bien como en la consolación, siempre lo alabarían y harían gracias."  (Texto literal de Tomás de Kempis )