¿Un mismo

  Evangelio

en toda la Iglesia?


Que el mundo evangélico se halla penosamente dividido, nadie lo puede negar. Es cierto que muchas de las discrepancias se deben a personalismos, tradiciones y motivaciones puramente subjetivas. Más preocupante, sin embargo, es la fragmentación doctrinal: que teniendo una fe, un Señor y un bautismo (Efesios 4:5) (y una Biblia, añadiríamos), exista tal diversidad de creencias y prácticas. Así, tenemos posiciones tan encontradas como las de bautistas y paidobautistas, presbiterianos y congregacionalistas, carismáticos y no carismáticos, milenialistas y amilenialistas, calvinistas y arminianos, etc.

 

       Claro que cuando los evangélicos reconocemos esta multiplicidad discordante, en seguida nos apresuramos a enfatizar la unidad que disfrutamos en cuanto a lo fundamental: la inspiración y autoridad de la Biblia, la divinidad de Cristo y, muy especialmente, el Evangelio. “Tenemos en común el mismo Evangelio”, afirmamos, “todos creemos en la justificación por la sola fe”.

 

       Así, por lo menos, debería ser. Puesto que no tenemos un papa infalible, y creemos en el libre examen y en la libertad y dignidad del individuo, además de reconocer la imperfección de nuestro estado caído, no nos sorprende el error y la disensión en doctrinas secundarias, al tiempo que exigimos un mínimo absoluto de creencias para alcanzar la salvación y portar la etiqueta de evangélico. Aunque este mínimo cada vez esté más reducido en las modernas confesiones de fe... ¡cuando éstas existen!

 

       Al hablar de unidad en el Evangelio, sin embargo, quizá estemos asumiendo demasiado. Los términos”Evangelio” y “evangélico” se usan cada vez con más ligereza y, lo que es peor, cada vez están más vacíos de contenido. Se está perdiendo la teología del Evangelio. Es más, para algunos, Evangelio y teología son conceptos antagónicos: “Yo creo en el Evangelio, pero no me hables de teología", se oye decir a veces.

 

       Pero ¿existe algo más teológico que el Evangelio? Por supuesto que el Evangelio es una experiencia espiritual y salvífica para el creyente, pero si despojamos al Evangelio de su entramado doctrinal, ¿qué nos queda sino una experiencia subjetiva que poco se distingue de cualquier otra experiencia religiosa? Cuando Lutero descubrió el Evangelio, éste no sólo transformó su corazón, sino toda su teología, y fue la teología del Evangelio la que conmocionó a media Europa. No es una exageración que de nuestra exégesis del Evangelio depende en gran medida nuestra interpretación de toda la Biblia.

 

       Pero el Evangelio que hoy se cree y se predica, aun en círculos evangélicos, está a veces muy lejos del Evangelio que redescubrió la Reforma. La sola fe y la sola gracia constituyen la esencia del Evangelio reformado. Y si bien todo evangélico daría su asentimiento a dicha afirmación, son muchos los que de hecho caen en inconsecuencias que desvirtúan el Evangelio que profesan creer.

Se cree que hay gracia en el Evangelio, pero una gracia que no interviene hasta que el pecador muestra interés o “se decide” por Cristo (como si un muerto espiritual pudiera tomar decisiones), cuando Pablo nos habla de la “gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos” (2ª Timoteo 1:9), y Dios dice: “Me manifesté a los que no preguntaban por mí” (Romanos 10:20).

Se cree que en el Evangelio la salvación es por la fe, pero se invita a los pecadores a “pasar al frente”, o “tomar una decisión” o tener “una experiencia”, lo cual da un carácter meritorio y subjetivo a lo que debiera ser todo lo contrario: un don inmerecido a pecadores que, por naturaleza, no quieren venir a Cristo para tener vida (Juan 5:40).

 

       Querido hermano, no pierdas de vista el Evangelio. Hay que reformar el concepto deformado del Evangelio de nuestros días. Mantengámonos firmes en el Evangelio de la Gracia soberana de Dios. No hay otro Evangelio: “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No es que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aún nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema” (Gálatas 1:6-8).

 

                                                                     (D.C.M)

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es 

SORPRENDENTES DECLARACIONES DE FRANKLIN GRAHAM: 

 

La Segunda Venida de Jesús podría ser difundida a través de celulares (móviles), y transmitida en Youtube”.

 

El influyente pastor estadounidense Franklin Graham piensa que el segundo advenimiento de Cristo podrá ser difundido a través de millones de teléfonos móviles y luego transmitido en YouTube y compartido en redes sociales como Facebook.

 

“La Biblia dice que todos los ojos van a ver el regreso de Cristo" y que “descenderá de las nubes”, explicó Graham, durante una entrevista que fue difundida este pasado domingo por la cadena ABC.

 

“¿Cómo logrará el mundo entero verlo al mismo tiempo? No lo sé, a menos que, de golpe, todo el mundo tome fotos (con la ayuda de teléfonos móviles, ndlr) y que sea difundido en los medios del mundo entero”, dijo Graham, cuyo padre, Billy Graham, fue uno de los pioneros del televangelismo en Estados Unidos.

“Las redes sociales podrían jugar un papel importante” cuando suceda el advenimiento, estimó.

 

EL MUNDO ÁRABE Y EL TSUNAMI DE JAPÓN
Por otro lado, el pastor subrayó el rol clave de Facebook, Twitter y YouTube en las protestas del mundo árabe desde comienzos de año.

“Miren lo que pasa en Libia o en Egipto. Todos sacan sus teléfonos móviles, graban y envían (sus imágenes) a YouTube. Así todo el mundo puede ser testigo” de estos hechos.

 

El mes pasado, Franklin Graham sugirió durante una entrevista que el terremoto y posterior maremoto en Japón podría probar que el fin del mundo está cerca. “¿Cuáles son los signos del segundo advenimiento? Guerras, hambrunas y terremotos… Quizás ya estemos”, había dicho Graham.

 

Fuentes: AFP, Protestante Digital 2011

                               

Reflexión a tener en cuenta:

Antes estas preocupantes declaraciones sobre el cómo y el cuándo de la gloriosa Segunda Venida de nuestro amado y TODOPODEROSO DIOS en la persona del Hijo, no podemos dejar de preguntarnos: ¿Qué clase de doctrina y teología enseñan en ciertos seminarios e iglesias de EE.UU.? ¿Cómo es posible que tengan tan pobre y débil concepto de Dios, llevándole a tener que someterse y depender del ínfimo conocimiento humano? ¿ Tendrá que buscar ayuda el Señor en débiles e incapaces criaturas creadas por Él, como Stephen Hawking o Bill Gates? ¿Es que acaso se está olvidando la doctrina sublime y todopoderosa de la propia Creación? ¿ Y qué decir de la venida del día del Señor, durante "el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos" (2ª Pedro 3:10)¿Es que acaso hay algo imposible para Dios?  Jehová, una vez, preguntó a Job: "¿Quién es ése que oscurece el consejo con palabras sin sabiduría? ¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Hádmelo saber si tienes inteligencia" (Job 38:2, 4).  La verdad, es que todo lo que últimamente está sucediendo en la iglesia debe de llevarnos a una seria reflexión delante del Señor de cielos y tierra.

Cada cual que saque sus propias conclusiones a la luz de la Palabra de Dios. Por lo pronto, tengamos prudencia y discernimiento espiritual ante lo que se avecina, ya que esto sólo se encuentra en un período de gestación. No olvidemos, pues, que nos hallamos en los postreros tiempos. El Señor Jesucristo declaró: "Se levantarán... falsos profetas...que engañarán, SI FUERE POSIBLE, aún a los escogidos" (Mateo 24:24).

                                                                             (Jesús Mª Vázquez Moreno)

 

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"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia" (2ª Timoteo 3:16)

   Solo la Fe

  Solo la Gracia

  Solo Cristo

  Solo la Escritura

  Solo a Dios gloria 

      EL PREOCUPANTE DETERIORO 

        DEL MINISTERIO PASTORAL

"Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea. Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar.; no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro; que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?; no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo."   (1ª Timoteo 3:1-7).

 

El ministerio pastoral es, sin duda alguna, el cargo más honroso  que el Señor ha podido conceder a aquellos que Él ha elegido y adoptado como hijos amados por medio de la obra redentora de su Hijo Jesucristo.

Pero, a su vez, el pastor está obligado por la propia Palabra de Dios, y por su compromiso delante de Aquel que lo eligió y llamó de entre muchos hermanos para  tan privilegiado trabajo en la Iglesia del Cordero de Dios,  a cumplir -responsable y fielmente- las ordenanzas y obligaciones inherentes a su cargo. Pero debe hacerlo con un corazón humilde, dispuesto y  abnegado; mostrando el mismo amor y solicitud hacia las almas que Jesucristo, el Príncipe de los pastores; el perfecto y único modelo para su vida y ministerio.

 

Ante la proliferación de comportamientos ministeriales que están produciendo gran dolor y sufrimiento a las ovejas del Señor, , conviene hacernos la siguiente doble pregunta: ¿Tienen estos hombres realmente el llamamiento de Dios para ministrar? ¿Están capacitados para asumir las demandas de Dios y de la Iglesia?

Consideramos que muchos de estos llamados pastores deberían meditar en las Escrituras, con oración y ayuno,  si sus vidas se ajustan a las condiciones exigidas por el Señor de la grey. En caso contrario, deberían abandonar aquello para lo que no están llamados ni capacitados. ¡Sería beneficioso  para sus vidas espirituales y para las de los propios creyentes!                                                      (J.Mª V.M.)

      ¿Evangélicos o protestantes?

Un hermano muy querido, de aquellos que  aún están comprometidos, gracias al Señor, con la línea conservadora del Evangelio, no de aquellos que han sido arrastrados por las novedosas influencias neoliberales que dominan a la iglesia actual, me informó de cierta reunión  en la que se trataron asuntos muy diversos.

Uno de ellos, de suma importancia para la marcha de las congregaciones de esa ciudad, fue la aprobación de un documen-to muy trabajado por los responsables del mismo. En él se denominaba a la iglesia de dos maneras distintas: iglesia evangélica o iglesia protestante.

Un cierto participante de esa reunión, al tener conocimiento de que se empleaba la palabra "protestante" mostró su discon-formidad con su uso, argumentando que "somos evangélicos", no protestantes, ya que "eso quedó atrás y no tiene nada que ver con nosotros".

Resulta muy extraño, a todas luces, que escaso tiempo después de que "toda" la iglesia evangélica haya celebrado con enorme resonancia  el V Centenario de la Reforma Protestante, donde todas las corrientes evangélicas de nuestro país han participado entusiásticamente en todas las reuniones y ponencias, empiecen ahora a cuestionar su identidad protestante.

 

Por ello, no resulta difícil suponer que todo ha sido un aprovechamiento interesado de una efemérides honrosa que para los verdaderos protestantes ha significado un sentido y justo recuerdo hacia aquellos valientes y fieles hermanos  que nos han precedido. ¿Qué podrían pensar los integrantes de esta larga lista de héroes de la fe de estas actitudes reticentes hacia ellos, hombres íntegros, consagrados,  que se consideraron honrados por ser llamados cristianos protestantes aún a costa de sus propias vidas? Corresponde a cada cual dar una respuesta sincera a esta pregunta. La nuestra no admite dudas:  ¡Nos sentimos muy honrados de ser protestantes!

"El creyente cuya doctrina es poco firme, será poco firme en todos los aspectos de su vida" (Martyn Lloyd-Jones)