¿Pueden evangelizar aquellos que viven en pecado y rebeldía ante Dios?

 

Muchos cristianos sinceros, fieles al Señor y a su Palabra, se preguntan preocupados si es posible el que hombres y mujeres de nuestras iglesias cristianas, que viven en abierta desobediencia y rebeldía ante la santa demanda de Dios a sus vidas, estén capacitados para anunciar arrepentimiento de parte del Señor Jesucristo a los incrédulos, cuando ellos deberían ser los primeros en arrepentirse con dolor y  lágrimas, reconociendo sus pecados y confesándolos ante Aquel cuya sangre “limpia de todo pecado” (1ª Juan 1:7). Es comprensible esta justa preocupación, por lo que debemos dar una correcta respuesta fundamentada en la Palabra de Dios, única fuente a la que debemos acudir en situaciones como la que exponemos.

 

Normalmente, el Espíritu Santo no suele utilizar a vasos sucios para hacer una obra de evangelización, de llamamiento al arrepentimiento a los hombres sumidos en las tinieblas del pecado y de la muerte espiritual. Es algo que sería contrario a la propia santidad de Dios. No obstante, Judas fue escogido para pertenecer al circulo intimo de Jesucristo, recibiendo el honroso ministerio apostólico junto al resto de los discípulos. El título de apóstol se puede considerar, sin duda alguna, como el ministerio más preeminente dentro del contexto de la iglesia neotestamentaria. Los apóstoles fueron elegidos y capacitados por el Señor para hacer milagros, echar fuera demonios y sanar toda enfermedad, amén del trabajo fundamental, prioritario, de predicar la Palabra del Reino (Mateo 10:1-7). Pero Judas, “el hijo de perdición” (Juan 17:12), aunque participó activamente en el trabajo encomendado a los doce, nunca perteneció espiritualmente al grupo de estos privilegiados. Evidentemente, el propio Jesús lo sabía todo sobre él, llegando a declarar a los suyos: “Pero hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar” (Juan 6:64).

 

Judas Iscariote caminó con el Maestro durante más de tres años; en ese tiempo tuvo la preciosa oportunidad de oír las predicaciones y enseñanzas de Jesús, sermones que denunciaban los pecados de lujuria y codicia, así como la incredulidad y la dureza de corazón de muchos. También fue testigo de excepción de poderosos  milagros del Señor, sobre todo el de la resurrección de Lázaro (Juan 11:38-44).

Pero el Señor sabía que solo era un hombre que aparentaba ser un buen discípulo, pero que realmente su corazón no le amaba ni estaba rendido a su llamamiento santo.  Aunque este falso apóstol pudo engañar a mucha gente, aún a los propios compañeros de ministerio, nunca pudo engañar a Jesús, ya que él conocía lo más profundo de su alma desde el principio. Él sabía que le iba a entregar, por ello suspiró dolido: “¡ay de aquel hombre por quién el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido” (Mateo 26:24). Cristo, la noche de la última cena pascual con sus discípulos, al proceder al lavado de los pies de ellos pronunció unas palabras que revelaron el estado del corazón de aquel que lo iba a entregar: “El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos” (Juan 13:10). No admite duda alguna que Jesús, como Hijo del Dios viviente (Mateo 16:16), sabía que Judas no era salvo, que sus pecados permanecían en su corazón, y que nunca había experimentado el nuevo nacimiento. El resto de los discípulos no llegaron a saberlo hasta después de consumarse la entrega de Jesús en el huerto por medio de su traición (Mateo 26:47-49).

 

¡Cuán convincentes nos resultan ahora las palabras del Señor en el monte de las Bienaventuranzas advirtiendo sobre los falsos profetas (o creyentes) que aparentaban lo que no eran: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7:21-23.

Tristemente, esta es la cruda realidad de aquellos que se ocupan obstinadamente en vivir en la carne, siendo conscientes  de que "los que viven en la carne no pueden agradar a Dios" (Romanos 8:8).  No conviene olvidar, asimismo, que "Dios no puede ser burlado; pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará" (Gálatas 6:7).

(Texto: Jesús Mª Vázquez Moreno/ Ilustración: Fragmento de una obra de Carl Bloch)

 

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"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia" (2ª Timoteo 3:16)

   Solo la Fe

  Solo la Gracia

  Solo Cristo

  Solo la Escritura

  Solo a Dios gloria 

 UN TESTIMONIO PASTORAL EJEMPLAR

"Vosotros sabéis cómo me he comportado entre vosotros todo el tiempo, desde el primer día que entré en Asia, sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas, y pruebas que me han venido por las asechanzas de los judíos; y cómo nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas, testificando a judíos y a gentiles acerca  del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo" (Hechos 20:18-21).

 

Estas deben ser, sin duda alguna, las palabras y testimonio de todos aquellos ministros que dedican su vida al servicio de la Obra de Jesucristo y al trabajo de anunciar el mensaje del Reino de Dios a los perdidos.

 

La total entrega, la falta de interés por sí mismo, una vida santa y humilde, un amor extremo por las almas, deben avalar las palabras de un verdadero servidor de Jesucristo, como lo fue  en el abnegado apóstol Pablo. Evidentemente, hermanos amados, es poderoso en sus palabras aquel que a la vez es poderoso en obras. El testimonio mudo, silencioso pero labo-rioso, es más fructífero que la multitud de rebuscados y elocuentes sermones que no están en consonancia con el testimonio de vida.  Estamos llamados a honrar a Dios en nuestros ministerios antes de buscar nuestra propia honra  y reconocimiento ante los hombres. No olvidemos nunca que el mayor enemigo del ministerio es la búsqueda de notoriedad y aplauso antes que la aprobación por parte del Señor Jesucristo, dueño y Señor del rebaño que el ganó en la cruz.

                                             (J. Mª V. M.)

            ¿ESTÁS VIVO?

"Exhorto a todo lector creyente a recordar que hablo, no solamente a él, sino también a mí mismo. Digo que la vida espiritual que hay en todo creyen-te debiera verse de modo más visible. Hemos de limpiar nuestras lámparas a fin de que den una luz más clara. Debemos separarnos más del mundo y caminar con Dios de modo más decidido. Somos dema-siado parecidos a Lot, que se entretenía por el camino, y como los judíos contem-poráneos de Esdras, tan mezclado con los extranjeros que es imposibles ver nuestro linaje espiritual. No debiera ser así. Levantémonos y obremos. Si vivimos en el Espíritu, andemos también en el Espíritu. Si verdaderamente tenemos vida, demos a conocer esta vida.

El estado del mundo así lo requiere. Los últimos tiempos se acercan. Los reinos de la tierra se tambalean y se derrumban. El reino glorioso que jamás será destruido se acerca. El Rey en persona viene. Los hijos de este siglo miran a su alrededor para ver que hacen los santos. Dios, en su providencia maravillosa, nos dice: "¿Quién está de mi parte?" Ojalá respondiésemos prestamente como Abraham: "Heme aquí". . .

Digo, pues, a todos los creyentes: si queréis que vuestra vida espiritual sea más fuerte y vigorosa debéis acercaros más confiadamente al trono de la gracia. Debéis dejar este espíritu vacilante, estas dudas que os impiden tomar las palabras del Señor al pie de la letra.  No hay duda de que sois unos pobres pecadores y de que no sois nada.El Señor lo sabe, y por ello ha hecho provisión de todo el poder que necesitáis, y no tenéis es porque no pedís. 

La causa de vuestra debilidad no es más que vuestra falta de fe y de oración. El ma-nantial está abierto, mas vosotros sólo bebéis unas pocas gotas del agua de vida. . ."Oh hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?" (Mateo 14:31).

(De la obra de Juan Carlos RYLE "¿Vivo o muerto?")