los nuevos

judaizantes

 

Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer”(Hebreos 8:13)

 

Son más de 300.000 en el mundo y su origen se remonta a la Inglaterra del siglo XIX. Los llamados judíos mesiánicos aceptan a Jesús de Nazaret como el Mesías, pero juntamente con Él incorporan un pesado bagaje tomado de los tipos y sombras del Antiguo Testamento con el que pretenden realizar e iluminar la fe y práctica de los creyentes del Nuevo Testamento. Aunque divididos en distintas denominaciones y teologías, presentan un frente común con el que se enfrentan a la cristiandad tradicional que, según ellos, ha traicionado la esencia del cristianismo primitivo, convirtiéndolo en otra cosa. Al igual que tantos otros movimientos recientes, propugnan una vuelta a los orígenes, pero esos orígenes no tienen tanto que ver con la realidad cristiana del siglo I como con los símbolos que la precedieron en siglos anteriores.

 

Los judíos mesiánicos de habla hispana utilizan como base escrituraria el llamado Código Real (*), una versión del Nuevo Testamento que se presenta como “Traducción realizada de los manuscritos hebreosy arameos más antiguos a la luz del pensamiento hebraico del primer siglo”, y que ya en 2006 César Vidal calificaba de “una verdadera estafa científica, intelectual y espiritual que sirve de cobertura para algunas de las herejías más peligrosas de la Historia del cristianismo y que no resulta mejor que la Versión del Nuevo Mundo de los Testigos de Jehová”. Entre las razones esgrimidas por dicho autor están: “La primera es porque el Cristo que presenta no es el de la Biblia sino otro “cristo” desprovisto de su Deidad y reducido a simple rabino ben Josef o hijo de José; la segunda porque el Evangelio que encontramos en sus páginas no es el Evangelio de la gracia de Dios que aparece en la Biblia sino otro Evangelio muy diferente de salvación por obras; la tercera porque la esperanza cristiana es sustituida por el punto de vista psicopaniquista del adventismo divulgado posteriormente por los Testigos de Jehová entre otras sectas, y la cuarta, porque, para remate, todos los supuestos argumentos en favor de la traducción esgrimidos por el autor son una absoluta falsedad cubierta de ignorancia verborreica”.

 

Está claro que la Historia se repite y que confirma la aguda percepción de Spurgeon: “Tened la seguridad de que no hay nada nuevo en teología excepto lo que es falso; y que los hechos de la teología son hoy lo que eran hace 1800 años”. Hay siempre, sin embargo, cristianos nominales que se empeñan en efectuar la acrobacia teológica de intentar volver a la prístina pureza del cristianismo del primer siglo por el tortuoso camino de regreso a alguna deformación posterior de la fe cristiana ocurrida en cualquier siglo anterior al actual.

 

El caso que nos ocupa es, probablemente, el más claro exponente de la falsedad de este tipo de “retroherejía”, ¡pues se encuentra claramente denunciado en las páginas mismas del Nuevo Testamento! Tanto en Hechos de los Apóstoles como en varias epístolas (especialmente Gálatas y Hebreos), el fenómeno del movimiento judaizante se encuentra expuesto, juzgado y condenado en los términos más claros y rotundos. Pablo llegó a enfrentarse al mismísimo apóstol Pedro con esta dura interpelación; “Si tú siendo judío, vives como los gentiles y no como los judíos, ¿por qué obligas a los gentiles a vivir como judíos?" (Gálatas 2:14). Estos nuevos judaizantes, sin embargo, no tienen reparos en enfrentarse al apóstol de los gentiles y nos confrontan con las bondades de las celebraciones judaicas del “shabbat”, la fiesta de los Tabernáculos o la Pascua : ¡y encima nos quieren hacer creer que eso formaba parte del estilo de los cristianos primitivos! Aunque sean gentiles, adoptan el nombre de “judíos” mesiánicos y quieren obligarnos a “vivir como judíos”.

 

Probablemente, uno de los atractivos de este movimiento sea el hecho de propugnar prácticas que fueron divinamente inspiradas en el Antiguo Testamento y no humanamente inventadas en tiempos recientes. Pero cuando esas “sombras” se contemplan a la luz del Evangelio se las ve como “cosas débiles, inútiles y elementales, a las cuales deseáis volver a estar esclavizados de nuevo” (Gálatas 4:9), como les reprochaba Pablo a los gálatas.

 

La adoración neotestamentaria no es ni en “este monte” ni en “Jerusalén”, sino en espíritu y en verdad” (Juan 4:24). ¡Qué patético, pues, resulta, ver a estas personas peregrinara una Jerusalén física, para ver la “Tierra Santa” y celebrar ritos que eran meros tipos y símbolos de las realidades espirituales que disfrutamos tras la consumación de la obra de Cristo! Son los nuevos judaizantes que han venido para quedarse, ¡aunque tengan que enfrentarse al mismísimo apóstol Pablo!

 

Querido hermano, qué gran privilegio tenemos los verdaderos cristianos por haber sido “justificados por la fe en Cristo, y no por las obras de (la)ley” (Gálatas 2:16), por gozar de la libertad (con) que Cristo nos hizo libres” (Gálatas 5:1) y haber sido librados de “un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar” (Hechos 15:10). Mantengámonos, pues, firmes en esta alta posición que Cristo nos ha otorgado en los lugares celestiales” (Efesios 2:6) y no regresemos jamás por el tortuoso camino por el que Dios condujo a su pueblo de antaño para llevarlos “al monte Sión y a la ciudad del Dios vivo, la Jerusalén celestial, y a las miríadas de ángeles” (Hebreos 12:22).

                                                     D. C.  

(La ilustración es un fragmento del cuadro "Judíos",del pintor

linense José Cruz Herrera -1920/1972)

 

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      LA VERDADERA UNIDAD EXISTE

"...solícitos en guardar la UNIDAD DEL ESPÍRITU en el vínculo de la paz" (Efesios 4:3)

 

La verdadera unidad existe. La cuestión

es: ¿Quién puede producir esa unidad? Y la respuesta es que sólo el Espíritu Santo puede producir tal unidad. Eso fue lo que ocurrió en Pentecostés. Como resultado del bautismo con el Espíritu Santo, no solo predicaron aquellos cristianos primitivos codo con codo un mismo mensaje de salvación, sino que además "se añadieron aquel día como tres mil almas" (Hechos 2:41). Y podemos asegurar que  aquellas almas eran verdaderas "piedras vivas" y no meros elementos decorativos en una estructura vacía. En otras palabras, para alcanzar la meta de la unidad entre cristianos . . . es imprescindible la vigorosa acción del Espíritu Santo produciendo un verdadero temor de Dios y un intenso anhelo por su gloria. Un mero sentimiento intelectual a una determinada ortodoxia no es suficiente. Ya tenemos demasiado cadáveres eclesiásticos constituidos por ese material, demasiados valles de huesos secos. Solo el soplo del Espíritu puede formar un cuerpo vivo y vitalizador.

 

Querido hermano, si anhelas ver al pueblo de Dios unido alrededor de un proyecto, una visión o una causa común, no te dejes engañar por el espejismo de Babel ni te conformes con la bendición de Adulam. Elévate a Pentecostés, busca que el Espíritu sople sobre los huesos secos, que su fuego consuma toda la escoria de nuestros apaños, maniobras y estrategias. Imbúyete del espíritu del Maestro, quien dijo: "No recibo gloria de los hombres" (Juan 5:41), y de su siervo Pablo, quien dejó claro que no buscaba "gloria de los hombres, ni de vosotros ni de otros" (1ª Tesalonicenses 2:6).    (D. C. M.)

El Evangelio de la gracia soberana de Dios  (Carlos Haddon Spurgeon)

 

Habiéndose  observado, con evidente preocupación, cuán grande es el rechazo generalizado de muchos hacia la doctrina de la gracia soberana de Dios, incluimos estas breves líneas del reconocido siervo de Dios  C.H.Spurgeon sobre tan transcen-dente  tema:

"Si algo es aborrecido enconadamente es el verdadero Evangelio de la gracia de Dios, especialmente si esa odiosa palabra "soberanía" se menciona al mismo tiempo. Atrévanse a decir: "Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compa-dezca" (Romanos 9:15), y habrá furiosos críticos que les insultarán descomedida-mente. El religioso moderno no sólo aborrece la doctrina de la gracia soberana, sino que despotrica y se enfurece con su sola mención. Preferiría que blasfemára-mos antes que predicáramos la elección por el Padre, la expiación por el Hijo o la regeneración por el Espíritu. Si quieren ver a alguien excitado hasta que lo satánico prevalezca claramente, dejen que algunos de los nuevos teólogos les oigan predicar un sermón sobre la libre gracia.

 

Un evangelio que sea según los hombres será bienvenido por los hombres, pero hace falta una operación divina en el corazón y la mente para que alguien esté dispuesto a recibir en lo más profundo de su alma este inaceptable Evangelio de Dios. 

Mis queridos hermanos, no traten de hacerlo agradable a las mentes carnales. No oculten el tropiezo de la cruz, no sea que la hagan vana. Los ángulos y las esquinas del Evangelio son su fuerza: recortarlos significa quitarles su poder.

La moderación no es el aumento de la fuerza sino su muerte. ¡Claro!, habrán notado que aun entre las sectas sus puntos distintivos son los cuernos de su poder; y cuando éstos quedan prácticamente omitidos, la secta decae. Aprendan, pues, que si quitan a Cristo del cristianismo, el cristianismo está muerto. Si quitan la gracia del Evangelio, el Evangelio desaparece. Si a la gente no le gusta la doctrina de la gracia, denle tanto más de la  misma".            (C. H. S./1890)