"Las costumbres de los pueblos son vanidad"(Jerm.10:3)

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(Una reflexión que recobra una indiscutible y necesaria actualidad después de un cierto tiempo de ser publicada; en parte debido al preocupante aumento de la idolatría en la baja Andalucía. En segundo lugar, por el creciente rechazo del Evangelio de Jesucristo por parte de una sociedad cada vez más esclavizada y sometida al dios de las tinieblas de este siglo, ante el cual ha doblado sus rodillas. Por último, como firme aviso ante la invasión idolátrica que esta sufriendo la propia Iglesia de Jesucristo, en otros tiempos ardiente defensora de la adoración en espíritu y en verdad, tal como enseña y manda la Palabra de Dios.)

       

       "Mientras paseaba por las soleadas calles de mi ciudad, Jerez de la Frontera, en un agradable receso de las continuas lluvias con las que el Señor nos está bendiciendo en este tiempo, pude constatar como los preparativos materiales y religiosos que anteceden a la manifestación más señalada de la religiosidad popular andaluza -la semana llamada arbitrariamente santa- invadían la cotidiana y cansina marcha de una ciudad que se debate día a día en una angustiosa y agonizante supervivencia. Pero esto no es óbice para que por todo el municipio se respire una febril y exultante actividad cofradiera. Cultos diversos jalonan el conglomerado de calles y barrios de esta antigua y ancestral ciudad que debe su nombre a la diosa fenicia Asera, de la cual lo tomó , y bajo cuya titularidad los antiguos pobladores se cobijaron y, por lo visto hasta ahora, siguen aún amparándose bajo su dudosa protección, adorándola rendida e idolátricamente a través de otras advocaciones: a la historia y a los hechos me remito.

      

      No pude evitar  -al igual que el apóstol Pablo, cuyo espíritu se enardecía al caminar por las calles de Atenas viendo la ciudad entregada a la idolatría, según relata el libro de Hechos de los Apóstoles (17:16) -, que mi corazón sintiera un profundo dolor y tristeza ante la ceguera de tantos y tantos hombres y mujeres que son arrastrados inexorablemente a las tinieblas más densas y al hoyo más profundo por los fariseociegos que guían a los ciegos que no quieren ver (Mateo 15:14).Y todo, ¿por qué? “Porque los hombres amaron más las tinieblas que la luz” (Juan 3:19).

 

      Esto me llevó a meditar, una vez más, en la obra misericordiosa hecha por el Señor en mi vida hace muchos años, cuando yo también me arrastraba palpando en la oscuridad. Mi alma, llena de gratitud al Señor, se derramó en alabanza hacia Aquel que por pura gracia me ha librado “de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo.” (Colosenses 1:13). Al punto, lleno de gozo, exclamé: ¡¡Gracias a Dios por su don inefable!! (2ª Corintios 9:15).

 

      También relata la Palabra de Dios que Pablo fue llevado al Areópago, donde tuvo la preciosa oportunidad de hablar a los religiosos atenienses sobre el único Dios verdadero: “El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas”. “Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres. Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hechos 17:24-25; 29-30).

 

      En ningún momento de mi vida cristiana, he dejado de amar y recordar ante el Señor a todos aquellos con los que compartí -en tiempos de ceguera e ignorancia- algo que no era la manifiesta voluntad de Dios, según su Palabra: una adoración idolátrica ofrecida a semejanza de los pueblos paganos más alejados de Dios y de su bendita Palabra de vida. Consciente de ello, desde este humilde Areópago, ofrezco a todos aquellos que tengan hambre y sed del Dios verdadero, los mismos textos bíblicos que sirvieron para iluminar mi corazón y llevarme a los pies de Jesucristo, mi amado Redentor y Señor. Él dice: "De gracia recibísteis, dad de gracia." (Mateo 10:8)                                                                                                                    

 Éxodo 20:4-5

 No te harás escultura ni imagen alguna ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te postrarás ante ellas ni les darás culto, porque yo Yahveh, tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me odian.

 

Levítico 26:1

 No os hagáis ídolos, ni pongáis imágenes o estelas, ni coloquéis en vuestra tierra piedras grabadas para postraros ante ellas, porque yo soy Yahveh vuestro Dios.

 

Deuteronomio 27:15

Maldito el hombre que hiciere escultura o imagen de fundición, abominación a Yahveh, obra de mano de artífice, y la pusiere en oculto. Y todo el pueblo responderá y dirá: Amén.

 

Salmos 115

¡No a nosotros, Yahveh, no a nosotros, sino a tu nombre da la gloria, Por tu amor, por tu verdad!

¿Por qué han de decir las gentes: ¿Dónde está su Dios?

Nuestro Dios está en los cielos, Todo cuanto le place lo realiza.

Plata y oro son sus ídolos, obra de mano de hombre.

Tienen boca y no hablan; tienen ojos y no ven,

tienen oídos y no oyen, tienen nariz y no huelen.

Tienen manos y no palpan, tienen pies y no caminan, ni un solo susurro en su garganta.

Como ellos serán los que los hacen, cuantos en ellos ponen su confianza.

Casa de Israel, confía en Yahveh, él, su auxilio y su escudo. escudo.

 

Salmo 135:15

Los ídolos de las naciones son plata y oro, obra de manos de hombres.

Tienen boca, y no hablan; tienen ojos, y no ven:

tienen oídos, y no oyen; ni un soplo siquiera hay en su boca.

Como ellos serán los que los hacen, cuantos en ellos ponen su confianza.

 

Isaías 44:9

¡Escultores de ídolos! Todos ellos son vanidad; de nada sirven sus obras más estimadas; sus testigos nada ven y nada saben, y por eso quedarán abochornados.

¿Quién modela un dios o funde un ídolo, sin esperar ganancia?

Mas ved que todos su devotos quedarán abochornados (...) El escultor tallista toma la medida, hace un diseño con el lápiz, trabaja con la gubia, diseña a compás de puntos y le da figura varonil y belleza humana, para que habite en un templo (...) ante el que se inclina, le adora y le suplica, diciendo: ¡Sálvame, pues tú eres mi dios!

No saben ni entienden, sus ojos están pegados y no ven; su corazón no comprende.

No reflexionan, no tienen ciencia ni entendimiento para decirse:...¡voy a inclinarme ante un trozo de madera!

 

Isaías 46:5-9

¿A quién me asemejáis, y me igualáis, y me comparáis, para que seamos semejantes?

Sacan oro de la bolsa, y pesan plata con balanzas, alquilan un platero para hacer un dios de ello; se postran y adoran.

Se lo echan sobre los hombros, lo llevan, y lo colocan en su lugar; allí se está, y no se mueve de su sitio. Le gritan, y tampoco responde, ni libra de la tribulación.

Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí.

 

Jeremías 10:2

Porque las costumbres de los pueblos son vanidad: un madero del bosque, obra de manos del maestro que con el hacha lo cortó, con plata y oro lo embellece, con clavos y a martillazos se lo sujeta para que no se menee. ...Tienen que ser transportados, porque no andan. No le tengáis miedo, que no hacen ni bien ni mal. (...)Todo hombre es torpe para comprender, se avergüenza del ídolo todo platero, porque sus estatuas son una mentira y no hay espíritu en ellas. Vanidad son, cosa ridícula, al tiempo de su visita perecerán.

 

Romanos 1:23,25

Cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible.

Cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, bendito por los siglos. Amén.

 

1ª Corintios  10:7, 14, 19, 20

No os hagáis idólatras al igual que algunos de ellos , como dice la Escritura.

Por eso, queridos, huid de la idolatría.

¿Qué digo, pues? ¿Que el ídolo es algo, o que sea algo lo que se sacrifica a los ídolos?

 

Gálatas 5:19-20

Ahora bien, las obras de la carne son conocidas: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, odios, discordias, celos, iras, rencillas, divisiones, disensiones, envidias, embriagueces, orgías y cosas semejantes,sobre las cuales os prevengo, como ya os previne, que quienes hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios.

 

Apocalipsis 21:8

 Pero los cobardes, los incrédulos, los abominables, los asesinos, los impuros, los hechiceros, los idólatras y todos los embusteros tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre: que es la muerte segunda.

 

      Después de meditar en estos determinantes e incuestionables textos de la Palabra infalible de Dios, es necesario reconocer que en amplios sectores religiosos se cree, posiblemente por una  cómoda y arriesgada confianza  en aquellos que les enseñan y dirigen, que la idolatría debe entenderse únicamente en un contexto pagano alejado de Dios. Este es un error muy extendido que solo pretende adormecer la conciencia de aquellos que así lo creen y defienden, la mayoría de las veces "de buena fe". Pero el Señor declara en su Palabra fiel y verdadera, a la que hay que obedecer antes que a los hombres (Hechos 5:29), que Él abomina toda imaginería referente a su Persona: "¿A qué, pues, haréis semejante a Dios, o qué imagen le compondréis? (Isaías 4:18)."¿Haré del resto de él una abominación? ¿Me postraré delante de un tronco de árbol? (Isaías 44:19).La pregunta sería entonces: Si Cristo es Dios ¿debo hacer una imagen de Él y adorarla? La respuesta es no. Dios mismo, y Cristo lo es, declara como quiere ser adorado: "Dios es espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que le adoren" (Juan 4:24). 

 

¡¡Oh Espíritu Santo, abre los corazones de aquellos que han leído estas líneas, para que la Verdad de la Palabra divina transforme sus vidas y -arrepentidos y entristecidos- se rindan ante el único "mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre" (1ª Timoteo 2:5) , encontrando el anhelado perdón de sus pecados !!

                                                           Jesús Mª Vázquez Moreno

(Textos tomados de una biblia católica: BDJ)

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   Solo la Fe

  Solo la Gracia

  Solo Cristo

  Solo la Escritura

  Solo a Dios gloria 

         Las tribulaciones del cristiano

"El sufrimiento, en cualquiera de sus formas, enfermedad, pérdida de bienes, muerte de seres queridos, adversida-des, desengaños, etc., siempre es aprovechado por el diablo para hacer su obra. Como hemos mencionado antes, la aflicción es terreno abonado para la duda. Y cuando el adversario no consigue sembrar la duda trata de hundir al creyente en el abatimiento y la desespera-ción, reduciéndolo así a la impotencia espiritual.

 

¿Por qué permite Dios el sufrimiento de sus hijos? ( . . .) En algunos casos  Dios permite que suframos a causa de nuestros pecados. No es que en tal caso el sufrimiento tenga  como objeto expiar la culpa, pues esto lo hizo Cristo por todos nuestros pecados.  Se trata de un castigo con carácter disciplinario a fin de corregirnos y santificarnos. Es magistral la enseñanza que a este respecto encontramos en Hebreos 12:7-13 donde se comenta un antiguo proverbio: "Hijo mío, no menosprecies el castigo del Señor ni desmayes cuando eres de El reprendido, porque el Señor al que ama castiga y azota a cualquiera que recibe por hijo" (Heb. 12:5,6; Prov. 3:11,12) ."                                (José M. Martínez)           

     El ineludible juicio final de Dios

Existe un día grande del que muy a menudo se habla en la Escritura: es el día del juicio, el día en que Dios juzgará lo oculto de los corazones de los hombres por el Señor Jesucristo.

 

Toda alma no cristiana no podrá mante-nerse en el día del juicio. Los impíos no permanecerán en el día del juicio. Actualmente, los pecadores son muy atrevidos y desvergonzados; su cuello se mantiene erguido como si su nervio fuese de hierro, y su frente parece de duro metal.

 

La mayoría de ellos no se avergüenzan cuando son sorprendidos en pecado. Hablando entre nosotros, ¿no es extraordinaria la osadía con que los pecadores participan muchas veces de los actos religiosos, con hipocresía, como si realmente sintiesen lo que no sienten? ¡Con qué desfachatez y sarcasmo juran  a veces y hacen sus votos! ¡Con cuánta osadía algunos impíos se acercan a la mesa del Señor! Ah, pero ello durará solo muy poco tiempo.  Cuando aparecerá el Señor Jesús, el Santo Jesús en toda su gloria, entonces los pecadores, de rostro endurecido por la desvergüenza, serán humillados. . .

Muchos impíos se consuelan ahora pensando que su pecado no es conocido, que ningún ojo humano les ha visto; pero en aquel día los más secretos e íntimos pecados de cada uno serán sacados y llevados a la luz. . .

 

¡Cómo debierais temblar y caer cubiertos de vergüenza, oh hombres impíos que os introducís hipócrita-mente en las congregaciones!

                       (Roberto M. McCheyne)