El problema esencial  

del aborto

 (Ante el actual y controvertido debate ideológico suscitado en España con relación al siempre doloroso tema del aborto, incluimos en nuestra página el presente artículo aparecido en la web hermana www.todopensamientocautivo.com ; opinión que compartimos y utilizamos como respuesta a cualquiera de las propuestas reflejadas en la próxima ley anunciada por el Gobierno de España)

 

Sabemos que el tema del aborto tiende a generar fuertes emociones, y no puede ser de otra manera, ya que anualmente se realizan en el mundo más de 60 millones de abortos, cerca de millón y medio sólo en EE.UU. Si se trata de la destrucción de vidas humanas, estamos hablando del más grande genocidio de la historia. Es imposible abordar este tema sin que nuestras emociones se vean envueltas.

 

Sin embargo, las cuestiones éticas no pueden decidirse basándose en argumentos emocionales, ni tampoco por consenso. Lo que debe debatirse es si el aborto es o no un atentado contra la vida de un ser humano. Ése es el centro de la cuestión. Sospecho que si los más ardientes defensores de la libre elección de la mujer se convencieran de que el feto es una persona humana viva, probablemente muchos de ellos cambiarían su posición.

 

Ahora bien, ¿cómo vamos a determinar la naturaleza del nonato? ¿Quién define  el momento en que una vida humana comienza a ser sagrada y digna de protección? Todos sabemos que cuando un óvulo humano es fecundado por un espermatozoide humano, el fruto resultante es un ser humano. El cambio de cosa a persona no ocurre en el momento del parto, ni en ninguna otra etapa del embarazo, sino en el momento en que el óvulo es fecundado y comienza ese proceso de desarrollo que, de hecho, no concluye en el nacimiento. Y las evidencias al respecto son muy contundentes. En el momento de la concepción 46 genes se combinan, 23 de la madre y 23 del padre, para el inicio del desarrollo de un individuo único. Después de 2 semanas se pueden escuchar los latidos del corazón, que hace circular la sangre dentro del embrión; y no es la sangre de la madre, sino la sangre que ha producido el bebé. Después de 6 semanas el embrión tienen menos de 1 pulgada de largo, pero ya tiene un desarrollo considerable. Los dedos se han formado en las manos. A los 43 días tiene ondas cerebrales detectables. A las 6 semanas y medio el embrión se está moviendo, aunque tales movimientos no pueden ser percibidos aun por la madre.

 

Al final de las 9 semanas el feto ha desarrollado unas huellas dactilares únicas. En este momento el sexo del niño se puede distinguir. Los riñones también se han formado y están funcionando, así como la vesícula biliar al final de la décima semana. Todos los órganos del cuerpo están funcionando a finales de la doceava semana, y el niño ya puede llorar. Todo esto ocurre durante los primeros 3 meses del embarazo. Y sin embargo, luego del caso de Roe contra Wade, en los EE.UU se le permite a la madre decidir si desea ponerle fin a su embarazo en ese primer trimestre, aunque la vida de la madre no corra peligro, simplemente porque no desea tener ese bebé.

 

Ahora, supongamos que alguien tuviese una duda razonable en cuanto al momento en que comienza la vida  humana, ¿no debiera la duda movernos a preservar al embrión en vez de destruirlo? Si un cazador ignora lo que hay detrás de un arbusto en movimiento ¿su incertidumbre le lleva a disparar o a no hacerlo? ¿No deberíamos dar a la vida el beneficio de la duda?

 

Uno de los argumentos que aducen los partidarios del aborto es que la mujer tiene derecho sobre su cuerpo y, por ende, sobre la continuación o término de su embarazo. Pero este argumento se sostiene o cae dependiendo de lo que pensemos acerca de la naturaleza del embrión. La vida humana es el bien jurídico supremo y trasciende al derecho de la privacidad. Es erróneo pensar que, por el hecho de que se encuentre geográficamente en el vientre de su madre, el feto sea parte esencial de su cuerpo como su riñón o su páncreas. Otros argumentan que su ilegalidad obliga a muchas mujeres a abortar en circunstancias de alto riesgo, poniendo en peligro sus vidas. Pero lo cierto es que el aborto siempre es arriesgado, tanto física como sicológicamente, y mientras más personas aborten mayor será el riesgo. Y en lo que respecta a los niños en gestación la mortalidad en caso de aborto siempre es de un cien por ciento. Así que el problema ético sigue siendo el mismo: Los seres humanos que son privados de su vida antes de nacer.

 

Otros consideran el aborto como un mal menor en comparación con otros males mayores, como, por ejemplo, la mala calidad de vida que pudiera tener en el futuro un niño no deseado. Pero una vez más estamos poniendo a un lado el problema ético central de este debate. Es ilógico tratar de “proteger” a un niño de posibles abusos futuros quitándole la vida, porque esa acción constituye en sí misma un abuso irreparable.

 

Y ¿qué del aborto terapéutico? ¿Acaso no deberíamos permitir el aborto en aquellos casos en que la vida de la madre corre peligro? El Diccionario de la Real Academia define “terapéutico” como: “Parte de la medicina que enseña los preceptos y remedios para el tratamiento de las enfermedades”. Como el aborto no cura ninguna enfermedad, no puede ser designado “terapéutico” en ningún caso. No obstante, en respuesta a la inquietud planteada sobre la vida de la madre, debemos tomar en cuenta lo siguiente:

 

1) Los casos en que hay que escoger entre la vida de la madre y la del bebé son extremadamente escasos (menos de 1% de los abortos se llevan a cabo por esa razón).

 

2) Con el avance actual de la medicina casi siempre es factible salvar la vida de ambos.

 

3) Para tratar con estas situaciones difíciles no hay que aprobar el aborto, ya que en la República Dominicana, al menos, no se penaliza al médico que, intentando salvar la vida de la madre, provoque indirectamente la muerte del feto.

 

Tan pronto el aborto es despenalizado o castigado con una pena menor que las que se aplican en otros casos de homicidio, hemos comenzado a transitar por un camino que no sabemos dónde nos llevará. Si se puede disponer de la vida de un niño antes de su nacimiento, ¿qué impide que se disponga de él después que nazca, como algunos abogan ya? Unos meses después de la legalización del aborto en Estados Unidos en 1973, el Dr. James Watson, laureado con el Nobel en Fisiología, afirmó que debía considerarse la idea de privar al recién nacido de personería jurídica hasta tres días después del nacimiento, ya que “la mayor parte de los defectos (de los infantes) no son descubiertos hasta el momento mismo del nacimiento.” Así los padres tendrían la oportunidad de decidir si el niño vive o muere. Y Peter Singer, profesor de bioética de la Universidad de Princeton, opina que debería permitirse la eliminación de niños con cierta condición de discapacidad ¡hasta los 28 días de nacidos! No es de extrañarse que unos años después, el tema de la eutanasia tenga tanta vigencia. Tal parece que la ancianidad y las enfermedades crónicas tienen cada vez menos cabida en nuestra sociedad, donde la valía y dignidad de los seres humanos se mide en función de su utilidad y fortaleza vital. Pero el ser humano posee una dignidad intrínseca por el hecho de haber sido creado a la imagen y semejanza de Dios, el dador de la vida. El aborto es un crimen, un crimen perpetrado contra un ser humano indefenso a quien estamos llamados a defender, no a dañar. Legalizar el aborto y despenalizarlo no es otra cosa que tomarnos atribuciones divinas que no nos corresponden.

 

AUTOR: Sugel Michelén

http://www.todopensamientocautivo.com/

 

          “Campesina francesa amamantando a su hijo”, de Van Gogh /

                             1853-1890/Van Gogh Museum Amsterdam

 

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         Las tribulaciones del cristiano

"El sufrimiento, en cualquiera de sus formas, enfermedad, pérdida de bienes, muerte de seres queridos, adversida-des, desengaños, etc., siempre es aprovechado por el diablo para hacer su obra. Como hemos mencionado antes, la aflicción es terreno abonado para la duda. Y cuando el adversario no consigue sembrar la duda trata de hundir al creyente en el abatimiento y la desespera-ción, reduciéndolo así a la impotencia espiritual.

 

¿Por qué permite Dios el sufrimiento de sus hijos? ( . . .) En algunos casos  Dios permite que suframos a causa de nuestros pecados. No es que en tal caso el sufrimiento tenga  como objeto expiar la culpa, pues esto lo hizo Cristo por todos nuestros pecados.  Se trata de un castigo con carácter disciplinario a fin de corregirnos y santificarnos. Es magistral la enseñanza que a este respecto encontramos en Hebreos 12:7-13 donde se comenta un antiguo proverbio: "Hijo mío, no menosprecies el castigo del Señor ni desmayes cuando eres de El reprendido, porque el Señor al que ama castiga y azota a cualquiera que recibe por hijo" (Heb. 12:5,6; Prov. 3:11,12) ."                                (José M. Martínez)           

     El ineludible juicio final de Dios

Existe un día grande del que muy a menudo se habla en la Escritura: es el día del juicio, el día en que Dios juzgará lo oculto de los corazones de los hombres por el Señor Jesucristo.

 

Toda alma no cristiana no podrá mante-nerse en el día del juicio. Los impíos no permanecerán en el día del juicio. Actualmente, los pecadores son muy atrevidos y desvergonzados; su cuello se mantiene erguido como si su nervio fuese de hierro, y su frente parece de duro metal.

 

La mayoría de ellos no se avergüenzan cuando son sorprendidos en pecado. Hablando entre nosotros, ¿no es extraordinaria la osadía con que los pecadores participan muchas veces de los actos religiosos, con hipocresía, como si realmente sintiesen lo que no sienten? ¡Con qué desfachatez y sarcasmo juran  a veces y hacen sus votos! ¡Con cuánta osadía algunos impíos se acercan a la mesa del Señor! Ah, pero ello durará solo muy poco tiempo.  Cuando aparecerá el Señor Jesús, el Santo Jesús en toda su gloria, entonces los pecadores, de rostro endurecido por la desvergüenza, serán humillados. . .

Muchos impíos se consuelan ahora pensando que su pecado no es conocido, que ningún ojo humano les ha visto; pero en aquel día los más secretos e íntimos pecados de cada uno serán sacados y llevados a la luz. . .

 

¡Cómo debierais temblar y caer cubiertos de vergüenza, oh hombres impíos que os introducís hipócrita-mente en las congregaciones!

                       (Roberto M. McCheyne)