EL COSTO DE SER UN GENUINO DISCÍPULO DE CRISTO

 

Acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de los muertos, según mi evangelio, por el que estoy sufriendo penalidades como malhechor; pero la Palabra de Dios no está aprisionada. Por esto sufro todo lo soporto por amor de los elegidos,, para que ellos también alcancen la salvación que es en Cristo Jesús con la gloria eterna. . . Pero tú has seguido de cerca mi doctrina, mi modo de vivir, planes, fe, longanimidad, amor, constancia, persecuciones, sufrimientos, como los que me sucedieron en Antioquía, en Iconio, y en Listra; persecuciones que hube de sufrir, y de todas me libró el Señor. Y todos aquellos que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús , padecerán persecución” (2ª Timoteo 2:8-10; 3:10-12).

 

La señal que acompaña a “todos aquellos que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús” es, sin lugar a dudas la persecución y el sufrimiento, como bien hace evidente el apóstol Pablo en esta epístola escrita desde la prisión al presbítero Timoteo en Efeso. Hay quienes afirman que en esta carta encontramos el testamento del anciano apóstol.

 

Ante esta misiva, llena de un contenido poco estimulante para muchos creyentes de hoy, ya que en ella abundan las referencias al sufrimiento, penalidades, persecuciones, etc., nos podríamos hacer muchas preguntas sobre la necesidad de soportar todo lo descrito, y mucho más cuando declara: “Y todos aquellos que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús, padecerán persecución” (3:12). Si, tal vez, hubiera dicho: “Todos los que se obstinen en vivir de forma desordenada, impía, siguiendo los deseos de la carne y de la vista, sufrirán persecución”, sería una enunciación justa y, por tanto, creerla y aceptarla no conllevaría ninguna dificultad; pero asumir que han de padecer persecución aquellos que estén dispuestos a vivir de acuerdo a las demandas del Evangelio de Jesucristo resulta realmente descorazonador , según algunos . . y mucho más cuando las humillaciones y penalidades proceden, en algunas ocasiones, de aquellos mismos que comparten el camino.

 

Pero no debemos dejar de considerar que el mismo Jesús fue perseguido tenazmente por aquellos mismos que le seguían con fingida admiración. Él mismo advirtió a sus propios discípulos sobre lo que había de venir sobre ellos: “Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán” (Juan 15: 20).

Al meditar sobre este importante consejo del Maestro, no podemos dejar de recordar lo que Él experimentó por causa de nuestra propia redención: Aquel que era la luz que ilumina a todo hombre, que vino a este mundo por amor al pecador, fue maltratado de tal manera “que fue desfigurado de los hombres su parecer” (Isaías 52:14). Fue torturado con tan horrenda crueldad que no había en Él parecer ni hermosura, hasta el punto de que los hombres escondiesen sus rostros.

 

Cuando meditamos con serenidad que el Cristo, el Ungido de Dios, estuvo entre nosotros, en este mundo donde “todo fue creado por medio de él y para él” (Colosenses 1:17-18), y no tuvo un lugar donde poder recostar su cabeza (Mateo 8:20); cuando leemos que Él se presentó a los suyos y los suyos no lo recibieron (Juan 1:11); cuando todavía casi oímos los gritos desaforados de su propio pueblo pidiendo su crucifixión ante el propio opresor romano (Mateo 27:22-23); ¿ Quién puede llegar a extrañarse de que sus discípulos padezcan la misma persecución que su Maestro sufrió en este mundo impío, malvado, que vive bajo la tiranía del maligno? ¿Hay en la Biblia algún profeta que no haya padecido por causa de su difícil ministerio ante el pecado del pueblo de Dios? Todo este doloroso bagaje acompañará a aquellos que viven una vida de obediencia, piedad y sumisión al mandato de Dios. Y aún añade más el Señor Jesucristo: “Estas cosas os he hablado para que no tengáis tropiezo. Os expulsarán de las sinagogas; y aun viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios” (Juan 16:1).

 

No debe resultarnos extrañas estas cosas, hermanos amados, porque el rebaño de Jesucristo siempre será menor, aunque realmente sea el más poderoso en medio de este mundo, pero tal como declara el apóstol Pablo: “Las aflicciones del tiempo presente no so comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” (Romanos 8:18). Este mismo siervo de Dios, al final de sus azarosa vida en defensa y divulgación del Evangelio, confesó: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día” (2ª Timoteo 4:7-8). ¡Este es el costo de un genuino discípulo de Jesucristo. . .pero también el preciado premio que debe anhelar cada día en su vida ofrendada al Señor¡

                                                                                          (Jesús Mª Vázquez Moreno)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

IGLESIA EVANGÉLICA EL

ALFARERO.COM

Avda. Blas Infante, núm. 37

Jerez de la Frontera (Cádiz)

Móvil: 627 137 280

"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia" (2ª Timoteo 3:16)

   Solo la Fe

  Solo la Gracia

  Solo Cristo

  Solo la Escritura

  Solo a Dios gloria 

      LA VERDADERA UNIDAD EXISTE

"...solícitos en guardar la UNIDAD DEL ESPÍRITU en el vínculo de la paz" (Efesios 4:3)

 

La verdadera unidad existe. La cuestión

es: ¿Quién puede producir esa unidad? Y la respuesta es que sólo el Espíritu Santo puede producir tal unidad. Eso fue lo que ocurrió en Pentecostés. Como resultado del bautismo con el Espíritu Santo, no solo predicaron aquellos cristianos primitivos codo con codo un mismo mensaje de salvación, sino que además "se añadieron aquel día como tres mil almas" (Hechos 2:41). Y podemos asegurar que  aquellas almas eran verdaderas "piedras vivas" y no meros elementos decorativos en una estructura vacía. En otras palabras, para alcanzar la meta de la unidad entre cristianos . . . es imprescindible la vigorosa acción del Espíritu Santo produciendo un verdadero temor de Dios y un intenso anhelo por su gloria. Un mero sentimiento intelectual a una determinada ortodoxia no es suficiente. Ya tenemos demasiado cadáveres eclesiásticos constituidos por ese material, demasiados valles de huesos secos. Solo el soplo del Espíritu puede formar un cuerpo vivo y vitalizador.

 

Querido hermano, si anhelas ver al pueblo de Dios unido alrededor de un proyecto, una visión o una causa común, no te dejes engañar por el espejismo de Babel ni te conformes con la bendición de Adulam. Elévate a Pentecostés, busca que el Espíritu sople sobre los huesos secos, que su fuego consuma toda la escoria de nuestros apaños, maniobras y estrategias. Imbúyete del espíritu del Maestro, quien dijo: "No recibo gloria de los hombres" (Juan 5:41), y de su siervo Pablo, quien dejó claro que no buscaba "gloria de los hombres, ni de vosotros ni de otros" (1ª Tesalonicenses 2:6).    (D. C. M.)

El Evangelio de la gracia soberana de Dios  (Carlos Haddon Spurgeon)

 

Habiéndose  observado, con evidente preocupación, cuán grande es el rechazo generalizado de muchos hacia la doctrina de la gracia soberana de Dios, incluimos estas breves líneas del reconocido siervo de Dios  C.H.Spurgeon sobre tan transcen-dente  tema:

"Si algo es aborrecido enconadamente es el verdadero Evangelio de la gracia de Dios, especialmente si esa odiosa palabra "soberanía" se menciona al mismo tiempo. Atrévanse a decir: "Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compa-dezca" (Romanos 9:15), y habrá furiosos críticos que les insultarán descomedida-mente. El religioso moderno no sólo aborrece la doctrina de la gracia soberana, sino que despotrica y se enfurece con su sola mención. Preferiría que blasfemára-mos antes que predicáramos la elección por el Padre, la expiación por el Hijo o la regeneración por el Espíritu. Si quieren ver a alguien excitado hasta que lo satánico prevalezca claramente, dejen que algunos de los nuevos teólogos les oigan predicar un sermón sobre la libre gracia.

 

Un evangelio que sea según los hombres será bienvenido por los hombres, pero hace falta una operación divina en el corazón y la mente para que alguien esté dispuesto a recibir en lo más profundo de su alma este inaceptable Evangelio de Dios. 

Mis queridos hermanos, no traten de hacerlo agradable a las mentes carnales. No oculten el tropiezo de la cruz, no sea que la hagan vana. Los ángulos y las esquinas del Evangelio son su fuerza: recortarlos significa quitarles su poder.

La moderación no es el aumento de la fuerza sino su muerte. ¡Claro!, habrán notado que aun entre las sectas sus puntos distintivos son los cuernos de su poder; y cuando éstos quedan prácticamente omitidos, la secta decae. Aprendan, pues, que si quitan a Cristo del cristianismo, el cristianismo está muerto. Si quitan la gracia del Evangelio, el Evangelio desaparece. Si a la gente no le gusta la doctrina de la gracia, denle tanto más de la  misma".            (C. H. S./1890)