Si Dios nos concediera

Por el hno. Fares Palacios

 


Si Dios nos concediera el denuedo de ir y predicar el verdadero Evangelio en las calles de nuestras aldeas, pueblos y ciudades. Si Dios nos concediera el valor, el arrojo y una pasión forjada sobre nuestras rodillas y si de nosotros se pudiera decir como se dijo de Knox, quizá algo grande ocurriría en Venezuela y en América Latina:
“…guiado por los designios Divinos, fue aquel varón de Dios que, cual apóstol neo testamentario, recorrió toda la patria escocesa predicando el evangelio del Reino. Con su estilo de predicación confrontacional, cual profeta bíblico, llamó a sus compatriotas a convertirse a Cristo. Con la autoridad de la Palabra de Dios llamó, tanto a poderes terrenales como a gente común, a obedecer a Dios. Con la urgencia de un predicador cristiano, llamó a sus hermanos en Cristo a regir sus vidas conforme a las enseñanzas de la Biblia…” Dr. Alonzo Ramírez Alvarado, Breve Historia de la Confesión de Fe de Westminster.

¿Qué pensaste al leer estas palabras cristiano lector? ; ¿No ardía en tu corazón la llama que produce el combustible del aceite Divino y Su Gracia en ti?, ¿No pensaste en tantos caseríos y pueblos hundidos en las más densas tinieblas, sin luz, sin fe y sin Dios? Ese ardor sigue consumiendo mis entrañas, ese fuego que no se puede sufrir, una llama insufrible que enciende cualquier pólvora dispuesta en la senda que lleva a las misiones y todo lo inflama está ardiendo hoy, y ahora en nuestra bella Venezuela. Es el fuego de la fe reformada, es un franco volver al primer amor, a la senda antigua, es sentir la fragancia de aquel Gólgota que fue testigo de la voluntaria muerte del Escogido de Dios.
¿Qué hizo que de un par de hombres se dijeran estas palabras? “…Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá…” Hechos 17:6 RV60 ¡Eran discípulos! Ellos declaraban y exponían con temor y reverencia, con ardor y osadía que era necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos. Ellos creían en un Dios vivo y verdadero. No temían a la muerte porque poseían la vida eterna, no temían a la oscuridad de las tinieblas porque Su Dios es la Luz del mundo, no tenían temor del sufrimiento porque las aflicciones que vivían en su generación no se comparaban a las glorias venideras que en ellos iban a manifestarse en Cristo Jesús. Ellos sabían que Su Castillo fuerte era el Dios de la Biblia y que un día estarían junto a EL cumpliendo Sus propósitos eternos Glorificándole y disfrutando de EL para siempre en la eternidad. Ningún sufrimiento, ni ningún horror podría ser más fuerte en ellos que la realidad de ser recibidos por Su Creador un día no muy lejano, nada se compararía a aquel feliz día cuando podrían juntos cantar:
“…en presencia estar de Cristo, ver su rostro, ¡qué será, Cuando al fin en pleno gozo mi alma le contemplará! Cara a cara espero verle, más allá del cielo azul; Cara a cara en plena gloria he de ver a mi Jesús. ¡Cuánto gozo habrá con Cristo cuando no haya más dolor, Cuando cesen los peligros y ya estemos en su amor! Cara a cara, ¡cuán glorioso ha de ser así vivir! ¡Ver el rostro de quien quiso nuestras almas redimir!" CSG 556 Carrie E. Breck, 1898.
Ahora solo pienso en mi amada Venezuela, pienso en mi país. No puedo dejar de tener ese intenso dolor por los de mi nación. Cristiano lector, amado cristiano, ¿No es hora de empezar a recorrer cada rincón de esta nuestra amada Venezuela predicando el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo?, No se dónde estás, ni quién eres, la verdad es que somos pocos aquellos que hemos abrazado las doctrinas de la gracia, pero sé que muchos leen este humilde Blog. ¿No es hora de actuar? Ayer domingo nos visitó a la IBRC la hija de un pastor Reformado Venezolano que trabaja plantando Iglesias en Occidente y fue de tanto gozo saber que hay más en Venezuela, y que hay un despertar a la fe apostólica y reformada. ¿Seremos como Knox?, o mejor aún, ¿Seremos como la Palabra encarnada?, nunca olvido el ejemplo inspirador y desafiante del Amado:
“Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies…”  Mateo 9: 35 – 38 RV60
Quiero compartir varias cosas sobre este hermoso pasaje de la Escritura y del ejemplo de nuestro Maestro. El Señor Jesús:
I.- Andaba. Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas…” Los pies de nuestro Señor Jesucristo fueron hermosos estando en esta tierra encarnado. El recorría, la mayor parte de tiempo a pié. En sus tiempos no tenían aviones ni vehículos automotores, ni lachas a motor, y jets de propulsión a chorro. Pero a pesar de eso, El recorría todas las ciudades y aldeas que decretó recorrería desde antes de la fundación del mundo. ¿No debemos nosotros hacer tal como lo hizo el Señor?, ¿Somos más que El?, Recorrer nuestra Ciudad es un deber, salir de nuestra comodidad y del aire acondicionado de nuestros vehículos es una urgente demanda. La soberanía de Dios que es absoluta en la salvación, jamás, digo, jamás excluye nuestra responsabilidad. Somos parte de Su Plan eterno y debemos esforzarnos por ir y buscar a los perdidos. Los falsos testigos de Jehová han llegado a pié a lugares donde no hay una sola Iglesia Bautista, ni Católica, ni nada. Y no digo esto porque nuestra motivación sea el celo por lo que hacen las sectas, sino que esto muestra el terreno que hemos perdido por causa de nuestra irresponsabilidad. Ningún ser humano será salvo fuera del Nombre de Jesucristo. Es gracioso que cuando alguno demanda razón de mi fe, siempre sacan a relucir a los pobres aborígenes de alguna isla en el pacífico que no tienen Biblia ni Iglesia, ni nada. Me dicen, ¿No salvará Dios a ellos por otro medio?, Yo digo que no, así está escrito:
“…Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos…” Hechos 4:12.
Así que tengo una noticia para los que solo se acuerdan de estos pobres seres humanos sin Cristo cuando discuten sobre las doctrinas de la gracia objetándolas, ellos no se salvarán si no es por medio de Jesucristo y solo Jesucristo. Por esta razón hay que ir y predicar el Evangelio a toda criatura. El Señor caminaba cientos de kilómetros, el jamás tomó una actitud de pereza espiritual, no podía hacerlo, ¿Lo haremos nosotros? Es mi convicción cristiano lector que ninguna casa debe quedar sin ser expuesta a las verdades del Evangelio, ningún poblador, ninguna ama de casa, ningún policía y militar, ningún estudiante y trabajador, ninguno, ninguno de Venezuela debe quedar sin escuchar el mensaje del Evangelio verdadero. Todos deben saber, todos deben oír, debemos advertirles a todos, que nadie quede sin ser expuesto a la verdad, que nadie tenga excusa. Por esta razón debemos andar.
II.- Adoctrinaba. enseñando en las sinagogas de ellos…” Hay gente que no le gusta hablar de doctrina, pero el Señor mismo enseñaba doctrina. Considero que el éxito de muchas sectas radica en nuestro silencio referente a la doctrina, y más específicamente la doctrina de Dios. Los cristianos reformados debemos hacer un esfuerzo por llenarlo todo de la doctrina de Dios. El mundo necesita hombres que puedan exponer con valor la doctrina de Dios, que cada ser humano sepa que hay Dios en medio de la Iglesia, un Dios vivo, un Dios Creador y Soberano, un Dios Poderoso, un Dios Clemente y Misericordioso, un Dios que es fuego consumidor, un Dios Trino, un Dios que todo lo sabe y que está por encima de Su Creación. ¿Por qué temer? Proclamemos a los cuatro vientos Su Señorío, ¿No es el Señor de todas las cosas? Siendo Señor de todo nada debemos temer de llenarlo todo de Su Nombre. Que los impíos sepan que hay Dios en medio de Su Pueblo. Su Santidad y Poder, su amor nos constriñe a enseñar con diligencia las verdades del Dios de la Biblia. El mundo tiene una imagen de Dios totalmente torcida. El mundo cree en un dios diferente al Dios de la Biblia. El dios que presenta Satanás es un dios que ama al pecador, cuando el Dios de la Biblia aborrece tanto al pecado como al pecador. Es un dios que no disciplina, un dios que no necesita a Jesucristo para llegar a el porque cualquier camino puede llegar a sus puertas inciertas. El dios que presenta el mundo tiene nombres blasfemos y no es soberano pues de el no depende la salvación del hombre sino de la decisión del hombre, ese falso dios tolera pecados y los discrimina entre pecados buenos y malos. Ese dios falso es puesto como un cortés señor que nunca es capaz de forzar al hombre a venir a el. Pero el Dios de la Biblia arrastra con violencia irresistible a los suyos para llevarlos a Su Luz admirable y santa. El Dios de la Biblia disciplina y azota a los suyos, son suyos. El Dios de la Biblia no tolera la mentita ni el pecado. El Dios de la Biblia tiene Nombre y es Uno con Su Hijo, así que ninguno puede venir al Hijo si el Dios Padre no lo arrastra hacia EL, y ninguno puede venir al Padre si no es por medio del Hijo quien es el Camino y la Verdad y la Vida. Los cristianos reformados debemos adoctrinar, enseñar doctrina, no hay que temer enseñar doctrina, pero si debemos temer de ocultar la verdad a los hombres. Enseñemos al mundo que hay Dios.
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Wycliffe da testimonio de su fe ante sus acusadores

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      LA VERDADERA UNIDAD EXISTE

"...solícitos en guardar la UNIDAD DEL ESPÍRITU en el vínculo de la paz" (Efesios 4:3)

 

La verdadera unidad existe. La cuestión

es: ¿Quién puede producir esa unidad? Y la respuesta es que sólo el Espíritu Santo puede producir tal unidad. Eso fue lo que ocurrió en Pentecostés. Como resultado del bautismo con el Espíritu Santo, no solo predicaron aquellos cristianos primitivos codo con codo un mismo mensaje de salvación, sino que además "se añadieron aquel día como tres mil almas" (Hechos 2:41). Y podemos asegurar que  aquellas almas eran verdaderas "piedras vivas" y no meros elementos decorativos en una estructura vacía. En otras palabras, para alcanzar la meta de la unidad entre cristianos . . . es imprescindible la vigorosa acción del Espíritu Santo produciendo un verdadero temor de Dios y un intenso anhelo por su gloria. Un mero sentimiento intelectual a una determinada ortodoxia no es suficiente. Ya tenemos demasiado cadáveres eclesiásticos constituidos por ese material, demasiados valles de huesos secos. Solo el soplo del Espíritu puede formar un cuerpo vivo y vitalizador.

 

Querido hermano, si anhelas ver al pueblo de Dios unido alrededor de un proyecto, una visión o una causa común, no te dejes engañar por el espejismo de Babel ni te conformes con la bendición de Adulam. Elévate a Pentecostés, busca que el Espíritu sople sobre los huesos secos, que su fuego consuma toda la escoria de nuestros apaños, maniobras y estrategias. Imbúyete del espíritu del Maestro, quien dijo: "No recibo gloria de los hombres" (Juan 5:41), y de su siervo Pablo, quien dejó claro que no buscaba "gloria de los hombres, ni de vosotros ni de otros" (1ª Tesalonicenses 2:6).    (D. C. M.)

El Evangelio de la gracia soberana de Dios  (Carlos Haddon Spurgeon)

 

Habiéndose  observado, con evidente preocupación, cuán grande es el rechazo generalizado de muchos hacia la doctrina de la gracia soberana de Dios, incluimos estas breves líneas del reconocido siervo de Dios  C.H.Spurgeon sobre tan transcen-dente  tema:

"Si algo es aborrecido enconadamente es el verdadero Evangelio de la gracia de Dios, especialmente si esa odiosa palabra "soberanía" se menciona al mismo tiempo. Atrévanse a decir: "Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compa-dezca" (Romanos 9:15), y habrá furiosos críticos que les insultarán descomedida-mente. El religioso moderno no sólo aborrece la doctrina de la gracia soberana, sino que despotrica y se enfurece con su sola mención. Preferiría que blasfemára-mos antes que predicáramos la elección por el Padre, la expiación por el Hijo o la regeneración por el Espíritu. Si quieren ver a alguien excitado hasta que lo satánico prevalezca claramente, dejen que algunos de los nuevos teólogos les oigan predicar un sermón sobre la libre gracia.

 

Un evangelio que sea según los hombres será bienvenido por los hombres, pero hace falta una operación divina en el corazón y la mente para que alguien esté dispuesto a recibir en lo más profundo de su alma este inaceptable Evangelio de Dios. 

Mis queridos hermanos, no traten de hacerlo agradable a las mentes carnales. No oculten el tropiezo de la cruz, no sea que la hagan vana. Los ángulos y las esquinas del Evangelio son su fuerza: recortarlos significa quitarles su poder.

La moderación no es el aumento de la fuerza sino su muerte. ¡Claro!, habrán notado que aun entre las sectas sus puntos distintivos son los cuernos de su poder; y cuando éstos quedan prácticamente omitidos, la secta decae. Aprendan, pues, que si quitan a Cristo del cristianismo, el cristianismo está muerto. Si quitan la gracia del Evangelio, el Evangelio desaparece. Si a la gente no le gusta la doctrina de la gracia, denle tanto más de la  misma".            (C. H. S./1890)