Un llamamiento del Señor a su Iglesia:  RETENER  LO QUE HEMOS RECIBIDO

 

Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas que no retienen agua”(Jeremías 2:13)

 

      En medio de la vana religiosidad imperante; de la más dominante y descarada carnalidad que arrastra a muchos creyentes; del más falso e hipócrita “espiritualismo”, la iglesia de Pérgamo aparece sobrecogedoramente valiente y comprometida, con un fondo de santo testimonio que lleva hasta la muerte a algunos de sus miembros más fieles (Antipas, el testigo fiel que fue muerto) (Apocalipsis 2:13)Un mártir de Jesucristo que se negó, posiblemente, a ofrecer sacrificios al dios pagano Esculapio (una dios serpiente usado como símbolo de la Medicina). O, tal vez, Zeus o Venus, así como todas las divinidades del más atroz paganismo. ¡En Pérgamo estaba entronizado Satanás! (Apocalipsis 2:13).

 

      Pero la iglesia de Pérgamo se mantiene fiel en su fe sin dejarse intimidar. Retuvo el nombre del Señor y no negó su fe en ningún momento. Ni los supuestos milagros del dios Esculapio, ni la persecución, pudieron hacer tambalear su fe y firmeza, manteniéndose fiel al nombre de Jesucristo, como él mismo lo reconoce .

 

      El Señor Jesucristo les reconoce, asimismo, dos cosas fundamentales en medio de la turbulencia de los tiempos difíciles: Retener el nombre de Jesucristo y no negar su fe. Hermoso y valiente testimonio de la Iglesia, aunque dentro de ella, como en el día de hoy, se encuentran algunos que retienen, no su fe en Cristo, sino cosas que el Señor abomina y aborrece (Apocalipsis 2:14-15). Es la cizaña en medio del hermoso y vigoroso trigo (Mateo13:24-36). De ahí la importancia de retener con fidelidad y firmeza todo lo que hemos recibido del Señor, y desechar las obras de las tinieblas (Romanos 13:12). Prestemos, pues, atención a las siguientes enseñanzas:

 

I)Son bendecidos aquellos que retienen las enseñanzas bíblicas

    -Los que con corazón bueno y recto retienen la semilla, la palabra oída     y dan fruto con perseverancia (Lucas 8:11,15).

    -Los que están firmes, y retienen la doctrina que han aprendido (2ª         Tesalonicenses 2:15)            

    -Los que son retenedores de la Palabra fiel, tal como ha sido enseñada      (Tito 1:9).

 

II)Son bendecidos aquellos que retienen lo oído de los siervos de Dios

 

    -Los que retienen las formas de las sanas palabras que de sus siervos       oyen (2ª Timoteo 1:13).

    -Los que retienen las instrucciones tal ellos las entregan (1ª Corintios       11:2)

    -Los que lo examinan todo a la luz de la Escritura, y retienen lo bueno         (1ª Tesalonicenses 5:21).

 

III)Son bendecidos aquellos que retienen lo recibido de Dios

 

    -Los que retienen la profesión cristiana(Hebreos 4:14).

    -Los que retienen lo recibido del Señor hasta que él venga (Apocalipsis             2:25)

    -Los que retienen lo que poseen, para que ninguno tome su corona               (Apocalipsis 3:11).

 

Recompensas para aquellos que, al retener, son vencedores:

 

    -Comer del maná escondido (Apocalipsis 2:17).

    -Recibir una piedrecita blanca (Apocalipsis 2:17).

    -Recibir un nombre nuevo (Apocalipsis 2:17).

 

                       ¡¡No seamos como esas cisternas que cavó Israel,

                       que no retienen agua!! (Jeremías 2:13)

 

                                                                                         

 

 

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"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia" (2ª Timoteo 3:16)

   Solo la Fe

  Solo la Gracia

  Solo Cristo

  Solo la Escritura

  Solo a Dios gloria 

      LA VERDADERA UNIDAD EXISTE

"...solícitos en guardar la UNIDAD DEL ESPÍRITU en el vínculo de la paz" (Efesios 4:3)

 

La verdadera unidad existe. La cuestión

es: ¿Quién puede producir esa unidad? Y la respuesta es que sólo el Espíritu Santo puede producir tal unidad. Eso fue lo que ocurrió en Pentecostés. Como resultado del bautismo con el Espíritu Santo, no solo predicaron aquellos cristianos primitivos codo con codo un mismo mensaje de salvación, sino que además "se añadieron aquel día como tres mil almas" (Hechos 2:41). Y podemos asegurar que  aquellas almas eran verdaderas "piedras vivas" y no meros elementos decorativos en una estructura vacía. En otras palabras, para alcanzar la meta de la unidad entre cristianos . . . es imprescindible la vigorosa acción del Espíritu Santo produciendo un verdadero temor de Dios y un intenso anhelo por su gloria. Un mero sentimiento intelectual a una determinada ortodoxia no es suficiente. Ya tenemos demasiado cadáveres eclesiásticos constituidos por ese material, demasiados valles de huesos secos. Solo el soplo del Espíritu puede formar un cuerpo vivo y vitalizador.

 

Querido hermano, si anhelas ver al pueblo de Dios unido alrededor de un proyecto, una visión o una causa común, no te dejes engañar por el espejismo de Babel ni te conformes con la bendición de Adulam. Elévate a Pentecostés, busca que el Espíritu sople sobre los huesos secos, que su fuego consuma toda la escoria de nuestros apaños, maniobras y estrategias. Imbúyete del espíritu del Maestro, quien dijo: "No recibo gloria de los hombres" (Juan 5:41), y de su siervo Pablo, quien dejó claro que no buscaba "gloria de los hombres, ni de vosotros ni de otros" (1ª Tesalonicenses 2:6).    (D. C. M.)

El Evangelio de la gracia soberana de Dios  (Carlos Haddon Spurgeon)

 

Habiéndose  observado, con evidente preocupación, cuán grande es el rechazo generalizado de muchos hacia la doctrina de la gracia soberana de Dios, incluimos estas breves líneas del reconocido siervo de Dios  C.H.Spurgeon sobre tan transcen-dente  tema:

"Si algo es aborrecido enconadamente es el verdadero Evangelio de la gracia de Dios, especialmente si esa odiosa palabra "soberanía" se menciona al mismo tiempo. Atrévanse a decir: "Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compa-dezca" (Romanos 9:15), y habrá furiosos críticos que les insultarán descomedida-mente. El religioso moderno no sólo aborrece la doctrina de la gracia soberana, sino que despotrica y se enfurece con su sola mención. Preferiría que blasfemára-mos antes que predicáramos la elección por el Padre, la expiación por el Hijo o la regeneración por el Espíritu. Si quieren ver a alguien excitado hasta que lo satánico prevalezca claramente, dejen que algunos de los nuevos teólogos les oigan predicar un sermón sobre la libre gracia.

 

Un evangelio que sea según los hombres será bienvenido por los hombres, pero hace falta una operación divina en el corazón y la mente para que alguien esté dispuesto a recibir en lo más profundo de su alma este inaceptable Evangelio de Dios. 

Mis queridos hermanos, no traten de hacerlo agradable a las mentes carnales. No oculten el tropiezo de la cruz, no sea que la hagan vana. Los ángulos y las esquinas del Evangelio son su fuerza: recortarlos significa quitarles su poder.

La moderación no es el aumento de la fuerza sino su muerte. ¡Claro!, habrán notado que aun entre las sectas sus puntos distintivos son los cuernos de su poder; y cuando éstos quedan prácticamente omitidos, la secta decae. Aprendan, pues, que si quitan a Cristo del cristianismo, el cristianismo está muerto. Si quitan la gracia del Evangelio, el Evangelio desaparece. Si a la gente no le gusta la doctrina de la gracia, denle tanto más de la  misma".            (C. H. S./1890)