Los hombres ante la cruz de Cristo

(Lucas 23:26-49)

 

La cruz es el lugar que discierne y muestra el estado de los corazones: es la piedra de toque que nos enseña si nuestra actitud para con el Señor es según la voluntad de Dios, o no lo es. Muchos hombres se han encontrado frente a cruces idolátricas muertas que no retan al corazón humano, pero encontrarse frente a la cruz de Cristo es diferente, trascendente y decisivo.

 

      Al leer el relato de la cruxifición de nuestro Señor en el capítulo 23 del evangelio de San Lucas, podemos ver que aparecen siete grupos de personas frente a la cruz. Cada uno de esos grupos tienen una relación distinta en cuanto a la persona del Crucificado. Todos los hombres se encuentran representados, de alguna manera, en esa heterogénea mezcla de pensamientos, sentimientos y voluntades; pero frente a la cruz cada uno de ellos será alineado y definido. Ante la cruz nadie, absolutamente nadie, dejará de ser examinado por el Señor.

 

1.Las mujeres llorando : compasión (Lucas 23:27). Sus corazones sienten dolor ante los sufrimientos físicos del Salvador, mayormente su madre (Juan 19:25). Pero debemos asumir que la simpatía o el dolor no salva a nadie. Hay predicaciones que describen la cruz en tal forma gráfica que hacen llorar a los oyentes, pero no por eso se convierten al Señor por el que lloran.


2. Los soldados jugando: insensibilidad(v. 35). Están tan acostumbrados a semejantes escenas que no se conmueven por nada ni por nadie, no prestando atención hacia el divino Sufriente (Isaías 53:3).¡Hay corazones muy duros en este mundo ¡También junto a la cruz del Cordero de Dios! ¡Cuando venga el Señor, muchos se encontrarán jugando con sus vidas futuras!


3. El pueblo mirando: curiosidad (v. 35). Verdaderamente, tienen cierto interés mórbido estos crueles y sórdidos espectáculos (no olvidemos los muchos y populares autos de fe celebrados en España, con miles de victimas en las hogueras encendidas por el fanatismo católico). Después de un tiempo enfrente del patíbulo llegan a impresionarse tanto que hasta se golpean el pecho (v.48), pero no llegan a verse como pecadores necesitados y, por tanto, no se salvan.


4. Los gobernantes burlándose: menosprecio(v.35). Como ellos mismos habían incitado al pueblo para pedir a Barrabás y hacer crucificar a Jesús, así ahora son los promotores del escarnio sobre el Crucificado. Los hombres inteligentes muchas veces encuentran causas de menosprecio y risa en el Evangelio de la Cruz (1ª Corintios 1:23). El Señor Jesucristo había sido objeto de burla en anteriores ocasiones: era parte de su ministerio aquí entre los hombres (Marcos 5:40; Lucas 16:14,etc.) ¿Te preocupas de las burlas de los que te rodean por tu testimonio cristiano?


5. El malhechor injuriador: injusticia(v. 39). Cuadro fiel del hombre natural, cuya boca “está llena de maldición y amargura” (Romanos 3:14). “Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición” (1ª Pedro 2:23). Hay muchos hoy que, afligidos por causa del pecado, maldicen su suerte y blasfeman el nombre de Dios, olvidando su culpa: El malhechor arrepentido obró de otra manera:“Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos”(Lucas 23:41). El hijo pródigo sí entendió que su desesperada situación era debida a su pecado (Lucas 15:18, 21).


6. El ladrón arrepentido: comprensión(v. 40-43). El efecto de la cruz sobre esta hombre pecador produjo el ablandamiento de su duro corazón, al contrario del otro compañero de fechorías, el cual se encontraba a la misma distancia física, pero muy lejos del Cordero de Dios. Así ocurre, tristemente, con muchas almas que acuden cargadas de pecados a las iglesias, pero salen con los corazones aún más endurecidos. La Palabra de Dios lo confirma: “Por eso os dije que que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis” (Juan 8:24).

 

7. El centurión adorador: reconocimiento(v 47). Este hombre había presenciado, por su profesión, muchas muertes por cruxifición, pero para él ésta era diferente a todas. Entiende que todo lo visto es sobrenatural, una prueba de la divinidad del Sufriente, como vemos en Marcos 15:39: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios “. Aquí, en Lucas 23:47 aporta un adjetivo más: justo. En efecto, él dijo estas dos cosas sobre el Mesías Sufriente, pero hizo algo más : Dio gloria a Dios” (v.47).

Otros, la multitud, al contrario, no habían recibido nada, no habían sido tocados en su endurecidos y cauterizados corazones. El espectáculo, posiblemente, les había producido angustia y tristeza -siempre es triste ver la ejecución en la cruz de algún hombre-, pero volvían sin esperanza, sin salvación: “Y toda la multitud de los que estaban presentes en este espectáculo, viendo lo que había acontecido, se volvían golpeándose el pecho” (v. 48).

 

Nosotros, como Iglesia de Jesucristo, “predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura, mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios y sabiduría de Dios(1ª Corintios 1:23).

 

                                                ("El cristiano español" 1952)

 

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"¿Quién de vosotros, queriendo edificar una casa, no se sienta primero y calcula los gastos?" (Lucas 14:28)

 

"Vivimos tiempos muy extraños (*). Los acontecimientos se suceden con extraordinaria rapidez. Nunca sabemos "lo que el día nos traerá", ¡cuánto menos lo que nos traerá el año! En nuestros días se hace gran profesión de religiosidad. En muchas partes del país la gente expresa vivo deseo de seguir un curso de vida santo y un grado más alto de espiritualidad. Es muy común ver como la gente recibe la Palabra con gozo, pero después de dos o tres años se aparta y vuelve a sus pecados. Y es que hay muchas personas que no consideran lo que cuesta ser un verdadero cristiano y un creyente santo.

       Nuestros tiempos requieren de una manera muy especial el que nos paremos a considerar el coste y el estado espiritual de nuestras almas. Este tema debe preocuparnos. Sin duda, el camino de la vida eterna es un camino delicioso; pero sería locura, por nuestra parte, cerrar los ojos al hecho de que se trata de un camino estrecho y de que la cruz viene antes que la corona. . .

       No cuesta gran cosa ser un cristiano de apariencia. Sólo requiere el que una persona asista dos veces a los cultos del domingo y que durante la semana sea medianamente moral. Este es el "cristianismo" de la vasta multitud de nuestro tiempo. Se trata, pues, de una profesión de fe fácil y barata; no implica abnegación ni sacrificio. Si esto es el cristianismo que salva y el que nos abrirá las puertas de la gloria al morir, entonces no habrá más remedio que alterar la descripción del camino de la vida eterna y decir: "¡Ancha es la puerta y amplio es el camino que conduce al cielo!".                    (Juan Carlos Ryle)

(* ) Se escribió en el siglo XIX.

                  ¡La soberanía de Dios!

¿Qué queremos decir con esta expresión? Queremos decir la supremacía de Dios. que Dios es Rey, que Dios es Dios. Decir que Dios es soberano es declarar que es el Altísimo, el que hace todo conforme a su voluntad en los huestes de los cielos y entre los habitantes de la tierra, de modo que nadie puede detener Su mano ni decirle: ¿Qué haces? (Daniel 4:35). Decir que  Dios es soberano es declarar  que es el Omnipotente, el Poseedor de toda potestad en los cielos y en la tierra, de modo que nadie puede frustrar Sus consejos, impedir Sus propósitos, ni resistir Su voluntad (Salmo 115:3). Decir que Dios es Soberano es declarar que "se enseñoreará de las gentes" (Salmo 22:28), levantando reinos, derrumbando imperios y determinando el curso de las dinastías según le agrada. Decir que Dios es soberano es declarar que es el "solo soberano", Rey de reyes, y Señor de señores" (1ª Timoteo 6:15). Tal es el Dios de la Biblia".         

 (Del libro "La soberanía de Dios", de A.W. Pink)

       La gran ocupación del ministro

La gran obra del ministro, en la que debe radicar su fortaleza de cuerpo y mente, es la predicación. Por flaco y despreciable, o loco (en el mismo sentido en que llamaron a Pablo loco) que pueda perecer, es el gran instrumento  que Dios tiene en sus manos por el que los pecadores serán salvos y los santos serán hechos aptos para la gloria. Plugo a Dios, por la locura de la predicación, salvar a los que creen. Fue para ello que nuestro bendito Señor dedicó los años de su propio ministerio. ¡Oh, cuánta honra ha dado Jesús a la obra de la predicación, al predicar Él en las sinagogas, o en el templo, o bien sobre las quietas aguas del mar de Galilea!  ¿No hizo Él a este mundo como el campo de su predicación? Ésta fue la gran obra de Pablo y de todos los apóstoles. Por esto dio el Señor el mandamiento: "Id por  todo el mundo y predicad el evangelio". ¡Oh, hermanos, ésta es nuestra gran obra!"

                          (R.M. McCheyne)