La amarga prueba de la sequía espiritual

 

Varias metáforas bíblicas nos ilustran la naturaleza de la experiencia cristiana presentándola como una vida exuberante y fructífica. El salmista afirmó que el creyente es “como árbol plantado junto a arroyos de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae” (Salmo 1:3); y los profetas lo confirmaron (Jeremías 17:8; Ezequiel 47:1, 12; Zacarías 14:8). El Señor Jesucristo, refiriéndose a sus seguidores, dijo: “El que cree en mí..., de su interior correrán ríos de agua viva” (Juan 7:38). Y en el último libro de la Escritura se nos presenta la nueva Jerusalén regada por “un río limpio de agua de vida...en medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida..., y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones” (Apocalipsis 22:1-2).

Todo nos  da a entender que la fe nos une a Dios en comunión vivificante. Y en esa comunión hallamos paz, gozo, esperanza, vigor y una invitación a su servicio que da sentido pleno a nuestra vida. Cuando vivimos esta experiencia entendemos el significado espiritual del agua y damos gracias a Dios por sus efectos.

Pero no siempre vivimos “junto a arroyos de aguas”, pues no siempre nuestra comunión con Dios es lo que debiera ser. De vez en cuando (¿o con frecuencia?) pasamos por la experiencia de la sequía espiritual . David expresó esta situación con un lamento angustioso: “ Mi alma tiene sed de tí, mi carne te anhela, en tierra seca y árida donde no hay aguas” (Salmo 63:1). Si terrible es una sequía física pertinaz, más lo es la sequía espiritual.

 

I. Cómo se manifiesta

 

En los periodos de sequía el creyente es victima de la apatía y de una cierta insensibilidad.

Lee la Biblia, pero ésta no le dice nada; la encuentra árida (¿proyección de su propia aridez interior?), carente de mensaje para su alma.

Ora, pero la oración ha perdido fervor. Ha degenerado en rutina fría; se tiene la impresión de que no sube más allá del techo; no se espera que tenga efectos objetivos, y subjetivamente resulta ineficaz.

La asistencia a los cultos de la iglesia se convierte en una carga, pues no encuentra en ellos nada que le estimule.

La comunión con los hermanos más bien le molesta. Aunque le amen, él solo ve sus defectos; a veces los tiene a todos por hipócritas. No se siente a gusto a su lado.

Se produce un debilitamiento en la lucha contra el pecado y las influencias mundanas, así como un retraimiento ante oportunidades de dar testimonio de su fe.

Consecuencia global: un sentimiento amargo de desolación interior. Un vacío insoportable.

 

II.Causas de la sequía. Pueden ser de diferente índole:

 

1.Espirituales

Su origen se debe a veces a problemas de fe: influencia del racionalismo, dificultades para aceptar lo sobrenatural, para comprender la teología natural, el escabroso problema del sufrimiento en el mundo, o dificultades en el examen de ciertos pasajes bíblicos.

Otras veces la causa puede ser el pecado. David, después de haber cometido su doble pecado de adulterio y homicidio, confesó: “ Se volvió mi verdor en sequedades de verano” (Salmo 32:4).  A menos que tras la comisión del pecado nos volvamos arrepentidos a Dios implorando su perdón, nuestra sensibilidad espiritual se secará inevitablemente; y, con la sensibilidad, el vigor de la fe.

 

La mediocridad de nuestro cristianismo es también no pocas veces causa de sequía espiritual. Como los laodicenses, no somos fríos ni calientes (Apocalipsis 3:15-16). Nos dejamos influir más por el espíritu del mundo que por el Espíritu Santo. No nos tomamos suficientemente en serio las implicaciones éticas y de compromiso de nuestra fe. De un cristianismo así ¿puede esperarse una experiencia de plenitud espiritual? ¿Nos sorprenderá que en vez de ser como el árbol plantado junto a arroyos de agua vaguemos insatisfechos por un desierto?

 

2.Existenciales

Problemas personales o familiares, enfermedades, pérdidas graves o tribulaciones de diverso tipo. Si no se superan mediante la fe, confiando plenamente en la soberanía sabia y bondadosa de nuestro Padre celestial, la sequía es inevitable.

 

3.Anímicas o psíquicas

Con bastante frecuencia la sequía no tiene causas espirituales ni existenciales. Son simplemente anímicas o psíquicas. Una persona anímicamente lábil ( poco firme y deslizante), o de carácter depresivo, no debe sorprenderse con desaliento si alguna vez su fe parece debilitarse y le domina el desánimo (tenemos en la Biblia el caso del profeta Elías en 1º Reyes 19:4 s.s). Naturalmente, esta experiencia no debe preocupar demasiado. Es pasajera. Sobre la oscuridad prevalecerá pronto, de nuevo, la luz. 

                                                                       

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"Hermanos, anhelo que todos podamos ser "aptos para enseñar". La iglesia nunca tiene demasía de aquellos cuyos labios "alimentan a muchos". Debe ser ambición nuestra "ser buenos mayordomos de la multiforme gracia de Dios". Todos conocemos ciertos ministros capacitados que son expositores de la Palabra e instructores de los creyentes. Siempre os lleváis algo cuando vais a oírles. Se ocupan de cosas de gran precio; su mercadería es de oro de Ophir. Ciertos pasajes de la Escritura son citados y reciben nueva luz; y ciertas especialidades de la experiencia cristiana son descritas y explicadas. Salimos de estas predicaciones con la sensación de que hemos estado en una buena escuela. Hermanos, deseo que cada uno de nosotros ejerza un ministerio así de edificante. ¡Ojalá tengamos la experiencia, la iluminación y la laboriosidad necesarias para una vocación tan elevada! ¡Cuánto necesitamos más sermones ricos en instrucción! Hermanos, mirad muchos de los sermones modernos. ¡Qué fuego, qué furia! ¡Cuántos destellos y cuánta velocidad! ¿Qué es todo esto? ¿Cuál es el propósito de tal exhibición? Solemos encontrarnos con sermones que son caleidoscopios, de una belleza maravillosa; pero, ¿qué contienen? . . .

Es preciso alimentar al rebaño de Dios. Debemos ocuparnos de verdades eternas, y hacer presa en el corazón y en la conciencia. Debemos, de modo efectivo, vivir para educar una raza de santos, en quienes  el Señor Jesús se reflejará como en mil espejos."

                               (Carlos H. Spurgeon)

      TESTIMONIO FIRME Y COHERENTE

Llegó a decir el teólogo Dionisio Borobio: "Una de las palabras más desfiguradas por el uso hoy en día, es la palabra "testimonio". Dar testimonio con la propia vida es la consigna de los que toman la vida en serio. Dar testimonio del Evangelio es haber tomado en serio su doctrina. Mas la vida de muchos cristianos es una continua oposición entre lo que dicen creer y lo que de verdad dicen sus obras. Y sobre todo si ser cristiano es. .  . esta especie de "egoísmo" espiritual en que se ha encerrado las más de las veces una piedad rutinaria en que todo gira alrededor de nuestra propia conveniencia."  (D. B.)

   ORACIÓN DE GRATITUD  (Efes.1:3-10)

"Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinados para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra."