El deleite de vivir en la presencia de Dios

 

 “Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre" (Salmo 16:11)

 

Cada mañana, nuestro primer pensamiento debe ser para Dios: Él está presente, “porque en él vivimos, y nos movemos, y somos” (Hechos 17:28), y a pesar de ello casi nunca pienso en Él. ¡Qué ceguera y qué tinieblas! De un sueño caigo en otro. Mi alma no despierta de día ni de noche. Como los sentidos exteriores duermen de noche, así los sentidos interiores duermen de día. Soy como un hombre ciego: Cuando duerme está en doble ceguera; y cuando despierta, ni ve la claridad del sol ni la belleza de la tierra.

 

Así también nosotros. Dormimos, y nos encontramos en un profundo olvido de Dios. Pero al despertar seguimos en el mismo olvido, porque nos ocupamos muy poco de Dios y sus perfecciones. Más bien, entretenemos nuestra alma con las pequeñas cosas terrenales. ¡Ah, qué molesto es la somnolencia y el olvido, porque nos hace culpables, aunque estemos sujetos , por nuestra propia naturaleza, al olvido! (Acordémonos de la propia experiencia de los apóstoles en el huerto de Getsemaní: Mateo 26:40-43). La Palabra nos avisa “que ya es la hora de levantarnos del sueño” (Romanos 13:11) y de abrir los ojos.

 

Oh Jesús, ¡no permitas que duerma todo el día en el olvido de tu presencia! Mira, que no puedo defenderme del sueño. Vigila tú por mí, Concédeme el conocimiento de Dios a través de tu conocimiento, concédeme mirarle a Él a través de tu mirada puesta en mí, y que lo pueda amar a través de tu amor.

 

Mientras que no velemos con Jesucristo, nuestro sueño va con el mundo. Velar con Jesús significa vivir su vida, tener la mentalidad que Él tuvo, obrar como Él obró y sufrir como Él sufrió. El dolor, sufrimiento y oprobio hace que velemos y vivamos con Jesús; por esto los debemos tener en estima. El honor, lo favorable, el bienestar, nos dan somnolencia y propicia el olvido de Dios; es por esto que los hemos de tener en sospecha y cuidado.

 

Cuando Dios, por la mañana, le da al alma la impresión de su presencia, es preciso tratar tal impresión con cuidado durante todo el día. Así llevará fruto en las ocasiones dadas, aceptando todas las cosas que la mano de Dios provee, tanto la paz como la guerra, lo dulce y lo amargo, la calma y el trabajo.

 

Oh alma, déjate traspasar por los rayos de la Divinidad, deja llenar tu vida interior con Dios y sus perfecciones. De esta manera se consolidarán tus fundamentos interiores, espirituales. ¿No te es suficiente el carácter de Dios y sus perfecciones? ¿Qué cosa mejor puedes hacer que sumergirte en Él y permanecer en Él sin remoción alguna?

 

El que tiene a Dios puede prescindir de todas las criaturas. Dios está en mí y yo estoy en Él; no hay nada que me pueda separar de Él (Romanos 8:35-39). Porque Él es infinito y, por tanto, está presente interminablemente en mí. En esta unión inseparable con Él mi corazón se encuentra tan satisfecho que podría ser despojado de todas las criaturas, y hasta de las más queridas de todas, sin que esto aflija sobremanera mi alma. Porque tanto más lejos están, tanto más cerca me es Dios.

 

¡Qué riqueza es el encontrar a Dios! Esto, sin embargo, no ocurre sin entregar y sin "perder"a todas las criaturas. María de Betania olvidó al mundo entero, hasta a su hermano y hermana, y así encontró a Dios presente en sí; y Él solo le era suficiente (Lucas 10:39-42). 

 

Si un alma se queja sobre la pérdida o ausencia de una criatura, esto es porque aún no ha encontrado bien a Dios. Es verdad que las criaturas pueden servir para que vengamos a Dios (Juan 4:29). Por haberte encontrado, oh mi Dios, ya no te podré dejar nunca jamás. ¿Cómo podría volver al seno del mundo? El salmista bien lo confiesa: “¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra” (Salmos 73:25).

 

 

Por Johannes Berniéres-Louvigni

(Autor francés del siglo XVI)

                                   ¡Santo, Santo, Santo!

 

      Se ha dicho "que es el himno más hermoso y majestuoso de todos los tiempos y que hasta el cielo se seguirá cantando". Por cierto, los cuatro seres descritos en Apocalipsis 4:8 permanentemente pronuncian: "Santo, Santo, Santo".El nombre de la tonada viene del Concilio de Nicea, donde 318 delegados se reunieron en el año 325 para afirmar la sublime verdad revelada en la Biblia que Dios existe en tres personas. Los delegados, en su mayoría, habían sido torturados por su fe en Cristo. El credo que redactaron permanece como un baluarte de esta doctrina fundamental. El autor del himno, Reinaldo Heber, misionero inglés, murió sirviendo al Señor en la India (Fue traducido al español por el pastor Juan Bautista Cabrera (1837-1916).

A la voces de estos hombres convencidos y valientes, unamos las nuestras cantando "¡Santo!, ¡Santo!, ¡Santo!".

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   Solo la Fe

  Solo la Gracia

  Solo Cristo

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  Solo a Dios gloria 

"¿Quién de vosotros, queriendo edificar una casa, no se sienta primero y calcula los gastos?" (Lucas 14:28)

 

"Vivimos tiempos muy extraños (*). Los acontecimientos se suceden con extraordinaria rapidez. Nunca sabemos "lo que el día nos traerá", ¡cuánto menos lo que nos traerá el año! En nuestros días se hace gran profesión de religiosidad. En muchas partes del país la gente expresa vivo deseo de seguir un curso de vida santo y un grado más alto de espiritualidad. Es muy común ver como la gente recibe la Palabra con gozo, pero después de dos o tres años se aparta y vuelve a sus pecados. Y es que hay muchas personas que no consideran lo que cuesta ser un verdadero cristiano y un creyente santo.

       Nuestros tiempos requieren de una manera muy especial el que nos paremos a considerar el coste y el estado espiritual de nuestras almas. Este tema debe preocuparnos. Sin duda, el camino de la vida eterna es un camino delicioso; pero sería locura, por nuestra parte, cerrar los ojos al hecho de que se trata de un camino estrecho y de que la cruz viene antes que la corona. . .

       No cuesta gran cosa ser un cristiano de apariencia. Sólo requiere el que una persona asista dos veces a los cultos del domingo y que durante la semana sea medianamente moral. Este es el "cristianismo" de la vasta multitud de nuestro tiempo. Se trata, pues, de una profesión de fe fácil y barata; no implica abnegación ni sacrificio. Si esto es el cristianismo que salva y el que nos abrirá las puertas de la gloria al morir, entonces no habrá más remedio que alterar la descripción del camino de la vida eterna y decir: "¡Ancha es la puerta y amplio es el camino que conduce al cielo!".                    (Juan Carlos Ryle)

(* ) Se escribió en el siglo XIX.

                  ¡La soberanía de Dios!

¿Qué queremos decir con esta expresión? Queremos decir la supremacía de Dios. que Dios es Rey, que Dios es Dios. Decir que Dios es soberano es declarar que es el Altísimo, el que hace todo conforme a su voluntad en los huestes de los cielos y entre los habitantes de la tierra, de modo que nadie puede detener Su mano ni decirle: ¿Qué haces? (Daniel 4:35). Decir que  Dios es soberano es declarar  que es el Omnipotente, el Poseedor de toda potestad en los cielos y en la tierra, de modo que nadie puede frustrar Sus consejos, impedir Sus propósitos, ni resistir Su voluntad (Salmo 115:3). Decir que Dios es Soberano es declarar que "se enseñoreará de las gentes" (Salmo 22:28), levantando reinos, derrumbando imperios y determinando el curso de las dinastías según le agrada. Decir que Dios es soberano es declarar que es el "solo soberano", Rey de reyes, y Señor de señores" (1ª Timoteo 6:15). Tal es el Dios de la Biblia".         

 (Del libro "La soberanía de Dios", de A.W. Pink)

       La gran ocupación del ministro

La gran obra del ministro, en la que debe radicar su fortaleza de cuerpo y mente, es la predicación. Por flaco y despreciable, o loco (en el mismo sentido en que llamaron a Pablo loco) que pueda perecer, es el gran instrumento  que Dios tiene en sus manos por el que los pecadores serán salvos y los santos serán hechos aptos para la gloria. Plugo a Dios, por la locura de la predicación, salvar a los que creen. Fue para ello que nuestro bendito Señor dedicó los años de su propio ministerio. ¡Oh, cuánta honra ha dado Jesús a la obra de la predicación, al predicar Él en las sinagogas, o en el templo, o bien sobre las quietas aguas del mar de Galilea!  ¿No hizo Él a este mundo como el campo de su predicación? Ésta fue la gran obra de Pablo y de todos los apóstoles. Por esto dio el Señor el mandamiento: "Id por  todo el mundo y predicad el evangelio". ¡Oh, hermanos, ésta es nuestra gran obra!"

                          (R.M. McCheyne)