En segundo lugar, hemos de examinar nuestro corazón. Ello nos lleva a examinar la intención que hay detrás de nuestros actos, que muchas veces los demás no conocen, y que en ocasiones intentamos que sean desconocidas aún para nosotros mismos. Hay que buscar que nuestro corazón sea puro, sincero a los ojos de Dios, pues nosotros somos demasiado condescendientes con la impureza, con el pecado.

      En tercer lugar, hemos de examinar nuestra alma. Aquí utiliza la figura de las ofrendas. Habla de “elevar”, tomar nuestras almas en nuestras manos y elevarlas en presentación. Pero no habla de una presentación a Dios, habla de una presentación a la “vanidad”, a la vaciedad, a la falsedad, a una conducta indigna. Hemos de examinar a qué y a quién hemos dedicado nuestras almas, nuestras vidas. La ilustración de la ofrenda nos revela que al único que podemos hacer esta dedicación es a Dios, cualquier otra persona o cosa, por noble que sea, usurpa el lugar que solo pertenece a Dios. No podemos dedicar nuestras almas a lo malo y a los males , pero tampoco al bien de los demás, a una buena organización, a la iglesia, a la evangelización...,aunque hemos de procurar el bien de los demás, ser miembros activos en una iglesia local y predicar el Evangelio. Nuestras almas únicamente las podemos dedicar a Dios, después será por esa dedicación a Dios que nos ocuparemos en todas aquellas cosas que a Dios le agradan y son útiles a los hombres.

      Dios, en su mucha gracia, ha previsto y ha provisto su Santa Palabra para nuestro auxilio, en las manos expertas del Espíritu Santo: “ Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más penetrante que toda espada de dos filos; y que alcanza hasta partir el alma, y aun el espíritu, y las coyunturas y tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4:12).

 

      Para terminar, consideremos, pues, las preguntas que hizo David, y que Dios ha tenido cuidado especial que nos llegasen a nosotros por la inspiración y preservación de las Sagradas Escrituras. Dios quiere que se reavive en el corazón de sus hijos, el deseo, la santa preocupación, por “subir” a su presencia , y por permanecer allí en una experiencia continuada de comunión con Dios, en santidad de vida. Dejemos nuestra torpeza e ignorancia espiritual, de la que está llena el cristianismo actual, y permitamos que nos instruya la sabiduría divina contenida en las páginas de nuestra Santa Palabra. Hacerlo, nos traerá una gran bendición. Así lo leemos en nuestro salmo 24, versículos 5 y 6: “El recibirá bendición de Jehová, y justicia del Dios de salud. Tal es la generación de los que le buscan, de los que buscan tu rostro, oh Dios de Jacob”. Tómate una “selah” (pausa), para reflexionar en estos importantes versículos de la bendita Palabra de Dios; y para experimentarlos, bajo la guía y acción del Espíritu Santo.  

                                                                   "KOINONÍA"

                                                                   "Edicions Cristianes Bíbliques" 

                                                          

 

 

 

 

 

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"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia" (2ª Timoteo 3:16)

   Solo la Fe

  Solo la Gracia

  Solo Cristo

  Solo la Escritura

  Solo a Dios gloria 

        El peligro de la herejía gnóstica

"Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como también habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado" (2ª Ped. 2:1-2)

 

"En los tres primeros siglos, la Iglesia tuvo que defender numerosas herejías. Se ponían en peligro las verdades reveladas.

 

El gnosticismo ha sido el peligro más grave que ha corrido la Iglesia. Pasó por más de treinta sistemas gnósticos diferentes, a base de elementos de todas las filosofías y pensamientos regidos por el pensamiento libre. Fue un auténtico anticristianismo y una degradación de la revelación divina.

 

Marción, "el lobo de Ponto", fue uno de los adversarios más serios en el siglo II. Tenía cualidades de jefe y arrastraba tras de sí a muchas personas, a las que llamaba discípulos; fundó sólidas iglesias, que permanecieron fieles hasta el martirio.

Su doctrina se difundió rápidamente. Hacia el año 150, Justino escribía: "Siembra el mundo de blasfemias, ayudado por todos los demonios. Los que le siguen, no pueden probar lo que afirman, pero se dejan llevar y son presa del ateísmo".

Le combatieron Dionisio en Corinto, Ireneo en Lyon, Teófilo en Antioquía, Tertuliano en Cartago, Hipólito y Rodón en Roma y Bar Daisán en Edesa."

                                     (Italo Volpi)

              Seguridad de salvación

Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios"    (1ª Juan 5:13)

 

"Hay dos clases de personas que no deben tener seguridad alguna. La primera: esos que pertenecen a la Iglesia, pero que no son convertidos, no habiendo jamás nacido del Espíritu. La segunda: esos que no quieren hacer la voluntad de Dios, y que no se apresuran a ocupar el lugar que Dios les ha designado, sino que quieren ocupar cualquier otro puesto.

 

Alguien preguntará: "¿Tienen seguridad todos los que pertenecen a la Iglesia?" 

No; creo que muchos de los amados de Dios no tienen seguridad de la salva-ción; pero es privilegio de todos los hijos de Dios, sin ninguna duda, disfrutar del conocimiento de su propia salvación ya en esta vida.  El hombre que vive dudando no está preparado para servir a Dios. Y si el hombre no está seguro de su salvación, ¿cómo podrá ayudar a otro para que entre en el reino de Dios?

Si me veo en peligro de ahogarme, y no creo llegar jamás a la orilla, ¿cómo podré socorrer a otro? Primero debo yo poner pie en tierra firme, y luego podré ayudar a mi prójimo. . . Nadie puede servir a Dios con gusto, si no está seguro de su propia salvación"  (D. L. MOODY)