Útil para corregir

 

Toda la Escritura es inspirada por Dios,y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2ª Timoteo 3:1)

 

 

 

 “El hijo pródigo”, de Rembrandt

 

Entre las áreas susceptibles de reforma en la Iglesia actual, está la de la reprensión y la corrección. La evidencia más clara de ello quizá sea la creciente falta de disciplina que se observa en todas partesEn nombre del amor (aunque el móvil sea la comodidad, la indiferencia, la abulia o la cobardía), se permiten toda clase de conductas irregulares. Muy grave ha de ser una falta para hacerse acreedora de una amonestación., y aún ésta proferida desde el púlpito (también llamado el castillo de los cobardes). Nadie quiere problemas, nadie quiere mancharse las manos, nadie quiere “tomar el toro por los cuernos”.

 

En honor a la verdad, el “apacible” clima de nuestro tiempo puede deberse a una reacción contra actitudes excesivamente susceptibles y contenciosas por parte de algunos hermanos. Todos conocemos a ese tipo de personas que convierte cualquier cosa sin interés en poderosa arma arrojadiza que lanzar aun contra la más inofensiva oveja en el rebaño del Señor. Hartos de semejante ambiente, muchos recurren -comprensiblemente- a la “ley del silencio”, aunque a veces éste resulte un silencio culpable.

Hasta la Biblia puede utilizarse para justificar una actitud así. Se nos dirá que hay “tiempo de callar” y que “el que refrena sus labios es prudente”, al mismo tiempo que se olvida convenientemente que también hay un “tiempo de hablar”y que la Escritura nos exhorta: “Clama a voz en cuello...declara a mi pueblo su transgresión”(Isaías 58:1).

 

El apóstol Pablo nos recuerda que la Escritura es “útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia”(2ª Timoteo 3:16)pero la única utilidad que le ven algunos es la de enseñar e instruir, porque lo de reprender y corregir no lo practican nunca; o lo que es peor, a la hora de reprender y corregir recurren a todo menos a la Escritura.

 

Es imperativo recuperar y restaurar la actividad correctiva en la Iglesia. La santidad de la misma lo requiere. La gloria de Dios lo demanda. No es una opción. No es un elemento adicional. Es un factor indispensable. Cristo reprendió a Pedro; Pablo también lo hizo (Gálatas 2:11-14), y mandó a Tito que reprendiera severamente a los cretenses: “...repréndelos duramente para que sean sanos en la fe” (Tito 1:13). La disciplina muestra el trato amoroso del Padre hacia sus hijos, con el propósito de que produzcan “fruto(s)apacible(s)de justicia a los que en ella han sido ejercitados” (Hebreos 12:7-11). La reprensión y la corrección eran práctica habitual en la Iglesia primitiva.

Pero la corrección no se puede aplicar de cualquier manera. Ante todo, ha de estar proporcionada a la seriedad del error o pecado en cuestión. No debemos pasarnos la vida colando mosquitos, entre otras cosas porque podemos estar tragando camellos en el proceso. Si nos dedicamos a inventar “shibolets” (Jueces 12:6), no nos extrañe que luego nos lo apliquen a nosotros mismos

 

Debemos entender que no sólo el fondo es importante sino también la forma. No es suficiente cumplir el mandato: “redargüye, reprende, exhorta” (2ª Timoteo 4:2); hay que cumplir también la segunda parte del versículo: “con mucha paciencia e instrucción”. Ciertas normas han de ser tenidas en cuenta: la edad y posición de las personas (1ª Timoteo 5:1); su ministerio(1ª Timoteo 5:19); amabilidad, paciencia, ternura (2ª Timoteo 2:24-25), etc., etc. No es de recibo un reprensor de rompe y rasga. Corregir no es montar la garata.

 

Es cierto que, aun así, hay quienes no soportan la corrección. Carecen de la humildad de David cuando, al ser reprendido por Natán, reconoció:“He pecado contra el Señor”(2º Samuel 12:13); no admiten que “fieles son las heridas del amigo”(Proverbios 27:6); no consideran como “aceite sobre la cabeza”el hecho de que el justo les hiera con bondad y les reprenda (Salmo 141:5), sino como un jarro de agua fría; rehusan humillarse bajo la poderosa mano del Señor cuando esta mano blande instrumentos humanos; o, simplemente, rechazan la reprensión porque, como decía Gustavo Thibon,“nos sabe mal que nos digan otros lo que ya sabemos de nosotros mismos”.

 

En vista de estas reacciones, algunos prefieren compartir sus correcciones con terceros. Ignorando el procedimiento de Mateo 18:15-20, actúan larvadamente, de tal manera que el último en enterarse del tema es precisamente el que primero debería haberlo sabido. Para entonces, ya han desacreditado al hermano en cuestión, robándole una honra que posiblemente nunca recuperará. ¿Por ventura es éste un camino “más excelente” que el de la corrección directa, sincera y abierta? ¿No enseña la Escritura que “es mejor la reprensión franca que el amor encubierto”?(Proverbios 27:5).

 

Hay, sin embargo, ocasiones cuando la corrección está fuera de lugar aunque la persona lo merezca. Es cuando el reprendido endurece la cerviz, cuando se cree sabio en su propia opinión, cuando es ciego a sus propios errores. Entonces oímos la voz de Dios que nos dice acerca de los que pertenecen a esta laya: “Efraín se ha unido a los ídolos: déjalo” (Oseas 4:17), o la del Señor Jesús, exhortándonos: “Dejadlos; son ciegos, guías de ciegos” (Mateo 15:14).

 

Querido hermano, el Señor quiere que seas “reparador de brechas, restaurador de calles donde habitar” (Isaías 58:12). Para ello es necesario corregir, “poner en orden lo que queda” (Tito 1:5). No es una labor grata y está expuesta a muchos malentendidos. Pero para la gloria de Dios y para la santidad de su pueblo, debemos seguir llevando a cabo este cometido. Creemos que la Escritura aún es útil para corregir.

 

                                                 D. C.

 

 

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"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia" (2ª Timoteo 3:16)

   Solo la Fe

  Solo la Gracia

  Solo Cristo

  Solo la Escritura

  Solo a Dios gloria 

      Lo que aspiramos ser: MAESTROS

"Hermanos, anhelo que todos podamos ser "aptos para enseñar". La iglesia nunca tiene demasía de aquellos cuyos labios "alimentan a muchos". Debe ser ambición nuestra "ser buenos mayordomos de la multiforme gracia de Dios". Todos conocemos ciertos ministros capacitados que son expositores de la Palabra e instructores de los creyentes. Siempre os lleváis algo cuando vais a oírles. Se ocupan de cosas de gran precio; su mercadería es de oro de Ophir. Ciertos pasajes de la Escritura son citados y reciben nueva luz; y ciertas especialidades de la experiencia cristiana son descritas y explicadas. Salimos de estas predicaciones con la sensación de que hemos estado en una buena escuela. Hermanos, deseo que cada uno de nosotros ejerza un ministerio así de edificante. ¡Ojalá tengamos la experiencia, la iluminación y la laboriosidad necesarias para una vocación tan elevada! ¡Cuánto necesitamos más sermones ricos en instrucción! Hermanos, mirad muchos de los sermones modernos. ¡Qué fuego, qué furia! ¡Cuántos destellos y cuánta velocidad! ¿Qué es todo esto? ¿Cuál es el propósito de tal exhibición? Solemos encontrarnos con sermones que son caleidoscopios, de una belleza maravillosa; pero, ¿qué contienen? . . .

Es preciso alimentar al rebaño de Dios. Debemos ocuparnos de verdades eternas, y hacer presa en el corazón y en la conciencia. Debemos, de modo efectivo, vivir para educar una raza de santos, en quienes  el Señor Jesús se reflejará como en mil espejos."

                               (Carlos H. Spurgeon)

      TESTIMONIO FIRME Y COHERENTE

Llegó a decir el teólogo Dionisio Borobio: "Una de las palabras más desfiguradas por el uso hoy en día, es la palabra "testimonio". Dar testimonio con la propia vida es la consigna de los que toman la vida en serio. Dar testimonio del Evangelio es haber tomado en serio su doctrina. Mas la vida de muchos cristianos es una continua oposición entre lo que dicen creer y lo que de verdad dicen sus obras. Y sobre todo si ser cristiano es. .  . esta especie de "egoísmo" espiritual en que se ha encerrado las más de las veces una piedad rutinaria en que todo gira alrededor de nuestra propia conveniencia."  (D. B.)

   ORACIÓN DE GRATITUD  (Efes.1:3-10)

"Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinados para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra."