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La insensibilidad espiritual.

 

Como se avergüenza el ladrón cuando es descubierto, así se avergonzará la casa de Israel...”. (Jeremías 2:26)

 

Aquí, en este texto bíblico, se considera algo totalmente normal: Que el ladrón se avergüence cuando es descubierto . Pero hoy rige otro espíritu en nuestra sociedad. No sólo se ha perdido la vergüenza y el rubor, sino que se lanza un contraataque, exigiendo con descaro que se avergüence quien sorprendió al ladrón (hace poco hubo un caso similar en nuestra ciudad).

¿Qué influencia tiene esta moral sobre el pueblo de Dios? Lamentablemente hay una influencia directa y continua sobre la Iglesia. Esta influencia trata de minimizar el peso del pecado. Satanás insinúa que la misericordia y el amor de Dios son suficientemente grandes para no tomar en cuenta, de antemano, todo delito. “No pasa nada”, es el mensaje subliminal e inspirador de aquí. El profeta Jeremías dice: “Y sucedió que por juzgar ella cosa liviana su fornicación, la tierra fue contaminada, y adulteró con la piedra y con el leño” (Jeremías 3:9).

 

La insensibilidad creciente en la Iglesia.

     Veo que uno de los problemas más graves que atraviesa la Iglesia de Jesucristo de hoy, es la creciente insensibilidad frente a todos los asuntos espirituales, ¡pero no en cuanto a las ofertas del mundo y a lo que se relaciona con la vida privada! Al leer la Biblia, al oir un mensaje en la congregación, a la hora de la oración, al conversar sobre temas del Señor, y ante las más diversas injusticias diarias que ofenden al Creador (la TV hace lo suyo...), se quedan tan “secos” como si se tratase de un asunto de ínfimo rango. Es peligrosísimo perder la sensibilidad en las cosas de su Iglesia: “Los cuales, después que perdieron toda sensibilidad(¡), se entregaron a la lascivia...”(Efesios 4:19). Lo que Pablo aquí dice, es una advertencia indirecta para todo creyente: El perder la sensibilidad abre la puerta al pecado.

Mientras que ayer, tras pecar, se sentía cierta medida de culpabilidad ante Dios, hoy se siente ( y se defiende) una diabólica “libertad”emancipada. La suave voz del Espíritu Santo es ignorada voluntariamente, muchas veces acallada, y en otros casos se le atribuye a Satanás. Permitamos que la voz inspirada de Jeremías clame con autoridad divina “Espantaos, cielos, sobre esto, y horrorizaos; desolaos en gran manera, dijo Jehová” (Jeremías 2:12).

Pero aquí azota el mismo problema: No se siente ni espanto, ni horror, ni desolación; ni ganas hay siquiera: “Te dirán ellos: ¿Por qué anuncia Jehová contra nosotros todo este mal tan grande? (Jeremías 16:10). “Hombre, cálmate -susurra una voz interior-, Dios es un Dios de paz y de gozo; él no nos impondría ningún dolor de cabeza...” Sin embargo, Dios replica: “¿Se han avergonzado de haber hecho abominación? Ciertamente no se han avergonzado, ni aun saben tener vergüenza” (Jeremías 6:15 y 8:12). Es porque “el perverso no conoce la vergüenza” (Sofonías 3:5).

 

Necesidad de una conciencia viva y sensible.

     Pues así nos hallamos. De verdad, querido hermano, siento una carga por todo esto, y debo decirte que dejes lugar a los sentimientos de Cristo, que son: Amar la justicia, y aborrecer la maldad (Hebreos 1:9). Es absolutamente necesario tener una conciencia viva y sensible que sienta lo que Dios siente: Un repudio decidido frente a todas las cosas que entristecen u ofenden al Señor (Efesios 4:30). ¡Aírate una vez como los héroes de la Biblia cuando se fortalecieron para la guerra santa de Dios! (“Airaos, pero no pequéis!”). ¡Haz frente al pecado, cierra las filas, ponte en la brecha abierta, anima a otros a que abran sus ojos y vean donde están las brechas, por donde entran poderes destructivos en medio de nosotros! El quedarse insensible, inmóvil y “tranquilo” ante estas cosas, es pecado, y mucho más si se trata de pastores del rebaño de Jesús. “Ay de los reposados en Sión, y de los confiados en el monte de Samaria” (Amós 6:1; Eclesiastés 3:4,8).

 

Sentir como Dios siente por nosotros.

     ¿Por qué le dolió tanto el corazón a Jeremías? (Jeremías 8:1) ¿Por qué también a Nehemías? (Nehemías 13:7-8) ¿Por qué clamó Ester: “¿Cómo podré yo ver el mal que alcanzará a mi pueblo? ¿Cómo podré yo ver la destrucción de mi nación?” (Ester 8:6). Ellos sintieron como Dios siente; tenían, en verdad, la mente de Cristo (1ª Corintios 2:16). Si alguna iglesia en particular está siendo destruída ¿cómo no se ha de quebrantar el corazón de cualquiera que sea un verdadero siervo de Dios al enterarse? Jeremías clamó: “Derramen mis ojos lágrimas noche y día, y no cesen...” (Jeremías 14:17; comp. tamb. 8:21; 9:1,18b y 10:19).

Es cierto que no se puede llorar todo el día por los males que llegamos a conocer (aunque en verdad no faltan motivos), pero es igualmente cierto  que también está el gozo del Señor para confortarnos. La paz de Dios, dice la Biblia, debe gobernar nuestros corazones (Colosenses 3:15). Y, si es así, ¡precisamente ocurre lo que Dios desea: Tener la mente de Cristo y sentir las emociones que el Espíritu Santo también siente! Las lágrimas del cristiano pueden unirse fácilmente con la paz -y hasta con el gozo- del Señor.

 

Llamamiento a salir de la insensibilidad y la dureza de corazón.

     Si de verdad observas síntomas de un endurecimiento del corazón, si te quedas insensible ante el dolor y sufrimiento que te rodea, si te emocionas más en las cosas materiales que en las espirituales, si sientes poco o ningún apetito por "comer" y "beber" la bendita Palabra de Dios, si ya no te importa si tu comportamiento (testimonio) corresponde o no a un discípulo de Cristo, si no te importan las abominaciones e injusticias que se cometen a tu alrededor ,es tiempo de que recibas este mensaje de parte de Dios: “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca...Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pués, celoso, y arrepiéntete”. (Apocalipsis 3:15-16,18-19)

 

Por gentileza del hno. Peter Neuhaus.

FIRMES HASTA EL FIN” (fragmento)

 

 

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"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia" (2ª Timoteo 3:16)

   Solo la Fe

  Solo la Gracia

  Solo Cristo

  Solo la Escritura

  Solo a Dios gloria 

Inutilidad de las obras para la salvación

(El trágico engaño de la religión romana)

"Todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia" (Isaías 64:6).

 

La historia refiere de un general romano que después de haber prestado grandes servicios a la república, fue acusado de un delito capital. Confiado en sus méritos, se presentó muy animoso y  tranquilo  ante el Senado; y  mostrando a los jueces las gloriosas y múltiples heridas que había recibido en defensa de la patria, exclamó:  ¿Es posible que servicios tan eminentes, que acciones tan valientes, que heridas tan honrosas queden borradas por un solo delito?

 

Muchos religiosos sinceros, a semejanza de aquel general romano, se han presentado, se presentan y se presentarán muy confiados ante el tribunal de Dios; apoyados en una larga lista de buenas obras y de acciones religiosas y morales que consideran válidas para obtener la anhelada salvación de sus almas.  ¡Cuánta desesperación, cuánto dolor, cuántas lágrimas al comprobar que se encuentran ante la justicia de Dios con las manos vacías¡  Esa es la trágica consecuencia del pecado en la vida del hombre caído. Entonces muchos hombres se preguntarán inútilmente: ¿Es posible que tanto bien quede olvidado por causa de algunos pecados y transgresiones? Sí, porque según la voluntad de Dios las obras no significan nada en cuanto a la salvación: solo la fe en la perfecta obra expiatoria de Cristo tiene validez para la reden-ción del pecador sin esperanza. Bien que lo expresa el apóstol Pablo:"Por gracia sois salvos, por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios" (Efesios 2:8). 

El mismo Jesús abre el camino a la vida eterna a través de su Palabra: "De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida" (Juan 5:24).

Él nos dejó palabras de esperanza frente al dolor y desesperación de Marta : "Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá" (Juan 11:25).

(J.Mª V.M./Inspirado en un texto de 1862)

     La presencia de Dios debe ordenar                      nuestra manera de vivir 

Al alma a la que Dios se manifiesta y le da el deleite de su presencia, está obligada a demostrar fidelidad a Él. No debe involucrarse en ningún negocio que no corresponda a la vocación recibida  o a una necesidad obvia. Debe desempeñar sus negocios sin preocuparte en cuanto a la continuación de los mismos, con la intención solamente de cumplir la voluntad de Dios, voluntad que obra tanto en un aparente mal como en un bien.

 

Debe ocuparse más en Dios que en las criaturas, y creer que no hay ejercicio , más importante y excelente que el de guardar la unión con el Dios presente. A Él debe la complacencia. Agradar al hombre lleva a la distracción y nos aleja de Dios.

 

El alma que está en Dios debe sujetarse al orden y a la providencia, y aceptar con voluntad la pobreza, la miseria, el abandono y el sufrimiento de toda índole. Tampoco debe buscar carnalmente la liberación de ello, sino más bien gozarse de que la propia presunción sufra una quiebra. Como Pablo debe gloriarse en las debilidades (2ª Corintios 12:9-10).

          (Johann v. Bernières-Louvigni)