William Tyndale.

 

(El padre de la Biblia inglesa)  

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 "...que la Palabra del Señor corra y sea glorificada"  (2ª Tes.3:1)

 

                                                William Tyndale

      William Tyndale nació en Inglaterra (se estima que en 1494), probablemente en el condado de Gloucestershire. Era un estudiante destacado en griego y latín, dominando también el hebreo y el castellano. En 1515, se graduó como "Maestro en Artes" por la Universidad de Oxford y, posiblemente, sus estudios complementarios los realizó en la Universidad de Cambridge. En 1521, fue ordenado sacerdote católico, trabajando como preceptor de los hijos de Sir John Walsh hasta 1523. Las aspiraciones de William Tyndale se centraban en un profundo deseo de traducir las Escrituras Griegas Cristianas o Nuevo Testamento al inglés, pero para alcanzar su objetivo necesitaba la autorización del obispo de Londres, Cuthbert Tunstall.

Etapa en Inglaterra.

     En la época de Tyndale, la lengua del pueblo (vulgar) no contaba ni era estimada. La educación y los estudios se realizaban en latín (lengua de la iglesia católico-romana y de las Escrituras en poder de ella) y, con respecto a esta última, el asunto era más delicado (estaba prohibida la traducción y lectura de la Biblia en lengua vernácula, salvo que hubiese permiso del episcopado). Se basaban para ello en "las Constituciones de Oxford". Había precedentes en el sentido de que, por atreverse a contravenir esta "Ley", gran número de lolardos (predicadores de la Biblia) acabaron en la hoguera por leer y distribuir la Biblia de John Wickliffe, una versión inglesa de la Vulgata. Además, los aires que procedían de la Europa continental, (la labor reformadora de Lutero ) hacían que se sembrara gran inquietud en la iglesia católica de Inglaterra. Así las cosas,William Tyndale, llevó una carta de presentación al obispo Tunstall (sabía que era docto y había apoyado a Erasmo de Rotterdam ), sin embargo, para sorpresa suya, ni la carta de presentación ni la solicitud por escrito para una entrevista, tuvieron respuesta.
A Tyndale se le conocía por sus criticas contra la ignorancia y el fanatismo de los eclesiásticos. También se sabía de un careo que sostuvo con un jerarca eclesiástico. En cierta ocasión, hasta tuvo que comparecer ante el administrador de la diócesis de Worcester por falsas acusaciones de herejía. Posiblemente, todo esto hizo que el obispo Cuthert Tunstall rechazara recibir a Tyndale. No pasó mucho tiempo sin que Tyndale viera la necesidad de marcharse de Inglaterra si quería conseguir su meta: traducir al inglés el Nuevo Testamento ; por lo que en 1521 se marchó de la isla para nunca mas volver. Él, encendido, siempre proclamaba: "Sin la Palabra de Dios somos una nación de hombres ciegos".

Etapa en la Europa continental.

     William Tyndale halló asilo en Alemania (se desconoce el lugar, aunque los indicios apuntan a Hamburgo). Con la ayuda económica de Monmouth, comerciante amigo suyo, consigue imprimir las Escrituras Griegas (Nuevo Testamento), confiando esta labor a Quentall, de Colonia. Pero un enemigo llamado Dobneck, conocido por "Cochlaeus", al tanto del asunto, comunica a un amigo del rey Enrique VIII  lo que Tyndale y los demás pretenden hacer, realizándose  enseguida  las gestiones para que se prohíba la impresión de Quentall de la versión de Tyndale. Este y su ayudante William Roye escapan para salvar la vida, retomando de nuevo el trabajo de impresión en Worms, donde por fin se finaliza y consiguen la traducción al inglés del Nuevo Testamento de Tyndale.
Ahora, una vez conseguido este propósito, tocaba introducir en Inglaterra el Nuevo Testamento, lo que se consigue por medio del contrabando en mercancías de barcos con destino a la isla. Los envíos que se interceptaban iban directamente a la hoguera (los agentes eclesiásticos estaban decididos, por todos los medios,  a impedir la entrada de la versión novotestamentaria de Tyndale ). El 11 de Febrero de 1526, el cardenal Wolsey, acompañado de obispos y prebostes, se reunió cerca de la catedral de San Pablo en Londres, para ver cómo se quemaban los libros y publicaciones, entre ellos ejemplares del Nuevo Testamento de Tyndale, en un claro desafío a todo lo que se opusiera a la iglesia católico-romana. Tyndale realizó nuevas ediciones de su versión, que fueron sistemáticamente confiscadas y quemadas por el clero.
    
     Entre 1526 y 1528, se marcha a Amberes (Belgica), manteniéndose en casa de su amigo y benefactor Thomas Poyntz, estando a salvo por un tiempo de las intrigas del cardenal Wolsey. Duraría poco, pues un tal Henry Phillips (inglés) logró ganarse la confianza de Tyndale (haciéndose pasar por reformado) y lo traicionó en 1535 (arrestándolo y encarcelándolo en el castillo de Vilvoorde donde permaneció preso dieciséis meses). Tyndale pasó los últimos dieciocho meses de su vida en esta prisión cercana a Bruselas, en Belgica. Durante este tiempo, se dedicó a terminar la traducción del Nuevo Testamento y a otros trabajos bíblicos. Aprovechó también el tiempo (¡Qué gran lección para muchos cristianos de hoy!) predicando poderosa y denodadamente la Palabra de Dios a todos. El carcelero, su hija y otros miembros de su familia (¿les recuerda algo este hecho?) aceptaron a Jesús como su Salvador personal. 

      La comisión que juzgo a William Tyndale, estaba compuesta por tres teólogos de la Universidad Católica de Lovaina, donde había cursado estudios Phillips (el traidor), tres canónigos lovanienses y tres obispos, además de otros dignatarios. Se le condenó por herejía y fue suspendido del sacerdocio católico (hacía tiempo que el propio Tyndale lo había dejado en su corazón) . Fue ejecutado por estrangulamiento y luego quemado en público en octubre de 1536. Sus últimas palabras fueron: "Señor, ábrele los ojos al rey de Inglaterra".  Tres años después, el rey de Inglaterra ordenó que una copia de la llamada "Gran Biblia", completada por el colaborador de Tyndale, Miles Covendale, fuera colocada en cada iglesia de Inglaterra. Esta Biblia incluía el Nuevo Testamento traducido al inglés común por el valiente y ungido reformador William Tyndale.

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   Solo la Fe

  Solo la Gracia

  Solo Cristo

  Solo la Escritura

  Solo a Dios gloria 

         Las tribulaciones del cristiano

"El sufrimiento, en cualquiera de sus formas, enfermedad, pérdida de bienes, muerte de seres queridos, adversida-des, desengaños, etc., siempre es aprovechado por el diablo para hacer su obra. Como hemos mencionado antes, la aflicción es terreno abonado para la duda. Y cuando el adversario no consigue sembrar la duda trata de hundir al creyente en el abatimiento y la desespera-ción, reduciéndolo así a la impotencia espiritual.

 

¿Por qué permite Dios el sufrimiento de sus hijos? ( . . .) En algunos casos  Dios permite que suframos a causa de nuestros pecados. No es que en tal caso el sufrimiento tenga  como objeto expiar la culpa, pues esto lo hizo Cristo por todos nuestros pecados.  Se trata de un castigo con carácter disciplinario a fin de corregirnos y santificarnos. Es magistral la enseñanza que a este respecto encontramos en Hebreos 12:7-13 donde se comenta un antiguo proverbio: "Hijo mío, no menosprecies el castigo del Señor ni desmayes cuando eres de El reprendido, porque el Señor al que ama castiga y azota a cualquiera que recibe por hijo" (Heb. 12:5,6; Prov. 3:11,12) ."                                (José M. Martínez)           

     El ineludible juicio final de Dios

Existe un día grande del que muy a menudo se habla en la Escritura: es el día del juicio, el día en que Dios juzgará lo oculto de los corazones de los hombres por el Señor Jesucristo.

 

Toda alma no cristiana no podrá mante-nerse en el día del juicio. Los impíos no permanecerán en el día del juicio. Actualmente, los pecadores son muy atrevidos y desvergonzados; su cuello se mantiene erguido como si su nervio fuese de hierro, y su frente parece de duro metal.

 

La mayoría de ellos no se avergüenzan cuando son sorprendidos en pecado. Hablando entre nosotros, ¿no es extraordinaria la osadía con que los pecadores participan muchas veces de los actos religiosos, con hipocresía, como si realmente sintiesen lo que no sienten? ¡Con qué desfachatez y sarcasmo juran  a veces y hacen sus votos! ¡Con cuánta osadía algunos impíos se acercan a la mesa del Señor! Ah, pero ello durará solo muy poco tiempo.  Cuando aparecerá el Señor Jesús, el Santo Jesús en toda su gloria, entonces los pecadores, de rostro endurecido por la desvergüenza, serán humillados. . .

Muchos impíos se consuelan ahora pensando que su pecado no es conocido, que ningún ojo humano les ha visto; pero en aquel día los más secretos e íntimos pecados de cada uno serán sacados y llevados a la luz. . .

 

¡Cómo debierais temblar y caer cubiertos de vergüenza, oh hombres impíos que os introducís hipócrita-mente en las congregaciones!

                       (Roberto M. McCheyne)