Rodrigo de Valer, lebrijano de nacimiento y sevillano de adopción, desarrolló su ministerio en una Sevilla muy dada a la idolatría más fanatizada (no muy diferente a lo contemplado en nuestros días) , donde la religiosidad popular alcanzaba niveles rayanos a la superstición más tenebrosa e intolerante.  No debemos ignorar que el próspero comercio con las Indias Occidentales (América) en aquellos años produjo un fuerte estímulo en este sentido, atrayendo a la capital hispalense a sectores muy radicalizados del catolicismo español y europeo. El maestro de poetas, Luis de Góngora y Argote (s. XVI), compuso estos versos satíricos sobre este aluvión de culturas en Sevilla: "Gran Babilonia de España/mapa de todas las naciones/donde el flamenco a su Gante/y el inglés halla su Londres."

Al calor de este auge económico (que más adelante derivaría hacia Cádiz), prevalecía la influyente presencia de multitud de órdenes religiosas, así como de una poderosa clase eclesiástica asentada alrededor del centro nuclear del catolicismo en Sevilla: la Catedral y los innumerables conventos y monasterios surgidos bajo su benefactora sombra.

       En ese contexto, poco propicio por su manifiesta hostilidad (recordemos que el primer auto de fe de la Inquisición se  había celebrado en Sevilla, el día 6 de febrero de 1481), aparece el entusiasta Rodrigo de Valer para proclamar el genuino evangelio de Jesucristo, hasta ahora secuestrado por el oscurantismo represivo del catolicismo romano. Pero, al contrario de lo que ocurre en nuestros días con muchos llamados cristianos, nada ni nadie le amedrentó en su fe, proclamando - muy posiblemente-  con voz atronadora desde las gradas de la Catedral: “El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos y creed en el evangelio” (Marcos 1:15). Al igual que el apóstol Pablo, Rodrigo de Valer pudo decir antes de ser apresado en este señalado  3 de marzo de 1540: “No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree...” (Romanos 1:16). Y así fue para muchos que tuvieron el privilegio de escuchar el poderoso mensaje predicado por este ungido servidor de Cristo: clérigos, frailes, canónigos (p.ej. el magistral Juan Gil, llamado "doctor Egidio"), intelectuales, próceres,  miembros de familias nobles, sencillos comerciantes, etc. Nadie como él para hacer suyas las palabras del apóstol: “Todo lo he llenado del evangelio de Cristo” (Romanos 15:19). Aun después de ser apresado, juzgado y condenado, siendo forzado a asistir a los oficios en la Catedral, tuvo que ser amordazado para sellar su boca ante aquellos que servían al padre de mentira y al Anticristo de Roma.

       Este buen siervo partió con el Señor a una edad muy temprana, sobre cincuenta años, estando preso en un monasterio jerónimo de Sanlúcar de Barrameda. Al llegar a la presencia de su Señor, muy posiblemente, pudo oír de sus propios labios: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor” (Mateo 25:21).

 

¡¡Cuán lejos estuvo Rodrigo de Valer de suponer que, posiblemente, el Señor lo había librado de un terrible suplicio y de una cruenta muerte en el auto de fe que se celebraría pocos años después (24 de septiembre de 1559) en la plaza de San Francisco de Sevilla, donde un grupo de fieles testigos de Jesucristo sufriría pena capital en las hogueras de la sanguinaria Inquisición católico-romana!!  (Jesús Mª Vázquez Moreno)

 

Rodrigo de Valer  (¿1500?-1550)

 

(Por Cipriano de Valera y otros)

"Cerca del año 1540 vivió en Sevilla un tal Rodrigo de Valer, natural de Lebrija, en donde también nació el doctísimo Antonio de Nebrija, restaurador de la lengua latina en nuestra España.

Este Valer pasó su juventud no en virtud ni en ejercicios espirituales, no en leer la Sagrada Escritura, sino en vanos y mundanos ejercicios como la juventud rica lo suele hacer...En medio de de estos vanos ejercicios, no se sabe cómo ni por qué medio Dios lo tocó, trocó y mudó en otro hombre bien diferente del primero de tal manera que cuanto más había antes amado y seguido sus vanos ejercicios tanto más después los abominó, detestó y dejó, dándose con todo su corazón y poniendo todas sus fuerzas de su cuerpo y de su entendimiento en ejercicios de piedad, leyendo y meditando la Sagrada Escritura. Valióle para esto un poco de noticia que tenía de la lengua latina. Porque allá se sabe la tiranía del Antecristo que no permite en España libros de la Sagrada Escritura en lengua vulgar...Muchos,no entendiendo el misterio que Dios obraba en Valer, tuvieron tan súbita y tan grande mutación, por locura y falta de juicio. Mudado de esta manera, Valer tenía gran dolor y arrepentimiento...Tenía cada día en Sevilla continuas disputas y debates con clérigos y frailes, decíales en la cara que ellos era la causa de tanta corrupción...Hablando tan libre y constantemente, fue llamado de los inquisidores. Disputó Valer valerosamente de la verdadera Iglesia de Cristo, de sus males y señales, de la justificación del hombre y de otros semejantes puntos principales de la religión cristiana. Excusole por entonces su locura (como los inquisidores la llamaban) y así lo enviaron, pero confiscándole primero todo cuanto tenía...Valer, con toda esa pérdida de bienes no dejó por eso de proseguir como había comenzado... No escarmentó Valer, y  prosiguió sus expuestas predicaciones; no obstante que el Santo Oficio de Sevilla era muy de temer, pues su celo por la pureza de la religión católica animaba su brazo para extirpar hasta la sospecha de la herejía.

En 1545 fue nuevamente encarcelado Valer y obligado a retractarse. Se le condenó a sambenito y cárcel perpetua con obligación de oír todos los domingos una misa y un sermón. Refiere un historiador que la retractación se verificó privadamente entre los dos coros de la iglesia mayor catedral (en las gradas de la cual predicó con frecuencia, sobre todo en los días de mercado); pero dudo de que la afirmación sea exacta, porque Valer siempre continuó pensando lo mismo, sin miedo a perder la vida, pues hasta cuando le llevaban al sermón, solía interrumpir al predicador contradiciendo su doctrina. Por evitar tamaño escándalo, se le condujo a Sanlúcar de Barrameda, al monasterio de los Jerónimos (destruído bárbaramente en 2005 con el beneplácito de un Ayuntamiento sumido en la fiebre del ladrillo) donde terminó sus días a los cincuenta años de edad (sobre el año 1555). Cuéntase que después de su fallecimiento apareció su camisón, colgado a guisa de bandera, en la catedral de Sevilla con la siguiente inscripción: «Rodrigo de Valer, ciudadano de Lebrija y Sevilla, apóstata, falso apóstol, quien pretendió ser enviado de Dios.»

La semilla del Evangelio esparcida por Rodrigo de Valer, no había sido estéril. Oyó aquellas encendidas predicaciones un canónigo llamado Juan Gil, conocido por el Dr. Aegidius, que desempeñaba la magistralía del Cabildo Catedral. Convencido por los planteamientos bíblicos de Valer, solicitó su amistad y se dedicó, en unión suya, al estudio de las cuestiones teológicas de la Palabra. Posteriormente, separados por la prisión de Valer, halló Gil un nuevo confidente en el Dr. Constantino Ponce de la Fuente, el cual facilitó a Egidio libros protestantes, y uno y otro comenzaron a predicar, de forma encubierta, la doctrina reformada, deslizando en sus sermones la verdadera doctrina de Jesucristo. 

 

     Lo que se ha escrito sobre Rodrigo de Valer, lo presenta como uno de los heraldos de la Reforma Protestante en la Bética; una tierra sumida en la oscuridad de la ignorancia y la superstición religiosa impuesta, con miedo y opresión, por la iglesia católico-romana, a la cual se enfrentó poderosamente este paladín del Evangelio de la Gracia de Dios. 

Al final de su corta, pero fecunda vida, pudo decir como el apóstol Pablo: "...todo lo he llenado del evangelio de Cristo" (Romanos

15:19)

 

Para más amplitud de datos entrar en:

www.univ-montp3.fr/boeglin/recherche/docs_arch/doc_r_valer.html

http://es.wikipedia.org/wiki/valer,_Rodrigo_de 

(Puerto de Sevilla en el siglo XVI)
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       LA DISCIPLINA EN LA IGLESIA

"Una Iglesia que no llamara pecado al pecado no podrá encontrar la fe c uando querrá perdonar el pecado --escribió Dietrich Bonhoeffer--,

Cometerá un pecado contra lo santo, andando de forma indigna del Evange-lio. . . Este es el uso correcto del poder de las llaves (Mat. 16:19; 18:18; Juan. 20:23), dado por el Señor a la Iglesia y del que los reformadores hablaban aún con tanta energía. Por amor a las cosas santas y a la Iglesia, hay obligación de utilizar las llaves. . .el ejercicio del control eclesiástico (o disciplina eclesiástica) es necesario para que la Iglesia camine de forma digna del Evangelio. . . La comunidad separada del mundo debe ejercer en su seno el control eclesiástico. Esto no sirve para edificar una comunidad de hombres perfectos, sino para construir  la comunidad de los que viven realmente bajo la misericordia divina que perdona. El control eclesiástico (la disciplina de la Iglesia) está al servicio de la gracia cara de Dios . . . El origen de todo ejercicio de control sigue siendo el anuncio de la Palabra."

 

Y en otro lugar el mismo autor escribe, en sintonía con el pensamiento de Lutero:  "El pecado contra la doctrina es más grave que el pecado contra la buena conducta. Quien roba el Evangelio a la comunidad merece una condenación ilimitada, mientras que el que peca en su conducta puede contar siempre con el Evangelio. La falsa doctrina corrompe la fuente de la vida de la Iglesia y de la disciplina comunitaria."

La disciplina doctrinal se aplica, ante todo, al portador del magisterio en la Iglesia.  El presupuesto de todo esto es que, al conferir un cargo, existe la garantía de que el ministro es "didaktikós", apto para la enseñanza (1ª Tim. 3:2; 2ª Tim.2:24; Tit. 1:9), "capaz de enseñar también a los otros" (2ª Tim. 2:2), y que a nadie se le imponen las manos precipitadamente, porque, de lo contrario, la culpa recaería sobre el que las haya impuesto (1ª Tim. 5:27).                  (Texto:JOSÉ GRAU-Ilustración:"Pablo disputando con Pedro", de Rembrandt, Museo del Prado).

Falsedad del Romanismo: La Biblia Protestante es falsa.

"Contra esta afirmación lanzada por el Romanismo, más para su propio descrédito que para vituperio del Protestantismo, tenemos una sólida argumentación: No existe más que una Biblia.

Debemos ante todo rechazar este título de “Biblia Protestante” con que se pretende rebajar la augusta majestad del Libro Sagrado, porque tal clase de Biblia ni ha existido ni puede existir.

 

No hay más que una sola Biblia, la ver-dadera, la auténtica, la que fue dirigida por el Verbo augusto del Espíritu Santo y movió la pluma de todos y cada uno de los escritores piadosos que dieron al mundo el contenido de la misma. Hablar de “Biblia Protestante”es hablar de dos Cristos o Evangelios diferentes, cuando uno solo, en verdad, es el Cristo de Dios y una ciertamente su maravi-llosa doctrina de gracia y amor . . .

La razón suprema de esta afirmación descansa en que el Autor de las Sagradas Escrituras no es otro sino Dios y en Dios no cabe admitir dos volunta-des antagónicas, dos propósitos distintos y dos métodos de inspiración opuestos. Así como Dios es uno, su Palabra no puede ser sino una sola.

Admitir la hipótesis de una dualidad verdadera en la Revelación de Dios, equivaldría a dar por hecho una duali-dad de naturalezas en el Ser Supremo, cosa totalmente opuesta a la verdad. Si existieran dos Biblias  en el sentido absoluto de la palabra uno de ellas necesariamente habría de ser falsa. . .Sin embargo, insistimos en que no existe sino una sola Biblia auténtica, tanto por su contenido como por la expresión de sus libros y afirmamos que esa Biblia verdadera es la única que puede y debe ser llamada "Biblia de Dios" o "Sagradas Escrituras", "Pala-bra de Dios" o simplemente "Palabra."              (CLAUDIO GUTIÉRREZ MARÍN)