Jorge Borrow

 

 y la Biblia"   

 

(Breve semblanza de "Jorgito El Inglés") 

Todo lo he llenado del evangelio de Cristo" (Rom. 15:19)

 

      Cuando el apóstol Pablo saltó del Asia Menor a Europa, al objeto de traernos el Evangelio de Cristo, empresa nueva y gigantesca, inició una grande aventura. Más tarde, otro glorioso misionero, Guillermo Carey, dijo: "Emprendamos grandes cosas para Dios y esperemos grandes cosas de Él", poniendo con éxito en práctica su fe, y "descubrió la India". Así la empresa cristiana no está exenta de aventura, y la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera registra en sus anales grandes y nuevas aventuras. 

 

      Paterson se abrió camino a Rusia al mismo tiempo que Napoleón y luego, cuando éste fue rechazado finalmente, completó sus planes para una Sociedad Bíblica rusa. Llegado el tiempo de realizar en aquel vasto país la traducción del Libro de Dios al manchú, un hombre también enviado por el Señor aparece en el  justo momento: Jorge Borrow, el impaciente.

 

      En más de siglo y medio de servicios por todo el mundo, la Sociedad Bíblica de Londres enroló en sus filas a ilustres representantes, quedando por ver si en esta lista hay un hombre más destacado, de mayor genio, que "don Jorgito el Inglés", como se le llamó en España, aquel que, además de representar a la Sociedad Bíblica inglesa, se destacó por sus dotes literarias entre los novelistas ingleses, recibiendo el título de "el poeta prosaico del aire libre". Su período de servicio con la Sociedad lo describe él mismo en su famoso y clásico libro "La Biblia en España", entre los años 1835 y 1839.   

 

      Han corrido muchos aires por nuestro país desde entonces y, llegados a la época actual (para el autor sobre 1959), parece que su nombre solo es pronunciado en relación con el pueblo gitano o con estudios de viajes, raramente con su trabajo principal de distribución de la Biblia. Esto es lo que queremos hacer resaltar en nuestro libro. No podemos olvidar, sobre todo los cristianos evangélicos de España, que uno de los acontecimientos sobresalientes del Centenario de su visita a España ¿año 1935?, consistió en la dedicación del coche-librería JORGE BORROW en Barcelona, con sus tres camas, cocina, oficina, micrófono y altavoz, o “casa sobre ruedas” (una reconocida novedad para esa época) que recorrió casi todos los pueblos de España ofreciendo la Biblia, hasta que, principiada la guerra civil, fue convertido en ambulancia por las tropas, perdiéndose luego para siempre...en este país nuestro que Jorge Borrow describe en el prefacio de “La Biblia en España” como “el más magnifico del mundo, probablemente el más fértil y, sin duda, el de clima más hermoso”.

 

      Al entrar en tierra española, dijo Borrow a una monja de Monte Moro (Asturias): “No soy hombre de guerra, soy un cristiano. No voy a verter sangre, sino a procurar la difusión del Evangelio en un país que no lo conoce”. Era verdad que en aquel tiempo de guerra el pueblo estaba a favor o en contra de los carlistas y el espíritu reinante era el de la rivalidad de partidos, pero el enviado de la Sociedad Bíblica no defendía ningún partido político, ni bandería religiosa alguna, sino que sentía, sencillamente, el llamamiento divino para sembrar en España la santa semilla del Evangelio de Cristo, movido por dos razones fundamentales: a) la lectura del Evangelio es esencial para la salvación de los hombres; b) los españoles desconocían el Evangelio en general. Por eso, cuando cerca de Cobeñas (Madrid), montado en un burro cargado de Nuevos Testamentos, una joven campesina le preguntó: “Tío, ¿que lleva usted en el borrico? ¿es jabón?, Jorge Borrow le replicó: “Sí, jabón para lavar las almas” y, a continuación, le ofreció un libro que la joven leyó en voz alta. A los pocos minutos, la muchacha exclamó: “¿Qué lectura tan linda! ¡Qué lectura tan bonita!”.

 

      Aquel “niño triste que gustaba de permanecer horas enteras en un rincón solitario con la cabeza caída sobre el pecho, dominado por un abatimiento peculiar” conoció en su tierra a un gitano, Antonio Smith, que luego representó en sus escritos como “Jasper Petulengro”, con el cual marchó por ferias y mercados, conviviendo en los campamentos con gitanos y aprendiendo la lengua de ellos. Así estuvo perfectamente capacitado para presentarse en España en el momento oportuno, cuando no había teléfonos ni ferrocarriles, la red de carreteras era pobrísima y los caminos estaban infectados de ladrones y maleantes, amén de los clanes de gitanos ambulantes que acampaban por doquier (Muchos de ellos entregaron sus corazones a Cristo por medio del Evangelio traducido al “caló” y al paciente y esforzado trabajo de Jorge Borrow).

 

      No es de extrañar, que al morir, y a solas, después de una larga vida que sorprendió a muchos, casi fueran los gitanos, sus amigos, los únicos que se acordaran de él y visitaran con recogimiento su tumba (¡Bendito sea Dios!). Charlotte Bronte, la famosa autora de “Cumbres Borrascosas”, había admirado a Jorge Borrow; Stevenson autor, entre otras obras, de la conocida “La isla del tesoro”, le leía con placer y Lionel Johnson, Henley Saintsbury, Woolf y tantos otros ponderaron al vagabundo políglota, escritor y representante de la Sociedad Bíblica ( que sembró la Palabra de Dios, con gran dedicación y dificultades, en la fanática e intolerante España de su época).

 

      En toda su obra nadie pudo encontrar motivo de censura de partidismo en Jorge Borrow, quien amistosamente departió con curas católicos, algunos de los cuales quedaron extrañados de que “los luteranos entendiesen el latín, idioma de la iglesia católica”. El espíritu de su obra lo expresó don Manuel Azaña (Presidente del Gobierno español en esa época), con estas palabras, en su introducción a la obra “La Biblia en España”: “La propaganda de las Sociedades Bíblicas no consiste, esencialmente, en predicar una confesión determinada, sino en difundir la lengua de la Biblia, poniendo al alcance del mayor número el texto genuino de la Escritura”.

 

      Pero lo lamentable fue que, debido tal vez a la acción independiente de Graydon, que imprimió en Barcelona una edición de la Biblia por su propia cuenta, produciendo cierto escándalo, la obra y el trabajo de Borrow en España se malograse y no pudiese continuar sus “viajes de aventuras” por todo el territorio, limitándose su estancia entre nosotros a cubrir la mitad occidental de la Península Ibérica.

 

      Consecuentemente, aunque Jorge Borrow no llegara a estas latitudes (Levante e Islas Baleares), su obra sí que nos ha afectado a todos y ese “jabón que lava las almas”, merced a su glorioso trabajo de primer colportor de la Sociedad Bíblica, ha sido aplicado a millares y millares de españoles de este otro lado de la Península.

 

 

                                    José Flores Espinosa (1914-1988)

                                   (Extraído del prefacio del autor a su obra “Jorge

                                   Borrow y la Biblia”).

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   Solo la Fe

  Solo la Gracia

  Solo Cristo

  Solo la Escritura

  Solo a Dios gloria 

                    El temor a la muerte

"Porque yo ya estoy para ser sacrifica-do, y el tiempo de mi partida está cer-cano...por lo demás, me está guardada la corona de justicia"  (2ª Timoteo 4:6,8)

 

"Si un hombre está en Cristo ya puede dejar que venga la muerte. Supongamos que viene la muerte de puntillas hasta este púlpito y pone su fría mano sobre mi corazón  y éste deja de latir; esto significa que seré llevado a otro mundo y estaré presente ante el Rey. Estaré ausente del cuerpo, pero estaré presente en el Señor. Esto no son malas noticias. No sirve de nada tratar de esconderlo, la muerte es un enemigo del reposo del hombre. ¡Qué pensamiento tan glorioso el pensar que cuando morimos iremos a parar a los brazos de Jesús y que Él nos llevará al mundo de la luz! Un poco más aquí y unas pocas lágrimas más y entonces podrás conseguir un descanso ininte-rrumpido en el mundo de la luz. El evangelio transforma al enemigo en un amigo y acabas esperando la muerte. Bien, entonces yo solía mirar la tumba silenciosa y fría y pensaba en la hora terrible, cuando sería depositado en ella. . ..Pero ahora la tumba ha perdido  su terror y su lobreguez , puedo mirar dentro y gritar:"Oh, tumba, ¿dónde está tu victoria?" (1ª Corintios 15:55). . .Sí, la tumba ha perdido su victoria. La tumba ya no aterroriza al hombre que está en Cristo Jesús. El Evangelio se lleva al enemigo de en medio."

¡Bendito seas Señor,  por habernos dado tan firme y esperanzadora promesa!       

(Tema: D. L. Moody/Ilustración: Frag-mento de óleo de Vasily Maximov M.)

                  La guerra cristiana

La razón por la que tantos cristianos fracasan en toda su vida es sencilla-mente esta: aprecian demasiado bajo el poderío del enemigo. Mis queridos amigos, ustedes y yo tenemos que contender con un terrible enemigo. Que no les engañe Satanás. A no ser que ustedes estén muertos espiritualmente, habrá guerra. Casi todo lo que nos rodea tiende a alejarnos de Dios. No es un solo paso desde Egipto al trono de Dios. Hay un viaje por el desierto y hay enemigos en la tierra. No crea ningún hombre o mujer que todo lo que hay que hacer es constituirse miembro de una iglesia; en esto no se encuentra la salvación. La cuestión es ¿están ustedes constantemente venciendo al mundo? O de lo contrario, ¿está venciendo el mundo a ustedes? ¿Tienen ustedes hoy más paciencia que hace cinco años? ¿Son ustedes más amables? Si no, el mundo les está venciendo,aun cuando sean ustedes miembros de una iglesia. En la epístola que Pablo escribió a Tito, él dice que hemos de ser sanos en paciencia, en la fe y en el amor  (Tito 2:2). Hay muchos cristianos que son en parte buenos, pero en otras malísimos. Parece que nada más un pedacito de ellos se ha salvado. Sus caracteres no están redondeados. Esto solamente es el resultado de no haber sido enseñados que tienen que luchar contra un terrible enemigo." (Tomado de "La Vida Vencedora", de D.L.Moody/Ilustración: John Wycliffe frente a sus acusadores católicos)

  "Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo. Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel  que lo tomó por soldado."  (2ª Timoteo  2:3-4)