John Wycliffe, "la estrella de la mañana"  (1329-1384)

 

"Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo , porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día" (2ª Timoteo 1:12).

 

Cuando se le pidió a un historiador de fama mundial que identificara al cristiano de más influencia del siglo XX, él respondió: “Necesitaremos una distancia de 200 años antes de poder contestar esa pregunta.” Raramente percibimos la grandeza de los hacedores de épocas durante su vida.

Con este pensamiento en mente, Barbara Tuchman escribió de John Wycliffe (1330-84): “Visto por el telescopio de la historia, él fue el inglés más significante de su tiempo.”Tuchman dijo esto debido a la inmensa influencia de Wycliffe en generaciones futuras, una influencia que nadie vio durante su vida. Según Tuchman, él fue el primer hombre “moderno”.

 

Su influencia

El poder de Wycliffe sobre el siglo XIV fue uno de una conciencia capturada por la Palabra de Dios. A diferencia de sus compañeros, él negaba que los hombres debían pasar por un sacerdote para llegar a Dios. Al contrario, 150 años antes de la Reforma, él proclamaba el sacerdocio de todo creyente y animaba a todos los hombres a ir directamente a Dios por fe (por medio de Jesucristo). Él negaba la transubstansación, la doctrina que dice que el pan y el vino se convierten en el cuerpo mismo de Cristo. Él enseñaba la idea, radical para sus tiempos, de que el valor de la Comunión dependía de la condición espiritual del que comulgaba. Él fue el primer hombre de su siglo que revivió la doctrina de la justificación por la fe solamente. Cada una de estas doctrinas procedía de su convicción de que la Biblia era la autoridad final a la que la conciencia de los hombres debe dar cuenta.

Una ilustración en un salmerio bohemio del siglo XVI presenta la influencia que tuvo Wycliffe en la Reforma. Wycliffe está encendiendo la chispa, Juan Hus está aplicándola a un carbón, y Martín Lutero está soplándola hasta que se convierte en una gran llama.

Los tiempos de Wycliffe

El historiador de Sismondi llamó al siglo XIV “un tiempo malo para la humanidad”. Él no exageró. La mayoría de los ingleses eran analfabetos, y los que podían leer lo hacían en latín, la lengua de la clase intelectual y de la iglesia. La Biblia también estaba en latín. Pero siendo que todavía no existía la imprenta (todas las biblias eran copiadas a mano), el costo las hacía inaccesibles a todos menos a los muy ricos. Casi nadie había considerado la herética idea de una traducción al inglés. Para los que lo habían considerado, el pensar morir en la hoguera pronto enfriaba su fervor.

 

Aunque había algunos clérigos responsables en la Inglaterra de Wycliffe, la mayoría eran holgazanes e inmorales. La borrachera era un problema significante para muchos hombres de la iglesia. Pocos podían leer. Aprendían historias bíblicas de sus superiores, trataban de memorizárselas, y los pocos que eran fieles las repetían a sus rebaños los domingos. El sacerdote hasta podía comprar una licencia al obispo para poder tener una concubina – una manera fácil para el prelado de ganar un poco de dinero adicional.

 

La superstición reinaba en la generación de Wycliffe. La adoración de reliquias, la oración a los santos, y la compra del perdón de Dios con indulgencias y peregrinajes eran la norma. La gente creía que el papa podía excomulgar a los individuos, o hasta a ciudades enteras, mandándolos al infierno sin esperanza. Por mucho tiempo perdida bajo siglos de encrustada tradición, estaba la crucial doctrina de la justificación por fe solamente.

 

En los años postreros a Wycliffe, la egoísta ambición y la carnalidad dividían a la iglesia romana. Dos papas contendían por la supremacía. Uno reinaba en Francia mientras que otro clamaba supremacía desde Roma. Esto confundía en gran manera a la gente; no sabían cuál podía "perdonar los pecados o excomulgar a los malos".

Por último, era una época cruel, brutal. La plaga bubónica primero azotó en Europa cuando Wycliffe frisaba en sus veinte años, acabando con dos tercios de la población en algunas zonas. Por 100 años Inglaterra saqueó, violó, y despojó a Francia, volviéndola en un virtual páramo —hasta que Juana de Arco por fin unió a los franceses en los años de 1400. La tortura y la brutalidad abundaban, y el hombre común no tenía casi ningún derecho político.

 

La vida de Wycliffe

En este ambiente —cerca de 1330— nació Wycliffe. Sabemos muy poco de su niñez. Sí sabemos que ingresó en Oxford en 1346, aproximadamente a la edad de 16 años, para comenzar 12 duros años de estudio para su doctorado en teología.

Él era un hombre de industria y habilidad académica, igualmente admirado por amigos y enemigos. En 1371 Oxford lo reconoció como su principal teólogo.

En 1374 la corona le otorgó la “vivienda” de la iglesia en Lutterworth. Esto quería decir que los diezmos de esta iglesia lo sostendrían mientras enseñaba en Oxford. La práctica acostumbrada era usar parte de las entradas para contratar a un pastor que atendiera al rebaño en la ausencia de uno, lo que Wycliffe probablemente hizo.

Wycliffe era un hombre santo. La avaricia y vanalidad del clero lo provocaba. Los cleros católicos, que componían sólo el 2 por ciento de la población, controlaban el 50 por ciento del caudal nacional. Para contrarestar el abuso por los clérigos, Wycliffe enseñaba que el Estado tenía el derecho y la obligación de disciplinar a la iglesia, hasta de confiscar su riqueza si era necesario. Esto le ganó el aprecio del jefe del Estado, John de Gaunt, quien codiciaba los vastos tesoros de la iglesia nacional.

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   Solo la Fe

  Solo la Gracia

  Solo Cristo

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  Solo a Dios gloria 

 Después de caminar ardua  y dolorosa-mente por los caminos pedregosos de la vida, experimentando adversas pruebas  no deseadas  en este impío teatro del mundo, mi alma sólo ansiaba  la paz suave, dulce, consoladora de mi Señor. ¡No más miedos, no más viajes hacia la aflicción inacabada, no más días sin sol!

Al final del camino,junto a aguas de reposo, me esperaba una amorosa y firme promesa del que ama mi alma: "Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor" (Mat.25:21).  (R. de S.)

El Catecismo reformado de Heidelberg (s. XVI)

En estos últimos tiempos, estamos viviendo circunstancias muy preocupantes en nuestras iglesias reformadas con relación a los funda-mentos doctrinales que las rigen. Consideramos, pues, como una imperante necesidad el volver de nuevo a las valiosas confesiones de fe de nuestros antiguos hermanos de la Reforma;  tratados de fe que han sido arrinconados en mucha iglesias históricas por sucedáneos que en nada reflejan la pureza bíblica que sustentó la vida espiritual y el íntegro testimo-nio de muchos hombres y mujeres que honraron el nombre del Señor Jesucristo, a pesar de vivir en medio de graves dificultades y peligros.

 

Con el fin de estimular la vuelta a la lectura y meditación de dichos tratados de fe, incluimos la primera pregunta del Catecismo de Heidelberg (1563):

¿Cuál es tu único consuelo tanto en la vida como en la muerte?

 

Que yo, con cuerpo y alma, tanto en la vida como en la muerte (Rom. 14:8) , no me pertenezco a mí mismo (1 Co. 6:19), sino a mi fiel Salvador Jesucristo (1 Co. 3:23; Tit.2:14) , que me libró de todo el poder del diablo (Heb. 2:14; 1Juan 3:8; Jn. 8:34-36), satisfaciendo enteramente con su preciosa sangre por todos mis pecados (1 P. 1:18-19; 1J.1:7; 2:2-12), y me guarda de tal manera (Jn. 6:39; 10:28; 2 Ts. 3:3; 1  P. 1:5) que sin la voluntad de mi Padre celestial ni un sólo cabello de mi cabeza puede caer (Mt.10:30; Lc. 21:18), antes es necesario que todas las cosas sirvan para  mi salvación (Ro. 3:28).

Por eso también me asegura, por su Espíritu Santo, la vida eterna y me hace pronto y aparejado para vivir en adelante su santa voluntad (Ro. 8:14; 1 Jn. 3:3)".

    ¡Cuán pocos son los que aman la          cruz de Cristo!

"Jesucristo tiene ahora muchos amadores de su reino celestial, mas muy poquitos que lleven su cruz. Tiene muchos que deseen la consolación, y muy pocos que quieran la tribulación. Muchos compañeros para la mesa, y pocos para la abstinencia: todos quieren gozar con Cristo, mas muy pocos quieren sufrir algo por Él. Muchos siguen a Jesús hasta partir el pan, mas pocos a beber el cáliz de la pasión. Muchos honran sus milagros, mas pocos siguen el vituperio de la cruz. Muchos aman a Jesús cuando no hay adversidades: muchos le alaban y bendicen en el tiempo que reciben de él consolaciones: mas si Jesús se escondiese y los dejase un poco, luego se quejarían, o desesperarían.

Mas los que aman a Jesús por él mismo y no por su propia consolación, bendícenlo en la tribulación y angustia tan bien como en la consolación, siempre lo alabarían y harían gracias."  (Texto literal de Tomás de Kempis )