GuillermoFarel (1489-1565)

 

Reformador francés que desempeñó un papel decisivo en llevar el Evangelio a Suiza y Francia.

 

En 1509 Guillermo Farel salió de su hogar en Gap en Dauphine en las cercanías de París. Bajo influencia de los eruditos evangélicos Jacques Lefevre y Cornelius Hoehn, adoptó las doctrinas protestantes. En 1520, unido otros discípulos de Lefevre se esforzó por consolidar la Reforma en la diócesis de Meaux fuera de París.

 

Aunque estuvo apartado del círculo de la ortodoxia católica parisiense, la presión de las autoridades de la iglesia lo forzó a salir de Francia en 1523. En 1524 Farel comenzó el trabajo de la Reforma en Basilea (Suiza) con J. Hussgen.

 

La defensa impetuosa de la causa evangélica por parte de Farel provocó una fuerte oposición.Fue perseguido y expulsado de Basilea en 1526. Entonces emprendió un viaje evangelístico a Suiza.

 

En 1528 él y Hussgen eran los máximos exponentes del foro de la Discusión de Berna que decidía la religión de esa ciudad. Farel trabajó en Berna, en Vaud, en Neuchatel (1530), y en Ginebra (1523). En 1534, Farel y el erudito francés Pierre Viret comenzaron a llevar a cabo servicios protestantes regulares de la adoración en Ginebra.

 

Antes de 1535, gran parte de la gente común había adoptado el Cristianismo reformado.Una serie de confrontaciones con los magistrados de la ciudad condujo a la expulsión de los pastores en 1538. A diferencia de Juan Calvino, quien tenía una posición más fundamentalista y de confrontación, Farel no gustaba de la violencia. Asi es que no volvió más adelante a Ginebra, sino que se afincó en Neuchatel.

 

Si bien careció de la profundidad teológica y de la energía de Calvino, Farel fue un dedicado y ferviente evangelista. Farel seguía siendo amigo cercano de Calvino, oficiando en la unión de Calvino y de Idelette de Bure (1540).Una cierta tensión se originó cuando Farel, a los 69 años de edad, se casó con mujer joven, una unión que Calvino desaprobó fuertemente. Finalmente los dos se reconciliaron, antes de la muerte de Calvino en 1564.

 

La exhortación a Calvino

 

Cuando Calvino entró a Ginebra solo para dormir aquella noche, le fue dado aviso a Farel que el autor de “Las Instituciones”, se encontraba en la ciudad. Inmediatamente se apareció en el lugar donde Calvino estaba, y comenzó a persuadirlo para que se quedara en Ginebra a ayudarlo en la enorme labor reformadora.Calvino se negó a esta petición, ya que estaba solo de paso por esa ciudad y tenia otros planes; pero Farel, ardiendo con un maravilloso celo por el avance del evangelio, le insistía que se quedara. Calvino, de 27 años de edad, le reiteraba que no podía hacerlo ya que era vergonzoso y tímido, odiaba meterse en problemas, y a menudo se enfermaba.Él se consideraba como un hombre de libros y escritos, y no quería atarse a una iglesia cuando lo que realmente quería era servirlas a todas. Su deseo era estar tranquilo en un lugar donde solo pudiese escribir y leer.

 

Entonces Farel se le acercó y le dijo con voz de trueno:“Dios maldiga tu descanso, y la tranquilidad que buscas para estudiar, si ante una necesidad tan grande te retiras, y te niegas a prestar socorro y ayuda.”

 

Calvino escribió más tarde acerca de este evento diciendo:“Sentí...como si Dios hubiera puesto sobre mi su poderosa mano para detenerme...estaba tan lleno de terror que desistí del viaje que había comenzado..."

 

(Tomado de "Biografías Teólogos Reformados")

http://inp-biografias.blogspot.com/search/label/G

 

 

Otras páginas de interés:

http://www.ibrnj.org/guillermo-farel-el-evangelista-de-la-reforma-en-suiza/  (Muy interesante)

http://ibrnb.com/articles3/?p=137

http://idanielth.wordpress.com/tag/la-vida-de-guillermo-farel/

 

 

 

Gruppe mit Calvin  De izqda. a dcha: Guillermo Farel, Beza, Viret y Juan Calvino.

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         Las tribulaciones del cristiano

"El sufrimiento, en cualquiera de sus formas, enfermedad, pérdida de bienes, muerte de seres queridos, adversida-des, desengaños, etc., siempre es aprovechado por el diablo para hacer su obra. Como hemos mencionado antes, la aflicción es terreno abonado para la duda. Y cuando el adversario no consigue sembrar la duda trata de hundir al creyente en el abatimiento y la desespera-ción, reduciéndolo así a la impotencia espiritual.

 

¿Por qué permite Dios el sufrimiento de sus hijos? ( . . .) En algunos casos  Dios permite que suframos a causa de nuestros pecados. No es que en tal caso el sufrimiento tenga  como objeto expiar la culpa, pues esto lo hizo Cristo por todos nuestros pecados.  Se trata de un castigo con carácter disciplinario a fin de corregirnos y santificarnos. Es magistral la enseñanza que a este respecto encontramos en Hebreos 12:7-13 donde se comenta un antiguo proverbio: "Hijo mío, no menosprecies el castigo del Señor ni desmayes cuando eres de El reprendido, porque el Señor al que ama castiga y azota a cualquiera que recibe por hijo" (Heb. 12:5,6; Prov. 3:11,12) ."                                (José M. Martínez)           

     El ineludible juicio final de Dios

Existe un día grande del que muy a menudo se habla en la Escritura: es el día del juicio, el día en que Dios juzgará lo oculto de los corazones de los hombres por el Señor Jesucristo.

 

Toda alma no cristiana no podrá mante-nerse en el día del juicio. Los impíos no permanecerán en el día del juicio. Actualmente, los pecadores son muy atrevidos y desvergonzados; su cuello se mantiene erguido como si su nervio fuese de hierro, y su frente parece de duro metal.

 

La mayoría de ellos no se avergüenzan cuando son sorprendidos en pecado. Hablando entre nosotros, ¿no es extraordinaria la osadía con que los pecadores participan muchas veces de los actos religiosos, con hipocresía, como si realmente sintiesen lo que no sienten? ¡Con qué desfachatez y sarcasmo juran  a veces y hacen sus votos! ¡Con cuánta osadía algunos impíos se acercan a la mesa del Señor! Ah, pero ello durará solo muy poco tiempo.  Cuando aparecerá el Señor Jesús, el Santo Jesús en toda su gloria, entonces los pecadores, de rostro endurecido por la desvergüenza, serán humillados. . .

Muchos impíos se consuelan ahora pensando que su pecado no es conocido, que ningún ojo humano les ha visto; pero en aquel día los más secretos e íntimos pecados de cada uno serán sacados y llevados a la luz. . .

 

¡Cómo debierais temblar y caer cubiertos de vergüenza, oh hombres impíos que os introducís hipócrita-mente en las congregaciones!

                       (Roberto M. McCheyne)