Casiodoro de Reina,

instrumento  

de Dios.

 

 

      Casiodoro de Reina, o Reyna”, como él afirmaba y Cipriano de Valera le nombró, es uno de los grandes desconocidos del siglo XVI español, a pesar de que su talla intelectual y su contribución al pensamiento moderno está a la altura de otros personajes de su época (Calvino, Zwinglio o Lutero). Perseguido por la Inquisición, por las autoridades españolas y por algunos calvinistas ultra-ortodoxos, es uno de los mayores exponentes del intento de implantar la Reforma en España. Supo ser tolerante en una sociedad intolerante y dogmática. Su mayor aportación fue la primera traducción de la Biblia al castellano, leída hoy día por millones de personas en todo el mundo.

Nacimiento:

      Nació en 1520 en Montemolín, entonces Reino de Sevilla, actualmente municipio de la provincia de Badajoz, tal como se indica en el Auto de Fe celebrado en Sevilla en 1562, lo cual confirma la dedicatoria en una Biblia para el ayuntamiento de Francfort, donde escribe: “Cassiodorus Reinius Hispanus Hispalensis”, esto es, español de Sevilla.

 

Etapa monacal:

      Ingresó en el monasterio jerónimo de San Isidoro del Campo en Santiponce (Sevilla). Este convento de había transformadoen un foco de “luteranismo” (Antonio de Corro, Cipriano de Valera, etc.), hasta el punto de atraer sobre sí la atención de la Inquisición. El Nuevo Testamento de Juan Pérez de Pineda y otras obras protestantes, traídas de contrabando por Julianillo Hernández (ver biografía en esta web), eran el alimento cotidiano de los frailes de aquel convento. De hecho, Casiodoro de Reina se transformó en el guía espiritual de aquel lugar e incluso del grupo seglar simpatizante de las doctrinas de la Reforma en la ciudad de Sevilla. Según testimonio de los mismos inquisidores, Casiodoro había propagado con mucho éxito la doctrina evangélica entre los seglares de Sevilla (interrogatorio de María de Bohórquez); basándose sobre documentos hoy desaparecidos, el historiador de la Inquisición Juan Antonio Llorente dijo ser debida a “un Fray Casiodoro” la súbita conversión al luteranismo de todos los monjes de San Isidoro.

 

Persecución:

      Ante la represión de la Inquisición que culmina con el Auto de Fe de 1557, Casiodoro y otros compañeros, entre los que estará Cipriano de Valera, huyen a Ginebra, donde se une a la iglesia de los italianos y, posteriormente, llega a pastorear una pequeña congregación de españoles. Un segundo grupo huyó a Francfort. Sin embargo, lo que ve en Ginebra le hace decidir marcharse a Francfort en 1559, uniéndose allí a la iglesia calvinista de habla francesa. Cuando Isabel I asciende al trono de Inglaterra, Casiodoro se encamina hacia allá, encontrándose a otros españoles que huyen de la persecución en España, siendo elegido pastor de la congregación de habla española. Otros españoles reformados tales como Juan Díaz y Juan de León no pudieron llegar a este país, siendo capturados y devueltos a España para ser juzgados por herejes.

Acusación de herejía:

El diálogo de Poissy, en 1561, al que asistió por la mediación del embajador inglés en Francia, fue el lugar elegido por los enemigos de Casiodoro para denunciarle como hereje. Su confesión, que había sido aceptada por el obispo Grindal y las iglesias extranjeras en un principio, fue poco tiempo después condenada, acusándosele de antitrinitario y luterano. En la parte tercera de su acusación se encuentran una serie de afirmaciones que señalan la falta de textos bíblicos que enseñen el bautismo de niños antes de alcanzar el uso de de razón.

 

Matrimonio: 

      En 1562, solicita a la reina de Inglaterra, de la cual era amigo personal, que se le conceda el uso de una iglesia para sus cultos, petición que será atendida. Poco después se casa, como también hizo Lutero tras colgar los hábitos, y trae a sus padres convertidos a la fe evangélica.

 

Inicio de la traducción de la Biblia:

      Durante su estancia en Inglaterra inició el trabajo para la traducción de la Biblia en lengua castellana, haciendo indagaciones incluso acerca de un impresor dispuesto a asumir los riesgos de dicha empresa. Ante las maquinaciones del rey Felipe II, que le pone espías y precio a su cabeza, como se lee en una carta del gobernador de Amberes a la regente de los Paises Bajos: “Su majestad ha gastado grandes sumas de dineros por hallar y descubrir al dicho Casiodoro, para poderle detener, si por ventura se encontrase en las calles o en cualquier otro lugar, prometiendo una suma de dinero a quién le descubriese”. Casiodoro se marcha al continente errando durante más de tres años entre Francfort, Heidelberg, el sur de Francia, Basilea y Estrasburgo. Finalmente, se establece en la ciudad de Amberes acompañado de su familia.

      En Amberes fue absuelto de las acusaciones contra él por los tribunales de esa ciudad. La situación quedaba en suspenso y sus enemigos aprovecharon para echar todo tipo de descalificaciones sobre su persona. A principios del año 1565 se le propuso pastorear una congregación en una iglesia calvinista de Estrasburgo, al tiempo que completaba la traducción de la Biblia.

 

 

 

 

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      LA VERDADERA UNIDAD EXISTE

"...solícitos en guardar la UNIDAD DEL ESPÍRITU en el vínculo de la paz" (Efesios 4:3)

 

La verdadera unidad existe. La cuestión

es: ¿Quién puede producir esa unidad? Y la respuesta es que sólo el Espíritu Santo puede producir tal unidad. Eso fue lo que ocurrió en Pentecostés. Como resultado del bautismo con el Espíritu Santo, no solo predicaron aquellos cristianos primitivos codo con codo un mismo mensaje de salvación, sino que además "se añadieron aquel día como tres mil almas" (Hechos 2:41). Y podemos asegurar que  aquellas almas eran verdaderas "piedras vivas" y no meros elementos decorativos en una estructura vacía. En otras palabras, para alcanzar la meta de la unidad entre cristianos . . . es imprescindible la vigorosa acción del Espíritu Santo produciendo un verdadero temor de Dios y un intenso anhelo por su gloria. Un mero sentimiento intelectual a una determinada ortodoxia no es suficiente. Ya tenemos demasiado cadáveres eclesiásticos constituidos por ese material, demasiados valles de huesos secos. Solo el soplo del Espíritu puede formar un cuerpo vivo y vitalizador.

 

Querido hermano, si anhelas ver al pueblo de Dios unido alrededor de un proyecto, una visión o una causa común, no te dejes engañar por el espejismo de Babel ni te conformes con la bendición de Adulam. Elévate a Pentecostés, busca que el Espíritu sople sobre los huesos secos, que su fuego consuma toda la escoria de nuestros apaños, maniobras y estrategias. Imbúyete del espíritu del Maestro, quien dijo: "No recibo gloria de los hombres" (Juan 5:41), y de su siervo Pablo, quien dejó claro que no buscaba "gloria de los hombres, ni de vosotros ni de otros" (1ª Tesalonicenses 2:6).    (D. C. M.)

El Evangelio de la gracia soberana de Dios  (Carlos Haddon Spurgeon)

 

Habiéndose  observado, con evidente preocupación, cuán grande es el rechazo generalizado de muchos hacia la doctrina de la gracia soberana de Dios, incluimos estas breves líneas del reconocido siervo de Dios  C.H.Spurgeon sobre tan transcen-dente  tema:

"Si algo es aborrecido enconadamente es el verdadero Evangelio de la gracia de Dios, especialmente si esa odiosa palabra "soberanía" se menciona al mismo tiempo. Atrévanse a decir: "Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compa-dezca" (Romanos 9:15), y habrá furiosos críticos que les insultarán descomedida-mente. El religioso moderno no sólo aborrece la doctrina de la gracia soberana, sino que despotrica y se enfurece con su sola mención. Preferiría que blasfemára-mos antes que predicáramos la elección por el Padre, la expiación por el Hijo o la regeneración por el Espíritu. Si quieren ver a alguien excitado hasta que lo satánico prevalezca claramente, dejen que algunos de los nuevos teólogos les oigan predicar un sermón sobre la libre gracia.

 

Un evangelio que sea según los hombres será bienvenido por los hombres, pero hace falta una operación divina en el corazón y la mente para que alguien esté dispuesto a recibir en lo más profundo de su alma este inaceptable Evangelio de Dios. 

Mis queridos hermanos, no traten de hacerlo agradable a las mentes carnales. No oculten el tropiezo de la cruz, no sea que la hagan vana. Los ángulos y las esquinas del Evangelio son su fuerza: recortarlos significa quitarles su poder.

La moderación no es el aumento de la fuerza sino su muerte. ¡Claro!, habrán notado que aun entre las sectas sus puntos distintivos son los cuernos de su poder; y cuando éstos quedan prácticamente omitidos, la secta decae. Aprendan, pues, que si quitan a Cristo del cristianismo, el cristianismo está muerto. Si quitan la gracia del Evangelio, el Evangelio desaparece. Si a la gente no le gusta la doctrina de la gracia, denle tanto más de la  misma".            (C. H. S./1890)