LA TÚNICA como vestido entre los hebreos.

 

Cuando los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, e hicieron cuatro partes, una para cada soldado. Tomaron también su túnica, la cual era sin costura, de un solo tejido de arriba a abajo...” (Juan 19:23).

 

El Kethôneth hebreo, que comunmente se traduce en griego chitôn, para designar a túnica, tiene su origen en el principio mismo del mundo. La Escritura, que nos habla a menudo de la túnica, no nos da en ninguna parte la descripción de esta vestidura. Es verdad que en el Génesis y en el Libro 2º de los Reyes (Génesis 37:3, 23; 2º Reyes 13:18)se trata de una túnica de passîn (por doquier); pero no tenemos ningún medio seguro de saber de qué clase era.

     La poca conformidad de las antiguas versiones y la falta absoluta de auxilios etimológicos no nos permiten ni siquiera formarnos idea de cómo era tal túnica. Solo sabemos que servía indistintamente para hombres y mujeres, porque Moisés nos dice en la Biblia que Israel (Jacob) la había hecho para José, por amarle con más ternura que a ningún otro hijo (Génesis 37:3 y 23). El escritor del libro 2º de los Reyes advierte que la túnica de Tamar era de las que acostumbraban llevar las hijas de los reyes (2º Reyes 13:18). Moisés habla también de otra túnica propia de los sacerdotes, que llama kethôneht taschbêts, pero este último término, de cualquier modo que se entienda, no da ninguna noción de la forma misma de la túnica. Lo que hay de cierto es que la túnica fue por mucho tiempo el único traje del hombre, siendo más adelante su vestido principal, y que en el principio debió ser muy sencilla, sin formas y sin gracia. Probablemente, consistía en una pieza de tela más larga que ancha con la que se cubría la persona, sin más lazos que las diferentes vueltas que se daban alrededor del cuerpo; por donde se ve que la túnica era en su origen una simple capa más bien que un vestido propiamente dicho.

Algunos pueblos de Africa (los kabilos y árabes beduinos) usan unos cobertores de lana que les sirven de vestido completo de día y de cama y manta por la noche. Es una vestidura muy incómoda, ya que se descompone y se cae a menudo, por esto se comprende fácilmente cuán útil es un ceñidor cuando hay que trabajar. De ahí la expresión alegórica ceñirse los riñones, tan repetida en la Biblia (Lucas 17:8; Hechos 12:8; Efesios 6:14; 1ª Pedro 1:13,etc.) Todas estas expresiones pueden recibir alguna luz de la figura de este vestido, del modo de llevarlo y del uso que siempre se hizo de él. Esto podría hacernos creer también que,     posiblemente, hubiera una especie de hike más fina usada por las mujeres y por las personas de una cultura y un nivel social superior. Asimismo, es muy probable que fuese de esta especie la toga que los romanos echaban sólo sobre sus espaldas, según podemos juzgar por el ropaje que exhiben en sus estatuas. De ellas deducimos que la toga o manto estaba dispuesta casi de la misma manera que el hyke de los kabilos africanos. En vez de la fíbula (hebilla) o broche que usaban los antiguos para sujetar este vestido, los kabilos ataban con una cuerda o con una presilla de madera las dos puntas superiores de su hike en un hombro, y el resto lo arreglan alrededor del cuerpo. Así, sucesivamente, fue tomando la túnica mangas y una figura más elegante; y puede suponerse con verisimilitud que en los  primeros tiempos consistía el mérito de esta traje únicamente en la finura de las telas y en la belleza y diversidad de los colores. 

 

     A veces, se llevaban dos túnicas, particularmente en tiempo de frío, y en los viajes siempre se tenía una de repuesto para mudarse. Por eso Jesucristo, queriendo que sus discípulos se fiasen enteramente de su providencia divina, les llama a llevar sólo una túnica (Mateo 10:10). Según Calmet (un historiador de esa cultura oriental) “la túnica de los hebreos solían no tener costura y se trabajaban en el telar. Tales eran las de los sacerdotes y la de nuestro Señor Jesucristo (Juan 19:23)".

 

     El vestido que llamaban los hebreos sâdin, era de lino y se llevaba encima de la carne como la túnica, y puede decirse que era una especie de túnica. Puede que se diferenciara de la ordinaria en ser más ancha y estar más trabajada (Pareau, Antiquit. hebraice).

 

     En la antigua Grecia se usaba, comunmente entre las mujeres, un vestido llamado peplo. Éste consistía en un trozo de tela, al igual que el hike de los kabilos, de forma rectangular con un pliegue inicial, llamado apotigma, que quedaba sobre el pecho y la espalda. Se sujetaba a los hombros con fíbulas y se ceñía a la cintura con un cinturón. Algunos podían estar decorados con cenefas y dibujos variados.

 

(Tomado de "Antigüedades de los hebreos"-Siglo XIX) 

 

 

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VERDADERA ORACIÓN EN EL ESPÍRITU 

"El hombre que presenta de veras una petición a Dios  jamás podrá expresar con su boca o pluma los inefables deseos, experiencias, afectos y anhelos que subieron al Señor en aquella oración. Las mejores oraciones contienen a menudo más gemidos que palabras ; y las palabras que contienen no son sino una sombra pobre y superficial del corazón, la vida y el espíritu de esa oración. No están escritas las palabras de la oración que pronunció Moisés cuando partió de Egipto y fue perseguido por Faraón ; pero sabemos que hizo resonar el cielo con sus clamores; clamores producidos por los indescriptibles e inescrutables gemidos de su alma en y con el Espíritu. Dios es Dios de espíritus, y sus ojos calan hasta el corazón. Dudo que tengan este detalle en cuenta aquellos que pretenden ser considerados como pueblo de oración.

 

Cuanto más se acerca un hombre a la perfección en la obediencia de una obra mandada por Dios, tanto más difícil la encuentra; y ello se debe a que la criatura, como criatura no puede hacerla. Pero la oración (como antes se ha dicho) no es solamente un deber, sino una de las obligaciones más eminentes, y, por consiguiente, más difíciles. Bien sabía Pablo lo que decía, cuando escribió: "Oraré con el Espíritu" (1ª Corintios 14:15). Sabía muy bien que no era lo que otros hubieran escrito o dicho lo que podía hacer de él un hombre que ora; solamente el Espíritu podía hacerlo".

(De  la obra "La Oración", de John Bunyan y Thomas Goodwin; trabajo que recomendamos para edificación).

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 Ante la grave preocupación existente en muchos creyentes de distintas iglesias y denominaciones sobre la antibíblica posición en que se están colocando muchos pastores, en relación al concepto de  autoridad y obediencia exigidas arbitrariamente en ciertas  iglesias; olvidando o ignorando, en todo caso, que la máxima autoridad no es el hombre sino Jesucristo por medio de su Espíritu, transcribimos un  clarificador escrito con el fin de establecer la firme verdad de la Palabra sobre tan importante doctrina:

 

"Cristo es la Cabeza única de la Iglesia que es su Cuerpo. En ningún lugar de las Escrituras se hace mención de alguna otra en ningún sentido, ni literal ni figurado, ni visible ni invisible. No hay absolutamente nadie en quien Cristo haya delegado la facultad de ser Cabeza. 

La dignidad de la Cabeza de la Iglesia está íntimamente relacionada con la resurrección (v.18) y, en consonancia, con la muerte de la cruz. "Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, quien además está a la diestra de Dios" (Rom. 8:34). Sólo Cristo murió. Sólo Cristo resucitó. Sólo Cristo ha sido dado como Cabeza a la Iglesia (Efesios 1:20-23).

"Para que en todo tenga la preeminen-cia". Cristo ostenta la primacía en todo lo que concierne a autoridad sobre la Iglesia. Sólo El es el Maestro y el Legislador, el Señor y Juez."

 (De "Cristo, el incomparable", de José M. Martínez)