El poder

 de laspalabras

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       La lengua es un fuego, un mundo de maldad...Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios" (Santiago 2:6, 9).

 

       Un famoso editor declaró: “ Si usted es una persona relacionada socialmente, pronuncia unas treinta mil palabras por día. Si estas palabras fueran impresas formarían cada día un libro de tamaño mediano. Estos libros ocuparían al final de una vida normal el espacio de una librería bastante respetable. Y todos estos libros saldrían de la pluma del mismo autor. Todos reflejarían la vida y los pensamientos del autor a través de sus propias palabras. Ni uno solo podría ser quitado de las estanterías, o descatalogados.

 

Este pensamiento es algo inquietante. Da énfasis a la temible responsabilidad que el don del habla lleva aparejada, así como al glorioso privilegio inherente a la “palabra sazonada con gracia” (Colosenses 4:6). Probablemente no posee el hombre mayor poder para el bien y para el mal que el poder de su lengua. Job recibió el testimonio elogioso de uno de sus amigos: “ Al que tropezaba enderezaban tus palabras, y esforzabas las rodillas que decaían” (Job 4:4). ¡Qué exhortación para aquellos cuyas palabras hacen caer a los hombres, ocasionando mala voluntad, sospechas, resentimientos y quebrantamiento de corazón!

 

       Posiblemente, la mayoría de nosotros hablamos demasiado. Y raras veces nos damos cuenta de ello hasta que es demasiado tarde. Quizá era esto lo que sentía el salmista cuando decía: “Pon, oh Jehová, guarda a mi boca; guarda la puerta de mis labios” (Salmo 141:3). A una mujer de avanzada edad,  muy         querida  entre cuantos la conocían, se le preguntó cuál era su fórmula para hacer y conservar tantos amigos. “Bien -contestó ella- , me paro a saborear las palabras antes de dejarlas salir de mi boca”. Evidentemente, si estas eran amargas, salobres o de sabor desagradable no las pronunciaba, sino que buscaba aquellas que no producían daño en los oyentes. 

 

       El evangelio de san Mateo declara: “De la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34). Por eso también leemos: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él mana la vida” (Mateo 12:36). Algunos hombres han palidecido ante los tribunales de justicia al oír la reproducción grabada de las propias palabras que ellos habían pronunciado en ocasiones anteriores. Y muchas almas temblarán en el día del juicio al comprobar que todas sus palabras vacías y ociosas serán tenidas en cuenta: “Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres , de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás juzgado, y por tus palabras serás condenado” (Mateo 12:36-37). Debemos tener en cuenta, que toda palabra pecaminosa, ofensiva, blasfema, será puesta delante de los hombres en el día en que Dios juzgará al mundo con justicia (Hechos 17:31).

 

       Más dulce, para nuestro Señor, que la melodía musical más exquisita, y más importante que la elocuencia oratoria de los estadistas o los discursos y peroratas de hombres doctos e importantes, son las conversaciones de sus hijos cuando hablan juntos de las cosas de su Padre Celestial. Todo queda escrito en un “libro de memoria”: “Entonces los que temían a Jehová hablaron cada uno a su compañero; y Jehová escuchó y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a Jehová, y para los que piensan en su nombre” (Malaquías 3:16). Otros también hablaron y el Señor escuchó. Y escritos quedaron todos los susurros de conspiración, todas las palabras difamadoras, todas las falsedades, todas las expresiones ofensivas y dañinas, todas las voces obscenas, todas las blasfemias provocadoras.

 

       ¡Noble atributo el don de la palabra! Y ¿qué atributo más bello para Aquel que nos lo ha dado para que presentemos cada día en la librería del Cielo un volumen limpio, santo y puro, de treinta mil palabras dedicadas a su honor, gloria y honra?

                                                            

                                                                                    Chas. W. Koller (De “The Northern”)

 

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"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia" (2ª Timoteo 3:16)

   Solo la Fe

  Solo la Gracia

  Solo Cristo

  Solo la Escritura

  Solo a Dios gloria 

      Lo que aspiramos ser: MAESTROS

"Hermanos, anhelo que todos podamos ser "aptos para enseñar". La iglesia nunca tiene demasía de aquellos cuyos labios "alimentan a muchos". Debe ser ambición nuestra "ser buenos mayordomos de la multiforme gracia de Dios". Todos conocemos ciertos ministros capacitados que son expositores de la Palabra e instructores de los creyentes. Siempre os lleváis algo cuando vais a oírles. Se ocupan de cosas de gran precio; su mercadería es de oro de Ophir. Ciertos pasajes de la Escritura son citados y reciben nueva luz; y ciertas especialidades de la experiencia cristiana son descritas y explicadas. Salimos de estas predicaciones con la sensación de que hemos estado en una buena escuela. Hermanos, deseo que cada uno de nosotros ejerza un ministerio así de edificante. ¡Ojalá tengamos la experiencia, la iluminación y la laboriosidad necesarias para una vocación tan elevada! ¡Cuánto necesitamos más sermones ricos en instrucción! Hermanos, mirad muchos de los sermones modernos. ¡Qué fuego, qué furia! ¡Cuántos destellos y cuánta velocidad! ¿Qué es todo esto? ¿Cuál es el propósito de tal exhibición? Solemos encontrarnos con sermones que son caleidoscopios, de una belleza maravillosa; pero, ¿qué contienen? . . .

Es preciso alimentar al rebaño de Dios. Debemos ocuparnos de verdades eternas, y hacer presa en el corazón y en la conciencia. Debemos, de modo efectivo, vivir para educar una raza de santos, en quienes  el Señor Jesús se reflejará como en mil espejos."

                               (Carlos H. Spurgeon)

      TESTIMONIO FIRME Y COHERENTE

Llegó a decir el teólogo Dionisio Borobio: "Una de las palabras más desfiguradas por el uso hoy en día, es la palabra "testimonio". Dar testimonio con la propia vida es la consigna de los que toman la vida en serio. Dar testimonio del Evangelio es haber tomado en serio su doctrina. Mas la vida de muchos cristianos es una continua oposición entre lo que dicen creer y lo que de verdad dicen sus obras. Y sobre todo si ser cristiano es. .  . esta especie de "egoísmo" espiritual en que se ha encerrado las más de las veces una piedad rutinaria en que todo gira alrededor de nuestra propia conveniencia."  (D. B.)

   ORACIÓN DE GRATITUD  (Efes.1:3-10)

"Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinados para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra."