El cultivo de la viña en Israel

 

Y llegaron hasta el arroyo de Escol, y de allí cortaron un sarmiento con una racimo de uvas, el cual trajeron dos en un palo” (Números 13: 23)

 

       En todo tiempo cultivaron los hebreos con el mayor esmero la viña. Esto se concibe muy fácilmente, por cuanto el feracísimo suelo de Palestina producía excelentes uvas en abundancia; pero había algunas partes de esta tierra particularmente más afamadas por sus viñedos, distinguiéndose las zonas de En-gadi y los valles de Escol. Precisamente, estos se llamaron así a causa de los frondosos viñedos de que estaban poblados: en efecto eschkôl, en hebreo, significa racimo de uvas, y scôrêq rama entrelazada, rama que se extiende. Los viajeros modernos confirman en sus relaciones de viajes todo cuanto dice la Escritura de estas viñas y su fruto excepcional. Uno de ellos, P. Roger, hablando de la fertilidad de la tierra de Palestina, dice: “Las viñas echan unos racimos mucho mayores que los nuestros...siendo los mejores viñedos los de Hebrón, Sorec, Jerusalén, Betul y Sion, cuyo vino puede cortarse. Todos los años he visto en varios lagares, y en diferentes ocasiones, racimos que pesaban siete y ocho libras (1 kg.= 2,20 libras), y algunos hasta doce. Cuentan que el año 1634 se cogió en el valle Sorec uno que llegó a pesar veinticinco libras y media". 

       La mayoría de las uvas de Palestina son de un color rojo oscuro tirando a negro; de donde ha devenido la expresión hebraica, que ha pasado a otras lenguas diversas, “la sangre de la uva”, para definir al zumo de esta fruta. Muchas viñas tenían las cepas tan altas que podía estar uno a la sombra debajo de ellas.

Las viñas, en hebreo kerâmim, estaban cercadas de seto, y es probable que también se levantaban torres, desde las cuales podían los guardas divisar y ahuyentar a los ladrones, así como a ciertos animales silvestres que iban a destruirlas, costumbre que perdura todavía hoy en el Oriente próximo. Pero, evidentemente, no se contentaban con eso, sino que las podaban, las escardaban y las limpiaban de piedras y maleza (Isaías 5:2, 6; Mateo 21:33).     

       Las vendimias eran entre los hebreos un tiempo de diversión y regocijo como la siega: cogían las uvas entre gritos y cánticos de júbilo (Jeremías 25:30: 48:33), y las llevaban al lagar que estaba en medio de la viña. Sin embargo, el coger las uvas y pisarlas en el lagar son símbolo y figura de grandes combates o de horribles calamidades en el lenguaje de los profetas (Lamentaciones 1:15).

El vino se guarda en el Oriente en cántaros o pellejos. Estos cántaros de barro tienen figura oval, y suelen estar barnizados por dentro o untados de un sebo de carnero con el fin de impedir que el barro embeba el vino. Se guardan en una bodega al fresco, como hacemos nosotros con nuestros toneles o botas, y aún se entierran hasta arriba los que han de beberse en último lugar. 

       El vino se suele conservar durante mucho tiempo en estas vasijas. Para su transporte se utilizan botellas y pellejos dados de pez, y cuando el pellejo es bueno no se echa a perder nada del vino ni toma sabor alguno. Indudablemente, existía entre los hebreos este uso de guardar el vino en cántaros y pellejos, como lo prueban varios pasajes de la Escritura (Job 32:19; Mateo 9:17).

 

       Los antiguos hebreos hacían una especie de almibar con las uvas, a la que daban el nombre de miel, porque así debe de entenderse la palabra debasch. En España lo conocemos como arrope. En países como Yemen y Persia (actual Irán), donde abunda la cosecha de uva, se hace de ellas un almibar o dubs, como en Egipto, Oman y Basra, donde utilizan los dátiles para producir un aguardiente muy peculiar.  Un conocido historiador y antropólogo relata en sus “Observaciones...”: “ Aparte de las muchas uvas que se llevan diariamente a los mercados de Jerusalén y de los pueblos de la comarca, se envían desde Hebrón todos los años a Egipto sobre trescientos camellos cargados (osea, unos dos mil quintales:2000X50,8 kg.) de una especie de almibar hecho de las uvas, que llaman los árabes dibs".

 

       No se ha de confundir con las diferentes especies de viñas que acabamos de mencionar, con cierta planta silvestre que llamaban los hebreos viña de los campos que, probablemente sea la viña extraña mencionada en Jeremías 2:21 y que, según el profeta Isaías, sólo produce “uvas silvestres” (Isaías 5:2). Aquellas son la imagen de un pueblo noble, fiel y generoso en la Escritura, mientras que esta última refleja a una nación rebelde, pervertida y pecadora.

 

                                                           (Tomado de “Antropología bíblica")

 

                        http://www.ceeibahia.com/yacimi

                        (Yacimiento arqueológico fenicio de Doña Blanca)

                        http://www.tishbi.eu/es/wijngaarden

                        (Cultivo de la vid en Israel)

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        El peligro de la herejía gnóstica

"Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como también habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado" (2ª Ped. 2:1-2)

 

"En los tres primeros siglos, la Iglesia tuvo que defender numerosas herejías. Se ponían en peligro las verdades reveladas.

 

El gnosticismo ha sido el peligro más grave que ha corrido la Iglesia. Pasó por más de treinta sistemas gnósticos diferentes, a base de elementos de todas las filosofías y pensamientos regidos por el pensamiento libre. Fue un auténtico anticristianismo y una degradación de la revelación divina.

 

Marción, "el lobo de Ponto", fue uno de los adversarios más serios en el siglo II. Tenía cualidades de jefe y arrastraba tras de sí a muchas personas, a las que llamaba discípulos; fundó sólidas iglesias, que permanecieron fieles hasta el martirio.

Su doctrina se difundió rápidamente. Hacia el año 150, Justino escribía: "Siembra el mundo de blasfemias, ayudado por todos los demonios. Los que le siguen, no pueden probar lo que afirman, pero se dejan llevar y son presa del ateísmo".

Le combatieron Dionisio en Corinto, Ireneo en Lyon, Teófilo en Antioquía, Tertuliano en Cartago, Hipólito y Rodón en Roma y Bar Daisán en Edesa."

                                     (Italo Volpi)

     La Biblia  y Miguel de Cervantes 

" La Biblia no es un libro de fácil penetración ni su contenido es para ser leído descuidadamente. Todo cuanto sus páginas contiene es la palabra de Dios, y el secreto maravilloso de esas palabras sólo puede ser descubierto por una mente espiritual. Esto explica los ruidosos fracasos de toda la caterva de racionalistas baratos cuando se han puesto a dogmatizar  sobre la Biblia y a sentar conclusiones sobre sus doctrinas. La Biblia puede comprenderse sólo y exclusivamente cuando se ha comprendido a su Autor. Nunca se repetirá bastante ese esencial principio de la hermenéutica bíblica. Sólo cuando penetramos en esa mente amplia, tan amplia como el mismo Universo, podemos llegar a conocer las verdaderas riquezas de la Biblia.

 

Miguel de Cervantes, que tenía por verdadera y por valiosa la existencia de Dios, que creía con una fe que le nacía de lo íntimo del corazón, manifestada en multitud de ocasiones por la calma que inundaba su alma en los momentos de apuro  -y fueron muchos en su vida-, leyó, comprendió y amó la Biblia. Y este amor no le nació del estudio frío y calculado de los escritos sagrados. Su cariño hacia ellos trascendía más  allá de las simples funciones del entendimiento y la voluntad. Supo penetrar en las páginas divinas con profunda sensibilidad espiritual y los sublimes misterios se le descubrieron como tesoros accesibles, enriqueciendo y fortaleciendo su experiencia religiosa y espiritual."   (De "La Biblia en el Quijote", de Juan A. Monroy).