Descubren en Jerusalén una muralla que podría ser obra del Rey SALOMÓN.

 

(De "Antigua y Medieval ") 

 

Una arqueóloga israelí, Eilat Mazar (foto de abajo), dijo que las fortificaciones antiguas recientemente descubiertas durante unas excavaciones en Jerusalén datan de hace 3.000 años y respaldan la versión bíblica de los tiempos del rey Salomón.
Si la edad de los muros es correcta, el hallazgo indicaría que Jerusalén fue la sede de un sólido gobierno central que tenía los recursos necesarios para construir enormes fortificaciones en el siglo X antes de nuestra era.
Ese es un punto clave de disputa entre estudiosos, porque respaldaría recuentos en la Biblia de que los reyes hebreos David y Salomón gobernaron desde Jerusalén en esa época.
Aunque algunos arqueólogos de Tierra Santa apoyan esa versión de la historia - incluyendo la arqueóloga principal de las excavaciones, Eilat Mazar - otros dicen que la monarquía de David fue básicamente mitología y que en esa era no existía un gobierno central fuerte.

 

Hablando con reporteros, Mazar dijo que el descubrimiento era "la construcción más significativa que tenemos de los días del Primer Templo en Israel".
"Significa que en aquella época, en el siglo X, había en Jerusalén un régimen capaz de realizar una construcción de esa magnitud", dijo.
Basada en la que considera ser la edad de las fortificaciones, Mazar dijo que fueron construidas bajo Salomón, hijo de David y mencionado
en el libro I de los Reyes.

 

Las fortificaciones, incluyendo una monumental torre de entrada y una sección de 70 metros de un muro, están ubicadas apenas en las afueras de las paredes actuales de la Ciudad Vieja, junto al complejo sagrado conocido como el Monte del Templo. De acuerdo con el Viejo Testamento, fue Salomón quien construyó el primer templo judío en el sitio (1º Reyes 6:1-38).

Ese templo fue destruido por los babilonios (Jeremías 52:12-14), reconstruido (por Zorobabel, Esdras 3:8-13); renovado por el rey Herodes hace 2.000 años y destruido de nuevo por las legiones romanas (del general Tito) en el año 70 de nuestra era. El complejo es sede ahora de dos importantes edificios islámicos, la Mezquita de Omar (Domo de la Roca) y la mezquita Al-Aqsa.

 

Descubren en Jerusalén las primeras evidencias de edificios del rey Salomón
Jarrones de cerámica con mensajes grabados en hebreo y dirigidos al rey o figuras de culto son algunos de los objetos hallados en el que fuera el interior de un edificio real y que prueban la fecha de su construcción, explicó la jefe del proyecto de excavación, Eilat Mazar, citado en un comunicado de la Universidad Hebrea de Jerusalén.
"El muro descubierto testifica la presencia de un reino, pues su fuerza y forma revelan un alto nivel de ingeniería", señaló la arqueólogo, cuyas afirmaciones coinciden con la Biblia, que "cuenta que Salomón construyó el Primer Templo, su nuevo palacio y que los rodeó con una ciudad" (1º Reyes 7:1).

La pared, perteneciente a uno de los laterales del edificio real y con una longitud de 70 metros y una altura de seis, está situado en una zona conocida como el Ophel, donde se concentraban los "funcionarios" ("Nethinim") del Primer Templo.
Fue en esa zona de la Ciudad Santa donde se centraron durante tres meses los trabajos de excavación, financiados por una pareja neoyorquina interesada en la arqueología bíblica y desarrolladas por la Universidad Hebrea de Jerusalén.
Entre los hallazgos se encuentran una puerta interior del edificio, una estructura adyacente a la puerta de la casa del rey y una torre de vigilancia -de piedra esculpida-, que se debió situar ante la entrada a la ciudad para proteger la urbe.

 

De los utensilios descubiertos, Mazar destacó uno de los jarrones de cerámica, cuya inscripción en hebreo indica que perteneció a un alto cargo de la corte.
"Los jarrones son los más antiguos descubiertos en Jerusalén" y la estructura principal es la primera que corresponde con las descripciones escritas de los edificios del período de Salomón, dijo Mazar.
La ciudad de Jerusalén es el escenario de numerosos proyectos arqueológicos contemporáneos que buscan los restos milenarios de las antiguas murallas de la capital para su estudio.

                                                                

                                                                              El Nuevo Herald  /ABC

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EILAT MAZAR, doctora en Arqueología. Directora de

la Universidad Hebrea de Jerusalén.

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  "Es muy usual que los hombres  fundamenten su poder, tanto para hablar el bien como para dañar con el mal, en el poder de sus lenguas.

Y así lo escribió Santiago en su epístola: "La lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno. . .Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios" (Santiago 3:6, 9).

 

Es muy posible, hermanos, que la mayoría de nosotros hablemos demasiado y, algo peor y más dañino, hablemos cosas gravísimas que atentan contra la integridad y honra de algún hermano o ministerio. Lo verdadera-mente preocupante es que casi nunca reconocemos haberlo hecho ante los demás, aunque el Espíritu Santo nos muestre nuestra imprudencia e insensatez.  De todas maneras, el mal ya está hecho y la reparación  siempre tarda en llegar, si es que  alguna vez llega.

¡Qué reprochable es ante Dios y los hombres manchar la integridad de alguien con palabras que salen de un corazón no limpio, ensuciado por la maldad, el rencor o la envidia!

 

Es verdad que cuando hablamos demasiado no siempre lo hacemos  prudente y sabiamente, tal como  afirma la propia Palabra:  "En las muchas palabras no falta pecado" (Proverbios 10:19).

Por ello, el salmista decía: "Pon, oh Jehová, guarda a mi boca; guarda la puerta de mis labios" (Salmo 141:3).

Jesús, dirigiéndose a los fariseos, les denunció: "¿Cómo podéis hablar lo bueno siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca?" (Mateo 12:34). 

Ante esta común debilidad humana, el Señor nos aconseja: "Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él mana la vida" (Proverbios 4:23).

Si no es así, si no atendemos el consejo sabio de Dios, sólo nos espera el severísimo juicio del Juez justo: "Y de toda palabra ociosa que hablaren los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio" (Mateo 12:36).   (J.Mª V.M.)     

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"Es al contemplar la gloria de Cristo por fe que somos edificados espiritual-mente y edificados en este mundo, porque al contemplar su gloria, la vida y el poder de la fe se fortalecen cada vez más. Es por fe que crecemos para amar a Cristo. Entonces, si deseamos una fe fuerte y un amor poderoso que nos den descanso, paz y satisfacción, debemos buscarlos al contemplar diligentemente la gloria de Cristo por la fe. En esta tarea deseo vivir y morir.

En la gloria de Cristo fijaré todos mis pensamientos y deseos, y cuanto más vea la gloria de Cristo , más se marchitarán ante mis ojos las bellezas pintadas de este mundo, y seré cada vez más crucificado para él". (John Owen)