La desoladora consecuencia del pecado contra Dios:

 

el Mar Muerto

 

(compendio histórico-geográfico)

 

"Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos; y destruyó las ciudades, y toda aquella llanura, con todos los moradores de aquellas ciudades, y el fruto de la tierra" (Génesis 19:24-25). 

 

Se ha dado a este lago el nombre de mar Muerto porque sus aguas no albergan ningún ser viviente (aunque los antiguos viajeros convienen en asegurar que no se halla en este lago ningún ser viviente , y que los peces del río Jordán mueren luego que son arrastrados a estas aguas, aunque algunos modernos aseguran que sí crían ciertos peces menores, peculiares de aquellas insalubres aguas. Malte-Brun, Resúmen de geografía universal, t.8, p.231). También se le llama mar Oriental, por contraposición al mar Occidental o Mediterráneo, mar del desierto y de la llanura con relación al desierto y a la llanura que están al occidente ; mar de Siddi y mar de Sodoma, porque ocupa el valle donde estuvieron situadas las opulentas ciudades de la Pentápolis: Sodoma, Gomorra, Adma, Zeboim, Zoar, etc; y por último mar de la sal y lago Asfáltico por la mucha sal de que están cargadas sus aguas. Mas conviene advertir, que bajo el nombre genérico de sal comprenden los hebreos el asfalto, el betún y el nitro (nitrato potásico).

     El terreno ocupado por el mar Muerto era antes de la destrucción de la Pentápolis un valle ameno y fértil regado por el Jordán y comparado en razón de su delicia al huerto de Edén (Génesis 13:10-11), donde habitaron nuestros primeros padres. En este lago desaparece hoy el río Jordán. Es verosímil, que antes del incendio y ruina de la Pentápolis, existía ya el mar Muerto como mar soterrado (Génesis 14:3); pero cubierto de una corteza o bóveda de tierra espesa formada y sostenida, en gran parte, por el asfalto que se desprendía del fondo donde se había aglomerado hacía mucho tiempo. Aun hoy se ven salir a la superficie de este lago grandes pedazos de alfalto, que reventando en el aire esparcen un olor fétido.

 

    En el libro de Génesis, podemos leer que antes de la destrucción de la Pentápolis (Sodoma, Gomorra, etc.) había en aquel valle muchos pozos de betún: sin duda alguna se entiende que aquel betún o asfalto había llegado allí procedente del lago subterráneo. Habiendo enviado Dios una lluvia de fuego sobre el valle, se inflamó el betún, y hundiéndose en las aguas la tierra que cubría el lago, privada de la capa de asfalto que la sostenía, apareció un lago en el lugar donde antes había estado el valle (Génesis 14:10; 19:24-25) (Es curioso observar como el betún de Judea o asfalto, sale de cuando en cuando del fondo del lago, flota por la superficie y es recogido en las orillas: antiguamente iban en barquillas o en balsas a buscarlo enmedio del lago. A veces, sale de él un vapor infecto, no encontrándose ningún pez o molusco; apareciendo en las inmediaciones unos pocos y flacos árboles. En sus playas, horriblemente estériles, no se oyen los trinos de ninguna ave).

  

     Según Flavio Josefo, el mar Muerto puede tener unas veinticinco leguas (5,572 km. legua)de circunferencia por seis de ancho. Como las aguas del Jordán y de otros muchos ríos y torrentes afluyen sin cesar a este lago, y no se conoce ningún desaguadero visible, se piensa que por caminos subterráneos va a parar al mar Rojo o bien al Mediterráneo.

 

     Todo lo que cae en las aguas de este lago se cubre casi instantáneamente de una capa de sal, y es tal la cantidad de asfalto o betún que contienen sus aguas que los cuerpos pesados se hunden con trabajo y aún suelen flotar por encima. "Estas aguas son tan pesadas, dice Flavio Josefo, que todo cuanto se echa en ellas queda nadando en su superficie. El emperador Vespaciano, que había ido expresamente a ver el lago, mandó arrojar a él a varios hombres que no sabían nadar, con las manos atadas a la espalda: todos sobrenadaron como si algún genio los hubiera repelido hacia arriba. En muchos parajes andan flotando grandes pedazos negruzcos de betún, que a cierta distancia cualquiera los tendría por toros sin cabeza (Josefo, De bello judaico, l. V, c. 5)".

 

     Las riberas de este lago están pobladas de montañas, excepto por el lado del norte, donde la playa llana y estéril está abrasada y cubierta de cenizas, y la tierra mezclada de gran cantidad de sal. Allí crece el solanum melangene, que tanbién se llama viña de Sodoma. A los frutos de este arbusto se les da el nombre de uvas venenosas o uvas amargas. Son bastantes agradables a la vista, pero por dentro están podridas y llenas de ceniza. Moisés alude a este fruto cuando dice en  Deuteronomio 32:32: "Porque la vid de Sodoma es la vid de ellos, y de los campos de Gomorra; las uvas de ellos son uvas ponzoñosas, racimos muy amargos tienen".

 

     En la primavera, cuando crece el lago en razón de las abundantes aguas que lleva el Jordán, se abren hoyas cerca de la ribera; y cuando empieza a bajar el nivel del lago, se evaporan las aguas de las hoyas y depositan una costra de sal: de esta especie de salinas se surten casi todos los países comarcanos (Ezequiel 47:11; Sofonías 2:9).

 

(Tomado de "Arqueología Bíblica")   

http://www.arqueologos.org/arque-bibli/102-sodoma-y-gomorraarqueologia-submarina.html

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      LA VERDADERA UNIDAD EXISTE

"...solícitos en guardar la UNIDAD DEL ESPÍRITU en el vínculo de la paz" (Efesios 4:3)

 

La verdadera unidad existe. La cuestión

es: ¿Quién puede producir esa unidad? Y la respuesta es que sólo el Espíritu Santo puede producir tal unidad. Eso fue lo que ocurrió en Pentecostés. Como resultado del bautismo con el Espíritu Santo, no solo predicaron aquellos cristianos primitivos codo con codo un mismo mensaje de salvación, sino que además "se añadieron aquel día como tres mil almas" (Hechos 2:41). Y podemos asegurar que  aquellas almas eran verdaderas "piedras vivas" y no meros elementos decorativos en una estructura vacía. En otras palabras, para alcanzar la meta de la unidad entre cristianos . . . es imprescindible la vigorosa acción del Espíritu Santo produciendo un verdadero temor de Dios y un intenso anhelo por su gloria. Un mero sentimiento intelectual a una determinada ortodoxia no es suficiente. Ya tenemos demasiado cadáveres eclesiásticos constituidos por ese material, demasiados valles de huesos secos. Solo el soplo del Espíritu puede formar un cuerpo vivo y vitalizador.

 

Querido hermano, si anhelas ver al pueblo de Dios unido alrededor de un proyecto, una visión o una causa común, no te dejes engañar por el espejismo de Babel ni te conformes con la bendición de Adulam. Elévate a Pentecostés, busca que el Espíritu sople sobre los huesos secos, que su fuego consuma toda la escoria de nuestros apaños, maniobras y estrategias. Imbúyete del espíritu del Maestro, quien dijo: "No recibo gloria de los hombres" (Juan 5:41), y de su siervo Pablo, quien dejó claro que no buscaba "gloria de los hombres, ni de vosotros ni de otros" (1ª Tesalonicenses 2:6).    (D. C. M.)

El Evangelio de la gracia soberana de Dios  (Carlos Haddon Spurgeon)

 

Habiéndose  observado, con evidente preocupación, cuán grande es el rechazo generalizado de muchos hacia la doctrina de la gracia soberana de Dios, incluimos estas breves líneas del reconocido siervo de Dios  C.H.Spurgeon sobre tan transcen-dente  tema:

"Si algo es aborrecido enconadamente es el verdadero Evangelio de la gracia de Dios, especialmente si esa odiosa palabra "soberanía" se menciona al mismo tiempo. Atrévanse a decir: "Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compa-dezca" (Romanos 9:15), y habrá furiosos críticos que les insultarán descomedida-mente. El religioso moderno no sólo aborrece la doctrina de la gracia soberana, sino que despotrica y se enfurece con su sola mención. Preferiría que blasfemára-mos antes que predicáramos la elección por el Padre, la expiación por el Hijo o la regeneración por el Espíritu. Si quieren ver a alguien excitado hasta que lo satánico prevalezca claramente, dejen que algunos de los nuevos teólogos les oigan predicar un sermón sobre la libre gracia.

 

Un evangelio que sea según los hombres será bienvenido por los hombres, pero hace falta una operación divina en el corazón y la mente para que alguien esté dispuesto a recibir en lo más profundo de su alma este inaceptable Evangelio de Dios. 

Mis queridos hermanos, no traten de hacerlo agradable a las mentes carnales. No oculten el tropiezo de la cruz, no sea que la hagan vana. Los ángulos y las esquinas del Evangelio son su fuerza: recortarlos significa quitarles su poder.

La moderación no es el aumento de la fuerza sino su muerte. ¡Claro!, habrán notado que aun entre las sectas sus puntos distintivos son los cuernos de su poder; y cuando éstos quedan prácticamente omitidos, la secta decae. Aprendan, pues, que si quitan a Cristo del cristianismo, el cristianismo está muerto. Si quitan la gracia del Evangelio, el Evangelio desaparece. Si a la gente no le gusta la doctrina de la gracia, denle tanto más de la  misma".            (C. H. S./1890)