El diablo,ese

león rugiente

 

"Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario, como león rugienteanda alrededor buscando a quien devorar”(2ª Pedro 5:8)

(Viejo león africano)

El diablo no para. Siempre está al acecho, como dice el texto, mirando a quien puede devorar. El diablo tiene su corporación aquí en la tierra, por medio de la cual hace su obra. A través de sus sicarios, que forman su cuerpo, extiende por doquier sus malas nuevas de las enseñanzas arminianas y trata de inocular ese veneno en las almas. Al mismo tiempo, él se revuelve con ira contra quienes predican el Evangelio de la Gracia Soberana de Dios. Por eso, oí decir lo siguiente de parte del rusellismo y del campbelismo: “Si Dios ya ha predestinado para salvación a los que Él quiso, ¿para qué hace falta que Cristo muriera? La otra “sabia” frase dice así:“Si no se tiene en cuenta nuestro albedrío, ¿por qué se llama a todo el que quiera y dice la Biblia que Dios es paciente, esperando que todos se arrepientan? Bueno, responderemos con la Palabra de Dios a estas objeciones a las enseñanzas divinas. 

       Con respecto a la primera, hemos de decir que, efectivamente, Dios ha predestinado para salvación a los que Él, como Dios Soberano, quiso y todo esto lo hizo, como dice por doquier toda la Escritura, “Desde antes de la fundación del mundo” (Efesios 1:3-4; 2ª Tesalonicenses 2:3-4). Y, por encima de todo, sin la colaboración del hombre, sino “Habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad” (Efesios 1:11). ¡¡Gracias, Señor, por ello!!, decimos los que hemos sido agraciados con esta bondad de Dios. Pero, aclaramos: los que hemos sido predestinados por Dios a la salvación, no éramos ángeles impecables, sino viles pecadores, rebeldes y muertos espiritualmente como los demás. Es Palabra de Dios: Efesios 2:1-3. ¡¡Esta carta a los Efesios -dicen los hijos del error- no debería estar incluida en el Canon!! Gracias a Dios que está, y en ella aprendemos todas estas cosas. Y, precisamente por eso, porque como pecadores no podíamos entrar a la salvación, a los que el Padre eligió, Cristo los limpió con su muerte. Es su parte en el Pacto de la Redención: limpiar de sus pecados a los que el Padre, en su parte en el Pacto, eligió para salvación. Y la Escritura deja claro, y bien claro, que su parte Cristo la hizo perfectamente, pues dice que “voluntariamente dio su vida por las ovejas, y que a éstas las dejó, de sus pecados, perfectas para siempre” (Juan 10:15-18; Hebreos 10:14). De modo que, si Cristo no hubiera venido a buscar a sus ovejas y a dar su vida por ellas, nadie sería salvo, incluidos también aquellos a los el Padre eligió. Pero, en Pacto de la Redención, hecho por el Dios trino, todo estaba muy bien estudiado y todo muy bien atado. Por eso, también, viendo Dios que los elegidos suyos estaban muertos en delitos y pecados, porque eran enemigos suyos y no querían que Él reinara en sus vidas, su Espíritu Santo toma parte en el Pacto. Y hace nacer de nuevo a los muertos espirituales, y les da arrepentimiento y fe, para que voluntariamente corran al Cristo Salvador y hallen descanso en Él para sus almas (Juan 3:3,8; Efesios 2:1; 5-6, 8-9; Hechos 11:18; 1ª Pedro 1:2). Queda claro, pues, que fuimos elegidos para salvación, siendo imprescindible que Cristo diera su Vida por sus ovejas, para limpiarlas y hacerlas aptas para esa salvación. 

       Y con respecto al punto segundo, sobre el albedrío, es necesario aclarar que si el hombre llegara a entender que todo lo que hace Dios para salvación está vinculado solamente con sus escogidos, podría ver claro todo lo que ahora no es capaz ni siquiera de vislumbrar. “Dios llama a todos, y al llamar se evidencia el libre albedrío del hombre”. Falso. Es verdad que Dios llama a todos, pero esta Llamada Eficaz es solamente para los elegidos y predestinados. Veámoslo: Si leemos en Romanos 8:29-30 veremos ahí un plan completo de salvación de eternidad a eternidad. Predestinados, llamados, justificados y glorificados. Así está el creyente ante Dios, por lo que su salvación es segura, como dice Pablo en los versículos 31 al 39. Pero veamos que los llamados son solamente todos los que antes fueron elegidos: “Y a los que predestinó, a éstos también llamó” (vers. 30). De modo que cuando Dios llama a la salvación, se refiere a todos los que están cansados, sedientos, los que lo desean, porque sabiendo que el hombre es enemigo de Dios y no quiere ir a Él, está claro que estos cansados, abrumados, sedientos, etc., son los elegidos a quienes Dios les ha dado cansancio, sed, deseo de ir a Él. El siguiente texto explica y aclara todo esto: “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no lo trajere” (Juan 6:44). Las ovejas del Señor ansían la venida del Buen Pastor. Y hablan de ella.. Los muertos espirituales se ríen. El Señor, con su Palabra, responde así a la Iglesia, a los creyentes: “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros (los elegidos), no queriendo que ninguno perezca (cosa que ocurriría si el Señor hubiera venido antes que yo naciera y creyera), sino que todos (sino que no vendrá hasta que haya nacido el último de los elegidos y haya creído) procedan al arrepentimiento” (2ª Pedro 3:9).

       Para acabar, es verdad que Dios, cuando creó al hombre lo hizo a su imagen y semejanza. Y tan perfecto lo hizo que lo dotó de albedrío, siendo sólo entonces libre albedrío, mediante el cual él podía elegir, libremente, estar sujeto a su Creador o no. Y la mente incircuncisa, porque no ha nacido de nuevo, ignora la Palabra de Dios y se olvida que el hombre cayó, sí, cayó. ¡Murió espiritualmente y se hizo enemigo de Dios! Y, desde entonces, cada hombre es un ser muerto en espíritu. Toda su persona, también su albedrío, es esclava del pecado y no quiere ir a Jesús para ser salvo (Juan 5:40). No quiere que Jesucristo reine en su vida; no le quiere por Señor ni Rey (Lucas 19:14; Juan 19:14-16). Por eso, la Biblia dice que si alguien va a Cristo, es porque el Padre lo ha llevado (Juan 6:44). Y cuando se predica el Evangelio y se llama a los pecadores a la salvación, el hombre siempre tiene una excusa para no obedecer (Lucas 14:15-24), y resiste al Espíritu Santo (Hechos 7:51), rechazando la salvación y a Cristo. Solamente creen los elegidos, porque para eso fueron ordenados desde antes de la fundación del mundo (Hechos 13:44-51). El hombre es un esclavo del pecado y, por eso, su albedrío no es libre y lo utiliza siempre para el mal, y para huir de Cristo y de su salvación.

                                                                                      José Candeas

                                                                                                                   Revista “JEZREEL”

 

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"Los que buscan la ruina de los escogidos de Dios solo preparan su propia ruina" (Salmo 62:3)

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"Los grandes méritos no protegen a los hombres de las mayores humillaciones y afrentas en este ingrato mundo"                                                          (Éxodo 32:1)

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"No sabemos lo que pedimos cuando pedimos la gloria de llevar la corona, y no pedimos la gracia para llevar la cruz en nuestro camino a ella "

                                           (Mateo 20:22)

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"Cristo murió para pagar nuestra deuda, y resucitó para obtener nuestra carta de pago".

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"El honor es como la sombra, que huye de aquellos que la persiguen y la agarran, pero sigue a los que huyen de ella" (Mateo 23:12)

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"Cuando están en el púlpito, predican tan bien que es una pena que salgan; pero, cuando están fuera del púlpito, viven tan mal que es una pena que entren de nuevo" (Mateo 23:3)

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"La aplicación es la vida de la predica-ción" (Mateo 21:42-43)

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"Nunca hemos de ser ahuyentados de nuestro deber por la malicia de nuestros enemigos, o por la falta de amabilidad de nuestros amigos" (Mateo 21:18) 

    (Recopiladas por Demetrio Cánovas)

     EL CAMBIO NO VIENE DEL HOMBRE

"Algunas personas  hacen de la buena vecindad una especie de religión.. Creen que si ponen el vino nuevo de la buena vecindad en el viejo odre todo irá bien para sus almas al final.

Considerad la necesidad de esto. Una persona no es cambiada, simplemente, por añadir a su vida ciertos buenos hechos, pero cuando haya hecho estas adiciones y sustracciones, ¿qué será? Será el mismo hombre viejo.

¿Por qué es así? Y ¿por qué se equivocan de este modo los hombres? Parece que es porque no comprenden la naturaleza del problema humano. Se cree comúnmente que los hombres están bajo la condena-ción de Dios a causa de sus pecados. Si un hombre miente, estafa, roba, blasfema el nombre de Dios, profana el día del Señor, pero llega a quitar estos pecados de su vida, tendrá la salvación de su alma. Pero el hombre no está bajo la condenación de Dios principalmente a causa de sus pecadosNo os sorprendáis: Lo está porque es pecador por naturaleza. Esto es, porque tiene una naturaleza separada de Dios, corrompida, depravada, y está en mala relación con Dios. Pablo lo explicó de esta manera: "Somos por naturaleza --dijo--hijos de ira". No venimos  a ser hijos de ira porque pecamos, sino que pecamos porque somos hijos de ira."   

(Tomado de "Dios no está muerto" ,

de Gordon H. Girod,)