ECUMENISMO, EL VIEJO TRUCO.

  

(UN ARMA SIEMPRE ACTUAL EN LAS MANOS DEL ENGAÑADOR)

 

¿Qué es ecumenismo? Desde el punto de vista estrictamente literario se podría definir como “Movimiento que promueve la unidad entre todas las iglesias cristianas”. La primera impresión del desprevenidoes asumir esta idea de “unidad” como algo positivo, como algo deseable, aprobado y anhelado por Jesucristo. Pero ¿Es así?

 

Unirse en yugo desigual.

 

Pablo, el apóstol, escribió en sus segunda carta a los Corintios: “ No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el

templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos. Y seré su Dios. Y ellos serán mi pueblo. Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo. Y yo os recibiré” (2ª Corintios 6:14-17). 

 

Me pregunto ¿A todo aquel que se autodenomina “cristiano” debe considerársele un hermano? La Biblia nos advierte reiteradamente, que los últimos tiempos serán de relajamiento de la doctrina, de aparición de falsos maestros, de falsos “cristos”, de comerciantes de la fe, de gente que corre y se aglomera en busca de lo que es agradable a sus oídos,etc. Todo esto resumido en su una sola palabra: Apostasía.

Ecumenismo, pues, sabiendo que esto significa la comunión indiscriminada con cualquier grupo que se autodenomine cristiano, incluyendo, y especialmente al catolicismo romano, es concordar con Belial.

¿O acaso el romanismo ha renegado de sus prácticas idólatras o de su falsa marianista? Por nombrar solo algunos de los aspectos más anticristianos de esta bien llamada religión y falsamente llamada cristiana.

 

Un poco de historia.

 

¿A alguien le queda alguna idea del origen del romanismo? El creyente menos ilustrado de la Iglesia sabe que la iglesia romana surgió del perfecto sincretismo politico religioso propugnado por el emperador Constantino, por cuya instancia se fusionó el desviado cristianismo de aquellos tiempos, al que se adhirió con el más puro paganismo. Solo se debió cambiar los nombres de las deidades paganas por designaciones cristianas, conservando la forma, el liderazgo, la liturgia y hasta las fechas conmemorativas impías. Esto ocurrió en el año 313 d.C. En ese año, el entonces emperador Constantino, mediante lo que se conoce como “Edicto de Milán”, ordenó que el “cristianismo” fuera reconocido como “religión” pasando a ser el puntal ideológico del Imperio. Sus sucesores, terminarían de dar forma al proyecto que hoy conocemos como la Iglesia Católica.

El culto a las imágenes, la adoración a la deidad femenina, el celibato de los sacerdotes, la estructura monástica, los atuendos y el poder de éstos, entre otras cosas, constituyen la herencia directa del paganismo antiguo. En resúmen, una obra maestra de Satanás, que logró mediante este ardid fusionar paganismo antiguo con nominación cristiana.

 

Balaam, en lugar de ubicarse en el lugar que Dios le había ordenado, continuó dialogando y coqueteando con la gente de  Balac el moabita. La historia sigue y es conocido el momento en que Balaames amonestado por Dios a través de la boca de una burra (Números 22).  Es que a Balaam le gustaba coquetearen la corte de Balac, le gustaba hacerse notar y por qué no compartir. Es más,  apreciaba los favores de esta posición de acercamiento. Me imagino que Balaam habría dado claras muestras de complacencia hacia las prácticas de los moabitas.  En otras palabras, los toleraba ¿De qué otra manera se hubieran atrevido a solicitarle que maldigese a su propio pueblo? Dice la Biblia que Balam amó el premio de la maldad. ¿Y que otro premio amaría que el que no sea la adulación, la posición y el dinero? ¿No es acaso la misma motivación que impulsa a muchísimos líderes de un cristianismo solapadamente tergiversado, de esos que pululan alternando iglesias y grandes auditorios, vendiéndose a sí mismos tras la estampa de Jesucristo (como algunos famosos cantantes o "salmistas" que dicen experimentar "otro camino"? ¿ Qué problema tendrían en conciliar con Roma, si de alguna manera "venden" lo mismo?. Creo que el acercamiento de los evangélicos al romanismo no es otra cosa que "coquetear con Balac".

 

 

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      LA VERDADERA UNIDAD EXISTE

"...solícitos en guardar la UNIDAD DEL ESPÍRITU en el vínculo de la paz" (Efesios 4:3)

 

La verdadera unidad existe. La cuestión

es: ¿Quién puede producir esa unidad? Y la respuesta es que sólo el Espíritu Santo puede producir tal unidad. Eso fue lo que ocurrió en Pentecostés. Como resultado del bautismo con el Espíritu Santo, no solo predicaron aquellos cristianos primitivos codo con codo un mismo mensaje de salvación, sino que además "se añadieron aquel día como tres mil almas" (Hechos 2:41). Y podemos asegurar que  aquellas almas eran verdaderas "piedras vivas" y no meros elementos decorativos en una estructura vacía. En otras palabras, para alcanzar la meta de la unidad entre cristianos . . . es imprescindible la vigorosa acción del Espíritu Santo produciendo un verdadero temor de Dios y un intenso anhelo por su gloria. Un mero sentimiento intelectual a una determinada ortodoxia no es suficiente. Ya tenemos demasiado cadáveres eclesiásticos constituidos por ese material, demasiados valles de huesos secos. Solo el soplo del Espíritu puede formar un cuerpo vivo y vitalizador.

 

Querido hermano, si anhelas ver al pueblo de Dios unido alrededor de un proyecto, una visión o una causa común, no te dejes engañar por el espejismo de Babel ni te conformes con la bendición de Adulam. Elévate a Pentecostés, busca que el Espíritu sople sobre los huesos secos, que su fuego consuma toda la escoria de nuestros apaños, maniobras y estrategias. Imbúyete del espíritu del Maestro, quien dijo: "No recibo gloria de los hombres" (Juan 5:41), y de su siervo Pablo, quien dejó claro que no buscaba "gloria de los hombres, ni de vosotros ni de otros" (1ª Tesalonicenses 2:6).    (D. C. M.)

El Evangelio de la gracia soberana de Dios  (Carlos Haddon Spurgeon)

 

Habiéndose  observado, con evidente preocupación, cuán grande es el rechazo generalizado de muchos hacia la doctrina de la gracia soberana de Dios, incluimos estas breves líneas del reconocido siervo de Dios  C.H.Spurgeon sobre tan transcen-dente  tema:

"Si algo es aborrecido enconadamente es el verdadero Evangelio de la gracia de Dios, especialmente si esa odiosa palabra "soberanía" se menciona al mismo tiempo. Atrévanse a decir: "Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compa-dezca" (Romanos 9:15), y habrá furiosos críticos que les insultarán descomedida-mente. El religioso moderno no sólo aborrece la doctrina de la gracia soberana, sino que despotrica y se enfurece con su sola mención. Preferiría que blasfemára-mos antes que predicáramos la elección por el Padre, la expiación por el Hijo o la regeneración por el Espíritu. Si quieren ver a alguien excitado hasta que lo satánico prevalezca claramente, dejen que algunos de los nuevos teólogos les oigan predicar un sermón sobre la libre gracia.

 

Un evangelio que sea según los hombres será bienvenido por los hombres, pero hace falta una operación divina en el corazón y la mente para que alguien esté dispuesto a recibir en lo más profundo de su alma este inaceptable Evangelio de Dios. 

Mis queridos hermanos, no traten de hacerlo agradable a las mentes carnales. No oculten el tropiezo de la cruz, no sea que la hagan vana. Los ángulos y las esquinas del Evangelio son su fuerza: recortarlos significa quitarles su poder.

La moderación no es el aumento de la fuerza sino su muerte. ¡Claro!, habrán notado que aun entre las sectas sus puntos distintivos son los cuernos de su poder; y cuando éstos quedan prácticamente omitidos, la secta decae. Aprendan, pues, que si quitan a Cristo del cristianismo, el cristianismo está muerto. Si quitan la gracia del Evangelio, el Evangelio desaparece. Si a la gente no le gusta la doctrina de la gracia, denle tanto más de la  misma".            (C. H. S./1890)