Es una muestra de decadencia

       Si observa lo que ocurre hoy en algunas iglesias que fueran tradicionalmente bíblicas, notará que el servicio generalmente lo dirige una mujer, varias de ellas o los jóvenes. Uno tiene la impresión que el pastor así lo quiere, pero no siempre es el caso. Lo que ocurre es que en varias iglesias “el líder” es la propia esposa del pastor. Es probable que cuando esté en su casa, el pastor reciba órdenes claras de su esposa de cuál debe ser su deber y que no se le ocurra siquiera resistir “... a la libertad de espíritu”. Ya he visto ese cuadro en varias iglesias, en México, Chile, Argentina, Paraguay y en Estados Unidos. Pero, ¿por qué el pastor no ocupa su lugar? ¡Por qué ya Dios está mostrando sus juicios! ¡El tiempo en que se hacían bien las cosas ya es historia! Permítame presentarle un interesante paralelo en el Antiguo Testamento. Dios dice por medio del profeta: “Los opresores de mi pueblo son muchachos, y mujeres se enseñorean de él...” (Isaías 3:12a)“¡Ay de ti, tierra, cuando tu rey es muchacho, y tus príncipes banquetean de mañana!” (Eclesiastés 10:16). Dios nos dice: “Y les pondré jóvenes por príncipes...”, lo cual implica que no fueron los jóvenes quienes lo buscaron, sino que fue voluntad Divina. Por años la iglesia ha dejado de cumplir con la misión evangelizadora. Se ha dormido hasta el punto que Dios dejó de llamar al ministerio sagrado a hombres moldeados por él, permitiendo que jóvenes sin experiencia alguna, guitarra en mano y con tremendos amplificadores, tomaran las riendas en sus manos y metieran al mundo dentro de los templos consagrados al Señor. Las mujeres por otra parte, primero se enseñorearon en los hogares por la indiferencia de los hombres y luego hicieron alianza con los jóvenes para implantar un nuevo orden de cosas, ofreciendo sus “alabanzas” con “fuego extraño”, a no dudar a dioses también extraños.

 

       Notamos que en Su Palabra, Dios siempre se presenta como “el Dios de Abraham, de Isaac y Jacob. No dice que “es Dios de Sara, de Rebeca y Raquel”. El orden de Dios es que la responsabilidad total de la familia esté a cargo del varón. Dios suple las necesidades materiales y espirituales de la familia, a través del padre y esposo. Tristemente los papeles han cambiado, porque el hombre se ha negado a desempeñar su papel. En lugar de representar a Dios ante su esposa e hijos, es una miserable mascarita dominical, exhibiendo el esqueleto de un padre y esposo pródigo mientras se pasa la vida hurgando en los basureros del deporte, la vida cómoda, la apatía hacia el estudio de la Biblia y la ambición de grandeza, poder y riqueza.

 

       Isaías nos dice: “Sus atalayas son ciegos, todos ellos ignorantes; todos ellos perros mudos, no pueden ladrar; soñolientos, echados aman el dormir. Y esos perros comilones son insaciables; y los pastores mismos no saben entender, todos ellos siguen sus propios caminos, cada uno busca su propio provecho, cada uno por su lado” (Isaías 56:10,11). Pareciera que Isaías estuviera hablando de nuestros pastores. De las consecuencias que ha generado tanto descuido, tanto abandono, soberbia e indulgencia. Haga la prueba en su propia iglesia. Comience a abrir las Escrituras ante jóvenes y mayores, exponga sin temor las verdades bíblicas, denuncie el pecado, hable del juicio venidero, de la santidad y de la pureza y notará como el fuego comenzará a arder en el púlpito. Entonces, tal como dijera Carlos H. Spurgeon, “Encienda la llama en su púlpito y los hombres correrán a ver el incendio”, pero yo agrego: ¡Cuidado con el fuego extraño! No confunda las aberraciones de la carnalidad, con el poder de Dios.

 

      Todo esto de las “mujeres pastoras” junto con el resto del paquete de apostasía que corresponde a los tiempos finales, es en realidad un desprecio claro a la santidad del pastorado, a la singularidad de los deberes pastorales, y un rechazo a lo establecido por Dios respecto al funcionamiento de Su iglesia. Mientras muchas hermanas andan con chismes, boicoteando las actividades de las pocas que trabajan y esparciendo chismes, Satanás está de fiesta al entretenerlas con pecados “siempre frescos”, “Que si tal hermana me dijo... Que si la otra no me dijo... Que no me saludó.. Que me ignora... Que parece que todo lo que hago siempre está mal... Que desprecian a mis hijos... Que me marginan”, etc. Por otra parte, ¿qué hacen las hermanas cuando se reúnen? No es necesario ser adivino para saberlo: Hablan de enfermedades, de otras damas, de la que no está casada y espera un bebé, de aquella otra que parece que anda con fulano, del peinado, de las cremas, de la buena ropa que se consigue a bajo precio en tal lugar,del programa telebasura, etc. Claro está, algunas de estas cosas no son malas, pero si esto es todo lo que tienen las damas en sus reuniones, entonces ya han perdido el camino y el motivo de sus reuniones.

 

       Cuando nos alejamos de la Escritura e ignoramos lo que dice tan claramente sobre el pastorado, es entonces cuando comenzamos a invocar absurdos para formar un ejército de pastoras en una nueva modalidad, alegando que “Los tiempos han cambiado y que debemos colocar la iglesia a la altura de nuestro siglo de igualdades”. Es cierto que en la Biblia leemos sobre mujeres que desempeñaron cargos que generalmente correspondían al varón y que la Escritura no oculta estas excepciones, pero allí no se encuentra un solo caso de una mujer que desempeñara el cargo de pastora. La palabra “pastora” sólo está mencionada una vez en la Biblia y sobre esto dice: “Mientras él (Jacob) aún hablaba con ellos, Raquel vino con el rebaño de su padre, porque ella era la pastora” (Génesis 29:9). Aquí la palabra “rebaño” no significa gente, sino ovejas. Lo que el versículo dice literalmente es que Raquel era pastora porque cuidaba ovejas que eran propiedad de su padre Labán.

 

Extracto del artículo aparecido en:

 

      http://www.radioiglesia.com/index.php?option=com_content&task=view&id=180&Itemid=102

 

 

 

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"Queridos hermanos, estudiad la Biblia a fondo, con todas las ayudas que podáis obtener. Recordad que los medios que ahora están al alcance de los cristianos ordinarios son mucho más extensos que en tiempos de nuestros padres, y por lo tanto es preciso que seáis eruditos bíblicos si pretendéis enfrentaros debidamente a vuestros oyentes. Familiarizaos con toda clase de conocimientos; pero sobre todo, meditad día y noche en la ley de Jehová.

 

Sed bien instruidos en teología, y no hagáis caso del desprecio de los que se burlan de ella porque la ignoran. Muchos predicadores no son teólogos, y de ello proceden los errores que cometen. En nada puede perjudicar al más dinámico evangelista el ser también un teólogo sano, y a menudo puede ser el medio que le salve de cometer enormes disparates.

Hoy día oímos a los hombres arrancar, de su contexto, una frase aislada de la Biblia y clamar: "¡Eureka! ¡Eureka!" como si hubieran hallado una nueva verdad; y, sin embargo, no han descubierto un diamante, sino tan sólo un pedazo de vidrio roto. Si hubiesen podido comparar lo espiritual con lo espiritual, si hubiesen entendido la analogía de la fe, y si hubiesen estado familiarizados con la erudición santa  de los grandes estudiantes de la Biblia de épocas pasadas, no se habrían apresurado tanto en jactarse de sus maravillosos conocimientos. Estudiemos las grandes doctrinas de la Palabra de Dios, y seamos poderosos en la exposición de las Escrituras."  C arlos H. SPURGEON, "Un ministerio ideal")