¿Es la obra de Cristo personal, única, perfecta y completa, o es compartida en colaboración con María, su madre, como dice la religión católico-romana?

 

      Siempre, a través de todos los tiempos, han existido movimientos acalorados y fanáticos a favor y en defensa de una posible colaboración de María, la madre de Jesús, en la obra de la redención del hombre caído. Distintos concilios, con sus dogmas y decretos dados malignamente a luz, así lo acreditan durante toda la historia de la apóstata iglesia católica romana. Ya en el año 381, en el Concilio de Efeso, se declaró como dogma de fe el culto a María. Más adelante, en el año 431, en otro concilio celebrado en el mismo lugar, se declaró a María como madre de Dios (Theotócos, de theos: Dios y tocos: madre). Después de todo esto, vino una larga serie de herejías con relación a María, no estando ninguna de ellas sustentada en la Palabra de Dios. La última aberración, la encontramos en el año 1.950, cuando Roma oficializa el dogma de la Asunción de María a los cielos (igualándola a la Ascensión del Señor).

 

      Por todo ello, proclamamos que la verdadera Iglesia de Jesucristo debe ser firme y valiente en declarar que cualquiera, sea persona o entidad religiosa, que considere a María coparticipe de la obra única, perfecta y personal efectuada por Cristo en relación a la salvación del hombre, está yendo contra el mismo Dios; pecando de blasfemia y herejía contra Él y su bendita Palabra y quitando la gloria a Jesucristo, quien vino “...para dar su vida en rescate de muchos” (Marcos 10:45). Nadie, absolutamente nadie, puede disputar a Cristo este privilegio y honra: Sólo él es el dador de la vida (Juan 5:21; 11:25).

 

      Veamos a continuación tres puntos fundamentales que iluminarán nuestras dudas doctrinas sobre un tema tan importante como es la autoría de la redención de nuestras almas, así como también el oficio mediador sumosacerdotal ante el Padre:

 

1) Blasfema cualquiera que crea que María es co-redentora.

 

      El hombre no debe acudir a fuentes externas y espúreas, manantiales del error y la mentira, como Concilios, Encíclicas, Decretos, Tradición de la iglesia, etc., sino a la bendita e inerrable Palabra de Dios. Ella misma nos declara: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (2ª Timoteo 3:16). Precisamente, en esta infalible revelación, encontramos a la propia María confesando públicamente su incapacidad salvadora: “Engrandece mi alma al Señor; y mi espíritu se regocija en Dios MI SALVADOR; porque ha mirado la bajeza de su sierva” (Lucas 1:47-48). Al propio José, esposo de María, el ángel de Dios le reveló en sueños: “Y dará(se refiere a María”) a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús, PORQUE ÉL SALVARÁ a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21). El ángel no incluyó en este trascendente anuncio a María ni a nadie más: Sólo al Cordero de Dios. Tampoco excluyó a María como parte de "su pueblo" en pecados.

 

a) Él dio su vida en rescate por muchos (Mateo 20:28).

b) Él se ofreció a sí mismo una vez para siempre (Hebreos 7:27).

c) Él obtuvo, con su sangre, eterna redención (Ef. l:7; Heb. 9:12).

d) Él nos redimió de la maldición de la ley (Gálatas 3:13. 5:1).

e) Él, con una sola ofrenda, hizo perfectos para siempre a los santificados (Hebreos 10:12,14).

f) Él cargó con todos nuestros pecados, clavándolos en la cruz (Isaías 53:5-6; Colosenses 2:13-14; 1ª Pedro 2:24).

g) Él nos reconcilió con Dios por medio de su muerte redentora (2ª Corintios 5:18; Colosenses 1:19-22).                                                      

 

      Algunos textos bíblicos que apoyan la obra única y completa de Cristo como Redentor:

Lucas 1:67-68. Aquí encontramos a Zacarías, sacerdote y padre del Bautista, profetizando, lleno del Espíritu Santo, sobre Jesús antes de nacer: "Bendito el  Señor Dios de Israel, que ha visitado y redimido a su  pueblo, Y NOS LEVANTÓ UN PODEROSO SALVADOR".

Lucas 2:11. Un ángel del Señor se presentó a los pastores cerca de Belén, y les dio nuevas de gran gozo: "...os ha nacido hoy, en la ciudad de David, UN SALVADOR QUE ES CRISTO EL SEÑOR". Ninguno de estos determinantes textos menciona a María en el papel, no dado por Dios a ningún hombre o mujer bajo el pecado original, de redentor o redentora de los hombres caídos. Él es el único que puede ayudar al pecador. Solo Cristo es puro, perfecto y sin mancha. Solo él no conoció pecado (2ª Corintios 5:21; Hebreos 4:15). No se puede decir lo mismo de María, la madre de Jesús: Ella misma confiesa humildemente delante de Dios su condición (Lucas 1:46-48).

 

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"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia" (2ª Timoteo 3:16)

   Solo la Fe

  Solo la Gracia

  Solo Cristo

  Solo la Escritura

  Solo a Dios gloria 

                     La letra y el espíritu 

La misión del predicador no consiste en hacer una recopilación apresurada de textos (ya sea con la Thompson o sin "Thomp ni son"), sino en ahondar en el significado profundo de la Palabra, amplificar su contenido y aplicarlo todo a la mente, el corazón y la conciencia de los oyentes. Porque la clave de la predicación no radica en la letra (por muy profusa que esta sea), sino en el espíritu que acompaña la letra. Por eso se dice de Esteban (el protomártir cristiano): "No podían resistir a la sabiduría ni al Espíritu con que hablaba" (Hechos 6:10), donde quizá "espíritu" debería ir con minúscula, como en la versión inglesa del Rey Jacobo. "Porque --como dijo Pablo--el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder" (1ª Corintios 4:2O). Pero el Reino de Dios es muy costoso

 

Querido hermano, alguien ha dicho que "las palabras son baratas hoy día", quizá más baratas que nunca. Pero el Reino de Dios es muy costoso.  Requirió la vida del Hijo de Dios y ahora requiere el poder del Espíritu Santo. Esforcémonos, pues, porque nuestra "letra" sea plenamente bíblica y nuestro "espíritu" esté controlado por el Espíritu Santo. Y que ambos vayan juntos.       (Demetrio Cánovas)     

           La santificación            

 ¿Qué es lo que quiere decir la Biblia cuando habla de una persona santificada? Para contestar a esta pregunta diremos que la santificación es aquella obra espiritual interna que el Señor Jesús obra a través del Espíritu Santo en aquel que ha sido llamado a ser un verdadero creyente. El Señor Jesús no sólo le lava de sus pecados con su sangre, sino que también lo separa de su amor natural al pecado y al mundo, y pone un nuevo principio en su corazón, que le hace apto para el desarrollo de una vida piadosa. Para efectuar esta obra el Espíritu se sirve, generalmente, de la Palabra de Dios, aunque algunas veces usa de las aflicciones y las visitaciones providen-ciales "sin la Palabra" (1ª Pedro 3:1). La persona que experimenta esta acción de Cristo a través de su Espíritu, es una persona "santificada".                                                                               (Juan Carlos RYLE)