EL MECANISMO ASOMBROSo DE

 

LA VISTA

 

Entended, necios del pueblo; y vosotros, fatuos, ¿cuándo seréis sabios? El que hizo el oído, ¿no oirá? ¿EL QUE FORMÓ EL OJO, ¿NO VERÁ? (Salmos 94:8-9)

 

     Una revista  de mucho prestigio internacional, contenía una condensación de un artículo sobre el ojo humano. Su autor, Sir Charles Scott Sherrington, Premio Nobel de Medicina 1932, fue presidente de The Royal Society y de The British Association for the Advancement o Science. De este artículo entresacamos lo siguiente:

 

     "¿Cómo se transforma en un niño, en unas cuantas semanas, un grupo de células del tamaño de una cabeza de alfiler? Limitémonos a considerar como se forma una sola parte del cuerpo: el ojo.

Antes de entrar a constituir el ojo humano, la muchedumbre de células que lo componen ha ejecutado correctamente una múltiple danza en que participan millones de bailarines y hay centenares de de variados pasos. Describir lo complejo y preciso de este proceso sería empeño superior a mi fantasía. Sugiere la idea de un propósito deliberado, no sólo de cada célula sino también de cada colonia de células.

 

     El globo ocular es una cámara fotográfica diminuta. Su pequeñez es parte de su perfección. Pero es una cámara esferoide que se enfoca automáticamente de acuerdo con la distancia a que esté el objeto. Gira sobre sí misma para colocarse en la dirección que convenga.  A la verdad, son dos cámaras ajustadas de modo exactamente igual; así que el cerebro puede ver las dos imágenes como una sola. Y al diseñarlas parece ver atendido a la necesidad de resguardarlas. En caso de peligro, sus cortinillas de piel se cierran y defienden la transparente ventana.

 

Los materiales que pediría el encargado de fabricar una cámara fotográfica serían madera, metal y cristal (en ese tiempo). No sabría como arreglárselas si le dijeran que en vez de ellos debía emplear albúmina, sal y agua. Ahora bien: éstos son los materiales que utiliza el embrión, minúsculo núcleo de células cuyo tamaño no alcanza a ser una diezmillonésima parte del globo ocular. 

 

El lente biconvexo, o cristalino, está formado por células iguales a las de la piel, aunque modificadas para que tengan transferencia de cristal. Se halla centrado con exquisita exactitud en la trayectoria de los rayos luminosos que meses después penetrarán en el ojo. Son preparativos hechos en la oscuridad para cuando llegue la luz. Delante del cristalino hay una pantalla circular, el iris, que regula la cantidad de luz, como el diafragma de la cámara fotográfica. La pantalla es graduable, de modo que cuando la luz es escasa, deja pasar un haz mayor para formar la imagen. En la cámara fotográfica, el observador gradúa la entrada de luz. En el ojo, la acomodación es automática (actualmente las cámaras lo hacen así) y lo lleva a cabo la imagen misma.

     Además, el cristalino hace lo que ningún lente de cristal puede hacer: cambia la curvatura según que haya de enfocar objetos distantes o cercanos, como sucede, por ejemplo, cuando leemos. Y no sólo el cristalino sino también la pupila -diafragma de la cámara- es de acomodación automática. Y todo esto se efectúa sin intervención de nuestra voluntad, sin que sepamos siquiera lo que está pasando, fuera de darnos cuenta de que estamos viendo sin dificultad.

 

     La estructura fundamental del ojo es la pantalla sensible a la luz. Día a día durante toda la vida, recibe, capta y registra una cinematográfica sucesión de imágenes, sin necesidad de mudar “placas”. A cada una de sus cambiantes exposiciones, la pantalla da inmediato aviso al cerebro.

En el fondo de la cúpula retinal se halla la capa fotosensible, que corresponde a la película sensible de las cámaras fotográficas. Los filamentos nerviosos que comunican la capa fotosensible con el cerebro no son cosa sencilla. El ojo humano tiene 137 millones de elementos “visorios” esparcidos en la retina. Las fibras nerviosas que comunican cada uno de estos elementos y el cerebro se van agrupando hasta quedar reducidas a algo más de un millón. Se hallan dispuestas en series de reveladores semejantes a cerebros en pequeño, y conformados y conectados de manera que transmitan debidamente a los precisos lugares del cerebro cada imagen luminosa momentánea formada y “tomada”.

 

      Hasta ahora no hemos aludido siquiera a lo más maravilloso de todo. Durante la vigilia, el ojo envía a la intrincada espesura de células y fibras del cerebro un constante y rítmico flujo de mínimos potenciales eléctricos, individualmente fugaces. Y esta tormenta eléctrica afecta toda una serie de células del cerebro.

Las cargas eléctricas no llevan en sí mismas ni los más tenues elementos de la visión; nada hay en ellas de “distancia”, ni de “vertical”, ni de “horizontal”; ni tampoco de “color”, de “luces”, “sombras”, “contornos”, “cercanía” o “lejanía”: nada, en suma, relacionado con la vista; y no obstante, son ellas las que suscitan todo eso. Una lluvia de pequeñísimas descargas eléctricas suscita en mí, cuando miro, la visión de un paisaje, o del castillo que corona una cumbre, o del rostro de un amigo, y me dice a qué distancia se hallan de mí.

 

     ¿Cómo explicarnos la formación y la estructura del globo ocular, y el ordenamiento de los nervios que establecen comunicación entre este globo y los puntos precisos del cerebro? Ni ¿cómo explicarnos no ya el ojo mismo sino la capacidad de “ver” del cerebro? Es la maravilla de las maravillas. Maravilla continua, repetida hasta el cansancio. Tan repetida, que ni siquiera reparamos en ella".

En verdad, todo lo creado está lleno de maravillas. ¡CUÁN SAPIENTÍSIMO ES NUESTRO DIOS! A la vista del asombroso mecanismo del ojo ¿puede tenerse alguna duda acerca de su creador? Bienaventurado el creyente que da a Dios toda la gloria y ama su Santa Palabra, verdadera fuente de revelación eterna.

                                               "¡Oh Jehová, Señor nuestro,

                                               cuán glorioso es tu nombre

                                               en toda la tierra!"  (Salmo 8:1)

 

                                                                    Tomado de “El cristiano español” (1953)

 

 

IGLESIA EVANGÉLICA EL

ALFARERO.COM

Avda. Blas Infante, núm. 37

Jerez de la Frontera (Cádiz)

Móvil: 669 018 797

"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia" (2ª Timoteo 3:16)

   Solo la Fe

  Solo la Gracia

  Solo Cristo

  Solo la Escritura

  Solo a Dios gloria 

ANUNCIANDO EL MENSAJE AL MUNDO  

Los apóstoles y primeros  cristianos, siendo impactados por la Persona de Jesucristo, impregnados por su mensaje, aprehendidos de su ejemplo, y revestidos de su enseñanzas . . .sí tuvieron algo que decir al mundo de aquella época: "Iban por todas partes anunciando el evangelio" (Hch.8:4). El mensaje de Cristo fue creído y vivido como una experiencia de fe auténtica y , como resultado, anunciado a los demás.

El mismo apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, hace una reflexión clara a los creyentes: "Porque todo el que invocare el nombre del Señor Jesucristo, será salvo. ¿Cómo invocarán a aquel  en el cual no han creído?¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? (Ro. 10:13-14).

Según el texto, la predicación conlleva tres grandes vías, las cuales dirigen a la salvación de la persona que recibe el mensaje: El "escuchar", el "creer", y el "invocar" al Señor Jesús, sobre la base de su obra en la Cruz. Pero, para que se origine este proceso, tiene que haber alguien que les presente el mensaje: "Hablar" es uno de los medios que utilizamos para transmitir un mensaje, por lo que, si los cristianos permanecemos en silencio, entonces: "¿Cómo oirán sin haber quien les predique?".

Es por esto, principalmente, por lo que es preciso resaltar y subrayar la importancia del kerigma: La "gran necesidad" que hay de proclamar al mundo  quiénes somos los cristianos y qué es lo que creemos; denunciar --con amor--el pecado de los hombres; anunciar --con valor---el arrepentimiento, y presentar --con justicia--la salvación a los perdidos". 

(J. M. RECUERO, "Llamados a evangelizar")

  El beneficio del don de entendimiento 

"Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras" (Lucas 24:45)

"Todos los días leemos las Escrituras. Pasajes que conocemos de antiguo, lecturas cargadas de historia, frases que quizás resbalaron de puro sabidas;  de vez en cuando la caricia de un recuerdo atesorado en una cita oculta, el ritmo suavizante  de cadencias queridas con años de amistad, y siempre la lectura tranquila de páginas de fe. Y de repente, cuando menos se espera en el rito diario, se abre un texto antiguo ante ojos atónitos, se hace luz, se vislumbra el cielo, se contempla el rostro de Dios reflejado en su Palabra fiel, se adivina la plenitud de la revelación escondida en la frase hecha cristal. ¡Si había leído yo mil veces esa frase y no había caído en lesa cuenta! ¡Si había meditado mil veces ese pasaje y nunca había sospechado su belleza! ¡Si lo sabía de memoria y no entendía su significado! Y ahora todo es tan claro, tan sencillo, tan bello.  . . Años de estudio y horas de meditación no me habían descubierto lo que esta experiencia de luz me ha revelado en un instante. Ese es el don de entendimiento, el aleteo del Espíritu, el eco de Pentecostés. Hace falta el estudio y hace falta la meditación; pero, sobre todo, hace  falta la confianza de dejarse sorprender por el Espíritu en rincones llenos de sorpresa."     ( Carlos G. Vallés)