Día 21 de abril 

Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! (Apocalipsis 3:15).

 

Hermano amado, posiblemente te encuentres en la situación que describe este versículo. Tal vez pienses que, espiritualmente, no tienes problemas ante las justas demandas de Dios. O estás engañado por tu propio corazón y no lo sabes, porque confundes la tibieza con la aridez espiritual, siendo dos cosas bien diferentes. La aridez espiritual es sólo un estado temporal, poco duradero, durante el cual el corazón del creyente sigue a Dios en tierra seca sin conseguir respuesta alguna, sólo silencio y lejanía. Como el salmista, el árido de corazón desfallece anegado entre corrientes de aguas, cansado de llamar sin respuesta. En cambio, la tibieza espiritual es una enfermedad del alma que infecta lo más profundo de ella, pero que no escapa a los ojos del Señor: “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente!" (Apoc. 3:15).

 

Uno de los más graves problemas que origina la tibieza es que deforma la visión espiritual del propio individuo sobre sí mismo: “Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo” (vers. 17). El fariseísmo es, en parte, fruto de la tibieza: es un intento hipócrita del hombre por querer ser y aparecer como lo que no es ante los ojos de Dios y de los hombres. El Señor Jesucristo denunció y desenmascaró a estos simuladores, como es el caso de la parábola del fariseo y el publicano, originada frente “a unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros” (Lucas 18:9-14). Vemos aquí, con toda evidencia, como el corazón del tibio es dominado por la soberbia, la estima propia y el menosprecio hacia el prójimo.  ¡Oh, Señor, cuántos creyentes tibios se elevan a sí mismos por encima de los demás hermanos en nuestras congregaciones, olvidando las serias palabras de Jesús: “Cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido”! (Lucas 18:14).

 

También he podido escuchar a muchos creyentes preguntándose sobre cómo habían podido llegar a ese estado de tibieza espiritual. Pero para hallar la respuesta es necesario que examinemos los resultados visibles de la tibieza, aunque todos sepamos que ésta es consecuencia de un progresivo alejamiento del fuego de Dios. Es, a partir de ahí, cuando se empieza a aceptar como normales las cosas de este mundo, tolerando el pecado y conformándose a este siglo (Romanos 12:2). Cosas que antes eran nuestro deleite, como la oración, la lectura bíblica o el testimonio del Evangelio, se vuelven secas y trabajosas. Sin percibirlo, se van dando pasos hacia atrás, cediendo terreno a la influencia de la sociedad. Ante esto, el Señor Jesucristo amonesta: “Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete” (Apocalipsis 3:19). ¿Es ésta la situación espiritual que estás viviendo en este momento de tu vida?                                                                                                                                            (J. Mª V. M.)

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Día 22 de abril 

Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien” (Romanos 8:28).

 

Dios, en su propósito eterno, está trabajando en la vida de cada uno de los redimidos por su Hijo Jesucristo. Cuando experimentamos circunstancias dolorosas, enfermedades o sufrimientos que no entendemos, que nos cuesta asimilar o soportar, debemos aceptar que el Señor está obrando en nuestras vidas siguiendo un plan eterno a través de las circunstancias temporales. Una vez más, debemos acudir a la Palabra de Dios, aquella que alumbra sobre nuestras dudas e incomprensiones: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28). Así ocurrió hace mucho tiempo, en mi niñez, cuando faltaban cerca de veinticinco años para mi encuentro con Cristo, mi amado Redentor:

 

Cuando yo tenía doce años de edad, enfermé muy gravemente de un enfriamiento, hasta el punto que se temió por mi vida. Durante todo un día entero la altísima fiebre no remitió sino que, al contrario, subió más y más. Recuerdo que, aun siendo verano, tuvieron que colocar sobre mi cama varias mantas y cobertores, mientras seguía tiritando y teniendo continuos espasmos. Al anochecer, después de una angustiosa e interminable espera, apareció el médico de guardia. Jamás se me borrará de la memoria aquella escena: el rostro preocupado del médico (del que jamás llegué a recordar su nombre, y al que nunca más volvería a ver); las caras abatidas y llorosas de mis padres y familiares y aquel pequeño dormitorio escasamente iluminado. El doctor, un buen hombre con una larga experiencia acumulada, me examinó detenidamente y, con toda celeridad, mandó a que fuesen a la farmacia por un preparado, terminando su visita con unas fuertes palabras que retumbaron en todos los corazones: ”Esperemos que la medicina haga su trabajo; de lo contrario no pasará de esta noche”. ¡ Pero Dios tenía otro plan para este niño tan enfermo: utilizarlo como instrumento en sus manos para llevar su Palabra a muchas almas necesitadas! Por lo tanto, pasó aquella larga y angustiosa noche y, con ella, el peligro anunciado. Mas tarde, ya sirviendo al Señor, comprendería por qué Él puso su mano sanadora sobre mi débil cuerpo: En aquella humilde habitación, sin saberlo nadie, Dios había manifestado su propósito eterno para conmigo”.

 

Amado hermano, al igual que yo tuve que esperar muchos años para ver y entender la obra de Dios en mi vida, tú también debes confiar en las promesas de Dios, sabiendo que Él está trabajando para bien de tu vida espiritual. No olvides que Dios tiene un propósito con cada uno de sus hijos, y es “que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:13). Recuerda esto: “No hay situación desesperada de sufrimiento o dolor, en la que un hijo de Dios no encuentre al Padre obrando para bien de su vida espiritual”                                                                                          (J. Mª V. M.)

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Día 23 de abril

He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano” (Jeremías 18:6).

 

La vida del cristiano siempre estará sobre el torno y en las divinas manos del Alfarero, el cual va modelando, paciente y amorosamente, el barro escogido desde antes de la fundación del mundo. Nuestras vidas no están en manos de lo desconocido, de un destino que nos puede llevar de acá para allá de forma caprichosa, sino en las de Aquel que, con un propósito santo y eterno, nos va asemejando a la imagen de su Hijo, hasta que Cristo sea formado en nosotros (Gálatas 4:19). Algunos piensan, erróneamente, que Dios se ocupó solamente de darnos forma utilizando el polvo de la tierra amasado con agua , terminando ahí su obra en el hombre. Esto no es verdad, ya que“el que comenzó en (nosotros) la buena obra la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Filipenses 1:6).

 

Durante los años que fui alumno de la Escuela de Artes y Oficios, tuve la oportunidad de vivir experiencias muy hermosas que enriquecieron mi sensibilidad artística y humana. Recuerdo muy especialmente aquellas visitas a la clase de modelado, un área que me atraía de manera inexplicable. En ese lugar repleto de inanimados modelos de escayola distribuidos por toda la amplia estancia, admiraba los trabajos a medio hacer de los alumnos aventajados. Estos, ajenos a mi presencia, daban forma con delicadeza y maestría a futuras réplicas en barro de esculturas famosas como el Discóbolo del griego Mirón o el bello David de Miguel Ángel. Aún recuerdo, a pesar de los muchos años transcurridos, aquellas obras incipientes que dejaban traslucir un acabado perfecto, a semejanza del modelo escogido.

 

Pasados los años, y estando dedicado a la meditación de la Palabra, el Espíritu me llevó al capítulo dieciocho del libro del profeta Jeremías donde el Señor muestra a su siervo la obra del Divino Alfarero con su pueblo. ¡Cuánto hablaron a mi corazón aquellas palabras ! Me vi reflejado en aquella vasija de barro que se echó a perder en su mano pero, bendito sea el Señor, también me identifiqué con la nueva vasija formada (Jeremías18:4). El Señor, al igual que aquellos alumnos de la Escuela, estaba modelando una nueva criatura, una nueva creación en Cristo (Gálatas 6:15). Comprendí, que Dios tiene un propósito eterno para con la vida de cada uno de sus hijos, “porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2:10). Ese es, amado hermano, el precioso trabajo que el Espíritu Santo está realizando en tu vida.                                                                                                                         (J. Mª V. M.)

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"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia" (2ª Timoteo 3:16)

   Solo la Fe

  Solo la Gracia

  Solo Cristo

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  Solo a Dios gloria 

 UN TESTIMONIO PASTORAL EJEMPLAR

"Vosotros sabéis cómo me he comportado entre vosotros todo el tiempo, desde el primer día que entré en Asia, sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas, y pruebas que me han venido por las asechanzas de los judíos; y cómo nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas, testificando a judíos y a gentiles acerca  del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo" (Hechos 20:18-21).

 

Estas deben ser, sin duda alguna, las palabras y testimonio de todos aquellos ministros que dedican su vida al servicio de la Obra de Jesucristo y al trabajo de anunciar el mensaje del Reino de Dios a los perdidos.

 

La total entrega, la falta de interés por sí mismo, una vida santa y humilde, un amor extremo por las almas, deben avalar las palabras de un verdadero servidor de Jesucristo, como lo fue  en el abnegado apóstol Pablo. Evidentemente, hermanos amados, es poderoso en sus palabras aquel que a la vez es poderoso en obras. El testimonio mudo, silencioso pero labo-rioso, es más fructífero que la multitud de rebuscados y elocuentes sermones que no están en consonancia con el testimonio de vida.  Estamos llamados a honrar a Dios en nuestros ministerios antes de buscar nuestra propia honra  y reconocimiento ante los hombres. No olvidemos nunca que el mayor enemigo del ministerio es la búsqueda de notoriedad y aplauso antes que la aprobación por parte del Señor Jesucristo, dueño y Señor del rebaño que el ganó en la cruz.

                                             (J. Mª V. M.)

            ¿ESTÁS VIVO?

"Exhorto a todo lector creyente a recordar que hablo, no solamente a él, sino también a mí mismo. Digo que la vida espiritual que hay en todo creyen-te debiera verse de modo más visible. Hemos de limpiar nuestras lámparas a fin de que den una luz más clara. Debemos separarnos más del mundo y caminar con Dios de modo más decidido. Somos dema-siado parecidos a Lot, que se entretenía por el camino, y como los judíos contem-poráneos de Esdras, tan mezclado con los extranjeros que es imposibles ver nuestro linaje espiritual. No debiera ser así. Levantémonos y obremos. Si vivimos en el Espíritu, andemos también en el Espíritu. Si verdaderamente tenemos vida, demos a conocer esta vida.

El estado del mundo así lo requiere. Los últimos tiempos se acercan. Los reinos de la tierra se tambalean y se derrumban. El reino glorioso que jamás será destruido se acerca. El Rey en persona viene. Los hijos de este siglo miran a su alrededor para ver que hacen los santos. Dios, en su providencia maravillosa, nos dice: "¿Quién está de mi parte?" Ojalá respondiésemos prestamente como Abraham: "Heme aquí". . .

Digo, pues, a todos los creyentes: si queréis que vuestra vida espiritual sea más fuerte y vigorosa debéis acercaros más confiadamente al trono de la gracia. Debéis dejar este espíritu vacilante, estas dudas que os impiden tomar las palabras del Señor al pie de la letra.  No hay duda de que sois unos pobres pecadores y de que no sois nada.El Señor lo sabe, y por ello ha hecho provisión de todo el poder que necesitáis, y no tenéis es porque no pedís. 

La causa de vuestra debilidad no es más que vuestra falta de fe y de oración. El ma-nantial está abierto, mas vosotros sólo bebéis unas pocas gotas del agua de vida. . ."Oh hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?" (Mateo 14:31).

(De la obra de Juan Carlos RYLE "¿Vivo o muerto?")