Día 9 de abril

Huyamos de las ocasiones pecaminosas

Y ella lo asió por su ropa, diciendo: Duerme conmigo. Entonces él dejó su ropa en las manos de ella, y huyó y salió” (Génesis 39:12).

 

Hay muchos cristianos que piensan que la ocasión no tiene suficiente fuerza, por sí misma, para precipitar en el pecado. Es ésta una posición antibíblica, y que se desmiente por la propia experiencia del pueblo de Dios. La ocasión ha sido la roca donde dolorosamente han naufragado innumerables hombres santos y fieles; hombres valientes que habían resistido firmemente los más feroces ataques del enemigo desde las murallas de la fe en Dios y en su Palabra. Lamentablemente, nunca se está más cerca de sucumbir ante la tentación que cuando se es atraído por una ocasión que consideramos fácilmente controlable. Ahí radica, trágicamente, el sutil engaño de aquel que procura nuestra caída. El apóstol Pablo nos advierte: “El que piensa estar firme, mire que no caiga” (1ª Corintios 10:12).

 

En la Biblia encontramos ejemplos fehacientes que hablan por sí mismos de la pequeña distancia que existe entre la ocasión y el pecado; entre la pasión y la caída y entre la seducción y el fracaso. Todo radica en una simple mirada, en una contemplación aparentemente limpia, sin deseos malsanos. Veamos, por un instante, a Eva paseando por el delicioso e inofensivo huerto de Edén. Embelesada con la belleza del entorno del jardín llega hasta el árbol cuyo fruto Dios prohibió comer (Génesis 2:15-17). Al mirarlo, “vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos...y tomó de su fruto y comió” (Génesis 3:6). Seguramente, ella incautamente pensaría:'Sólo disfruto contemplando la belleza del fruto,pero de ahí no paso; estoy segura de no caer. ¿Hay algo malo en mirar un apetitoso fruto creado por Dios? En verdad, Jehová no me ha prohibido que lo mirara sino que  lo comiera'. El enemigo, que ya había hecho su trabajo en el corazón de ella, la empuja a la desobediencia, a saltar sobre los límites puestos por Dios. Eva debería haber huido de la ocasión, pero no lo hizo, como tampoco lo hizo el rey David frente a la belleza desnuda de Betsabé. Esta necia imprudencia propició una amarga cadena de pecados y sufrimientos , propios y extraños (2º Samuel 11).

 

Amado hermano, espero y deseo que no seas de aquellos cristianos que piensan estas dos cosas equivocadas: la primera que ellos saben elegir las ocasiones para no pecar, y la segunda, que ellos conocen los límites para no pecar. El que así piense está en camino descendente e irreversible  hacia el pecado. El consejo de parte de Dios para tu vida es: ¡Huye de la ocasión de caer como hizo el piadoso  José! ¡Huye de la fornicación, como aconseja el apóstol Pablo a la iglesia de Corinto, una grey rodeada y presionada por la carnalidad y la lujuria imperante en una ciudad moralmente corrompida!(1ª Corintios 6:18) Pablo va más lejos ante el peligro de considerar el pecado cosa liviana: "Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aún se nombre entre vosotros, como conviene a santos"(Efesios 5:3). 

¡No confíes en ti mismo y huye lejos del peligro! (ver Santiago 1:14-15).                                                                    (J. Mª V.M.)

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Día 10 de abril

También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar” (Lucas 18:1).

 

¿Necesitamos orar siempre? ¿Sirve la oración para algo? ¿Qué conseguimos con nuestras oraciones? Estas y otras preguntas similares suelen estar en el corazón de aquellos cristianos que viven vidas apáticas y frías, alejadas de toda práctica devocional diaria ante Dios. Por otro lado, también están aquellos que interpretan erróneamente las siguientes palabras de Jesús: “...vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de estas cosas”(Mateo 6:32). Piensan que al conocer Dios todas nuestras circunstancias, no tenemos necesidad de vivir de rodillas ante el trono de la gracia. Estos planteamientos, alejados de toda verdad bíblica , quedan descartados por la propia afirmación del Señor: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil ” (Mateo 26:41).

 

De un tiempo para acá, los cristianos estamos dejando de orar y, si lo hacemos, oramos de prisa y sin dedicarle la atención espiritual debida. George Whitefield (1714-1770), ministro del Señor, dijo en cierta ocasión: “Me he pasado días y semanas enteras postrado en el suelo y orando mental o verbalmente”. Esto nos lleva a preguntarnos: ¿Cuánto tiempo dedico a la oración devocional cada día? ¿No era éste el secreto de tantos y tantos santos varones de Dios que peleaban la buena batalla de la fe? Es evidente, que sólo seguían el ejemplo de su Mestro:  “Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte, y cuando llegó la noche estaba allí solo”(Mateo 14:23). “Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba” (Marcos 1:35). Si acudimos a la iglesia apostólica, seremos estimulados por la ferviente vida de oración de los primeros cristianos: “Todos estos perseveraban en oración y ruego” “Y perseveraban en la doctrina...y en las oraciones”(Hechos 1:14; 2:42).

 

Amado hermano, debo confesarte en el Señor, que no conozco a ningún servidor de Jesucristo , de antes o de ahora, que no haya amado -y deseado- el estar a solas delante del Señor en oración ferviente. Si leemos las vidas y testimonios de los reformadores, encontraremos hermosos y edificantes ejemplos, tales como los del citado Whitefield, Lutero, Tyndale, Edwards, Wycliffe, etc., los cuales oraban durante horas y horas, derramando abundantes lágrimas en el duro suelo de sus “aposentos altos”. Ante esto, debemos preguntarnos seriamente: ¿Cuáles son las causas por las que nuestras oraciones de fe son tan deficientes ? A tal efecto, vamos a terminar este devocional con una oración de súplica: 'Padre, tú sabes cuánto me cuesta orar; por ello te pido que inflames mi corazón frío y distante para que no desmaye;  y lo conviertas en un fuego ardiente que el mundo no logre enfriar. En el nombre de tu Hijo, amén.'                                                                                                                                               (J. Mª V. M.)

_______________________________________________________________   Día 11 de abril

 

EL CULTO AL CUERPO, UN MAL QUE NOS INVADE

 

...golpeo mi cuerpo; y lo pongo en servidumbre”(1ª Corintios 9:27).

 

Una muestra más de la decadencia de esta sociedad hedonista -de la que ya los hijos de Dios no deberíamos ser parte como "extranjeros y peregrinos sobre la tierra"-, es la atención desmesurada que dedica al cuidado y embellecimiento del cuerpo traspasando, al mismo tiempo, de forma soberbia y retadora, las barreras infranqueables colocadas por el supremo Creador. Esto es algo que nos recuerda y retrotrae a culturas pasadas, las cuales labraron su ruina moral y social al seguir inclinaciones similares cuya centralidad, en definitiva, es el culto al propio cuerpo, olvidando -necia y trágicamente- que el hombre/mujer es mucho más que un ser material, físico . A pesar de haber sido creado a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:26; 5:1), vive de espaldas a Él, diluyéndose en una mezcolanza híbrida, indefinida, cuyo fin es instaurar un estéril protagonismo alejado de la presencia del Señor. Indudablemente, todo esto es una síntesis evidente de la degradación moral de la cultura humanista, al desdibujar peligrosamente los firmes conceptos bíblicos y antropológicos de la identidad humana, a saber: hombre y mujer.

 

Frente a esta actitud permisiva, el Señor declara en su Palabra: "Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó" (Génesis 1:27). En cuanto a la confusa y provocativa moda en el vestir (comúnmente llamada unisex), dice Dios: “ No vestirá la mujer traje de hombre, ni el hombre vestirá ropa de mujer; porque abominación es a Jehová tu Dios cualquiera que esto hace” (Deuteronomio 22:5). Es notorio a todos que, a veces, es difícil identificar a las personas de ambos sexos, tanto por su aspecto exterior como por su actitud. Por tanto conviene recalcar, así mismo, que Dios ya estableció la diferencia inviolable y eterna que no será removida. Todo intento contrario a lo establecido por Dios es rebeldía y pecado abominable.

 

El apóstol Pablo, conocedor de la debilidad humana y consciente de la sociedad corrupta que rodea a la iglesia de Corinto (no muy diferente a la nuestra), escribe: “...sino que golpeo mi cuerpo; y lo pongo en servidumbre”(1ª Corintios 9:27), pero en servidumbre para Dios, no para la exaltación del propio yo. El vivir en Cristo exige una firme disciplina personal en toda nuestra manera de caminar. La verdadera espiritualidad y consagración comprende todo nuestro ser, por lo que “espíritu, alma y cuerpo,(debe ser) guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1ª Tesalonicenses 5:23).

 

Por todo lo expuesto, inquieta  y preocupa la posición ambigua y permisiva de cierta parte de la iglesia protestante histórica. Ahora, sorprendentemente, a través de un reciente manifiesto, ha demostrado su caída en una laxitud liberal que pone en entredicho la Palabra de Dios. El profeta Isaías escribe al respecto: “¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!” (Isaías 5:20)

 

Amado hermano, no te dejes seducir o amedrentar por el ambiente que te rodea. No mires "las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas" (2ª Corintios 4:18).  Escucha este consejo de Dios y grábalo en tu corazón: "No améis el mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama el mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida,  no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre." (1ª Juan 2:15-17)                                                                                                                                                                                                                                     (J. Mª V. M.)

 

 

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"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia" (2ª Timoteo 3:16)

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      Lo que aspiramos ser: MAESTROS

"Hermanos, anhelo que todos podamos ser "aptos para enseñar". La iglesia nunca tiene demasía de aquellos cuyos labios "alimentan a muchos". Debe ser ambición nuestra "ser buenos mayordomos de la multiforme gracia de Dios". Todos conocemos ciertos ministros capacitados que son expositores de la Palabra e instructores de los creyentes. Siempre os lleváis algo cuando vais a oírles. Se ocupan de cosas de gran precio; su mercadería es de oro de Ophir. Ciertos pasajes de la Escritura son citados y reciben nueva luz; y ciertas especialidades de la experiencia cristiana son descritas y explicadas. Salimos de estas predicaciones con la sensación de que hemos estado en una buena escuela. Hermanos, deseo que cada uno de nosotros ejerza un ministerio así de edificante. ¡Ojalá tengamos la experiencia, la iluminación y la laboriosidad necesarias para una vocación tan elevada! ¡Cuánto necesitamos más sermones ricos en instrucción! Hermanos, mirad muchos de los sermones modernos. ¡Qué fuego, qué furia! ¡Cuántos destellos y cuánta velocidad! ¿Qué es todo esto? ¿Cuál es el propósito de tal exhibición? Solemos encontrarnos con sermones que son caleidoscopios, de una belleza maravillosa; pero, ¿qué contienen? . . .

Es preciso alimentar al rebaño de Dios. Debemos ocuparnos de verdades eternas, y hacer presa en el corazón y en la conciencia. Debemos, de modo efectivo, vivir para educar una raza de santos, en quienes  el Señor Jesús se reflejará como en mil espejos."

                               (Carlos H. Spurgeon)

      TESTIMONIO FIRME Y COHERENTE

Llegó a decir el teólogo Dionisio Borobio: "Una de las palabras más desfiguradas por el uso hoy en día, es la palabra "testimonio". Dar testimonio con la propia vida es la consigna de los que toman la vida en serio. Dar testimonio del Evangelio es haber tomado en serio su doctrina. Mas la vida de muchos cristianos es una continua oposición entre lo que dicen creer y lo que de verdad dicen sus obras. Y sobre todo si ser cristiano es. .  . esta especie de "egoísmo" espiritual en que se ha encerrado las más de las veces una piedad rutinaria en que todo gira alrededor de nuestra propia conveniencia."  (D. B.)

   ORACIÓN DE GRATITUD  (Efes.1:3-10)

"Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinados para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra."