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"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia" (2ª Timoteo 3:16)

   Solo la Fe

  Solo la Gracia

  Solo Cristo

  Solo la Escritura

  Solo a Dios gloria 

            MAYORDOMOS DE CRISTO

El que es mayor de vosotros, sea vuestro siervo. Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido” (Mat.23:11-12)

Nuestro servicio es glorioso, porque es el servicio de Cristo: nos sentimos honrados al permitírsenos servir a Aquél cuyos zapatos no somos dignos de desatar.

Se nos dice también que somos mayordomos. ¿Qué es el mayordomo? Esa es nuestra función. ¿Qué se requiere del mayordomo? Éste es nuestro deber. No estamos hablando ahora de nadie de los que están fuera, sino de vosotros, hermanos, y de mí mismo; por lo tanto, hagamos una aplicación personal de todo lo que se dice.

  

Primeramente, un mayordomo es tan sólo un siervo. Quizá no siempre se acuerda; y es cosa lamentable que el siervo empiece a pensar que es el amo. Es una lástima que los siervos, cuando son honrados por su amo, sean tan propensos a tener ínfulas. ¡Qué ridículo puede llegar a ser el mayordomo! No me estoy refiriendo a los mayordomos y lacayos, sino a nosotros mismos. Si nos engrandecemos a nosotros mismos, llegaremos a ser despreciables; y no engrandeceremos ni a nuestra función ni al Señor. Somos siervos de Cristo, y no señores sobre su heredad. Los ministros son para las iglesias, y no las iglesias para los ministros. Trabajando entre las iglesias, no podemos osar considerarlas como fincas a explotar en beneficio propio, ni jardines para cultivar según nuestro propio gusto . . . Como mayordomos, somos tan sólo siervos de categoría; ¡ojalá que el Señor mantenga en nosotros un espíritu de cordial obediencia!”     

                          (Charles H. Spurgeon)

   LA FELICIDAD POR LA MISERICORDIA

"Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia"                                            (Mateo 5:7).

La misericordia  ejercida y activa en nuestro corazón, en nuestros pensamientos y en nuestros actos, se ha convertido en una bienaventuranza. Es como un hilillo de agua fresca que brota de la misericordia de Dios y que nos hace ya participar de la felicidad misma de Dios. Nos enseña, mucho mejor que los libros, que la verdadera felicidad no consiste en tomar y en poseer, en juzgar y en tener razón, en imponer la justicia a nuestro modo, sino más bien en dejarnos tomar y asir por Dios, en someternos a su juicio y a su justicia generosa, en aprender de Él la práctica cotidiana de la misericordia. Ahí es donde tendremos la experiencia de que hay más alegría en dar que en recibir, pues la misericordia nos invadirá junto con la alegría que ella misma nos proporciona, en la medida en que nosotros la hayamos dado. No hay camino más seguro hacia la felicidad que todos deseamos. "

                      (SERVAIS PINCKAERS)