Registrada en el Ministerio de Justicia en 1.993. Miembro de la F.E.R.E.D.E. y del C.E.A.A.

       

          "¿NO PODRÉ YO HACER DE VOSOTROS COMO ESTE                        ALFARERO, OH CASA DE ISRAEL? DICE JEHOVÁ.

       HE AQUÍ QUE COMO EL BARRO EN LA MANO DEL                          ALFARERO, ASÍ SOIS VOSOTROS EN MI MANO"

                                   (Jeremías 18:6)

 

 

UN GRAVE PELIGRO PARA EL CRISTIANO: EL ORGULLO

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"La Palabra de Dios dice: "El orgullo viene antes de la caída". Debemos pedir a Dios que escudriñe nuestros corazones y arroje de ellos esta hábil artimaña del diablo, que es el orgullo, que tantas veces ha acarreado la ruina a muchos hombres. He visto a muchos jóvenes dedicados, celosos, llenos del Espíritu Santo, aparentemente instrumentos en las manos de Dios, quedar totalmente inutilizados en su trabajo por causa del orgullo. A menudo se trata de orgullo espiritual. Han visto muchas respuestas a sus oraciones y están seguros de que Dios les concede todo lo que piden. Puede, quizá, que se hayan visto muy usados por Dios para la salvación de almas. Puede que se les haya dicho que son excepcionalmente hábiles en algo especial: "Eres un gran organizador". "Eres un gran predicador". "Prometes ser un gran teólogo". El engreimiento espiritual ha penetrado en su ser y el daño ya está hecho.

 

El prototipo de la verdadera consagración es la persona espiritualmente equilibrada que cuando se le halaga no lo toma en serio. Afronta las alabanzas y el honor de los hombres muy realísticamente y jamás se deja arrastrar por tales halagos. Sabe muy bien de dónde procede el verdadero honor y a qué se debe. La persona poco equilibrada es incapaz de recibir alabanzas sin dejarse afectar por ellas. Queda atado a los cumplimientos para siempre. A pesar de que le digáis que es débil en cualquier faceta determinada, siempre mantendrá en mente que alguien le dijo que era fuerte, precisamente en este punto. ¿Queréis ser cristianos equilibrados? Debéis aprender cómo desenvolveros en medio de las adulaciones de los hombres, y lo que es más, cómo encajar sus críticas. Pero en medio de todo ello, y por encima de todo, estad alerta contra el peligro del orgullo. Cuando recibáis respuestas a vuestras oraciones y vuestro trabajo en la obra de Dios comience a ser efectivo; cuando el orgullo comience a penetrar en vosotros, volveos hacia la Cruz de Cristo y arrepentíos.

 

Hay un tipo de orgullo que hace que nos sobrevaloremos a nosotros mismo mientras consideramos a los demás como nada. Cuidado con esto. Cuidado con la tentación de entrar en las iglesias o grupos cristianos y juzgar a la gente por no haber alcanzado algo que vosotros neciamente pensáis que habéis "obtenido". Continuamente pido a Dios que me libre de semejante arrogancia. Y lo que me ayuda en esto es el pensar lo que seré dentro de cuarenta años. Cuando suba a un púlpito para predicar por centésima vez, ¿lo haré con el mismo celo, sintiendo la misma necesidad y con el mismo fervor espiritual con que lo hago en esta noche? Si no, entonces debo andar con mucho cuidado respecto a prejuzgar a los demás. Alguien ha dicho que con frecuencia las heridas que jugamos en los demás como signos de fracaso no son sino heridas en batalla; muestra de un fiel servicio cristiano. Vemos a un cristiano que nos parece fatigado y poco triunfalista. Inmediatamente le despreciamos como fracasado y acabado. Pero olvidamos algo: puede que sea menos activo y entusiasta que lo que nosotros somos ahora, porque en su larga experiencia ha peleado más batallas que nosotros. Puede que haya vencido en muchas de ellas, pero sus victorias le han costado serias y profundas heridas.                                        (Del libro "Plenitud de vida", de Jorge Verwer)

 

 

¿RENOVACIÓN O REGENERACIÓN?

 

Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; porque tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura” (Mateo 9:16)

 

Hasta hace poco los creyentes bíblicos señalaban un patente contraste entre reforma y regeneración. Reforma era comúnmente definida como un cambio de conducta externa o de carácter. La regeneración es un cambio radical obrado por Dios en lo más profundo del ser humano. El modernismo, en cambio discute el término regeneración y lo llama atrasado, habiéndolo sustituido por la palabra reforma. La palabra renovación se usa en relación con el hombre, especialmente con la sociedad y la estructura económico social. La sociedad tiene que ser renovada; las estructuras sociales deben ser renovadas; las estructuras económicas deben renovarse.

Aún a riesgo de parecer muy simples, debemos ofrecer ciertos sinónimos del término “renovación”. Cuando “renovación” es aplicada a la esfera de la estructura social significa “integración”; cuando está relacionada con la esfera económica, significa “socialismo”.

 

Tenemos crecientes motivos de preocupación porque los evangélicos están tratando de usar el término “renovación” en vez de “regeneración”. Seguramente procuran darle algún sentido espiritual, pero lo procuran en vano. La revista Christianity Today, que es la revista religiosa de mayor circulación en América, hace pocos meses publicó un artículo tras otro sobre la palabra "renovación". La revista United Evangelical Action, que es el portavoz de la Asociación Nacional de Evangélicos, está siguiendo una política similar. Algunos artículos que aparecieron antes en United Evangelical Action  han sido reimpresos y vueltos a ofrecer bajo el título de "Renovación".

 

Quizás, en algunos casos, los cristianos creyentes en la Biblia pueden usar la palabra “renovación”, pero ¿cómo evitar confusión al emplear un término que es voceado por los partidarios del modernismo? Debemos mantenernos firmes sobre el fundamento bíblico de que el hombre natural está muerto en delitos y pecados. Tan sólo mediante una resurrección de entre los muertos - es, por el nuevo nacimiento de arriba- puede tal persona entrar en el Reino de Dios. Por tanto, solamente esta nueva persona que ha experimentado una transformación radical en las mismas entrañas de su ser puede hacer algún impacto real sobre la sociedad que le rodea. Desde el punto de vista bíblico una simple renovación del hombre viejo no es suficiente. Un muerto no puede ser renovado, tiene que ser resucitado. Y, en este caso, nacido de nuevo.

 

Nuestro Salvador enseñó esta verdad bajo dos figuras. Dijo: “Nadie puede poner remiendo en vino nuevo en odres viejos.” Aquí puede ser necesaria una palabra de explicación. Cuando Jesús dijo: “Nadie pone remiendo nuevo en vestido viejo”, el mundo de aquellos tiempos no hacía la distinción que hacemos nosotros entre lo viejo y nuevo, ni era tan raro como en nuestros días el llevar remiendos. Si un vestido viejo era remendado con paño nuevo, era muy fácil que se rompiera al primer lavado, haciendo peor la rotura. . .

 

Cada uno de nosotros debe hacer frente a esta pregunta vital: ¿Consiste mi religión de unos pocos parches? ¿He puesto simplemente un parche sobre un poco de pecado aquí y un poco de iniquidad allá, o busco poner un poco de vino nuevo en el viejo odre de mi persona? ¿Un poco de bondad, un poco de amabilidad, un poco de simpatía en mi viejo odre? Tomad nota de las palabras de Cristo: “Lo nuevo tira del viejo, y la rotura se hace peor”. El viejo odre se rompe y el vino se pierde; no hay ningún resultado permanente, su fin es muerte y destrucción. Sólo hay esperanza y bendición al fin del camino estrecho, pasando por la puerta estrecha que conduce al Reino de Dios.

                                                         (Del libro “Dios no ha muerto”, de Gordon H. Girod)

 

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"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia" (2ª Timoteo 3:16)

   Solo la Fe

  Solo la Gracia

  Solo Cristo

  Solo la Escritura

  Solo a Dios gloria 

    -              Al servicio de Cristo

"Dios no nos ha salvado para ser meros ornamentos en su Reino, sino para ser útiles. La grosura de su Palabra no tiene como objeto cebarnos para mantener-nos en una vida de misticismo insulso, sino proporcionarnos fuerzas para en los pasos de Jesús, viviendo activamente para el bien de otros y para la gloria de Dios.

La gran misión de Cristo queda descrita en sus propias palabras: "El Hijo del Hombre no ha venido para ser servido, sino para servir" (Marcos 10:45). En Él se encarnaba aquel "Siervo de Jehová" del que tan maravillosamente profetizó Isaías. Y Él es nuestro ejemplo.

 

Desde el momento mismo en que nos convertimos, debe haber en nosotros la decisión de vivir para Aquel que nos amó y nos salvó. La conversión debe situarnos en la posición de siervos a la par que en la de amigos. Cristo debe ser para nosotros Señor además de Salvador. Ello exigirá, sin duda, una manifestación abierta de nuestra relación con Cristo. Tendremos que confesarle abiertamente ante el mundo, sea cual sea la reacción del mundo frente a nuestro testimonio. El verdadero cristiano no puede ocultar la luz de la verdad ni puede reprimirlos impulsos de su nueva vida. Nicodemo trató de esconder su fe durante algún tiempo, porque quizá aún no estaba suficientemente madura; pero llegó el momento en que no pudo seguir callando y abiertamente intervino al ser visto de Jesús. Dichoso el creyente que desde el principio entiende el significado de aquellas palabras del Señor: "El que me confesare delante de los hombres yo también le confesaré delante de mi Padre, y el que me negare, yo también le negaré" (Mateo 10:32-33).        

(Del libro "Tu vida cristiana", de José M. Martínez)

                  ¡La soberanía de Dios!

¿Qué queremos decir con esta expresión? Queremos decir la supremacía de Dios. que Dios es Rey, que Dios es Dios. Decir que Dios es soberano es declarar que es el Altísimo, el que hace todo conforme a su voluntad en los huestes de los cielos y entre los habitantes de la tierra, de modo que nadie puede detener Su mano ni decirle: ¿Qué haces? (Daniel 4:35). Decir que  Dios es soberano es declarar  que es el Omnipotente, el Poseedor de toda potestad en los cielos y en la tierra, de modo que nadie puede frustrar Sus consejos, impedir Sus propósitos, ni resistir Su voluntad (Salmo 115:3). Decir que Dios es Soberano es declarar que "se enseñoreará de las gentes" (Salmo 22:28), levantando reinos, derrumbando imperios y determinando el curso de las dinastías según le agrada. Decir que Dios es soberano es declarar que es el "solo soberano", Rey de reyes, y Señor de señores" (1ª Timoteo 6:15). Tal es el Dios de la Biblia".         

 (Del libro "La soberanía de Dios", de A.W. Pink)