Registrada en el Ministerio de Justicia en 1.993. Miembro de la F.E.R.E.D.E. y del C.E.A.A.

       

          "¿NO PODRÉ YO HACER DE VOSOTROS COMO ESTE                        ALFARERO, OH CASA DE ISRAEL? DICE JEHOVÁ.

       HE AQUÍ QUE COMO EL BARRO EN LA MANO DEL                          ALFARERO, ASÍ SOIS VOSOTROS EN MI MANO"

                                   (Jeremías 18:6)

 

 

Los miembros deben permanecer UNIDOS

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Últimamente, queridos hermanos, se está manifestando un alarmante y perturbador movimiento entre ciertos entornos evangélicos tendente a minimizar la importancia de la integración del creyente en la unidad de la Iglesia. Indudablemente, esta es una postura radicalmente antibíblica, de perjudicial  raíz  posmodernista, ya que estimula el individualismo y la ruptura del orden establecido en la Iglesia.  Consciente de este grave peligro que se cierne sobre el rebaño de Jesucristo, el Espíritu Santo, por medio del  Nuevo Testamento,  enfatiza una y otra vez la vital importancia de la unidad en la asamblea de los redimidos por Cristo. Con el fin de ayudar a esclarecer y cimentar esta verdad bíblica transcribimos el siguiente texto salido de la pluma del ungido siervo de Dios J. Walter Fiscus:

 

Cuando se escribió la Epístola a los Hebreos, algunos cristianos habían caído en el error de pensar que la salvación era algo estrictamente individual. Creían que el culto a Dios podía efectuarse en solitario y que se podía complacer a Dios aparte del firme compromiso de superarse en construir la Iglesia. Toda la Epístola a los hebreos debe estudiarse cuidadosamente (10:19-25), pero sólo disponemos de espacio para reseñar la última parte: "Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras, no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuando veis que aquel día se acerca". . . Nada de esto es posible cuando los creyentes permanecen aislados. Se nos exhorta a no descuidar el reunirnos.  La asamblea para la adoración, para la exhortación, para la instrucción y la confraternidad, para la cena del Señor y la plegaria, para el compartimiento mutuo, es el único medio de "animarnos los unos a los otros". No reunirse con la familia es "pecar voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad" (Hebreos 10:26).

 

La unión y el amor intactos, irrompibles, son la puerta para la realización del cielo en la tierra. Del mismo modo que el perfecto estado de un dedo, del oído o de los pulmones depende de la salud del cuerpo al que pertenecen, así el miembro individual de Cristo depende de su integración en el cuerpo de los creyentes. Morar en Jesucristo es mantenerse en la mancomunidad y ser útil, por consiguiente, en la construcción de la Iglesia. Lo mismo que el estado de salud interior de un cuerpo humano se revela mediante las actividades exteriores de ese cuerpo, así el estado de la vida de Cristo dentro de la Iglesia se manifiesta en la congregación de sus miembros para el aliento y la fuerza.

 

Todos aquellos que entran en la santa intimidad de Dios son impulsados en el amor para juntarse con Su pueblo. Conocer a Dios en Su infinidad invisible nos equipa para conocerle en el cuerpo visible de Cristo: la Iglesia. El uno es tan importante como el otro, porque “el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?” (1ª Juan 4:20). El no reunirse para la adoración, la oración, la confraternidad, la instrucción y el estímulo es una de las más claras y peligrosas señales de apostasía. ¿Cómo puede alguien ser cristiano y no importarle? Esto es una contradicción y una blasfemia de la peor especie. No es de extrañar que el escritor diga, “ya no queda más sacrificio por los pecados” (Hebreos 10:26). Sólo con el regreso en amor a la familia puede el hijo pródigo compartir la generosidad del padre. Todos los hermanos mayores deben condescender y consentir en el amor del padre para con los otros hijos, regocijándose cuando son hallados y sintiéndose felices al compartir la fiesta de celebración en el hogar.

 

Toda la corporación o cualquier porción de la Iglesia debe ser, pues, un triunfo de amor, una celebración de la victoria de Cristo en la vida de los hijos que vuelven a casa. El sacramento celebra la unidad del cuerpo de Cristo, así como la liberación del pecado, pues el pecado de la separación es el origen de todas las demás transgresiones. Todo cristiano que pretenda actuar solo, se encuentra en el tugurio de la necesidad y de la pobreza espiritual. Las almas unificadas solamente procuran ser factores curativos en el cuerpo de Cristo. Más que permanecer aparte para criticar y murmurar, trabajan calladamente lo mismo que la levadura, la sal y la luz entre la masa de creyentes, y asimismo en el mundo. Tales almas son constructivas para estimular al débil, poniendo de manifiesto la bondad de sus vidas mediante un incesante cultivo de la unión y la hermandad.

Qué maravillosa perspectiva se obtiene cuando uno al fin capta el hecho de ser él mismo la Iglesia. Ya no se mantiene apartado, criticando a los otros para justificarse a sí mismo, porque la verdad de Cristo le ha liberado”.

 

(Tomado del libro “Firme por tu Iglesia”, obra del pastor J. Walter Fiscus. La recomendamos por su interés.)

 

 

Modestia y decoro en el vestir de la mujer cristiana

 

Engañosa es la gracia y vana la hermosura; la mujer que teme a Jehová ésa será alabada” (Proverbios 31:30)

 

Resulta muy preocupante el comprobar como cierto tipo de mujeres de nuestras iglesias, llamadas a sí mismas cristianas, van adoptando una forma de vestir poco modesta y decorosa, muy alejada del requerimiento bíblico (1ª Timoteo 2:9). Y, lo más inquietante, es que esta desobediencia al mandamiento divino va en aumento cada día, tanto en el atrevimiento como en la permisividad de las propias autoridades espirituales de las iglesias. No es de extrañar esta circunstancia, cuando vemos que miembros de la propia familia de muchos de los pastores -incluso sus propias esposas e hijas- acuden a los cultos exhibiendo atrevidos y sensuales vestidos, sin ningún tipo de recato ni respeto, contraviniendo todas las normas bíblicas y morales. Esta arrogancia y falta de pudor, en alguien que dice haber creído en Dios y en su Palabra, es una permanente contradicción con esa fe que declara practicar. Es el “espíritu” de Betsabé dentro de muchas congregaciones, el cual se exhibe impúdica y desafiantemente ante todos, despertando la concupiscencia en muchos corazones incautos (2º Samuel 11:2). Es esta una levadura malsana que está leudando a la iglesia, convirtiendo de paso a muchas mujeres cristianas en objeto de deseo y lujuria dentro y fuera del entorno eclesial. 

 

En este contexto, podemos hablar de tres verdades irrefutables derivadas de la manera de vestir de una mujer cristiana:

La primera es que la forma de vestir muestra el testimonio espiritual y moral de cada creyente delante de Dios y de la Iglesia. Al cubrir su cuerpo decorosamente todos podrán establecer un manifiesto criterio de santidad y obediencia a la Palabra; mientras que, en sentido inverso, la propia evidencia define a esa creyente como a alguien que siembra para la carne, no para el Espíritu (Gálatas 6:7-8)  (Asumimos, por supuesto, que los niveles de santidad no dependen exclusivamente del modo de vestir, aunque si apuntan firmemente a ello (1ª Pedro 3:15).

 

Una segunda verdad,  es la que declara que por la costumbre en el vestir se muestra la moderada importancia dada al cuerpo en obediencia a la santa y justa demanda de Dios o, por el contrario, la desmedida inclinación a satisfacer las insistentes llamadas para dar culto al ego y  complacer  la vanidad de la carne. En su Palabra santa, el Señor advierte seriamente por medio del apóstol Pablo: "Digo, pues: Andad en el Espíritu y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y estos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis" (Gálatas 5:16-17). Por ello, tanto la mujer como el varón deben glorificar a Dios en sus cuerpos, al ser templos del Espíritu Santo (1ª Corintios 6:19-20) y exclusiva propiedad del Señor Jesucristo (Colosenses 2:17)

 

En tercer y último lugar, hacer constar una última verdad que es difícilmente rebatible: la aseveración de que las vestiduras ejercen una poderosa influencia en las personas, por lo que la forma de vestir influye grandemente en el ánimo de nuestros semejantes, aún sin una previa intencionalidad. Se olvida, de forma consciente o no, que la esposa debe ataviarse solamente para su marido -al igual que la Iglesia para Cristo (Apocalipsis 21:2)no para atraer a otros o provocar admiración o deseo. Esta vanidad carnal es, sin duda alguna, el principio de una descendente cadena de pecados.

 

Evidentemente, nos encontramos ante una grave ofensa a Dios y a la propia congregación, y una burla a su santa Palabra. Por ello, nos preguntamos: ¿Es esto propio de quién confiesa ser templo del Espíritu Santo? (1ª Corintios 6:19-20). ¿ Son estas las evidencias de alguien que ha nacido de nuevo? (1ª Juan 3:8-9). ¿Es posible adorar a Dios desde esta actitud desafiante? (1ª Tim. 2:9)

¡Cuán edificante es encontrar en labios del apóstol Pablo encendidos elogios hacia una serie de hermanas que entregaron sus vidas al servicio de Cristo y de su Iglesia, y no ocupadas en cosas vanas que no edifican! (Romanos 16: 1-2; 4; 6;12)

(Ilustración: “Mujer leyendo”, de Charles Edward Perugini/Texto: Jesús Mª Vázquez Moreno)


                                                                

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"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia" (2ª Timoteo 3:16)

   Solo la Fe

  Solo la Gracia

  Solo Cristo

  Solo la Escritura

  Solo a Dios gloria 

"El hombre que presenta de veras una petición a Dios jamás podrá expresar con su boca o pluma los inefables deseos, experiencias, afectos y anhelos que subieron al Señor en aquella oración. . . Cuanto más se acerca un hombre a la perfección en la obediencia de una obra mandada por Dios, tanto más difícil la encuentra; y ello se debe a que la criatura, como criatura, no puede hacerla. Empero la oración (como antes se ha dicho) no es solamente un deber, sino una de las obligaciones más eminentes, y, por consiguiente, más difíciles. Bien sabía Pablo lo que decía, cuando escribió: "Oraré con el espíritu" (1ª Corintios 14:15). Sabía muy bien que no era lo que otros hubieran escrito o dicho lo que podía hacer de él un hombre que ora; solamente el Espíritu podía hacerlo. Ha de ser con el Espíritu, pues de lo contrario, al haber un defecto en el acto mismo, lo habrá también en su continuación; es más, se producirá un desfallecimiento. 

 

La oración es una ordenanza de Dios que debe perdurar necesariamente en el alma en tanto que ésta se halle al lado de acá de la gloria. Mas, como dije antes, si no es posible para un hombre levantar el corazón a Dios en oración, tampoco es posible mantenerlo allí sin la ayuda del Espíritu. Y siendo así, para que persevere en el tiempo orando a Dios, es preciso que sea con el Espíritu".                                      (John Buyan, 1628-1688)

     ¿QUÉ HACÉIS DE MÁS? (Mateo 5:47)

"El cristiano, según la definición de nuestro Señor, es no sólo alguien que da más que los demás; hace lo que otros no pueden hacer. Esto no es quitarle nada a la capacidad y habilidad del hombre natural; pero el cristiano es alguien que puede hacer cosas que nadie más puede hacer. Podemos poner esto más de relieve de esta forma. El cristiano es alguien que está por encima, y va más allá, del hombre natural mejor del mundo. Nuestro Señor lo demostró aquí en su actitud respecto a la norma moral y de conducta de los escribas y fariseos. Eran los maestros del pueblo, y exhortaban a los demás. Dice a los que escuchaban: "Debéis ir más allá". También nosotros debemos ir más allá.

 

Hay muchas personas en el mundo que no son cristianos pero que son muy morales y éticos, hombres cuya palabra es 'sagrada', y que son escrupulosos, honestos, justos. Nunca se los encuentra haciendo nada sospechoso a nadie; pero no son cristianos, y lo dicen. No creen en el Señor Jesucristo y quizá han rechazado toda la enseñanza del Nuevo Testamento con burla. Pero son completamente rectos y honestos. El cristiano, por definición, es alguien que es capaz de hacer algo que el mejor hombre natural no puede hacer. Va más allá y hace más; supera. Está separado de todos los demás, y no sólo de los malos, sino también de los mejores. Se esfuerza en la vida diaria por demostrar esta capacidad del cristiano de amar a sus enemigos y de hacer el bien a los que lo odian, y de orar por aquellos que lo ultrajan y persiguen"  (M. Lloyd-Jones    

              ¡¡¡ MUY IMPORTANTE!!!

¿Está llamado el cristiano a juzgar y criticar, junto al mundo, a las autoridades civiles puestas por el Señor o bien a orar por ellas? La Palabra de Dios es manifiestamente clara al respecto:  "Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad. Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador" (1ª Timoteo 2:1-3).