Registrada en el Ministerio de Justicia en 1.993. Miembro de la F.E.R.E.D.E. y del C.E.A.A.

     

                    Lema para 2018:

    " Levántate y conquista con el poder del            Espíritu Santo" (Zacarías 4:6)

        (Tomado de la Iglesia "Torre Fuerte")     

                         _____________________                He aquí  que como el barro en la mano del                alfarero, así sois vosotros en mi mano" (Jer. 18:6)

 

 

 Las

Fl o r e s

 

Considerad los lirios, cómo crecen; no trabajan, ni hilan; mas os digo, que ni aun Salomón, con toda su gloria se vistió como uno de ellos” (Luc. 12:27)

 

¡Salid al campo y abrid los ojos! No hay época del año en que no se pueden hallar flores. Pocas, escondidas en el rigor del verano; profusión de ellas en la primavera; siempre las hay y siempre son bellas. El Creador ha querido que el cansado caminante las viera al marchar por veredas llenas de piedras y de polvo; que el gañan, al conceder un breve descanso al ganado, recreara en ellas su vista; que el pastor las contemplara estudiando sus formas y colores. Aún en los centros de la civilización, el hombre no ha podido prescindir completamente de ellas. En los banquetes, antes de llenar la panza, los comensales las tienen a la vista, aunque pronto las olviden. El excelentísimo Ayuntamiento gasta cantidades regulares en unos pequeños jardinillos y pocos parques, aunque gasta más en adoquines; en algunas plazoletas venden las que han traído de fuera; hasta hay algunas casas con jardines. . .

 

Pero fuera de la ciudad es donde se ven las flores en toda su gloria, reunidas en grupos las unas, diseminadas las otras; ésta presentándose opulenta y llamativa, aquella modestamente ocultando su hermosura. Ved los tallos que las sostienen, las hojas que les sirven de fondo, los colores que las adornan; aspirad el perfume que exhalan, y contemplad una y otra mil veces la soberana belleza de la línea. El césped a vuestros pies, los arbustos que os rodean, los árboles que os dan sombra, todo ello adornado de flores: esa es la obra del Creador.

Volved luego a la ciudad: muros de piedra que obstruyen el horizonte; en vez de árboles, columnas de hierro que sostienen alambres o globos de cristal, humo de gasolina, estruendo de camiones, casas que parecen calles verticales, habitantes que no se conocen más que para hacerse daño y, por fin, gloriosa corona de la civilización: la motocicleta con sidecar y estrépito.

 

Las flores del campo nos dicen que Dios nos ama; que ha querido adornar el camino de nuestra vida, para que, al sufrir las consecuencias inevitables del pecado, sin embargo, podamos recordar de vez en cuando el Paraíso, ahora perdido, pero que nos espera al final de nuestra peregrinación. Las flores le hablan a todo mortal un lenguaje claro; el niño y el anciano, el enfermo y el abatido, lo entienden: Dios nos promete vida bella y en abundancia. . .”

(Texto tomado del antiguo opúsculo "Recuerdos y pensamientos" , de Jorge Fliedner)

 

 

LA SUPREMA PRUEBA DEL AMOR DE DIOS HACIA SU AMADA

 

Mientras el Rey estaba en su reclinatorio, mi nardo dio su olor” (Cantares 1:12)

 

Nos encontramos en la Mesa del Señor y es aquí donde la Esposa, donde el creyente, donde cada alma renacida se encuentra ante el supremo Misterio del Amor de Dios, de Elohim, del Dios Trino.

 

Abraham mostró su fe y amor por Jehová cuando “No le rehusó a su propio hijo.” En el Reclinatorio”, es decir; donde se solía comer, en la Mesa del Señor, Él nos ofrece el Pan y el Vino, que son la demostración de su Amor. De ese Amor que nos elige desde antes de la fundación del mundo para salvación (2ª Tes. 2:13). De ese Amor que se ofrece a sí mismo, desde antes de la fundación del mundo, para redimirnos, para limpiarnos de todo pecado y para hacernos ”Perfectos para siempre” (1ª Ped. 1:18-20; Heb. 10:14). De ese Amor que desciende a nosotros para renacernos e implantarnos la naturaleza divina (Jn. 3:8; 2ª Ped. 1:4). Este Amor de Dios nos asegura “Todas las cosas y el cumplimiento de todas sus promesas”, porque “el que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? (Rom. 8:32).

 

Cuando estamos ante el “Reclinatorio del Rey”, cuando nos sentamos ante la Mesa del Señor, ahí vemos los símbolos de su Cuerpo y de su Sangre, con cuya inmolación sobre la Cruz, “nosotros fuimos curados” (Is. 53:5). Y llenos de gozo vemos ahí, llenándonos de paz, que todos nuestros pecados pasados, presentes y futuros, fueron sepultados en el “mar profundo de su Gracia”, quedando el Juicio a nuestro favor: Salvación, perdón y vida eterna.

 

La Mesa del Señor es para el alma nacida de nuevo el escudo de la fe ”con el que podemos apagar todos los dardos del fuego del maligno” (Efesios 6:16). Lutero contaba que una vez soñó que el diablo vino hasta él y le mostró una lista interminable de pecados, y le dijo: “He aquí todos los pecados cometidos por ti antes de creer”. Lutero leyó la lista y suspirando dijo: “Es verdad, todos esos pecados fueron cometidos por mí”. El diablo le mostró otra lista, interminable también, y le dijo: He aquí todos los pecados cometidos por ti desde que creíste hasta el día de hoy”. Lutero volvió a mirar esta nueva lista, la leyó y gimiendo, dijo: “Es verdad, también he cometido estos pecados.” “Y habiendo cometido todos estos y tantos pecados –le dijo el diablo-- ¿por qué estás seguro de tu salvación? Lutero, entonces, dice que en su sueño tomó una pluma y escribió sobre aquellas listas: “La sangre de Jesucristo me limpia de todo pecado”. En un sueño, Lutero vio cómo desaparecía el diablo inmediatamente de su vista.”    

                                  (Tomado del libro “Amor eterno”, de José Candeas García)

 

  

La verdadera esperanza que

el hombre necesita

 

Alma mía, en Dios solamente reposa, porque de él es mi esperanza” (Salmo 62:5)

 

Todos somos conscientes de que a nuestro alrededor hay una manifiesta carencia de algo que el hombre sólo puede encontrar en Jesucristo: la verdadera esperanza que afirma el corazón del ser humano. Es evidente, que el hombre de nuestros días se siente invadido por una creciente y preocupante inseguridad que no puede ser paliada por nada que la sociedad le pueda ofrecer. El hombre del siglo XXI, heredero de un desafiante y soberbio ateísmo es, en cambio, un ser dominado por la falta de una firmeza y seguridad que nada ni nadie en este mundo le puede ofrecer.

 

La ciencia, los avances tecnológicos, el progreso social y económico no ofrece -–aunque a muchos así les parezca— esperanza alguna al inseguro y vulnerable hombre de nuestros días. Y todo es debido a que esta sociedad materialista ha venido construyendo, utópicamente, una inestable “torre de babel” que no llega a ningún cielo imaginario. Una vez más, el padre de mentira ha conseguido su malvado propósito, sumiendo a mayores y jóvenes en un insuperable temor que les hace depender de él consciente o inconscientemente.

 

La Palabra de Dios nos dice, una y otra vez, que la única y verdadera esperanza de la humanidad no está cimentada en acontecimientos humanos, sino en Dios y sus benditas y firmes promesas. Nosotros, como hijos de Dios, estamos llamados a vivir nuestra nueva vida en Cristo en una gozosa y permanente esperanza, “porque fiel es el que prometió” (Hebreos 10:23). Por ello, amados hermanos, Cristo es, y debe ser siempre, nuestra esperanza de gloria (Colosenses 1:27). Vivir sin esperanza es vivir de espaldas a Dios. No olvidemos que el Señor “nos hizo renacer para una esperanza viva” (1ª Pedro 1:3).   Ante estas consoladoras palabras , "Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió" (Hebreos 10:23).                                                                                                                                                               (Jesús Mª Vázquez Moreno)

 

Héroes de la fe que nos han precedido:

NICOLÁS RIDLEY (1500-1555)

http://biografiascristianosprotestantes.blogspot.com/2011/04/nicolas-ridley.html

"Los jóvenes tienen que dejar las niñerías, los juegos y la diversión en la Iglesia, y aprender doctrina y tomarle seriedad a la Biblia" (Paul Washer)

 

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   Solo la Fe

  Solo la Gracia

  Solo Cristo

  Solo la Escritura

  Solo a Dios gloria 

      LA VERDADERA UNIDAD EXISTE

"...solícitos en guardar la UNIDAD DEL ESPÍRITU en el vínculo de la paz" (Efesios 4:3)

 

La verdadera unidad existe. La cuestión

es: ¿Quién puede producir esa unidad? Y la respuesta es que sólo el Espíritu Santo puede producir tal unidad. Eso fue lo que ocurrió en Pentecostés. Como resultado del bautismo con el Espíritu Santo, no solo predicaron aquellos cristianos primitivos codo con codo un mismo mensaje de salvación, sino que además "se añadieron aquel día como tres mil almas" (Hechos 2:41). Y podemos asegurar que  aquellas almas eran verdaderas "piedras vivas" y no meros elementos decorativos en una estructura vacía. En otras palabras, para alcanzar la meta de la unidad entre cristianos . . . es imprescindible la vigorosa acción del Espíritu Santo produciendo un verdadero temor de Dios y un intenso anhelo por su gloria. Un mero sentimiento intelectual a una determinada ortodoxia no es suficiente. Ya tenemos demasiado cadáveres eclesiásticos constituidos por ese material, demasiados valles de huesos secos. Solo el soplo del Espíritu puede formar un cuerpo vivo y vitalizador.

 

Querido hermano, si anhelas ver al pueblo de Dios unido alrededor de un proyecto, una visión o una causa común, no te dejes engañar por el espejismo de Babel ni te conformes con la bendición de Adulam. Elévate a Pentecostés, busca que el Espíritu sople sobre los huesos secos, que su fuego consuma toda la escoria de nuestros apaños, maniobras y estrategias. Imbúyete del espíritu del Maestro, quien dijo: "No recibo gloria de los hombres" (Juan 5:41), y de su siervo Pablo, quien dejó claro que no buscaba "gloria de los hombres, ni de vosotros ni de otros" (1ª Tesalonicenses 2:6).    (D. C. M.)

El Evangelio de la gracia soberana de Dios  (Carlos Haddon Spurgeon)

 

Habiéndose  observado, con evidente preocupación, cuán grande es el rechazo generalizado de muchos hacia la doctrina de la gracia soberana de Dios, incluimos estas breves líneas del reconocido siervo de Dios  C.H.Spurgeon sobre tan transcen-dente  tema:

"Si algo es aborrecido enconadamente es el verdadero Evangelio de la gracia de Dios, especialmente si esa odiosa palabra "soberanía" se menciona al mismo tiempo. Atrévanse a decir: "Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compa-dezca" (Romanos 9:15), y habrá furiosos críticos que les insultarán descomedida-mente. El religioso moderno no sólo aborrece la doctrina de la gracia soberana, sino que despotrica y se enfurece con su sola mención. Preferiría que blasfemára-mos antes que predicáramos la elección por el Padre, la expiación por el Hijo o la regeneración por el Espíritu. Si quieren ver a alguien excitado hasta que lo satánico prevalezca claramente, dejen que algunos de los nuevos teólogos les oigan predicar un sermón sobre la libre gracia.

 

Un evangelio que sea según los hombres será bienvenido por los hombres, pero hace falta una operación divina en el corazón y la mente para que alguien esté dispuesto a recibir en lo más profundo de su alma este inaceptable Evangelio de Dios. 

Mis queridos hermanos, no traten de hacerlo agradable a las mentes carnales. No oculten el tropiezo de la cruz, no sea que la hagan vana. Los ángulos y las esquinas del Evangelio son su fuerza: recortarlos significa quitarles su poder.

La moderación no es el aumento de la fuerza sino su muerte. ¡Claro!, habrán notado que aun entre las sectas sus puntos distintivos son los cuernos de su poder; y cuando éstos quedan prácticamente omitidos, la secta decae. Aprendan, pues, que si quitan a Cristo del cristianismo, el cristianismo está muerto. Si quitan la gracia del Evangelio, el Evangelio desaparece. Si a la gente no le gusta la doctrina de la gracia, denle tanto más de la  misma".            (C. H. S./1890)