Registrada en el Ministerio de Justicia en 1.993. Miembro de la F.E.R.E.D.E. y del C.E.A.A.

 

       "¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero,                    oh casa de Israel? dice Jehová. He aquí que como el

              barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en

              mi mano, oh casa de Israel"  (Jeremías 18:6)

 

 

Muchos abogados

 

. . . ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén.” (Romanos 1:25).

 

Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo” (1ª Juan 2:1).

 

Multitud de abogados son los que millones de personas tienen por todo el mundo. Confían en la criatura para que intercedan por ellos ante Dios. Piensan que estas criaturas pueden oírles y llevar su causa ente el Trono de Dios para librarles del castigo por sus pecados.

 

Los fetichistas paganos, como los habitantes de la India, pertenecientes a diversas religiones, tienen multitudes de fetiches a los que honran religiosamente y son sus abogados ante Dios. En sus templos tienen máquinas de rezar, a las que pegan un papel con oraciones y les dan vueltas y más vueltas. Cada vuelta es una multitud de rezos a sus ídolos mediadores. Yo visitaba a un comerciante indio que me recibía tras una gran mesa con una tapa de cristal. Debajo del cristal tenia muchísimas imágenes, a las que rezaba continuamente. Eran imágenes de hombres santos, según me decía él, y mientras hablaba conmigo pasaba la mano, una y otra vez, por encima de las imágenes, y luego se tocaba el corazón y la boca. “Son abogados míos, que me defenderán cuando yo muera y me librarán de todo mal.”

 

La iglesia católica tiene una multitud de mediadores de ambos sexos. El calendario está lleno a rebozar de santos y santas. Todos ellos son mediadores ante Dios, que interceden por ellos para librarles del fuego del Infierno. Ellos suelen rezar también así: “Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros. . .” Y de este modo también: “Yo, pecador, me confieso a Dios, a la virgen María, a san Pedro, a san Pablo, y a todos los santos, y a vo s padre. . .” Tienen una multitud de mediadores, en los que confían, a los que rezan, invocan y confían la intercesión por sus pecados, creyendo aque ellos les oyen y pueden ayudarles.

 

Ningún verdadero cristiano, durante los primeros trescientos años de vida de la Iglesia de Jesucristo, invocó jamás a ninguna criatura. Solamente al Señor Jesucristo, único Mediador entre Dios y los hombres. María, la madre de Jesús, jamás invocó a ninguna criatura, a ningún santo, a ningún ángel del cielo. Solamente se gozaba, como la hemos oído, “en Dios su Salvador”. A nadie le rendía ninguna especie de culto porque ella sabía, como cada verdadero creyente, que SOLAMENTE se debe rendir culto y servir a Dios. Los seguidores de Satanás son los que enseñan a rendir culto a la criatura: “Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a Él solo servirás” (Mateo 4:10). Si María pudiera oír al hombre, y pudiera ver el culto idolátrico que ha montado en torno a ella, seguro que se espantaría, se rasgaría la ropa y diría, como hicieron y dijeron los apóstoles con quienes querían rendirle adoración: “Cuando le oyeron los apóstoles Bernabé y Pablo, rasgaron sus ropas, y se lanzaron entre la multitud, dando voces y diciendo: Varones, ¿por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay” (Hechos 14:8-18).

 

Vanidades” llama el apóstol Pablo el rendir alguna especie de culto a la criatura. Es lo mismo que insensatez. Es lo mismo que ceguera espiritual. Es lo mismo que ignorar la Escritura. Es lo mismo que no entender la voluntad divina. Es lo mismo que ser rebeldes contra Dios. Y, en verdad, invocar a los santos y santas, rendir culto a la criatura es la mayor de las insensateces que puede cometer el hombre, aparte del delito tremendo que este culto conlleva”. ( J. Candeas/Revista Jezrreel)

 

           Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres,

                       Jesucristo hombre"   (1ª Timoteo 2:5)                 

 

 

 

¿CUÁL ES EL FIN PRINCIPAL DEL HOMBRE?

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Esta pregunta –por demás muy importante y comprometedora para el hombre de ayer y de hoy-- encabeza el tratado doctrinal llamado “Confesión de fe de Westminster”, promulgado en Inglaterra en 1658. Este breve tratado no sólo se ha circunscrito a las congregaciones inglesas, sino que ha sido considerado desde entonces como base de fe de muchas de las iglesias presbiterianas repartidas por todo el mundo.

La respuesta a esta pertinente y concisa pregunta es netamente bíblica, precisando la posición del hombre ante su Creador: “El fin principal del hombre es el de glorificar a Dios, y gozar de él para siempre”. El apóstol Pablo, en su carta a la iglesia de Roma declara, y reclama, el reconocimiento que Dios merece de sus criaturas: “Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén” (Romanos 11:36).

 

La anarquía y el desorden en que vive el hombre frente a las demandas de su Creador, pueden llegar a diluir u olvidar nuestro deber, pero jamás podrá alterar o modificar el fin último de nuestra creación. La alteración de las buenas costumbres y del orden establecido desde el principio, las múltiples escuelas de pensamiento enfrentadas a esta verdad, la creciente invasión consumista dirigida a crear un nuevo hombre manipulado desde la publicidad alienante , nunca podrá suplantar la certeza eterna sobre el fin de nuestra presencia en este mundo. De igual manera, la degradación de la justicia y de la verdad, así como el aumento de la inmoralidad y la corrupción, jamás llegarán a oscurecer o anular el único fin por el que existimos como hombres: servir a Dios, así como amarle y glorificarle.

 

Es este aspecto, no hay diferencia sociales, culturales o religiosas que puedan cambiar el fin principal del hombre frente a su Creador. Tanto los hombres que están en eminencia, como aquellos que viven en otras escalas sociales, o los que se encuentran ubicados en diferentes naciones o etnias, están obligados al mismo y último fin: conocer a Dios, amarle y servirle. Sin embargo, ocurre que la mayoría de los seres humanos, indistintamente, pasan por la vida sin haber llegado a considerar para que fin están en este mundo. Unos, la mayoría, piensan en ambiciones materiales o económicas, conveniencias, trabajos, etc. Otros en diversiones, deleites y placeres; pero la triste realidad es que muy pocos parten de este mundo habiendo llegado a conocer el fin principal para el cual han estado en él. Ante esta cruda realidad, deberíamos preguntarnos: ¿conoce realmente el hombre de nuestros días para qué ha sido creado? Nos basta con una simple mirada a nuestro alrededor para cerciorarnos de la grave ignorancia y desinterés que demuestra el hombre sobre el fin principal para el cual fue creado. A este respecto, así lo define la Palabra: “Ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive. Ciertamente como una sombra es el hombre. Ciertamente en vano se afana” (Salmo 39:5,6). ¡Cuanta sabiduría de Dios en estas palabras de David, fundamentadas en certezas divinas!

 

Amado hermano, ¿has considerado esta importante doctrina del fin principal del hombre para con Dios? ¿Has meditado en tu propio comportamiento frente a la demanda santa de Dios? ¿Vives, quizás, afanado, construyendo un becerro de oro al que adorar, en lugar de servir al verdadero Dios que te redimió de la esclavitud del pecado, amándolo y glorificándolo cada día de tu vida aquí en la tierra como lo hacía el santo rey David? : “Te exaltaré, mi Dios, mi Rey, y bendeciré tu nombre eternamente y para siempre. Cada día te bendeciré, y alabaré tu nombre eternamente y para siempre” (Salmo 145:1-2). No olvides decirle al Señor, con un corazón contrito y humillado: ¡Dios mío, ayúdame a comprender tus propósitos para mi vida. Muéstrame cual debe ser el fin de mis días para contigo. Levanta, Señor, mi corazón para que se alegre cada día en Ti y en tu salvación en Cristo!                                                                             (Jesús Mª Vázquez Moreno)


                                                                

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"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia" (2ª Timoteo 3:16)

   Solo la Fe

  Solo la Gracia

  Solo Cristo

  Solo la Escritura

  Solo a Dios gloria 

 UN TESTIMONIO PASTORAL EJEMPLAR

"Vosotros sabéis cómo me he comportado entre vosotros todo el tiempo, desde el primer día que entré en Asia, sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas, y pruebas que me han venido por las asechanzas de los judíos; y cómo nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas, testificando a judíos y a gentiles acerca  del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo" (Hechos 20:18-21).

 

Estas deben ser, sin duda alguna, las palabras y testimonio de todos aquellos ministros que dedican su vida al servicio de la Obra de Jesucristo y al trabajo de anunciar el mensaje del Reino de Dios a los perdidos.

 

La total entrega, la falta de interés por sí mismo, una vida santa y humilde, un amor extremo por las almas, deben avalar las palabras de un verdadero servidor de Jesucristo, como lo fue  en el abnegado apóstol Pablo. Evidentemente, hermanos amados, es poderoso en sus palabras aquel que a la vez es poderoso en obras. El testimonio mudo, silencioso pero labo-rioso, es más fructífero que la multitud de rebuscados y elocuentes sermones que no están en consonancia con el testimonio de vida.  Estamos llamados a honrar a Dios en nuestros ministerios antes de buscar nuestra propia honra  y reconocimiento ante los hombres. No olvidemos nunca que el mayor enemigo del ministerio es la búsqueda de notoriedad y aplauso antes que la aprobación por parte del Señor Jesucristo, dueño y Señor del rebaño que el ganó en la cruz.

                                             (J. Mª V. M.)

            ¿ESTÁS VIVO?

"Exhorto a todo lector creyente a recordar que hablo, no solamente a él, sino también a mí mismo. Digo que la vida espiritual que hay en todo creyen-te debiera verse de modo más visible. Hemos de limpiar nuestras lámparas a fin de que den una luz más clara. Debemos separarnos más del mundo y caminar con Dios de modo más decidido. Somos dema-siado parecidos a Lot, que se entretenía por el camino, y como los judíos contem-poráneos de Esdras, tan mezclado con los extranjeros que es imposibles ver nuestro linaje espiritual. No debiera ser así. Levantémonos y obremos. Si vivimos en el Espíritu, andemos también en el Espíritu. Si verdaderamente tenemos vida, demos a conocer esta vida.

El estado del mundo así lo requiere. Los últimos tiempos se acercan. Los reinos de la tierra se tambalean y se derrumban. El reino glorioso que jamás será destruido se acerca. El Rey en persona viene. Los hijos de este siglo miran a su alrededor para ver que hacen los santos. Dios, en su providencia maravillosa, nos dice: "¿Quién está de mi parte?" Ojalá respondiésemos prestamente como Abraham: "Heme aquí". . .

Digo, pues, a todos los creyentes: si queréis que vuestra vida espiritual sea más fuerte y vigorosa debéis acercaros más confiadamente al trono de la gracia. Debéis dejar este espíritu vacilante, estas dudas que os impiden tomar las palabras del Señor al pie de la letra.  No hay duda de que sois unos pobres pecadores y de que no sois nada.El Señor lo sabe, y por ello ha hecho provisión de todo el poder que necesitáis, y no tenéis es porque no pedís. 

La causa de vuestra debilidad no es más que vuestra falta de fe y de oración. El ma-nantial está abierto, mas vosotros sólo bebéis unas pocas gotas del agua de vida. . ."Oh hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?" (Mateo 14:31).

(De la obra de Juan Carlos RYLE "¿Vivo o muerto?")