Registrada en el Ministerio de Justicia en 1.993. Miembro de la F.E.R.E.D.E. y del C.E.A.A.

       

          "¿NO PODRÉ YO HACER DE VOSOTROS COMO ESTE                        ALFARERO, OH CASA DE ISRAEL? DICE JEHOVÁ.

       HE AQUÍ QUE COMO EL BARRO EN LA MANO DEL                          ALFARERO, ASÍ SOIS VOSOTROS EN MI MANO"

                                   (Jeremías 18:6)

 

 

 

Viviendo en la plenitud del Espíritu

 

 Resulta necio y absurdo para cualquiera de nosotros orar por la plenitud del Espíritu Santo, si tenemos siquiera una chispa de resentimiento o prejuicio u odio o cualquiera otra indisposición contra alguna persona. En tal estado, oraremos en vano. Se dispondrá Ud. a dejar al Señor quitar de su ser toda inmundicia, tanto de la carne como del espíritu?

La limpieza no es la plenitud del Espíritu, pero ella nos separará de todo lo que impide esta plenitud y nos dispone para recibirla.

 

La segunda causa subjetiva que resulta en la carencia de la plenitud del Espíritu, es una vida no entregada, lo que implica que la vida del “yo” no está crucificada con Cristo ni gobernada por Él. Para ser llenos del Espíritu, es indispensable la entrega total de nuestra vida al dominio de Cristo. Tal bendición no da lugar a reservas; no permite puertas cerradas. Debemos separarnos de todo aquello de lo cual Cristo no es el origen y debemos poner todas las cosas bajo su dominio. Debe experimentarse un total destronamiento de la vida del “yo” y el voluntario entronamiento de Cristo.

 

En el avivamiento bajo Ezequías vemos, que a la limpieza del templo siguió la consagración del pueblo y de sus sacrificios y sus ofrendas de gratitud:

 

Ezequías dijo: vosotros os habéis consagrado ahora a Jehová, llegáos pues, y presentad

sacrificios y alabanzas en la casa de Jehová. Y la multitud presentó sacrificios y alabanzas; y todo liberal de corazón holocaustos" (II Crón. 29:31).

 

Después que la inmundicia fue quitada , las ofrendas fueron traídas.

Así es el orden divino, en la limpieza y la consagración del cristiano, que es el santo templo de Dios. “Él perfeccionar la santificación” sigue a la limpieza de toda inmundicia de la carne y del espíritu. Esto viene como consecuencia de presentar el cuerpo al Señor como un sacrificio vivo para su perfecta posesión, completo dominio y exclusivo uso:

 

Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos

en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional”(Rom. 12:1). 

 

Y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, mas para aquel que murió

y resucitó por ellos  (II Cor. 5:15).

 

Presentarse o entregarse a Cristo significa abrir cada departamento de la vida de Él, para que la llene de sí mismo. Nuestra vida se llena con aquello a que la abrimos o damos entrada. Si yo abro mi vida en alguna forma a Satanás, al mundo y a la carne, soy lleno en este grado por ellos. Pero si abro cada puerta de mi ser a Cristo, al Espíritu y a la Palabra, entonces ellos llenan mi mente, corazón y espíritu.

Presentar o entregar la vida a Cristo no es ser lleno del Espíritu, pero nos prepara para esta bendición. Para que el Señor nos llene es menester que le permitamos vaciarnos primeramente. Sólo la vida entregada, que se ha sometido al requisito de absoluta limpieza, puede ser llena del Espíritu Santo. ¿Se ha rendido Ud. a Cristo de este modo?

                                                                               (Tomado de "Llamados a ser santos", de R. Paxson)

 

 

 

Una enseñanza necesaria para tu vida cristiana

 

La mayoría de nosotros conoceos muy bien la historia de Moisés, el hombre que recibió los diez mandamientos de mano de Dios, y tenemos la tendencia a pensar de él: “Oh, el Gran Moisés fue un gran hombre de Dios”. Por supuesto que era un gran hombre de Dios, pero era también un hombre de grandes flaquezas y extremadamente propenso al pecado. Al principio, trato de resolver sus problemas por medio de su propio esfuerzo, tomando la ley por su propia cuenta. Moisés tuvo la inspiración de ser un libertador. Pero más tarde se vio totalmente frustrado cuando sufrió el reproche de un israelita que le dijo:”¿Piensas matarme como mataste al egipcio?” De seguro tenía un celo real y genuino en favor del pueblo de Dios, pero trató de desarrollarlo por medio de sus propias acciones. Éste fue su error.

 

Lo mismo sucede a muchos de nosotros hoy en día. Tratamos de librarnos por nosotros mismos de nuestras penas y frustraciones, y lo que es más, de sus consecuencias, por medio de nuestros propios esfuerzos. Como resultado de esta actitud, Moisés cayó en una gran depresión. De haber existido psiquiatras en Egipto en aquellos tiempos, estoy seguro de que le hubieran diagnosticado el desarrollo alarmante de un enorme complejo de inferioridad con referencia al suceso de Egipto y el posterior reproche por parte de un israelita. Pero , en lugar de tratamiento psicoterapéutico, tuvo su propia experiencia en el desierto, en las esteparias llanuras del Sinaí, apacentando ganados durante años y años, doblegando y mermando su entusiasmo día a día. Fue entonces cuando, desde la zarza ardiente, Dios le llamó y le comisionó para que volviera de nuevo a Egipto a librar a Israel.

 

Y esta vez, Moisésestaba temeroso, hasta la muerte; tal era el escarmiento de su anterior experiencia de fracaso. Sabía muy bien que había hecho un disparate la última vez que trató de librar tan sólo a unos pocos israelitas de su esclavitud. Cuando Dios le dijo: “Ve”, respondió: “Oh, no me escucharán”. Argulló: “No puedo hablar. . .no puedo. . .no puedo”. Casi igual que muchos de nosotros hoy en día: “Nunca podré ser un buen misionero de Cristo; escasamente sé como expresarme. Nunca seré un buen misionero; me horrorizan las arañas y las serpientes; soy incapaz de dormir en el suelo. Nunca podré hacerlo, soy incapaz”. Moisés era uno de éstos. “Soy incapaz, Señor”, gritó. Pero Dios obró de una forma tremenda en la vida de Moisés. De regreso a Egipto, finalmente se convirtió en un poderoso instrumento en las manos de Dios, hasta que su Pueblo estuvo totalmente libre de la esclavitud.”       (Tomado de “Esclavitud de vida”, de Jorge Verwer-Ediciones Alturas

 

 

JOHN KNOX, un valiente y esforzado

héroe de la fe digno de ser imitado

 

Viviendo como vivimos en días de ignorancia acerca de la Historia, hay, sin embargo, al menos una cosa que es por lo general recordada de John Knox: es que su nombre ha sido comúnmente tratado con desaprobación y crítica. Probablemente a ninguna figura en la historia de la Iglesia de Gran Bretaña le ha sido concedida tal permanente hostilidad. En su propia época fue injuriado, amenazado, proscrito, quemado en efigie y casi asesinado. Se le aplicó toda clase de lenguaje; él fue "ese sinvergüenza de Knox" ; "un escocés renegado", "ese pequeño zorro astuto"; "un puritano" y mucho más. Desde el palacio de la reina Elisabet, William Cecil escribió en 1559: "El nombre de Knox es el más odioso aquí." El mismo año, forzado a dejar Edimburgo al peligrar su vida, el reformador describió la escena en estas palabras: "Las lenguas viperinas de los malvados caían sobre nosotros, llamándonos traidores y herejes: cada uno provocaba al otro para tirarnos piedras. . ,Nunca hubiéramos creído que hombres y mujeres de nuestro propio país  natal hubieran deseado nuestra destrucción tan despiadadamente."  

Nada de esto acabó con su vida. Cuarenta años después de su muerte, (el rey) Santiago I estuvo dispuesto a culpar a Knox por los “problemas” causados por el puritanismo que él había anticipado en ambos reinos; cien años después, uno de los libros de Knox fue condenado a ser quemado en público por el Parlamento inglés; y aún en 1739 se consideraba bastante ridículo para la predicación de Whitefield el acusar al evangelista “de la doctrina prestada de la iglesia de Knox”. . .

 

Cuanto más claramente se habla la verdad, mayor enemistad mostrará el mundo a sus embajadores. Y la explicación para este fenómeno no se encuentra en la mera equivocación, superstición o ignorancia humana. El hombre es un ser caído; ha adquirido el carácter de su disposición natural -”el dios de este mundo”- y la esencia de este carácter fue resumida por el Señor Jesucristo en las palabras: “No ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él” (Juan 8:44). De aquí la necesidad del aviso apostólico: “Hermanos míos, no os extrañéis si el mundo os aborrece” (1 Juan 3:13).

Aquí está la primera lección que deberíamos aprender del ataque contra el nombre y el testimonio de Knox. Tenemos que recordar que en medio de toda la Historia hay una batalla invisible tomando terreno, una batalla de muchos más grandes momentos que cualquier cosa que aparece en la escena visible. El conflicto es entre la luz y las tinieblas; la batalla librada no es contra carne ni sangre, sino “contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo”; el asunto, para volver al relato de Génesis 3, es entre la simiente de la mujer y la simiente de la serpiente. Tal es la razón esencial para el escándalo que la Reforma trajo.”

                         (Escribe: Ian Murray /Tomado de la revista Nueva Reforma)

 

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"¿Quién de vosotros, queriendo edificar una casa, no se sienta primero y calcula los gastos?" (Lucas 14:28)

 

"Vivimos tiempos muy extraños (*). Los acontecimientos se suceden con extraordinaria rapidez. Nunca sabemos "lo que el día nos traerá", ¡cuánto menos lo que nos traerá el año! En nuestros días se hace gran profesión de religiosidad. En muchas partes del país la gente expresa vivo deseo de seguir un curso de vida santo y un grado más alto de espiritualidad. Es muy común ver como la gente recibe la Palabra con gozo, pero después de dos o tres años se aparta y vuelve a sus pecados. Y es que hay muchas personas que no consideran lo que cuesta ser un verdadero cristiano y un creyente santo.

       Nuestros tiempos requieren de una manera muy especial el que nos paremos a considerar el coste y el estado espiritual de nuestras almas. Este tema debe preocuparnos. Sin duda, el camino de la vida eterna es un camino delicioso; pero sería locura, por nuestra parte, cerrar los ojos al hecho de que se trata de un camino estrecho y de que la cruz viene antes que la corona. . .

       No cuesta gran cosa ser un cristiano de apariencia. Sólo requiere el que una persona asista dos veces a los cultos del domingo y que durante la semana sea medianamente moral. Este es el "cristianismo" de la vasta multitud de nuestro tiempo. Se trata, pues, de una profesión de fe fácil y barata; no implica abnegación ni sacrificio. Si esto es el cristianismo que salva y el que nos abrirá las puertas de la gloria al morir, entonces no habrá más remedio que alterar la descripción del camino de la vida eterna y decir: "¡Ancha es la puerta y amplio es el camino que conduce al cielo!".                    (Juan Carlos Ryle)

(* ) Se escribió en el siglo XIX.

                  ¡La soberanía de Dios!

¿Qué queremos decir con esta expresión? Queremos decir la supremacía de Dios. que Dios es Rey, que Dios es Dios. Decir que Dios es soberano es declarar que es el Altísimo, el que hace todo conforme a su voluntad en los huestes de los cielos y entre los habitantes de la tierra, de modo que nadie puede detener Su mano ni decirle: ¿Qué haces? (Daniel 4:35). Decir que  Dios es soberano es declarar  que es el Omnipotente, el Poseedor de toda potestad en los cielos y en la tierra, de modo que nadie puede frustrar Sus consejos, impedir Sus propósitos, ni resistir Su voluntad (Salmo 115:3). Decir que Dios es Soberano es declarar que "se enseñoreará de las gentes" (Salmo 22:28), levantando reinos, derrumbando imperios y determinando el curso de las dinastías según le agrada. Decir que Dios es soberano es declarar que es el "solo soberano", Rey de reyes, y Señor de señores" (1ª Timoteo 6:15). Tal es el Dios de la Biblia".         

 (Del libro "La soberanía de Dios", de A.W. Pink)

       La gran ocupación del ministro

La gran obra del ministro, en la que debe radicar su fortaleza de cuerpo y mente, es la predicación. Por flaco y despreciable, o loco (en el mismo sentido en que llamaron a Pablo loco) que pueda perecer, es el gran instrumento  que Dios tiene en sus manos por el que los pecadores serán salvos y los santos serán hechos aptos para la gloria. Plugo a Dios, por la locura de la predicación, salvar a los que creen. Fue para ello que nuestro bendito Señor dedicó los años de su propio ministerio. ¡Oh, cuánta honra ha dado Jesús a la obra de la predicación, al predicar Él en las sinagogas, o en el templo, o bien sobre las quietas aguas del mar de Galilea!  ¿No hizo Él a este mundo como el campo de su predicación? Ésta fue la gran obra de Pablo y de todos los apóstoles. Por esto dio el Señor el mandamiento: "Id por  todo el mundo y predicad el evangelio". ¡Oh, hermanos, ésta es nuestra gran obra!"

                          (R.M. McCheyne)