Registrada en el Ministerio de Justicia en 1.993. Miembro de la F.E.R.E.D.E. y del C.E.A.A.

     

                    Lema para 2018:

    " Levántate y conquista con el poder del            Espíritu Santo" (Zacarías 4:6)

        (Tomado de la Iglesia "Torre Fuerte")     

                         _____________________                He aquí  que como el barro en la mano del                alfarero, así sois vosotros en mi mano" (Jer. 18:6)

 

 

 

¿ Atraer a las ovejas de Cristo o abandonarlas?

 

¡Ay de los pastores que destruyen y dispersan las ovejas de mi rebaño! dice Jehová. Por tanto, así ha dicho Jehová Dios de Israel a los pastores que apacientan mi pueblo: Vosotros dispersasteis mis ovejas y las espantasteis, y no las habéis cuidado. He aquí que yo castigo la maldad de vuestras obras, dice Jehová ” (Jeremías 23:1-2).

 

Recientemente, un hermano en Cristo me refirió una experiencia especial vivida días atrás, circunstancia que le había llevado a meditar sobre ciertos hechos preocupantes, en nada ajustados a la Palabra de Dios, que están ocurriendo en nuestro medio evangélico, ya de por sí bastante dañado por la propia irresponsabilidad e inmadurez de algunos líderes.

Comentaba este creyente --un hombre responsable y maduro en las cosas del Señor, honrado trabajador en un próspero país europeo ,asiduo asistente a una iglesia protestante de firme arraigo en la doctrina bíblica y en la praxis emanada de la misma-- que al bajar del piso para depositar la bolsa en el contenedor, observó como cierto hombre dejaba al mismo tiempo dos sillas de madera en buen estado. Al entablar conversación con él, interesándose por las mismas, él le refirió que estas antiguas sillas procedían de Austria, desde donde habían llegado a su poder, estimando su antigüedad en unos ciento cincuenta años.

 

Muy extrañado de que siendo de tan bello aspecto , y de tan antiguo origen, él se desprendiera de ellas pudiendo disfrutarlas aun por mucho tiempo, el anciano le contestó secamente que “ya no las necesitaba, y que para él no tenían ningún valor especial.” Estas frías palabras, --desprovistas de todo aprecio y justa valorización por algo que le había sido de gran utilidad durante un largo periodo de tiempo, además de embellecer el lugar donde habían permanecido generación tras generación-- impactaron mi corazón sin poder evitarlo, confesó nuestro hermano. Por ello, se atrevió a pedirle una de las sillas, la cual aparece en la ilustración aportada. De camino a casa con la silla rescatada, un triste pensamiento le acaparó sobremanera: ¡Cuántos ancianos han seguido el mismo doloroso camino después de haber desgastado sus vidas al servicio generoso, abnegado, de sus familiares más amados! ¡Cuántas residencias y asilos --¡y hasta hospitales donde son abandonados por familiares desaprensivos! --nos recuerdan contenedores donde van a parar estos seres desvalidos que -- según palabras de algunos deshumanizados y fríos estamentos -- “ya no son necesarios ni tienen ningún valor especial “.

 

Después de oír sus emocionadas palabras, no me fue difícil concordar con él sobre lo que está sucediendo últimamente en algunas congregaciones llamadas “evangélicas”, donde las almas son escasamente valoradas por los responsables, sobre todo cuando la “cosecha” aumenta sin esfuerzo alguno, por proceder de otras congregaciones hermanas a las cuales no se les informa ni se da cuenta de dichas incorporaciones. Según opinión generalizada de conocidos líderes de algunos de los muchos grupos modernistas y liberales que tanto proliferan en nuestros días, “esto sucedía en otros tiempos, cuando la “anticuada” ética pastoral se respetaba. Todo ha cambiado de forma radical e irreversible. Ahora todo es diferente. Tenemos que adaptarnos a una sociedad que evolu-ciona rápidamente. Nuestras iglesias, evidentemente, no puede quedarse atrás”.

 

Como ilustración de lo que está ocurriendo en nuestros días, puedo referir como un conocido líder no se cuidó de decir en mi presencia, sin ambages alguno, ”que él no llamaba a ninguna oveja de otra iglesia, pero tampoco le cerraba las puertas, por lo que siempre sería bienvenida a su grey”. Precisamente, esta misma persona, pasado el tiempo, ha protagonizado un triste y desagradable proceder con cierto creyente y su familia, sin mostrar ningún respeto, consideración o estima. Después de largos años sirviendo fielmente a Cristo en su congregación,  ha intentado “depositarlos” en un apartado y mudo “contenedor”, lugar donde se arrojan aquellas cosas que ya no nos sirven, ni por las que sentimos aprecio alguno. ¡Y todo ello, sin la más simple explicación!

 

Pero este mal siervo, asalariado “de quien no son propias las ovejas”(Juan 10:12) , olvida algo de gran transcendencia que muestra el texto del profeta Jeremías que encabeza este artículo: la exclusiva propiedad de Cristo sobre cada oveja; como bien declara el dueño de las ovejas (el que las compró con el precio de su propia vida): “Yo soy el buen pastor; y conozco MIS OVEJAS, y las mías me conocen, así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas” (Juan 10:14). Sigue diciendo nuestro amado Pastor: MIS OVEJAS oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano” (Juan 10:27-28). El apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, hizo una exultante y esperanzadora pregunta para consuelo de aquellos que estaban siendo maltratados como ovejas de Cristo: “¿Quién nos separará del amor de Cristo?¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?” (Romanos 8:35). Podríamos , si fuera posible, añadir: ¿Malos pastores o insidias de falsos hermanos? No, mis hermanos amado:, nada “nos podrá separar del amor de Dios, que es Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:39). Nuestras vidas, como ovejas redimidas por Cristo, nunca terminarán a los pies de un maloliente contenedor, sino en las moradas celestiales que Jesús está preparando para sus amadas ovejas (Juan 14:2-3) ¡Bendito sea el Señor, que nos redimió para tan glorioso destino, del cual ninguna cosa creada nos podrá separar!

                                                   (Jesús Mª Vázquez Moreno)

 

 

 

      Consejos para (futuros) desertores espirituales

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Un ladrillo no cae sin razón. Cuando los cristia-nos caen, podemos estar seguros que ha habido en algún lugar una decadencia establecida o una seria inestabilidad.

 

Algunos consejos sólidos para el futuro desertor 

Primero, debes abandonar la práctica de la oración. Aun así esto debe hacerse cuidadosamente y con el mínimo revuelo posible. No abandones la oración de una vez o entonces asustarás tu conciencia y eso sería fatal. Recuerda que el secreto es “poco a poco.” No tengas demasiada prisa; trata de estar todo lo ocupado que puedas, preferiblemente en la obra cristiana, de forma que tengas cada vez menos tiempo para dedicarlo a la oración. Podrás en cualquier momento aquietar tu conciencia diciéndole que, aunque no has orado todo lo que deberías, al menos has hecho la obra del señor de otras formas.

 

Segundo, debes dejar de leer la Biblia. Pero una vez más, recuerda hacerlo con suavidad o de lo contrario te gritará la conciencia. Algunos han encontrado muy útil sustituir la Biblia por buenos libros cristianos y, después, quitarse silenciosamente éstos de encima. De esta forma difícilmente notarás que has dejado de leer la Biblia.

 

Tercero, debes desperdiciar toda oportunidad de tener compañerismo cristiano. Es aconsejable no perder el contacto con otros cristianos, de otra forma tu conciencia te remorderá, y alguno de tus amigos podría sospechar y tratar de ayudarte. Cuando te reúnas con otros cristianos, no hables acerca del Señor Jesucristo, sino de otras cosas. Discute acerca de eventos, gente, libros, el clima, la última moda: cualquier cosa, pero no del Señor Jesucristo.

 

Cuarto, debes introducir en tu vida todo el espíritu mundano que tu conciencia te permita. Hay varias formas en que puedes hacer esto. El amor al dinero es un ganador seguro, siempre y cuando recuerdes llamarlo “economía.” Ese es un pecado muy respetable y difícilmente será descubierto por tus amigos cristianos. También, bajo la apariencia de celo espiritual, puedes meterte en toda clase de alianzas mundanas que ayuden a debilitar tu resistencia espiritual. Por ejemplo, puedes comprometerte en una amistad íntima con un no creyente del sexo opuesto y justificarlo sobre la base de que puedes ganarlo/a para Cristo. Muchos cristianos han caído en la deserción por este medio.

 

Quinto, debes tomar lo antes posible la resolución de que un día enmendarás tus caminos. Esto es muy importante porque ayudará a dominar el último rayo de remordimiento de la conciencia. Siempre puedes decir que intentarás hacer algo acerca de estos asuntos “un día”. Pero recuerda: no decidas cuándo será ese “día”; hazlo lo más vago posible y trata de no pensar demasiado en ello.

 

Y, por último, debes tratar de olvidar que la deserción acarrea mucha deshonra a Dios. Nunca permitas que este pensamiento esté en tu mente ni por un momento; de otra forma, no podrás tener éxito como desertor. Debes decirte a ti mismo: “No estoy hiriendo a nadie, y si en algún caso alguien sufre, soy yo.” Rehúsa pensar en la deshonra que un desertor cristiano acarrea a Dios. Debes decirte que tú eres el único que sufrirá. Si comienzas a darte cuenta que el desertor arroja el nombre de Dios al fango, no triunfarás como desertor. El temor a deshonrarle es uno de los principales frenos.

 

                 “Te castigará tu propia maldad, y tus apostasías te condenarán,

                                Reconoce, pues, y ve que es malo y amargo el dejar al SEÑOR tu Dios,

                                y no tener temor de mí -declara el Señor DIOS de los ejércitos”(Jer. 2:19 LBLA)                                                                (Artículo de Derek O. Swann tomado de la revista “Nueva Reforma") 

"Aclamad a Dios con alegría, toda la tierra. Cantad la gloria de su nombre; poned gloria en su alabanza. Decid a Dios: ¡Cuán asombrosas son tus obras! Por la grandeza de tu poder se someterán a ti tus enemigos. Toda la tierra te adorará, y cantará a ti; cantarán a tu nombre" (Salmo 66:1-4)

 

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"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia" (2ª Timoteo 3:16)

   Solo la Fe

  Solo la Gracia

  Solo Cristo

  Solo la Escritura

  Solo a Dios gloria 

Una certeza consoladora para los hijos de Dios: la seguridad de que el Espíritu Santo nunca los dejará.

"Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre" (Juan 14:16)

 

En el opósculo "¿Vivo o muerto?", el ungido siervo de Dios  Juan Carlos Ryle 

hace una firme defensa de una doctrina que, desde siempre, ha sido combatida e ignorada: la de la presencia permanente del Consolador en la vida de los redimidos hasta la llegada de Cristo, como atestigua la Palabra de Dios. En el escrito de este fiel servidor del Evangelio podemos leer:

 

"El Espíritu Santo es misericordioso y amante; jamás se aparta de ninguna persona a causa de su vileza. Jamás desprecia a nadie porque sus pecados sean negros y rojos. . .

Jamás se apartará el Espíritu de un alma a causa de su corrupción. No lo ha hecho ni lo hará nunca. La gloria del Espíritu Santo consiste en haber purificado la mente de los más impuros y haber hecho de ellos templo y morada. El puede convertir el peor de los hombres en vaso de gracia.

 

El Espíritu Santo es omnipotente, y puede transformar el corazón de piedra en corazón de carne. Puede vencer y destruir los malos hábitos más arraigados con la misma facilidad con que el fuego consume la estopa. El puede hacer que las cosas más difíciles parezcan fáciles y que las objeciones más fuertes se desvanezcan como la nieve en primavera. El puede quebrantar puertas de bronce, y cerrojos de hierro hacer pedazos. El puede henchir todo valle y bajar todo monte y collado; lo ha hecho muchas veces y puede hacerlo muchas más. . .

 ¿Hay alguno que desee ayudar a la Iglesia de Cristo? Si es así, que ore pidiendo que el Espíritu sea derramado en abundancia. Sólo El puede poner fuego en los sermones , dar significado a los consejos, añadir poder a las amo-nestaciones y derrumbar las murallas de los corazones llenos de pecado. . . "

  ¿Dónde has espigado hoy? (Rut 3:19)

Noemí, la suegra de Rut, hizo esta pregunta a su nuera, pero también es una buena pregunta que debemos hacernos a nosotros mismos al fin de cada día. Por ello, amados hermanos, tenemos que ser cuidadosos en escoger dónde pasamos el tiempo y con quien. Espigamos mucho en los lugares que frecuentamos y de las personas con quienes nos relacionamos, para bien o para mal. Haríamos bien en imitar al salmista cuando escribió lo siguiente: "Compañero soy yo de todos los que te temen y guardan tus manda-mientos" (Salmo 119:63).

María de Betania supo espigar a los pies de Jesús. Ella, según el mismo Maestro, escogió la buena parte, la cual no le sería quitada nunca  (Lucas 10:38-42)   

(Ilustración: Obra de Jean F. Millet)

   ¿POR DÓNDE CAMINAN NUESTROS                              PIES CADA DÍA?

"Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino" (Salmo 119:105)

 

Sí, mis hermanos, muchas veces nuestros pies caminan por lugares  y circunstancias que no son los que corresponden a un hombre resucitado juntamente con Cristo (Efesios 2:6). No olvidemos que caminamos en la noche del mundo, en la oscuridad tenebrosa de una generación maligna y perversa sumida en las más densas tinieblas. Por ello, no podemos olvidar, voluntaria o inconscientemente, la lámpara luminosa y segura de la Palabra bendita de Dios (Salmo 119:105). Esta Palabra de Dios es como una poderosa luz para nuestros pies, mostrándonos cómo debemos comportarnos  y caminar cada día en el Señor.

Leer, meditar y guardar estas Escrituras divinas en nuestro corazón, dejando que el Espíritu Santo nos ilumine, debe ser una disposición permanente en nuestra vida espiritual. Lo contrario, es oscuridad total, desorden y pecado.

(Ilustración: Obra de Andrew Wyeth)