Registrada en el Ministerio de Justicia en 1.993. Miembro de la F.E.R.E.D.E. y del C.E.A.A.

     

                    Lema para 2017:

    "...porque es tiempo de buscar a Jehová"                          (Oseas 10:12)

        (Tomado de la Iglesia "Torre Fuerte")     

                         _____________________                He aquí  que como el barro en la mano del                alfarero, así sois vosotros en mi mano" (Jer. 18:6)

  

 

EL ESPÍRITU Y

LA LETRA  

____________ 

 

Resulta cuando menos paradójico que hoy día, cuando disponemos de toda clase de medios impresos, audiovisuales, informáticos y cibernéticos para alimentarnos de la Biblia, exista tal hambruna a escala mundial en cuanto al conocimiento de Dios y de su camino. Aunque no aboguemos por aquello de que “cualquier tiempo pasado fue mejor”, hemos de reconocer el enanismo ministerial que padecemos en nuestro tiempo si comparamos a nuestros predicadores con aquellos gigantes de siglos pasados que nos precedieron.

 

Hablando en términos generales (y con honrosísimas pero escasísimas excepciones), ni los creyentes ni los inconversos están siendo claramente impactados por la predicación cristiana. La gente se aburre y muchos no se sienten motivados a oír dos veces el domingo al predicador. Muchos demandan mensajes más cortos: más música, más teatro y menos predicación. Raramente se ven conversiones durante el acto mismo de la proclamación del mensaje. Y, lo que es peor, muchos parecen estar “inmunizados” contra todo sermón que puedan oír y sus vidas continúan igual por muchas exhortaciones que se hagan desde el púlpito. Si creemos que el Evangelio “es poder de Dios”, ¿cómo es que no vemos ese poder con más frecuencia y de forma más evidente? ¿A qué se debe esto? O, como pregunta Al Martin en su librito ¿Qué está fallando con la predicación de hoy?

Cuando tratamos de hacer un análisis de este tipo, corremos el peligro de ser simplistas, de confundir las partes con el todo,de mezclar lo principal con lo secundario, de sustituir lo general por lo particular. El mencionado autor hace referencia a los problemas derivados tanto de la persona como del mensaje del predicador y, sin duda, su análisis es acertado. El carácter, la autoridad moral, del mensajero es importante; y también lo es el contenido y la forma del mensaje. Pero, en un sentido, este problema ha existido siempre: no todos los predicadores del pasado rayaban la excelencia, evidentemente.

 

¿Cuál es entonces el problema específico de nuestro tiempo? Hay, sin duda, un consenso generalizado en cuanto a que nuestra sociedad se caracteriza por la superficialidad. El hombre moderno ha alcanzado elevadas alturas de conocimiento, tecnología y progreso, pero padece una gran carencia de profundidad. Se ha empeñado en una lucha titánica por extender y ampliar los límites que le rodean, pero ha abandonado el esfuerzo por ahondar en su interior.

 

Y, querámoslo o no, nuestras iglesias y predicadores están siendo influidos por nuestro ambiente social. En un afán por estar “a la altura”, se está recurriendo a toda clase de adelantos para hacer que la Iglesia avance, aun a costa de una gran falta de profundidad. Hoy podemos encontrar textos bíblicos en milésimas de segundos con nuestras biblias electrónicas; disponemos de cientos de volúmenes en un solo CD o DVD que podemos consultar instantáneamente; por si esto fuera poco, podemos navegar por la internet y buscar con enorme velocidad entre cientos de miles de sermones o estudios bíblicos escritos o hablados, además de descargar suficientes bosquejos para abastecernos el resto de nuestra vida. Ya no nos conformamos con una mera exposición hablada del mensaje, pues mediante el PowerPoint (o el Keynote de la otra plataforma) se puede hacer una presentación con toda clase de efectos visuales y sonoros.    Leer más.. . . 

 

 

  

El descuido de la vida espiritual produce graves

y tristes naufragios

 

"Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” (1ª Corintios 10:12).

 

La presunción, compañera inseparable del orgullo, así como una vida espiritual superficial, aparente, es el origen y la causa de dolorosas y frecuentes caídas. Es un hecho incuestionable que uno nunca está más pronto a caer que cuando, indolentemente, no teme la caída. Cuando un creyente es fiel a Dios, es humilde de corazón, y cuando se es humilde de corazón se desconfía de sí mismo, de la propia seguridad. Las almas llenas de sí mismas y de sus propias cualidades y méritos  son altamente presuntuosas y vulnerables (Lucas 18:9-14).

 

Es difícil no encontrar, en toda la larga historia de la Iglesia de Jesucristo, ejemplos en tal sentido. Se han visto firmes columnas de la Iglesia desmoronarse y caer estrepitosamente a tierra. Basta con citar a Pedro y su triple negación. Pablo nos muestra otro doloroso ejemplo: Demas me ha desamparado, amando este mundo” (2ª Timoteo 4:10). Un viejo predicador inglés lo describía así: Bajeles (barcos) ricamente cargados, después de una larga navegación; después de haber resistido a las más furiosas tempestades y a las olas más elevadas, que amenazaban con tragarse la embarcación, sufren un triste e inesperado naufragio dentro del puerto, en la más sosegada bonanza.

Es el caso real del inesperado naufragio del entrañable "vaporcito del Puerto", el Adriano III, el cual se hundió en el muelle Reina Victoria de la capital gaditana un triste 30 de agosto del año 2011. Este valiente vapor había desafiado durante 56 largos años las más duras pruebas en sus pintorescas travesías por la bahía de Cádiz. . .y de todas ellas había salido airosamente, pero un descuido causado -posiblemente- por la propia monotonía del trabajo le llevó a hundirse cuando tocaba la seguridad y firmeza del muelle. Esto debe hacernos meditar sobre el peligro de la presunción en muchos hombres de Dios que, aun siendo fieles cristianos, corren el peligro de zozobrar en sus vidas espirituales al no tener cuidado de sí mismos  (1ª Timoteo 4:16; 2ª Pedro 3:17).

 

Es el caso del mismo David, del que  Dios dijo: He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón” (Hechos 13:22). Este varón de Dios, después de mil batallas, victorioso sobre muchos peligros y pruebas, sucumbre ante la tentación en medio de la paz y el sosiego de su propio palacio (2º Samuel 11). Su hijo Salomón, al que Dios dio...sabiduría y prudencia muy grandes, y anchura de corazón como la arena que está a la orilla del mar” (1º Reyes 4:29); instrumento del Espíritu Santo para legarnos los más sabios y ungidos consejos, cae en los más vergonzosos excesos, tanto carnales como idolátricos. Es triste  encontrarnos a un Salomón que fue fiel a su Dios, al que edificó un hermoso templo, construyendo después otros lugares de culto a los falsos dioses cananeos Quemos Moloc (1º Reyes 11).

 

Después de estos ejemplos, hermanos  ¿quién puede vivir ajeno al peligro de su propia concupiscencia? Pablo confiesa: “ Yo sé que en mí, esto es, en mi cuerpo, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo” (Romanos 7:18).

Amado hermano en Cristo, no duermas indolentemente llevando una vida relajada, peligrosamente confiada en ti mismo y en tu propia prudencia. No dudes en obedecer el amoroso pero firme mandato de Jesús: Velad y orad. para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil"(Mateo 26:41).

(Texto: Jesús Mª Vázquez Moreno/ Ilustración: Obra de Henri Toulouse.Lautrec)

 

 

 

La demanda incondicional del Señor a nuestra vida

 

"El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí..." (Mateo 10:37-38)

 

Debes considerar, hermano, que Cristo no nos prohibe en este texto el que amemos a nuestros familiares -algo loable demandado por el propio Señor en su Palabra (Efesios 5:25; Tito 2:4)-, sino el que los amemos más que a él y los coloquemos en el primer lugar de nuestras vidas. Nuestro amor a Dios no debe entrar en la balanza de nuestros sentimientos más profundos. Si así ocurre, si permitimos que el amor al padre, a la madre, a la mujer e hijos, compita en esa balanza con el amor perfecto, santo, puro de Dios, entonces estamos llamados por la propia Palabra de Dios a renunciar a todos por él, conservando su bendito y eterno amor, que es sobre todo amor en la tierra.

 

El discípulo de Jesucristo debe asumir que debe amar a Jesús más que a todo cuanto amemos en este mundo, más que a nuestra propia vida (Lucas 14:26); estando en disposición de renunciar , si fuere necesario, a los más profundos lazos de amor, antes de separarnos de nuestro Dios y Salvador Jesucristo.

Posiblemente, algunos piensen: ¡Qué cosa más injusta el renunciar al amor más natural, el de nuestra familia! A estos les diría que no entienden, en su justo sentido, el mensaje de estas palabras de nuestro amado Jesús. Él no nos llama a aborrecer, en el sentido literal de la palabra, sino a amarlos con un amor subordinado, dependiente al amor que debemos a Dios: es dar al Señor la preferencia que merece y le corresponde.

 

Puede que pensemos: A nuestros padres les debemos la vida que poseemos; ellos nos engendraron desde su amor ¿Cómo podemos posponerlos a un orden inferior en nuestros corazones? Sí, es verdad, ¿pero sería acaso conveniente posponer a Dios, nuestro Creador y Redentor eterno? ¿A quién debemos más, a Dios o a los hombres, aunque sean nuestros familiares? Él es nuestro soberano dueño; nuestro Padre celestial, y ningún bien disfrutamos que no venga de su mano (Salmos 104: 27-30). Él formó nuestro corazón (Salmos 33:15), y Él nos sustenta, nos preserva y protege. Cuando nuestro Dios mandó a sus hijos que le amasen sobre todas las cosas (Deuter. 6:5; Mateo 22:36-39)¿exceptuó, quizás, a los padres, hijos, hermanos, etc.? ¿Y cuando se trate de obedecer ? "Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios" (Hechos 4:19)

Hermano amado en Cristo: Ama a tus padres y familiares; pero ámalos con un amor cristiano, no sólo de sangre y carne. Si ellos están en el mundo, ámalos con ternura, con mansedumbre, pero con un amor subordinado a Dios, la fuente eterna del amor. Háblales de tu salvación en Cristo. Muestra un testimonio santo sometido a la Palabra del Padre, vístete del amor de Dios (Colosenses 3:14), y Él te bendecirá ante sus ojos.

(Texto: Jesús Mª Vázquez Moreno/Ilustración: Obra de Giudici Reynaldo- Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires (Argentina) www.bellasartes.gob.ar/museo          

 

Los himnos evangélicos perfectos

Joham Sebastian Bach (siglo XVIII) 

http://protestantedigital.com/tublog/27972/Los_himnos_evangelicos_perfectos

 

La iglesia que cambió adoración por entretenimiento (Un clarificador artículo de Gabriel E. Llugdar sobre la espúrea y carnal alabanza imperante en muchas iglesias)  https://diariosdeavivamientos.wordpress.

 

 

TESOROS DIARIOS PARA EL ALMA..

Meditaciones diarias para el alma necesitada

Haga click en: "TESOROS DIARIOS ..."

IGLESIA EVANGÉLICA EL

ALFARERO.COM

Avda. Blas Infante, núm. 37

Jerez de la Frontera (Cádiz)

Móvil: 627 137 280

"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia" (2ª Timoteo 3:16)

   Solo la Fe

  Solo la Gracia

  Solo Cristo

  Solo la Escritura

  Solo a Dios gloria 

       ¿CÓMO PUEDEN LOS CRISTIANOS                          VENCER A SATANÁS?

"Por la sangre del Cordero" (Ap.12:11)

 

Por  medio de la muerte del Señor Jesús, estamos unidos con Dios. El objetivo primario del ataque satánico es separar-nos de Dios. En tanto que estamos con Dios, Satán no tiene manera alguna de dañarnos. ¿Qué es pues lo que nos separa de Dios? Sólo el pecado nos separa, pero la sangre de Jesús, el Hijo de Dios, nos limpia de todos nuestros pecados.

 

Apocalipsis 12:11 nos dice que los herma-nos vencieron a Satanás por medio de la sangre del Cordero. Con la purificación de la sangre del Señor Jesús fuimos hecho uno con Dios. Cuando tenemos conciencia de pecado en nosotros, al instante quedamos separados de Él. Tan pronto como entra en nosotros la conciencia de pecado, el diablo comienza su ataque. Sin esta conciencia el diablo no tiene manera de lanzar su ataque. Gracias a Dios, la sangre del Cordero ha vencido a Satán. Hoy, incluso el más débil de los hijos de Dios puede vencer a Satán, porque cada uno de nosotros tiene la sangre."

                   (Watchman Nee)

 

                    Matthew Henry

Ezequiel 16:30

"Adviértase: los más necios son, normalmente, los más arrogantes, y se consideran aptos para conducir a otros cuando están muy lejos de ser capaces de conducirse a sí mismos."

Ezequiel 13:20-21

"Adviértase: es una gran misericordia ser librados de un respeto servil y temor hacia aquellos que, con el pretexto de una autoridad divina, se imponen a las conciencias de los hombres y las tiranizan, y dicen a sus almas: Inclínate, y pasaremos por encima de ti (Is. 51:23). Pero es un dolor punzante para aquellos que se deleitan en tales usurpaciones que su poder sea quebrantado y su presa liberada; eso fue la Reforma para la Iglesia de Roma. Y cuando Dios hace esto, demuestra que es el Señor, que es su prerrogativa dar la ley a las almas."

(http://editorialperegrino.com/tienda/461_henry-matthew)

"Venid a mí todos los que estáis traba-jados y cargados, y yo os haré des-cansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga" (Mateo 11:28-29)

 

Agustín de Hipona (354-430), hablando del yugo que deben llevar los cristianos verdaderos, dijo:

"Una persona que lleva una carga pesada parece agobiada, mientras otra que lleva una más liviana no parece caminar tan cargada. Sin embargo, ambas están cargadas. Pero el que no lleva ninguna carga, parece andar con sus espaldas libres, erecto. Ahora bien,  no ocurre así con el yugo de Cristo: Tenemos que llevarlo si queremos ir levantados. Si nos descargamos de él, nuestra carga se hace más pesada, insoportablemente pesada. 

Veamos una simple ilustración: Toda ave lleva sus propias alas, algunas muy pesadas con relación a su cuerpo. Contemplemos un simple pájaro y veamos como pliega sus alas cuando se posa en el suelo; como descansa entonces sus alas, llevándolas a su costado. Ahora bien, ¿Imaginamos que las alas son una carga para el pájaro? Que deje su carga y caerá. Mientras menos quiera el pájaro llevar sus alas, menos será capaz de volar. 

¿Le quitaremos por compasión su carga? No, sino que la compasión debe llevarnos a dejarlas.

La Biblia, toda la Biblia, y nada más que la Biblia es la Religión de la Iglesia de Cristo. “El propósito del diablo hoy día, es mantenernos alejados de la Biblia. El pecado te guardará de este Libro o este Libro te guardará del pecado."        

                           (Leonard Ravenhill)                                             _____   

"Muchos creyentes en nuestras iglesias confiesan leer la Biblia todos los días, pero ¿cuántos de ellos viven todos los días de acuerdo a lo enseñado en la Biblia?               (J. Mª V. M.)