Registrada en el Ministerio de Justicia en 1.993. Miembro de la F.E.R.E.D.E. y del C.E.A.A.

 

       "¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero,                    oh casa de Israel? dice Jehová. He aquí que como el

              barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en

              mi mano, oh casa de Israel"  (Jeremías 18:6)

 

 

LA PRIORIDAD DEMANDADA POR

EL SEÑOR

 

Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre y madre, y mujer, e hijos, y hermanos y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:26)

 

Debes considerar, hermano, que Cristo no nos prohíbe en este texto el que amemos a nuestros familiares, sino el que los amemos más que a él y los coloquemos en primer lugar de nuestras vidas. Nuestro amor a Dios no debe entrar en la balanza de nuestros sentimientos más profundos. Si así ocurre, si permitimos que el amor al padre, a la madre, a la mujer e hijos, compita en esa balanza con el amor perfecto, santo, puro de Dios, entonces estamos llamados por la propia Palabra de Dios a renunciar a todos por Él, conservando su bendito y eterno amor, que es sobre todo amor en la tierra.

 

El discípulo de Jesucristo debe asumir que debe amar a Jesús más que a todo cuanto amemos en este mundo, más que a nuestra propia vida (vers.26); estando en disposición de renunciar, si fuere necesario, a los más profundos lazos de amor, antes de separarnos de nuestro Dios y Salvador Jesucristo.

Posiblemente, algunos piensen: ¡Qué cosa más injusta el renunciar al amor más natural, el de nuestra familia! A estos les diría

que no entienden, en su justo sentido, el mensaje de estas palabras de nuestro amado Jesús. Él no nos llama a aborrecer, en el sentido literal de la palabra, sino a amarlos con un amor subordinado, dependiente al amor que debemos a Dios: es dar al Señor la preferencia que merece y le corresponde.

 

Puede ser que pensemos: A nuestros padres les debemos la vida que poseemos; ellos nos engendraron desde su amor¿Cómo podemos posponerlos a un orden inferior en nuestros corazones? Sí, es verdad, ¿pero sería acaso conveniente posponer a Dios nuestro Creador y Redentor eterno? ¿A quién debemos más, a Dios o a los hombres, aunque sean nuestros familiares? Él es nuestro soberano dueño; nuestro Padre celestial, y ningún bien disfrutamos que no venga de su mano (Salmo 104). Él formó nuestro corazón (Salmo 33:15), y Él nos sustenta, nos preserva y protege. Cuando nuestro Dios mandó a sus hijos que le amasen sobre todas cosas (Deuteronomio 6:5; Mateo 22:36-39), ¿exceptuó, quizás, a los padres, hijos, hermanos, etc.? Y cuando se trate de obedecer ¿a quién pondremos en primer lugar: a Dios o a los hombres (Hechos 4:29)?

  

Hermano amado en Cristo: Ama a tus padres y familiares, pero ámalos con un amor cristiano, no sólo de sangre y carne. Si ellos están en el mundo, ámalos con ternura, con mansedumbre, pero con un amor subordinado a Dios, la fuente eterna del amor. Háblales de tu salvación en Cristo. Muestra un testimonio santo sometido a la Palabra del Padre, vístete del amor de Dios (Colosenses 3:14), y Él te bendecirá ante sus ojos.                                 (Jesús Mª Vázquez Moreno) 

 

 

El hábito necesario de la disculpa y la restitución

 

Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto que estás con él en el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la cárcel” (Mateo 5:23-26)

 

Después de creer en el Señor, necesitamos cultivar el hábito de disculparnos y hacer restitución. No nos referimos aquí a cosas del pasado. Ya hemos hablado a este respecto). Si ofendemos o zaherimos a alguien, debemos aprender a enmendar nuestro agravio bien por medio de la disculpa o por la restitución. Si confesamos a Dios y nos disculpamos ante los hombres, nuestra conciencia se mantendrá sensible y aguda. De otro modo nuestra conciencia se endurecerá, y una conciencia endurecida es incapaz de recibir la luz de Dios. La luz no ilumina fácilmente a una persona de conciencia endurecida.

 

El famoso predicador de avivamientos Evan Roberts era propenso siempre a preguntar a la gente: “¿Cuándo fue la última vez que se disculpó?” Si la última disculpa había ocurrido hacía mucho tiempo, algo no debía ir bien. Es inconcebible que uno viva años sin ofender a nadie. Lo más probable es que hayamos ofendido a otros sin ser conscientes de nuestros pecados. Si es así, demuestra que algo no va bien en nuestra conciencia; está en la oscuridad, destituida de luz y sensibilidad.

 

¿Cuándo fue la última vez que se disculpó?” Al notar la duración del período, podemos saber si hay algo entre la persona y Dios. Si el lapso ha sido grande, sabemos que su espíritu carece de luz. Pero si se ha disculpado recientemente, entonces sabemos que su conciencia es sensible. Los creyentes nuevos deben comprender la importancia de una conciencia sensible, porque sólo ella nos permite vivir a la luz de Dios. Con una conciencia sensible, seguiremos condenando nuestros pecados como tales. Muchas veces tendremos que confesar nuestros pecados como tales. Muchas veces tendremos que confesar nuestros pecados a Dios y también disculparnos ante los hombres.

 

¿Cuáles son los pecados de que nos debemos disculpar? No todos los pecados requieren una disculpa, pero debemos disculparnos de los que dañan o zahieren a otros. Si peco y lo que hago inflige daño a mi hermano o a un no creyente, debo expresar mi disculpa a esta persona. No sólo debo confesar a Dios, sino también disculparme a la persona perjudicada.

 

Podemos pedir a Dios mismo que nos perdone nuestros pecados nuestros pecados, pero ¿cómo le podemos pedir que nos perdone respecto a otras personas? Ciertamente, hemos de confesarnos a Dios y pedirle que nos perdone, pero también hemos de enderezar la situación que existe con aquellos a los que hemos perjudicado. Es muy importante que no pensemos que basta sólo con pedir perdón a Dios y todas nuestras ofensas con respecto a los demás quedarán cubiertas.

 

Por otra parte, es absolutamente innecesario disculparnos de los pecados que no tienen que ver con los hombres. Que los creyentes jóvenes se abstengan de excederse, de cargar el énfasis. Cualquier pecado que se comete contra Dios, pero que no tiene nada que ver con el hombre, sólo necesita confesarse a Dios, pero lo que es un pecado contra el hombre requiere la disculpa ante el hombre.”                                                                                   (Watchman Nee, “Consejos para una vida santa”)


                                                                

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   Solo la Fe

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                        LA REDENCIÓN

El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor" (Lucas 4:18-19)

"Un amigo mío estaba en Irlanda y vio a un muchacho que había cazado un gorrión y el pobre pajarito estaba temblando jadeante en su mano, de la cual deseaba escaparse. Estaba evidentemente aterrorizado. Mi amigo le dijo al muchacho que lo soltara, que no podía hacer nada con el pájaro, pero el muchacho no quiso dejarlo escapar, porque había estado persiguiéndole durante tres horas antes de pillarlo. Mi amigo entonces se ofreció para comprarlo y el muchacho estuvo de acuerdo con el precio. Pagado el precio mi amigo cogió el pájaro y lo sostuvo en la palma de su mano; el pájaro estuvo quieto un momento hasta que se dio cuenta de que había recobrado su libertad; dando un alegre pío se fue volando como para decirle a aquel hombre: "Tú me has rescatado."

Ésta es una ilustración de lo que significa la redención. Satán es más fuerte que un hombre. Éste no puede competir con él. Sólo Cristo puede habérselas con Satán. El león del Calvario --el león de la tribu de Judá---es más fuerte que el león del infierno. Cuando Cristo en el Calvario dijo: "¡Consumado es!", éste fue el grito del conquistador. Vino a redimir al mundo con su muerte."  (D.L.MOODY)

       DIOS MANIFESTADO AL MUNDO      “Dios fue manifestado en carne..."   (1ª Timoteo 3:16)

"Según la Iglesia Cristiana confiesa, Dios mismo es Aquél que no quiso permanecer escondido, ni tampoco ser Dios única-mente para sí mismo, sino que Él sale de su majestad soberana, rompiendo el misterio, y desde la altura de su existencia divina baja a la miseria del cosmos creado por Él. Es Dios mismo el que se revela como tal. Todo el que crea en ese Dios no podrá querer ocultar tampoco su confianza en la Palabra y su conocimiento. La palabra y la obra del hombre creyente no pueden ser de ninguna manera una cosa neutral y sin compromiso: donde haya fe, sucederá que la doxa, la gloria, el resplandor divino, se manifestarán en esta tierra. En cambio, al no brillar la gloria de Dios de una u otra manera, o quizás sólo apagadamente por nuestra manera de ser o de no ser, entonces no habría fe, y el consuelo y la luz que recibimos de Dios no lo habríamos recibido en realidad." (KARL BARTH)