Registrada en el Ministerio de Justicia en 1.993. Miembro de la F.E.R.E.D.E. y del C.E.A.A.

 

       "¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero,                    oh casa de Israel? dice Jehová. He aquí que como el

              barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en

              mi mano, oh casa de Israel"  (Jeremías 18:6)

 

 

El hábito necesario de la disculpa y la restitución

 

Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto que estás con él en el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la cárcel” (Mateo 5:23-26)

 

Después de creer en el Señor, necesitamos cultivar el hábito de disculparnos y hacer restitución. No nos referimos aquí a cosas del pasado. Ya hemos hablado a este respecto). Si ofendemos o zaherimos a alguien, debemos aprender a enmendar nuestro agravio bien por medio de la disculpa o por la restitución. Si confesamos a Dios y nos disculpamos ante los hombres, nuestra conciencia se mantendrá sensible y aguda. De otro modo nuestra conciencia se endurecerá, y una conciencia endurecida es incapaz de recibir la luz de Dios. La luz no ilumina fácilmente a una persona de conciencia endurecida.

 

El famoso predicador de avivamientos Evan Roberts era propenso siempre a preguntar a la gente: “¿Cuándo fue la última vez que se disculpó?” Si la última disculpa había ocurrido hacía mucho tiempo, algo no debía ir bien. Es inconcebible que uno viva años sin ofender a nadie. Lo más probable es que hayamos ofendido a otros sin ser conscientes de nuestros pecados. Si es así, demuestra que algo no va bien en nuestra conciencia; está en la oscuridad, destituida de luz y sensibilidad.

 

¿Cuándo fue la última vez que se disculpó?” Al notar la duración del período, podemos saber si hay algo entre la persona y Dios. Si el lapso ha sido grande, sabemos que su espíritu carece de luz. Pero si se ha disculpado recientemente, entonces sabemos que su conciencia es sensible. Los creyentes nuevos deben comprender la importancia de una conciencia sensible, porque sólo ella nos permite vivir a la luz de Dios. Con una conciencia sensible, seguiremos condenando nuestros pecados como tales. Muchas veces tendremos que confesar nuestros pecados como tales. Muchas veces tendremos que confesar nuestros pecados a Dios y también disculparnos ante los hombres.

 

¿Cuáles son los pecados de que nos debemos disculpar? No todos los pecados requieren una disculpa, pero debemos disculparnos de los que dañan o zahieren a otros. Si peco y lo que hago inflige daño a mi hermano o a un no creyente, debo expresar mi disculpa a esta persona. No sólo debo confesar a Dios, sino también disculparme a la persona perjudicada.

 

Podemos pedir a Dios mismo que nos perdone nuestros pecados nuestros pecados, pero ¿cómo le podemos pedir que nos perdone respecto a otras personas? Ciertamente, hemos de confesarnos a Dios y pedirle que nos perdone, pero también hemos de enderezar la situación que existe con aquellos a los que hemos perjudicado. Es muy importante que no pensemos que basta sólo con pedir perdón a Dios y todas nuestras ofensas con respecto a los demás quedarán cubiertas.

 

Por otra parte, es absolutamente innecesario disculparnos de los pecados que no tienen que ver con los hombres. Que los creyentes jóvenes se abstengan de excederse, de cargar el énfasis. Cualquier pecado que se comete contra Dios, pero que no tiene nada que ver con el hombre, sólo necesita confesarse a Dios, pero lo que es un pecado contra el hombre requiere la disculpa ante el hombre.”                                                                                   (Watchman Nee, “Consejos para una vida santa”)

 

 

El gran engaño

de nuestros días

 

 

Tened fe en Dios” (Marcos 11:22)

 

Vivimos en días muy extraños. Algunos nos dicen que no es realmente importante lo que el hombre cree con tal que lo crea con sinceridad. Lo mismo da una iglesia que otra con tal que sea sincero al creerlo. No creo que haya salido una mentira mayor que ésta del infierno. Está llevando a la perdición a más almas en nuestros días que ninguna otra. No he leído nunca de hombres más sinceros y convencidos que aquellos falsos profetas del monte Carmelo. Su fe y seguridad era inconmovible. Algunos dicen: Si estas personas estaban equivocadas, como usted dice, ¿por qué habían de poner tanto empeño en ello? Aquellos profetas de Baal eran los hombres más sinceros de que tengo noticia. Hoy día no hay nadie que se tome la cosa tan en serio como para sajarse la carne con cuchillos. Mirad cómo están danzando alrededor del altar, gritando: “¡Baal!” ¡Baal! ¡Óyenos!”. No se ven hoy oraciones tan intensas en las plataformas de las iglesias. Sus actos eran como si estuvieran fuera de sí. Pero a pesar de toda su sinceridad, ¿escuchó Dios su clamor? Todos ellos fueron degollados. “Creo que es tan buena religión como otra con tal que se crea con sinceridad.” Ésta es una de las mentiras del diablo.

 

Tened fe en Dios no en el hombre. No importa lo bueno que sea un hombre; no hay que poner la fe en él, Su aliento le abandona cuando muere, ¿y dónde está entonces tu ayuda? Nuestro Dios no muere, nuestro Dios nunca va a decepcionarnos si ponemos fe en Él. “Tened fe en Dios”, dice Cristo. . . Amigos, recordad que si no creéis en el Señor Jesucristo vais a perecer. Es Dios quien lo dice, no el hombre. Algunos dicen: “Este es un buen hombre, no puedo por menos que creer en lo que dice; lo que dice es bueno porque es un buen hombre y predica esta doctrina.” Pablo dice: “Si alguno os predica otro evangelio distinto del que habéis recibido sea anatema.” Y si Gabriel descendiera del cielo esta noche y comenzara a proclamar un evangelio distinto desde este púlpito, yo me iría de la sala sin escucharle siquiera.

 

Hay engañadores en el mundo que extraviarían a los mismos elegidos si pudieran. Yo creo que estamos viviendo en días muy sombríos. El error aparece por todas partes y es un momento en que hemos de mantener la fe. “He guardado la fe”, dice Pablo. La doctrina sana, antigua, de nuestros padres, y de los puritanos, es mucho mejor que las nuevas doctrinas de los tiempos presentes, que están eliminando a Cristo, el infierno y aun el mismo cielo. Aferrémonos a la palabra de Dios y tengamos fe en Dios. . . No hemos de poner nuestra fe en ningún hombre ni aun en un profeta si su palabra es distinta y contraria a la palabra de Dios. Si Dios lo dice hemos de mantenernos firmes en ello. La palabra de Dios permanecerá cuando

estos hombres y su nombre habrán sido barridos y olvidados. Siempre ha habido falsos maestros que han tratado de enseñarnos que no hace ninguna diferencia lo que un hombre cree con tal que lo haga con sinceridad. Amigos míos, pongamos nuestra fe en el Dios vivo y se hará luz allí donde ahora hay tinieblas.                                             (D.L.MOODY, “Un amor maravilloso”) 


                                                                

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"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia" (2ª Timoteo 3:16)

   Solo la Fe

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       DIOS MANIFESTADO AL MUNDO      “Dios fue manifestado en carne..."   (1ª Timoteo 3:16)

"Según la Iglesia Cristiana confiesa, Dios mismo es Aquél que no quiso permanecer escondido, ni tampoco ser Dios única-mente para sí mismo, sino que Él sale de su majestad soberana, rompiendo el misterio, y desde la altura de su existencia divina baja a la miseria del cosmos creado por Él. Es Dios mismo el que se revela como tal. Todo el que crea en ese Dios no podrá querer ocultar tampoco su confianza en la Palabra y su conocimiento. La palabra y la obra del hombre creyente no pueden ser de ninguna manera una cosa neutral y sin compromiso: donde haya fe, sucederá que la doxa, la gloria, el resplandor divino, se manifestarán en esta tierra. En cambio, al no brillar la gloria de Dios de una u otra manera, o quizás sólo apagadamente por nuestra manera de ser o de no ser, entonces no habría fe, y el consuelo y la luz que recibimos de Dios no lo habríamos recibido en realidad." (KARL BARTH)

   IMPORTANCIA DE LA PREPARACIÓN

 “Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina" (Tito 2:1)

 

"Queridos hermanos, estudiad la Biblia a fondo, con todas las ayudas que podáis obtener. Recordad que los medios que ahora están al alcance de los cristianos ordinarios son mucho más extensos que en tiempos de nuestros padres, y por lo tanto es preciso que seáis eruditos bíblicos si pretendéis enfrentaros debidamente a vuestros oyentes. Familiarizaos con toda clase de conocimientos; pero sobre todo, meditad día y noche en la ley de Jehová.

 

Sed bien instruidos en teología, y no hagáis caso del desprecio de los que se burlan de ella porque la ignoran. Muchos predicadores no son teólogos, y de ello proceden los errores que cometen. En nada puede perjudicar al más dinámico evangelista el ser también un teólogo sano, y a menudo puede ser el medio que le salve de cometer enormes disparates.

Hoy día oímos a los hombres arrancar, de su contexto, una frase aislada de la Biblia y clamar: "¡Eureka! ¡Eureka!" como si hubieran hallado una nueva verdad; y, sin embargo, no han descubierto un diamante, sino tan sólo un pedazo de vidrio roto. Si hubiesen podido comparar lo espiritual con lo espiritual, si hubiesen entendido la analogía de la fe, y si hubiesen estado familiarizados con la erudición santa  de los grandes estudiantes de la Biblia de épocas pasadas, no se habrían apresurado tanto en jactarse de sus maravillosos conocimientos. Estudiemos las grandes doctrinas de la Palabra de Dios, y seamos poderosos en la exposición de las Escrituras."  C arlos H. SPURGEON, "Un ministerio ideal")