Registrada en el Ministerio de Justicia en 1.993. Miembro de la F.E.R.E.D.E. y del C.E.A.A.

       

          "¿NO PODRÉ YO HACER DE VOSOTROS COMO ESTE                        ALFARERO, OH CASA DE ISRAEL? DICE JEHOVÁ.

       HE AQUÍ QUE COMO EL BARRO EN LA MANO DEL                          ALFARERO, ASÍ SOIS VOSOTROS EN MI MANO"

                                   (Jeremías 18:6)

 

 

¿TE ENCUENTRAS HUYENDO DEL PROPÓSITO DE DIOS?

Tomadme y echadme al mar, y el mar se os aquietará” 

(Jonás 1:12)

 

Jonás, como algunos miembros de nuestras iglesias, no quería ir por el camino que Dios le indicaba. Su voluntad se rebelaba ante el mandato de Dios de que fuese a Nínive a pregonar contra ella arrepentimiento. En su huida no tardó en encontrar un barco que le llevaría lejos de la presencia de Jehová. Muchos creyentes de nuestras iglesias viven en una permanente huida de su compromiso ante Dios. Tarsis es el refugio de muchos que se obstinan en no obedecer a Dios en aquellas cosas que les cuesta aceptar en obediencia. Para tal fin, siempre habrá un barco dispuesto a llevarlos, un barco impío que los aleje del cumplimiento de la voluntad de Dios, previo pago del alto precio del pasaje que lleva a la separación de la obediencia y sometimiento a Dios.

 

¿Pensáis que Jehová iba a desistir de su propósito con Nínive, incluido el mandato del profeta para que fuese pregonero suyo en esa ciudad impía? ¿Puede el hombre estorbar o impedir que el plan de Dios siga adelante? No, hermanos amados, porque el Señor quería que se predicase arrepentimiento en aquella ciudad antes de su destrucción, y Él había elegido a Jonás, hijo de Amitai, y no a otro, para esta importante misión y su voluntad soberana sería cumplida en su tiempo y forma. Dios es paciente y misericordioso, pero el hombre no puede burlarse de Él. Por ello, “Jehová hizo levantar un gran viento en el mar; y hubo en el mar una tempestad tan grande que se pensó que se partiría la nave (Jonás 1:4). Pero Jonás, mientras todos están llenos de miedo, duerme ajeno a todo en el interior de la nave. ¡Cuántos “jonás” dormitan indolentemente en los bancos de nuestras iglesias, mientras a su alrededor el mar golpea furiosamente las mismas!

 

Dios estaba tratando a Jonás, a pesar de su orgullo desafiante; por lo que permitió que fuese echado al mar tempestuoso. La huida del profeta no fue hacia Tarsis, según su deseo, sino hacia la más profunda oscuridad: el vientre de un gran pez preparado por Jehová para seguir trabajando su soberbio corazón. Después de tres angustiosos días, Jonás declina su actitud humillado por la mano de Dios, tal como confiesa el salmista: “Bueno me es haber sido humillado. . .” (Salmo 119:71). De nuevo, Dios le hace el mismo encargo: “Levántate y ve a Nínive. . .y proclama en ella el mensaje que yo te diré” Jonás 3:2). “Y se levantó Jonás y fue a Nínive conforme a la palabra de Jehová. . .y los hombres de Nínive creyeron a Dios, y proclamaron ayuno. . .” (vers.3,5).

 

Posiblemente, en este momento de tu vida espiritual, te encuentres huyendo de tu compromiso ineludible con Dios. Vayas donde vayas, asistas a la iglesia que asistas, no podrás eludir el cumplir con el mandato de Dios. Él te escogió para que le sirvas en obediencia, y no según tu voluntad. ¿Te agradaría ser enviado al vientre de un gran pez? ¿Seguirás altercando con tu Dios? La respuesta está en tu corazón.                                    (Jesús Mª Vázquez Moreno)

 

 

¿Eligiendo a Dios?

No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros” (Juan 15:16)

 

En un reciente programa evangélico pude oír de labios de un creyente ya maduro –y en respuesta a la pregunta sobre cómo fue su conversión a Cristo-- lo siguiente: “Un día yo invité a Cristo a que viniese a mi vida”. Otros testifican: “Yo tuve durante mucho tiempo a Cristo esperando mi decisión, hasta que un día le abrí la puerta de mi corazón. . . y Él entró”. Algunos predicadores suelen decir enfáticamente: “No hagas esperar a Cristo; Él está a la puerta llamándote; no desprecies a Aquel que murió por ti”, ¡Cuán lejos están estas palabras de la verdad bíblica enseñada por el mismo Jesucristo, y del propósito divino para la salvación de los hombres! Jesús, después de la hermosa parábola sobre la vid y los pámpanos, declara una doctrina fundamental de la fe cristiana: “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros” (Juan 15:16). Y añade algo a tener en cuenta: “. . .yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece” (vers. 19).

 

Ante estas incuestionables palabras de Jesús, no pude por menos que dar gracias al Señor por su obra de amor hacia mí. Recordé la resurrección de Lázaro, el amigo íntimo de Jesús. ¡Cuántas tumbas habría en aquel lugar de muerte! Cristo pasó entre ellas para situarse frente a la de su amigo Lázaro. Posiblemente, a ambos lados habría sendos enterramientos, pero sólo Lázaro pudo escuchar la voz de Aquel que es “la resurrección y la vida” (Juan 11:25) llamándole a la luz: “¡Lázaro, ven fuera! Y el que había muerto salió”(vers. 43-44). Meditando en este hecho, llegué a preguntarme: ¿Acaso Lázaro le pidió a Jesús que le resucitase? ¿Quizás los demás muertos podrían quejarse por no ser escogidos para vida? ¿Por que no “invitaron” al Señor a que les diese vida? Él estaba muy cerca. La respuesta está en labios de Job: “¿Quién le dirá que haces? (Job 9:12).

 

Amado hermano, muchos creyentes arrastran vidas espirituales débiles porque no han entendido correctamente el llamamiento incondicional de Dios a sus vidas. Posiblemente, sea éste tu caso. Debes saber –con la Biblia en la mano---,que no fuiste tú el que elegiste a Dios, sino que fue Dios el que te eligió a ti. Los muertos no pueden elegir nada ni a nadie. El apóstol Pablo así lo enseña: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos. . . aún estando muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo. . .y juntamente con él nos resucitó” (Efesios 2:1,5-6). Y, además, todo por gracia: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios” (vers. 9). ¡Dale gracias al Señor, porque Él te escogió en Él antes de la fundación del mundo!                                                                        (Jesús Mª Vázquez Moreno)

"Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos, como también lo hacemos nosotros para con vosotros, para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos los santos (1ª Tes. 3:12-13)

 

31 julio 1866, muere en Suiza

Manuel Matamoros (1834-1866),

adalid del protestantismo contemporáneo

https://www.iglesiaevangelicaelalfarero.com/historia-y-biograf%C3%ADas/manuel-matamoros/

 

 

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      El amor del Espíritu Santo     "Estamos acostumbrados a hablar del amor del Padre y de la gracia de Jesucristo y de la comunión del Espíritu Santo. Pero también nos es permitido y podemos hablar tranquilamente del amor del Espíritu Santo  y de la gracia del Espíritu. ¡Cuán grande debe ser ese amor y esa gracia! Porque Él, el Santo, quiere vivir con y obrar en criaturas  pecadoras, débiles y defectuosas, que únicamente han ganado y merecido la ira y la maldición de Dios.

¡Cuánta paciencia ha de tener el Espíritu Santo con nosotros! Por nues-tra parte nos oponemos constante-mente a su acción, nos inclinamos a entristecerle, a resistirle  y a apagarle. Por naturaleza preferimos vivir según la carne que según el Espíritu, y según nuestra propia  corrupción somos más "bestiales" que "espirituales".   

¡Cuánto debemos avergonzarnos del desamor que mostramos frente al amor del Espíritu! ¡Y cuán agradecidos debemos estar que el Espíritu Santo se nos ha dado con su soberano poder para vencer nuestra debilidad y flaqueza!                     (Dr. H.J.Jager)

       Actitud frente a Dios en oración 

  "Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro"  (Hebreos 4:16)

La humildad en la oración no excluye la confianza. En nuestra vida de oración, la humildad y la confianza no constituyen una contradicción. La primera la obtenemos mirando al yo, y la segunda, se obtiene mirando a Cristo.

Se precisa de confianza para compare-cer ante el trono de un rey, un símbolo de su poder y majestad. Pero, ¡cuánta más confianza se precisa para comparecer ante el trono del Rey de reyes! ¿Quién se atreve a acercarse allí donde aun los ángeles cubren sus rostros, como vio Isaías en una visión y exclamó: "¡Ay de mí! que soy muerto; porque (soy) hombre inmundo de labios" (Isaías 6:5). No nos estamos refiriendo a la confianza del fariseo que entraba en el Templo de Dios sin vacilación. Esta es una falsa confianza. Nos estamos dirigiendo a aquellos que han visto su propia vileza delante de la santidad de Dios y que, mirando a sus vidas diarias, se preguntan: "¿No se estará cansando Dios de mí?"

(Tomado de "Orad sin cesar", de FRANS BAKKER; libro que recomendamos)