Registrada en el Ministerio de Justicia en 1.993. Miembro de la F.E.R.E.D.E. y del C.E.A.A.

     

                    Lema para 2017:

    "...porque es tiempo de buscar a Jehová"                          (Oseas 10:12)

        (Tomado de la Iglesia "Torre Fuerte")     

                         _____________________                He aquí  que como el barro en la mano del                alfarero, así sois vosotros en mi mano" (Jer. 18:6)

 

 

 

 ¿Es tu gloria la cruz de Cristo?

 

 "Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo" (Gálatas 6:14).

 

El apóstol Pablo, en casi todas sus epístolas, no cesa de enseñarnos una actitud espiritual sumamente ejemplar que debemos imitar: Que el verdadero cristiano ha de experimentar toda su gloria en la cruz de Jesucristo. "Lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo"  (Gálatas 6:14).

 

Hermano amado en Cristo, aquellos que aman la gloria del mundo y la de los hombres , como los gobernantes y fariseos (Juan 12:43), y como "muchos...que son enemigos de la cruz de Cristo...cuya gloria es su vergüenza; que sólo piensan en lo terrenal"(Filipenses 3:18-19), deben atender y meditar estas palabras de Pablo. Ellas solas bastan, por sí mismas, para la sanidad de un alma enferma de un mal muy extendido en la sociedad actual: la gloria humana.

 

Muy posiblemente, y según lo expuesto en la Palabra,, hubiera podido gloriarse el apóstol de su sabiduría en Cristo, de su llamamiento santo, de sus frutos en el ministerio (Romanos 15:17-19), pero encontramos que él confiesa humildemente: "De buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Dios" (2ª Corintios 12:9). Leemos, pues, que él sólo se gloriaba en la cruz de su amado Jesús, por quien el mundo le era crucificado, y él al mundo (Gálatas 6:14). En su mensaje a los orgullosos corintios, que se ufanaban de su vana sabiduría humana, Pablo les cita al profeta Jeremías para desmontarles toda inútil gloria humana en el seguimiento de Cristo: "El que se gloría, gloríese en el Señor" (1ª Corintios 1:31; Jeremías 9:23).

 

Piensa , pues, que la cruz es el camino elegido por Jesús para nuestra redención, y que mediante la cruz nos reconcilió con Dios (Efesios 2:16). La Palabra de Dios nos recuerda que Cristo anuló "el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz"(Colosenses 2:14).  ¡Bendito sea el Señor por tan grande manifestación de amor hacia nosotros! ¡Hermano, comienza ya a gloriarte en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo nos es crucificado y nosotros al mundo! 

                                                                                      (Jesús Mª Vázquez Moreno)

 

 

EL PRECIO DE LA UNIDAD SEGÚN DIOS

__________________________________________

 

En estos tiempos, y en círculos variados de nuestras iglesias evangélicas, se habla hasta la saciedad de unidad dentro del pueblo cristiano. Desde los púlpitos, en cultos compartidos, en reuniones de grupos, en fraternidades ministeriales locales, etc., se trata una y otra vez la pretendida unidad entre los propios creyentes y las diferentes congregaciones hermanas entre sí. Es, evidentemente, el tema de moda en estos momentos. Pero esta pretendida unidad, a todas luces sustentada sobre bases de convivencia y cercanía puramente sociales, está alejada de la unidad auspiciada por el Señor en su Palabra, ya que sólo aspira a una unión y buena correspondencia entre los miembros del cuerpo de Cristo, sin tener en cuenta las premisas bíblicas fundamentales para que esta unidad sea real, genuina, sustentada sobre la base de las demandas de Cristo a su iglesia. Es por todos sabido que donde abunda el pecado, no puede existir unidad espiritual. Ni con Dios ni entre los hermanos. Primeramente, hay que desterrar el pecado, reconciliarse con el Señor y, luego, buscar en oración y ayuno esa anhelada unidad. La unidad del cuerpo de Cristo es obra del Espíritu Santo, no del deseo e intención del hombre. La unidad no se crea, sino que se guarda en el vínculo de la paz (Efesios 4:3).

 

Wachman Nee, en su libro “Consejos sobre la vida cristiana” aborda, con su habitual sabiduría y madurez , este importante tema, con el fin de alumbrar a la desorientada y permisiva Iglesia de nuestros días:

 

Hay que pagar un precio para mantener el círculo de la unidad. No nos imaginemos que la unidad puede ser obtenida teniendo más amor y más tolerancia. No hay posibilidad de ello, porque la base de la unidad es el abandonar el pecado. Todo lo que peca contra la unidad de los cristianos tiene que ser expulsado. Los cristianos, hoy, no son uno, pero no porque su amor sea inadecuado, sino porque sus pecados no son plenamente tratados. No hay falta de paciencia y afecto humanos hoy, pero ¿de qué sirven?

Dios ha abierto los ojos de algunos hoy para que vean el cuerpo y el alcance de la Iglesia. . .Ellos ven porque están dispuestos a abandonar el pecado y la injusticia, dispuestos a apartarse de lo que no es honroso.

 

¡Cuánta injusticia y cuántos pecados y ofensas han sido cometidos contra el cuerpo de Cristo! Permíteme que te diga, si una persona es fiel y obediente al Señor, puede ser uno con todos los que aman al Señor. Pero si desea mantener otra clase de unidad, será contaminada por la misma clase de pecado y de injusticia que tienen los otros.

Muchos se quejan que aquellos que salen carecen de paciencia y amor y obediencia. El hecho es que aquellos que no salen son realmente los que carecen de paciencia y amor y obediencia. No es que los corazones de aquellos que salen sean demasiado endurecidos, sino que los corazones de aquellos que se quedan atrás son menos decididos.

 

Si todos los hermanos y hermanas se levantaran para juzgar el pecado, la comunión entre los cristianos sería una. Si todos obedecieran a Dios, verían lo que es la unidad del cuerpo. La carne, las sectas y las divisiones de modo natural serían expulsadas, y los hijos de Dios serían uno.

 

Así que, la base de la unidad no se halla en tolerar el pecado sino en juzgarlo. No hay posibilidad de unidad entre aquellos que juzgan y los que no juzgan. Si alguno desea buscar la unidad con los hijos de Dios, tiene que juzgar el pecado con todos los hijos de Dios. Si algunos juzgan el pecado y otros no, ¿puede haber unidad? Pero es justo juzgar el pecado. El que juzga el pecado es uno con todos los que juzgan el pecado. Que Dios sea misericordioso con aquel que no juzga el pecado, para que él también pueda levantarse y juzgarlo. La unidad es posible sólo fuera de organizaciones, métodos, sectas y asociaciones. Sólo el cuerpo de Cristo es el campo o esfera de acción de unidad de los hijos de Dios.”                       

   (Texto entrecomillado: Watchman Nee/Ilustración: Obra del ilustre pintor jerezano Juan Padilla)

 

TESOROS DIARIOS PARA EL ALMA..

Meditaciones diarias para el alma necesitada

Haga click en: "TESOROS DIARIOS ..."

IGLESIA EVANGÉLICA EL

ALFARERO.COM

Avda. Blas Infante, núm. 37

Jerez de la Frontera (Cádiz)

Móvil: 627 137 280

"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia" (2ª Timoteo 3:16)

   Solo la Fe

  Solo la Gracia

  Solo Cristo

  Solo la Escritura

  Solo a Dios gloria 

      Todos necesitamos ser vivificados

"La vida es la más grande de todas las posesiones. Pasar de muerte a vida es sufrir el más grande de los cambios. Y no hay otro cambio que capacite al alma humana para entrar en el cielo.

 

No basta con una pequeña mejoría o una leve reforma; no basta con limpiar y purificar un poco; no basta con pintar y remendar para dar una nueva apariencia al exterior. Es preciso recibir algo completamente nuevo: una nueva naturaleza, un nuevo ser, un nuevo principio de vida, una nueva mente; eso y sólo eso será suficiente para las necesidades del alma humana. No basta con una nueva piel; necesitamos un nuevo corazón.

El bloque de mármol arrancado de la cantera y convertido en noble figura; el desierto transformado en hermoso jardín cubierto de flores; y el trozo de hierro trabajado hasta que llega a ser una diminuta pieza del reloj constituyen grandes cambios. Empero,  no son nada comparados con el cambio que ha de sufrir todo hijo de Adam, por cuanto aquéllos no son más que la misma materia bajo distinta forma. Mas el hombre necesita que se le injerte algo que hasta entonces no tenía. Requiere un cambio tan grande como el que representa pasar de un estado de muerte a uno a uno de vida; ha de convertirse en una nueva criatura. Las cosas viejas han de pasar y todas han de ser hechas nuevas. Debe "nacer de nuevo"; ha de nacer de lo alto, de Dios. El nacimiento espiritual es tan necesa-rio a la vida del alma como el natural lo es a la del cuerpo (2 Corintios 5:17; Juan 3:3).                      ( Juan Carlos Ryle)

      La grandeza de Cristo en relación

                          con la Iglesia 

" Y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia" (Colosenses 1:18) 

Cristo es la Cabeza única de la Iglesia que es su Cuerpo. En ningún lugar de las Escrituras se hace mención de alguna otra en ningún sentido, ni literal ni figurado, ni visible ni invisible. No hay absolutamen-te nadie en quien Cristo haya delegado la facultad de ser Cabeza.

La dignidad de la  Cabeza  de la Iglesia está íntimamente relacionada con la resurrección y, en consecuencia, con la muerte de la cruz. "Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, quien además está a la diestra de Dios" (Romanos 8:34). Sólo Cristo murió. Sólo Cristo resucitó. Sólo Cristo ha sido dado como Cabeza a la Iglesia (Efesios 1:20-23).

"Para que en todo tenga la preeminen-cia". Cristo ostenta la primacía en todo lo que concierne a autoridad sobre la Iglesia. Sólo El es el Maestro y el Legislador, el Señor y el Juez."

  (Texto:José M. Martínez (1924-2016) /Ilustración: Obra de Rembrandt)