Registrada en el Ministerio de Justicia en 1.993. Miembro de la F.E.R.E.D.E. y del C.E.A.A.

     

                    Lema para 2018:

    " Levántate y conquista con el poder del            Espíritu Santo" (Zacarías 4:6)

        (Tomado de la Iglesia "Torre Fuerte")     

                         _____________________                He aquí  que como el barro en la mano del                alfarero, así sois vosotros en mi mano" (Jer. 18:6)

 

 

UN LIBRO DE IAIN MURRAY QUE TODO CRISTIANO DEBE LEER:

SPURGEON: UN PRÍNCIPE OLVIDADO”

 

Es imposible llegar a calcular la importancia del significado de la vida de C. H. Spurgeon sin conocer algo de la situación religiosa del país en el momento en que comenzó su ministerio, a mediados del pasado siglo (XX). El cristianismo protestante era más o menos la religión nacional, se observaba rigurosamente el Domingo, se respetaban las Escrituras y, aparte de los miles no alcanzados en algunas de las grandes ciudades era costumbre general asistir a la Iglesia. Todas estas cosas se aceptaban de modo general, y estaban evidentemente tan arraigadas, que los cambios espirituales que desde entonces ha presenciado la nación eran tan remotos para aquellos victorianos como los automóviles y los aviones.  Sin embargo, no es preciso observar por mucho tiempo el cristianismo que prevalecía en los años 1850 a 1860, para notar algunas señales difícilmente identificables con lo que hallamos en el Nuevo Testamento: era demasiado elegante, demasiado respetable, demasiado amigo del mundo. Era como si textos tales cual "el mundo entero está bajo el maligno" ya no fueran correctos. 

 

La Iglesia no carecía de riqueza, ni de hombres, ni de dignidad; pero sufría una triste escasez de unción y poder. Había una tendencia general a olvidar la diferencia entre la erudición humana y la verdad revelada por el Espíritu de Dios. No escaseaban la elocuencia y la cultura en los púlpitos, pero había una notable ausencia del tipo de predicación que quebranta los corazones de los hombres. Quizá la peor señal de todas era el hecho de que pocos tenían conciencia de estas cosas. La Iglesia ,externamente, era lo suficiente próspera para contentarse con seguir la rutina de años anteriores. Un escritor contemporáneo, lamentando este apático formalismo, observaba: “El predicador habla durante el tiempo acostumbrado; la congregación se sienta, y escucha quizá con bastante paciencia; se canta el acostumbrado número de estrofas, y la actividad del día ha terminado; generalmente, no suele ocurrir nada más. Nadie negará que ésta es, ni más ni menos, la descripción del actual estado de cosas en la mayoría de nuestras iglesias. Si el predicador deja caer el pañuelo sobre el salterio, o da un golpe algo más fuerte que de costumbre con su eclesiástico puño, se notará, se recordará, y se comentará, mientras se demuestra un olvido absoluto del tema y naturaleza de lo que se ha tratado”. . .

 

Los sectores evangélicos de la Iglesia no habían escapado de las tendencias predominantes de la época. Se admiraba el recuerdo de Whitefield y Wesley, pero no se les seguía. El filo de la verdad evangélica había perdido gradualmente su corte. Aquellas recias doctrinas metodistas que habían sacudido el país un siglo antes no había sido abandonadas -y unos pocos las predicaban todavía con fervor-, pero la opinión general era que la época victoriana necesitaba una presentación más refinada del Evangelio. Con semejantes puntos de vista, era inevitable que la enérgica y definida Teología Reformada de la Inglaterra de los siglos XVI y XVII estuviera completamente desechada.” (Iain Murray)

 

N.R. En este difícil, anquilosado y decadente escenario religioso, por demás frío y oficializante, aparece la figura juvenil de Carlos Haddon Spurgeon. Es solo un joven de diecinueve años cuando llega a la iglesia de New Park Street para predicar por primera vez en la ciudad de Londres. Fue el 18 de diciembre de 1853, en una fría y triste mañana invernal. El fuego de su predicación lo cambió todo, ya que a partir de ese día comenzaría un fructífero pastorado que duraría treinta y ocho años. Spurgeon partió con el Señor, a la edad de cincuenta y siete años, el día 31 de enero de 1892.

 

 

ZARANDEADOS COMO ELTRIGO

 

. . .he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo” (Lucas 22:31)

 

 

Al igual que ocurrió con Job, “varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal”, según palabras del mismo Jehová (Job 1:8); Satanás había pedido el consentimiento del Señor para poder zarandear a sus propios apóstoles. El malvado propósito del maligno estaba dirigido a dañar sus vidas y ministerios por medio de ser “zarandeados como a trigo”. A Satanás le quedaba muy poco tiempo para intentar destruir el trabajo paciente y arduo de Jesús con sus discípulos más directos. El engañador sabía que pronto iba a sufrir una definitiva derrota ante Aquel que -después de su cruenta muerte- iba a resucitar gloriosamente, ya que la tumba no lo podía retener.

 

Dios permite que el enemigo utilice la zaranda contra los apóstoles, al igual que permite que sus hijos sean también zarandeados para fortalecimiento de su fe. Pero encontramos unas palabras de Jesús en el versículo siguiente que nos llena de gozo, fortaleza y esperanza en medio de las pruebas: “Pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte” (Lucas 22:32). Oh, bendito sea el Señor, ya que Él está siempre rogando e intercediendo por sus santos. La Palabra dice que Cristo está “...viviendo siempre para interceder por ellos” (Hebreos 7:25). Muchos cristianos se quejan por ser zarandeados una y otra vez; ignorando que por medio de las pruebas tienen que ir dejando en la criba aquellas cosas que pertenecen al fruto de la carne, prevaleciendo toda obra del Espíritu, que es guardada en el granero de Dios.

 

Recuerdo que en mi niñez todavía se utilizaban zarandas muy antiguas, de origen árabe. En casa las veía cada día colgadas en el llamado “cuarto de las herramientas”, donde solía entrar a hurtadillas. Al mismo tiempo, me agradaba ver como aquellos curtidos hombres del campo cernían el trigo y otros cereales en aquellas vetustas zarandas con singular soltura y oficio. De igual manera, en las tahonas los panaderos tamizaban la harina para hacer panes de exquisita calidad (muy alejados de la mediocridad de los que en nuestros días consumimos). La pregunta sería: ¿somos nosotros menos importantes para Dios que el trigo, la harina u otro cereal? No, amados hermanos. El zarandeo forma parte de la preparación de los discípulos de Cristo. Es un privilegio dado a los elegidos, para ir creciendo hacia la perfección: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia” (Santiago 1:2-3).

 

¿Quizás estás pensando en huir ante el temor de la zaranda, abandonando a Aquel que murió por ti? ¿Tal vez consideras que la preparación de Jesús para el servicio cristiano se reduce solamente a estudiar diversas asignaturas teológicas? No, hermano, la zaranda nos lleva a madurar por medio de las pruebas para mejor servir a nuestro Dios y Salvador. Recuerda este texto: “Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1ª Corintios 15:57).

 (Texto:  Rodrigo de Sotomayor/ Ilustración: Obra de Gustave Courbet -Museo BB.AA. de Nantes)

 

Conozca al más importante paladín de la Reforma Protestante en Andalucía:

el lebrijano RODRIGO DE VALER (s. XVI)

https://www.iglesiaevangelicaelalfarero.com/historia-y-

 

"No podemos esperar un avivamiento de gracia hasta que estemos limpios de complicidad con las influencias mortíferas que nos rodean por todas partes. . .Hermanos en Cristo, purifiquemos en todas las iglesias aquello que debilita y contamina" (Carlos H. SPURGEON)

 

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   Solo la Fe

  Solo la Gracia

  Solo Cristo

  Solo la Escritura

  Solo a Dios gloria 

           Jehová abomina que se le

           ofrezca fuego extraño

"Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, y pusieron  en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó.

Y salió fuego de delante de Jehová y los quemó, y murieron delante de Jehová" (Levítico 10:1-2)

 

Últimamente, con preocupante frecuencia, estamos viendo como en muchas de las iglesias evangélicas se está ofreciendo al Dios Soberano, -a Aquel que demanda a su pueblo ofrendas puras, sin mezcla o adición alguna del mundo- música sensiblera manchada y corrompida (con aparente   y dudosa letra cristiana) por aquellos que la componen para exaltar y atraer a los que están presos por la más absoluta carnalidad de este mundo en tinieblas.

 

Desde aquí, amados hermanos, alertamos sobre esta peligrosa corriente que se está infiltrando en nuestras iglesias con la  indiferencia y  permisividad de aquellos que están llamados a velar por la pureza y verdad del culto cristiano.

La música, pues, que el pueblo de Dios debe ofrecer al Señor nunca debe ser inspirada en la mente tenebrosa de compositores o cantantes que blasfeman y aborrecen el santísimo Nombre de nuestro Dios y Señor.

¡¡¡No lo permitáis en nuestras iglesias. No calléis!!!

¡¡¡Levantad vuestra voz ante esta insolencia irrespetuosa delante de la presencia del Dios tres veces Santo; aquel que envió a su Hijo a la cruz para santificar un pueblo para que le  adoren en espíritu y en verdad!!!

"Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas" (Efes. 5:11)    

                   Esperando en Dios

"Alma mía, reposa solamente en Dios, porque de El procede mi esperanza"                                                     (Salmo 62:5)

"He de hacerme la solemne pregunta: "¿Está mi Dios, para mí, por encima de todas las circunstancias?" Hermano, ¿has aprendido a vivir tu vida sabiendo que Dios está contigo, con tal realidad, en todo momento, que en las circunstancias más difíciles Él está más cerca y más presente que cualquiera de los que te rodean? Cualquier conocimiento que tengamos de la Palabra de Dios nos va a servir de poco a menos que podamos contestar afirmativamente esta pregunta en nuestras vidas.

 

¿Por qué tantos amados hijos de Dios se quejan continuamente: "Mis circunstan-cias me separan de Dios; mis pruebas, mis tentaciones, mi carácter, mi tempera-mento, mis amigos, mis enemigos, todo puede interponerse entre Dios y yo"? ¿No es Dios capaz de tomar posesión de modo que pueda estar más cerca de mí que cualquier cosa o persona en el mundo?". . .  

¡Oh, si en nuestras vidas particulares nuestra vista se posara en el Dios vivo, y cada corazón exclamara: "Mi alma tiene sed de Dios", ¡qué poder, qué bendición y qué presencia del Dios eterno se nos revelaría!

                            (Andrew Murray)