Registrada en el Ministerio de Justicia en 1.993. Miembro de la F.E.R.E.D.E. y del C.E.A.A.

       

          "¿NO PODRÉ YO HACER DE VOSOTROS COMO ESTE                        ALFARERO, OH CASA DE ISRAEL? DICE JEHOVÁ.

       HE AQUÍ QUE COMO EL BARRO EN LA MANO DEL                          ALFARERO, ASÍ SOIS VOSOTROS EN MI MANO"

                                   (Jeremías 18:6)

 

 

 

El costo de ser discípulo

de Cristo

 

No temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar” (Mateo 10:28)

 

El día 9 de abril de 1945 (el que esto escribe aún no había cumplido cuatro años), en la ciudad alemana de Flossenbürg, fue vilmente asesinado por medio de la horca, el pastor y teólogo protestante Dietrich Bonhoeffer. Contaba tan sólo con 39 años de edad cuando el régimen nazi acabó con su joven vida, después de un fallido intento por asesinarle. El doctor de campo, testigo de la ejecución, dijo de él: “Se arrodilló para orar antes de subir los escalones del cadalso, valiente y sereno. En los cincuenta años que he trabajado como doctor nunca vi morir a un hombre tan entregado a la voluntad de Dios”. Según otros testigos, sus últimas palabras antes de morir fueron: “Este es el fin; para mí el principio de la vida”. Con anterioridad a su muerte, horas antes, había dirigido un servicio de culto a petición de un grupo de presos cristianos. Dejó un amplio legado literario, destacando el título “El costo de ser discípulo”, donde destacan unas palabras premonitorias sobre sí mismo que tuvieron su cumplimiento pocos años después: “Cuando Dios llama a un hombre, le ordena venir y morir”.

 

Todo discípul de Jesucristo debe asumir, desde el mismo llamamiento, que trabajar para la proclamación del Evangelio en un mundo dominado por el príncipe de las tinieblas es muy duro, porque Satanás luchará con todas sus fuerzas malignas para impedir que la semilla de la vida eterna arraigue en los corazones de los hombres que viven bajo su esclavitud. El Señor Jesús era consciente de esto cuando los envió a predicar por primera vez: “He aquí yo os envío como a ovejas en medio de lobos” “Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre” “Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar” (Mateo 10:16,22,28). Deben asumir que “el discípulo no es más que el maestro, ni el siervo más que su señor” (vers. 24). El Señor Jesucristo fue despreciado, rechazado y crucificado por aquellos a los que había venido a salvar en primer lugar. Ninguno de nosotros, pues, debe sorprenderse si padece como su Maestro, porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué no se hará? (Lucas 23:31).

 

Amado hermano, el Señor Jesús nunca te ha prometido en su Palabra que serás librado de pasar por tribulación, angustia o persecución; sino que en medio de ella Él estará a tu lado fortaleciéndote y animándote a seguir adelante en su Nombre. No olvides lo dicho por el Maestro: “Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate de muchos” (Marcos 10:45). Esto que sigue también es para ti: “Si alguno viene a mí, y no aborrece ...su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:26-27). A Dietrich Bonhoeffer, como buen siervo y fiel discípulo, le fue concedido a causa de Cristo, no sólo creer en Él, sino también padecer por Él.

                                                                                                      (Jesús Mª Vázquez Moreno)

 

 

Una necesidad ineludible: orar siempre

 

También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar”  (Lucas 18:1)

 

Actualmente, muchos cristianos están desperdiciando el valioso tesoro de la oración. Sin embargo, todo hijo de Dios está llamado a orar sin cesar (1ª Tesalonicenses 5:17); y debe hacerlo constantemente y en todo tiempo (Efesios 6:18). Esto es mostrar que Dios cuenta para nosotros, de que realmente creemos en Él y que dependemos de Él; que buscamos el diálogo –sobre todo y sobre todos—con la Persona que amamos, aquella de la que nadie nos podrá separar (Romanos 8:39). Como hijos necesitamos hablar constantemente con nuestro Padre celestial. Es imposible vivir nuestra vida espiritual sin la unidad con Dios por medio de la oración de fe.

 

Muchos creyentes se preguntan: ¿Necesitamos orar constantemente? La parábola del juez injusto nos muestra la necesidad de orar siempre y no desmayar, Cristo relaciona la negligencia en la oración con la falta de fe (Lucas 18:7-8). El problema en la práctica diaria de la oración no es otro que un problema de fe. La vida de oración expresa la vida de fe del creyente. Según oramos, así será de poderosa nuestra vida espiritual. En la vida de fe del hombre de Dios debe abundar la oración como expresión de rendida dependencia de Aquel que todo lo puede, como es el caso de Moisés quién, constantemente, hablaba con Dios, consultando todas y cada una de sus decisiones. Solemos admirar su autoridad y poder, pero no reparamos en su ferviente y poderosa vida de oración y en su inquebrantable fe en el Dios de Israel.

 

Hermano amado, durante el duro caminar por el árido desierto, por una tierra que no es la nuestra, no es extraño que te encuentres con aguas amargas como las de Mara. Al igual que Moisés –que no desmaya en su fe y clama fervorosamente a su Dios, y Él le muestra cómo convertir la amargura en dulce deleite--,así debes proceder cada día. Sólo por medio de la obra de Cristo en la cruz esto es posible (Éxodo 15:23-27). En las luchas y enfrentamientos contra Amalec, mantener tus manos alzadas hacia el cielo te permitirá obtener poderosas victorias sobre el enemigo; bajarlas te llevará a la derrota (17:8-13) .Posiblemente, ahora mismo,te encuentres desanimado, sin fuerzas, rendido ante Amalec, pero no debes desmayar en tu corazón, ni claudicar. Haz lo que te aconseja el Señor: “Clama a mí y yo te responderé” (Jeremías 33:3). No olvides que “los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones (1ª Pedro 3:12).

                                                                                 (Jesús Mª Vázquez Moreno)

"Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos. Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y dar su vida en rescate por muchos" (Marcos 10:43-45)

 

Juan Carlos RYLE (1816-1900)

Tal día como hoy, 10 de junio, muere este ungido siervo del Señor

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                     La letra y el espíritu 

La misión del predicador no consiste en hacer una recopilación apresurada de textos (ya sea con la Thompson o sin "Thomp ni son"), sino en ahondar en el significado profundo de la Palabra, amplificar su contenido y aplicarlo todo a la mente, el corazón y la conciencia de los oyentes. Porque la clave de la predicación no radica en la letra (por muy profusa que esta sea), sino en el espíritu que acompaña la letra. Por eso se dice de Esteban (el protomártir cristiano): "No podían resistir a la sabiduría ni al Espíritu con que hablaba" (Hechos 6:10), donde quizá "espíritu" debería ir con minúscula, como en la versión inglesa del Rey Jacobo. "Porque --como dijo Pablo--el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder" (1ª Corintios 4:2O). Pero el Reino de Dios es muy costoso

 

Querido hermano, alguien ha dicho que "las palabras son baratas hoy día", quizá más baratas que nunca. Pero el Reino de Dios es muy costoso.  Requirió la vida del Hijo de Dios y ahora requiere el poder del Espíritu Santo. Esforcémonos, pues, porque nuestra "letra" sea plenamente bíblica y nuestro "espíritu" esté controlado por el Espíritu Santo. Y que ambos vayan juntos.       (Demetrio Cánovas)     

           La santificación            

 ¿Qué es lo que quiere decir la Biblia cuando habla de una persona santificada? Para contestar a esta pregunta diremos que la santificación es aquella obra espiritual interna que el Señor Jesús obra a través del Espíritu Santo en aquel que ha sido llamado a ser un verdadero creyente. El Señor Jesús no sólo le lava de sus pecados con su sangre, sino que también lo separa de su amor natural al pecado y al mundo, y pone un nuevo principio en su corazón, que le hace apto para el desarrollo de una vida piadosa. Para efectuar esta obra el Espíritu se sirve, generalmente, de la Palabra de Dios, aunque algunas veces usa de las aflicciones y las visitaciones providen-ciales "sin la Palabra" (1ª Pedro 3:1). La persona que experimenta esta acción de Cristo a través de su Espíritu, es una persona "santificada".                                                                               (Juan Carlos RYLE)