Registrada en el Ministerio de Justicia en 1.993. Miembro de la F.E.R.E.D.E. y del C.E.A.A.

       

          "¿NO PODRÉ YO HACER DE VOSOTROS COMO ESTE                        ALFARERO, OH CASA DE ISRAEL? DICE JEHOVÁ.

       HE AQUÍ QUE COMO EL BARRO EN LA MANO DEL                          ALFARERO, ASÍ SOIS VOSOTROS EN MI MANO"

                                   (Jeremías 18:6)

 

 

El grave peligro de

seguir al predicador 

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"Muchos miembros dentro de las iglesias han sido convertidos AL predicador. Siguen ciegamente a éste en cualquier cosa que diga o haga. No ponen a la luz de la Biblia las enseñanzas del predicador y esto significa poner la confianza en el hombre; poner al hombre en el lugar de Jesucristo. "Maldito el varón, que confía en el hombre", dice el Señor en Su Palabra: (Jer. 17:5) Cuando nosotros aceptamos todo los que nos dice el predicador, sin pasarlo por el tamiz de las Escrituras, estamos confiando en el hombre y no en el Señor.  Nuestra fe descansa en lo que nos dice el hombre y no en lo que nos dice el Señor. El predicador puede ser un hombre de Dios, dotado con dones y sabio en las Escrituras, pero es un hombre y debemos hacer siempre lo que nos enseña la Palabra de Dios. En Hechos 17:10-12, cuando Pablo y Silas  les predicaron a los bereanos, estos, antes de aceptar nada de lo oído, "Escudriñaron las Escrituras, para ver si estas cosas eran así" Después, creyeron. Este gesto fue alabado por el Espíritu del Señor. "Bendito el varón, que confía en Jehová" (Jer. 17:7), dice la Palabra de Dios de aquellos que confían en Él y solamente en Él. El predicador puede señalarnos la Puerta, pero él no es la Puerta. La Puerta solamente es YO, Jesucristo, el Salvador y Señor de los creyentes.

 

Los feligreses (católicos) romanos tienen que creer forzosamente y bajo pena de excomunión todo lo que sus guías les dicen. Porque dentro de esa religión ellos ocupan el lugar de Cristo. Los russellistas no pueden objetar las enseñanzas del "siervo fiel y discreto" (que no es ni una cosa ni otra), plasmadas en los seis tomos del estudio de las Escrituras, escritos por su fundador, Russell, allá en América en el siglo diecinueve. Lo mismo ocurre con todas las otras sectas, que en lugar de Cristo se ponen sus fundadores y respectivos escritos. Pero el YO de Jesús excluye toda esta morralla falsa. 

 

En tiempos de Pablo decían: "Yo soy soy de Apolos, y Yo de Cefas, y Yo de Pablo, etc." El apóstol, lleno de santo horror, se revolvió contra esta situación en la Iglesia, diciéndoles que ellos solamente eran hombres, siervos de Cristo, cuyo trabajo era plantar la semilla, pero el crecimiento, o vida, venía solamente de Dios y a Él solamente había que oír. (1ª Cor. 3:1-11) Actualmente se oyen voces similares, todas ellas inmaduras, que dicen: "Yo soy metodista. Yo soy bautista. Yo soy de los hermanos, Yo soy presbiteriano, (Yo soy pentecostal), Yo soy, Yo soy. . .", voces humanas que tratan de suplantar el YO de Jesucristo. Pero este YO excluye a todos los demás."

                                                                               (Fragmento de "Yo soy la Puerta", de José Candeas)

El fin vendrá para todo hombre  sin distinción 

 

"Hay un texto en la Biblia que dice: "Está decretado que los hombres mueran una (sola) vez, y después de esto, el juicio" (Hebreos 9:27LBLA). Bueno sería que todas las personas pensaran en esto y no quitaran el asunto de la muerte de sus mentes

Una razón por la que tantos no están preparados para morir cuando les llegue el turno es su desgana a pensar en la muerte mientras están bien.

 

Lector, deja claro en tu mente que la muerte es el fin al que debes llegar un día, a menos que el Señor venga primero para el Juicio. Después de todas nuestras intrigas e ingenios y planes y estudios, después de todas nuestras invenciones y descubrimientos y logros científicos, continúa habiendo un enemigo que no podemos vencer ni desarmar, y ese es la muerte. El capítulo de Génesis en que constan las largas vidas de Matusalén y los demás que vivieron antes del diluvio resume la sencilla historia de cada uno cada uno con dos expresivas palabras: "y murió". Y ahora, después de tantos miles de años, ¿qué más puede decirse de la mayoría de nosotros? Las historias de Marlborough, y Washington, y Napoleón y Wellington llegan exactamente a la misma conclusión humillante. El fin de cada uno, después de toda su grandeza, es simplemente este: "y murió".

 

La muerte es la potente niveladora. No exime a nadie, no espera a nadie, no se anda con ceremonias. No esperará hasta que estés listo. No la mantendrán fuera ni los fosos, ni las puertas, ni las barras ni los cerrojos. Los ingleses presumen de que su hogar es su castillo, pero con toda su jactancia, no pueden excluir la muerte. Un noble austriaco prohibió que la muerte y la viruela se mencionaran en su presencia. Pero que se nombre o no, poco importa: a la hora fijada por Dios, la muerte vendrá.

 

Un hombre viaje fácilmente por carretera en el mejor vehículo. Otro avanza fatigosamente a lo largo de la senda a pie. Sin embargo, ambos se encontrarán sin duda al final en el mismo hogar.

Un hombre como Absalón, tiene cincuenta siervos que le sirvan. Otro no tiene a nadie que levante un dedo para servirle. Pero ambos viajan a un lugar donde tendrán que yacer solos.

Un hombre es millonario. Otro tiene apenas unas monedas que puede llamar suyas. Sin embargo, ni el uno ni el otro pueden llevarse un solo céntimo consigo al mundo invisible.

Un hombre es el propietario de medio país. Otro no tiene siquiera un huerto. Y sin embargo, dos zancadas de la peor tierra serán ampliamente suficientes para cualquiera de ellos al final.

Un hombre regaló su cuerpo con lo más apetitoso, y lo viste con el ropaje más lujoso y suave. Otro tiene apenas suficiente para comer, y raramente suficiente ara vestirse. Sin embargo,ambos se dirigen rápidamente al día cuando se pronunciará sobre ellos que las "cenizas vuelven a las cenizas, y el polvo al polvo" y dentro de cincuenta años, ninguno será capaz de decir: "Este era el hueso del hombre rico, y éste el hueso del pobre". 

 

Sé que estas son cosas antiguas. No lo niego por un momento. Yo escribo cosas pasadas que todos saben. Pero también escribo cosas que no todos sienten. ¡Oh, no!, si las sintieran, no hablarían y actuarían como lo hacen.

A veces te asombras del tono y el lenguaje que usamos en esta publicación. Te maravillas que te apremiemos a tomar una decisión inmediata. Piensas que somos extremados y extravagantes en nuestras ideas, porque te apremiamos a afrontar la realidad de Cristo, a no dejar nada al azar, a asegurarte de haber nacido de nuevo, y estar listo para el Cielo. Lo oyes, pero no lo apruebas. Te marchas, y le dices a los demás: "Esta gente tiene buenas intenciones, pero van demasiado lejos".

 

¿Pero no ves que la realidad de la muerte nos prohíbe continuamente que utilicemos otro lenguaje? Vemos como diezma gradualmente a nuestros conocidos. Echamos de menos rostro tras rostro en nuestras reuniones. No sabemos a quién le tocará el turno la próxima vez. Sólo sabemos que los hombres mueren una sola vez "y después de esto el juicio". Debemos ser osados y decididos e intransigentes en nuestro lenguaje. Preferimos más bien correr el riesgo de ofender a alguien que de perder a nadie. Queremos alcanzar la norma establecida por el viejo Baxter: "Predicaré como si nunca fuera a predicar nuevamente, y como un moribundo a otros moribundos". Nos damos cuenta del carácter dado por el rey Carlos II de Inglaterra uno de sus predicadores: "Ese hombre predica como si llevara la muerte a las espaldas. Cuando lo oigo, no puedo dormir".

 

¡Oh que los hombres aprendieran a vivir como aquellos que un día morirán! ¡Verdaderamente, es una pobre obra poner nuestro afecto en un mundo agonizante y sus efímeras alegrías, y en aras de un centímetro de tiempo perder una gloriosa inmortalidad! Aquí trabajamos, y nos esforzamos, y nos cansamos por nimiedades, y corremos de aquí para allá como las hormigas sobre un montón; y sin embargo, después de unos pocos años, todos habremos desaparecido, y otra generación ocupará nuestro lugar. Vive para la eternidad, lector.

Aférrate a Cristo. Arrepiéntete y conviértete. Cree y ora. Busca una porción que nadie te pueda quitar jamás. Y nunca olvides la regla de oro de John Bunyan: "El que quiera vivir bien haga del día de su muerte su acompañante".

 

Lector, recuerda lo que acabas de leer. Créeme, ninguna persona en su agonía jamás se quejó de haber pensado demasiado en su muerte mientras tenía salud."

(Texto: Juan Carlos Ryle/ Ilustración:  "La muerte de Lucano", de José Garnelo. Esta obra se encontraba en el Colegio Cervantes de Jerez de la Fra., lugar donde pude ser testigo de su lamentable estado de conservación, lo que  hacía casi imposible su restauración., pero gracias a la directora de restauración del Museo del Prado hoy día  podemos contemplarlo en toda su belleza  en el Museo José Garnelo, de Montilla (Córdoba).        http://www.museogarnelo.org/

 

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"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia" (2ª Timoteo 3:16)

   Solo la Fe

  Solo la Gracia

  Solo Cristo

  Solo la Escritura

  Solo a Dios gloria 

        Pablo, un testimonio vivo de               abnegada entrega por las almas

"Vosotros sabéis cómo me he compor-tado entre vosotros todo el tiempo, desde el primer día que entré en Así, sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas, y pruebas que me han venido por las asechanzas de los judíos" (Hechos 20:18-19).

Encontramos aquí un edificante ejemplo de cómo se conducía este ungido siervo del Señor, así cómo sobre el oportuno y adecuado lenguaje usado en todo tiempo por el apóstol, tanto con las almas inconversas como las pertenecientes al pueblo de Dios; ejemplo que debemos imitar todos aquellos que de una manera o de otra servimos al Señor Jesucristo en el lugar donde a Él le ha placido ubicarnos .

Es de resaltar, por su importancia didáctica y espiritual, su manifiesto desinterés por las cosas personales o secundarias, su probada bondad y amor en el trato, su ejemplar pureza de vida y santidad, así como su humildad y mansedumbre en la forma de aconsejar, enseñar o reconvenir a los creyentes bajo su autoridad y responsabilidad. Todo esto, nos debe llevar a meditar y a reconsiderar humildemente  nuestras actitudes y relaciones con nuestros hermanos en la fe.

Predicar y enseñar el Evangelio desde el púlpito es  muy importante, pero también lo es en gran manera predicar con las obras y con el testimonio de vida. Ante los ojos de la Iglesia, y evidentemente,  ante la mirada escrutadora del Señor, es poderoso en palabras aquel que lo es, asimismo, en obras y en amor.

 

Para que nuestros ministerios sean eficaces , nuestras vidas han de ser puras y sinceras en todos los aspectos. Nuestro amor hacia las ovejas debe dejar de ser un amor aparente, convencional, no nacido de un corazón ardiente y apasionado por las almas. Es urgente, pues, que muchos de los que hemos sido elegidos por el Señor para ser ejemplo de la grey, dejemos de una vez de ser metal que resuena, o címbalo que retiñe, y amemos con ese amor que Pablo derramó, incondicional y generosamente, junto con su propia vida, en todo su fructífero, extenso e intenso  ministerio. De esta manera, hermanos, habrá una respuesta amorosa por parte del Señor y de aquellos que han recibido y valorado nuestro genuino ejemplo (Hechos 20:37).

                          (Jesús Mª Vázquez Moreno)

               IMPORTANCIA DE LA PACIENCIA EN LA VIDA CRISTIANA

"No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque nos es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa"  (Hebreos 10:35-36) .

"El escritor de Hebreos afirma que la paciencia es necesaria, no sólo porque tenemos que soportar hasta el fin, sino porque Satanás tiene innumerables ardides con los cuales nos acosa; y de aquí que si no tenemos una paciencia extraordinaria, nos derrotará una y mil veces antes de que podamos llegar siquiera a la mitad de nuestra jornada.

 

La herencia de la vida eterna está segura, mas como la vida es una carrera, debemos seguir adelante hacia el blanco. Pero en nuestro camino hay muchos obstáculos y dificultades, que no únicamente nos detienen, sino que también pararían nuestros pasos, si no tuviéramos gran firmeza mental para sortearlos. Satanás mañosamente sugiere toda clase de dificultades para desanimarnos. En suma , los cristianos jamás avanzarán dos pasos sin desmayar, a no ser que les sostenga la paciencia. Esta, pues, es la única forma por la cual podemos avanzar con firmeza y constancia; pues no podremos obedecer a Dios de otra manera, ni disfrutar de la herencia prometida, la cual es llamada aquí metonímicamente, la promesa."

                             (Juan CALVINO)

    La santificación que agrada a Dios

Como bien decía un conocido siervo de Dios "solamente entenderemos correctamente la doctrina de la santificación si primero entendemos la doctrina del pecado. Si no es así, no llegaremos nunca a la santifi-cación demandada por el Señor en su Palabra" (1ª Tesalonicenses 4:3)