Registrada en el Ministerio de Justicia en 1.993. Miembro de la F.E.R.E.D.E. y del C.E.A.A.

     

                    Lema para 2017:

    "...porque es tiempo de buscar a Jehová"                          (Oseas 10:12)

        (Tomado de la Iglesia "Torre Fuerte")     

                         _____________________                He aquí  que como el barro en la mano del                alfarero, así sois vosotros en mi mano" (Jer. 18:6)

 

 

¡Puede ser de otra manera!

 

Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada” (Lucas 10:41-42).

 

¡Cuántas cosas, nos distraen y apartan de la íntima comunión con nuestro amado Señor y Salvador! ¡Cuántos de nosotros podríamos identificarnos con Marta en estos momentos de nuestra vida! ¡Las iglesias están llenas de cristianos que padecen el síndrome “marta”...y no lo saben! ¡El afán y la turbación les aleja de la presencia gloriosa del Señor! Nuestra vida espiritual está ocupada en muchos quehaceres que nada tienen que ver con aquellos que el Señor considera prioritarios. Pero Jesús se ocupa de hacernos ver, con dulce y amorosa firmeza, que de entre tantas cosas que nos ocupan, inquietan y fatigan en esta vida, sola una es absolutamente necesaria: sentarnos a sus benditos pies y escuchar su Palabra, verdadero pan para nuestra alma hambrienta (Lucas 4:4).

 

El siervo de Dios Juan Carlos Ryle (1816-1900), refiriéndose a las palabras de JesúsSólo una cosa es necesaria” (vers. 42), escribe: "¡Cuán ciertas son estas palabras! Cuanto más vivimos en el mundo, más ciertas nos parecerán...Las “muchas cosas” por las que luchan continuamente los hombres y las mujeres no son verdaderamente necesarias.  La gracia de Dios que les trae salvación es la única cosa necesaria”. La Palabra de Dios enfrenta al hombre incrédulo con su prioridad presente y futura:Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Mateo 16:26).

 

Debemos recordar, que los hombres de Dios en el pasado daban especial importancia a pasar largo tiempo a los pies del Señor Jesucristo, orando y meditando su Palabra. Uno de ellos, al ser preguntado sobre este punto por un creyente, contestó: Hoy tengo muchísimas cosas que hacer, así que he  decidido pasar las cuatro primeras horas del día en oración”. Este varón de Dios había escogido la buena parte, la cual no le será quitada” (Lucas 10:42).

 

Hermano, dile a Jesús: “Señor mío, perdóname por haber estado afanado y turbado con muchos quehaceres, olvidándome de tu presencia junto a mí. He perdido mucho del tiempo que me has dado en trabajos y afanes que no edifican ni enriquecen mi vida espiritual. De ahora en adelante, oh Señor, me sentaré a tus pies para recibir cada día la buena parte que no me será quitada”.               

                    (Texto: Jesús Mª Vázquez Moreno/ Ilustración: Obra de Johannes Vermeer)

 

 

  

El descuido de la vida espiritual produce graves

y tristes naufragios

 

"Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” (1ª Corintios 10:12).

 

La presunción, compañera inseparable del orgullo, así como una vida espiritual superficial, aparente, es el origen y la causa de dolorosas y frecuentes caídas. Es un hecho incuestionable que uno nunca está más pronto a caer que cuando, indolentemente, no teme la caída. Cuando un creyente es fiel a Dios, es humilde de corazón, y cuando se es humilde de corazón se desconfía de sí mismo, de la propia seguridad. Las almas llenas de sí mismas y de sus propias cualidades y méritos  son altamente presuntuosas y vulnerables (Lucas 18:9-14).

 

Es difícil no encontrar, en toda la larga historia de la Iglesia de Jesucristo, ejemplos en tal sentido. Se han visto firmes columnas de la Iglesia desmoronarse y caer estrepitosamente a tierra. Basta con citar a Pedro y su triple negación. Pablo nos muestra otro doloroso ejemplo: Demas me ha desamparado, amando este mundo” (2ª Timoteo 4:10). Un viejo predicador inglés lo describía así: Bajeles (barcos) ricamente cargados, después de una larga navegación; después de haber resistido a las más furiosas tempestades y a las olas más elevadas, que amenazaban con tragarse la embarcación, sufren un triste e inesperado naufragio dentro del puerto, en la más sosegada bonanza.

Es el caso real del inesperado naufragio del entrañable "vaporcito del Puerto", el Adriano III, el cual se hundió en el muelle Reina Victoria de la capital gaditana un triste 30 de agosto del año 2011. Este valiente vapor había desafiado durante 56 largos años las más duras pruebas en sus pintorescas travesías por la bahía de Cádiz. . .y de todas ellas había salido airosamente, pero un descuido causado -posiblemente- por la propia monotonía del trabajo le llevó a hundirse cuando tocaba la seguridad y firmeza del muelle. Esto debe hacernos meditar sobre el peligro de la presunción en muchos hombres de Dios que, aun siendo fieles cristianos, corren el peligro de zozobrar en sus vidas espirituales al no tener cuidado de sí mismos  (1ª Timoteo 4:16; 2ª Pedro 3:17).

 

Es el caso del mismo David, del que  Dios dijo: He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón” (Hechos 13:22). Este varón de Dios, después de mil batallas, victorioso sobre muchos peligros y pruebas, sucumbre ante la tentación en medio de la paz y el sosiego de su propio palacio (2º Samuel 11). Su hijo Salomón, al que Dios dio...sabiduría y prudencia muy grandes, y anchura de corazón como la arena que está a la orilla del mar” (1º Reyes 4:29); instrumento del Espíritu Santo para legarnos los más sabios y ungidos consejos, cae en los más vergonzosos excesos, tanto carnales como idolátricos. Es triste  encontrarnos a un Salomón que fue fiel a su Dios, al que edificó un hermoso templo, construyendo después otros lugares de culto a los falsos dioses cananeos Quemos Moloc (1º Reyes 11).

 

Después de estos ejemplos, hermanos  ¿quién puede vivir ajeno al peligro de su propia concupiscencia? Pablo confiesa: “ Yo sé que en mí, esto es, en mi cuerpo, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo” (Romanos 7:18).

Amado hermano en Cristo, no duermas indolentemente llevando una vida relajada, peligrosamente confiada en ti mismo y en tu propia prudencia. No dudes en obedecer el amoroso pero firme mandato de Jesús: Velad y orad. para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil"(Mateo 26:41).

(Texto: Jesús Mª Vázquez Moreno/ Ilustración: Obra de Henri Toulouse.Lautrec)

 

Los himnos evangélicos perfectos

Joham Sebastian Bach (siglo XVIII) 

http://protestantedigital.com/tublog/27972/Los_himnos_evangelicos_perfectos

 

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"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia" (2ª Timoteo 3:16)

   Solo la Fe

  Solo la Gracia

  Solo Cristo

  Solo la Escritura

  Solo a Dios gloria 

         Los predicadores necesitan las                    oraciones de los demás

"Si algunos cristianos que han estado quejándose de sus ministros, hubieran dicho y hecho menos a la vista de los hombres y se hubieran dedicado con todas sus fuerzas a rogar a Dios por sus ministros, si hubieran elevado sus oraciones por ellos en forma humilde, ferviente e incesante, hasta sacudir el cielo, habrían estado mucho más cerca del éxito."     

                                 (Jonathan Edwards)

   La necesidad de hombres de oración

Los hombres de poder espiritual siem-pre valoraron la oración. Se tomaban el tiempo para estar a solas con Dios. Su oración no era una actuación apresurada.  Tenían muchas  necesidades importan-tes que aliviar, y muchos ruegos de peso que hacer. Necesitaban asegurar muchas provisiones. Tenían que esperan mucho en silencio ante Dios, y hacer muchas peticiones una y otra vez. La oración era el único canal a través del cual circulaban las peticiones y era el único medio para expresarlas. La única manera aceptable de esperar ante Dios que conocían era la oración. Valoraban la oración. Era más preciosa para ellos que cualquier piedra preciosa, más excelente que todo bien, de más valor que el supremo bien de la tierra. La estimaban, la valoraban, la apreciaban, la practicaban. La llevaban hasta sus últimos límites, ponían a prueba sus más grandes resultados, y aseguraban su más glorioso patrimonio. Para ellos la oración era lo más valioso de cuanto podían apreciar y usar."  (E.M. Bounds, "Orad sin cesar")

"El deseo del perezoso le mata, porque sus manos no quieren trabajar"  (Proverbios 21:25)

 

El hombre perezoso generalmente no logrará sus metas. El ve lo que quiere y lo desea grandemente y, sin embargo, no hará lo que es necesario para lograr sus metas. Esto da como resultado una genuina desesperación. Aquí vemos dos importantes verdades con respecto al hombre perezoso. Primera, que él parecerá ser sincero en desear ciertas cosas; por ejemplo, realmente pudiera querer ser un cristiano maduro. Segunda, aunque desea grandemente alguna cosa, no hará lo necesario para lograrla. 

Todos los problemas que acabo de citar acompañaban usualmente a las personas que acudían a mí en busca de consejo, y afirmaban que su problema consistía en que eran básicamente indisciplinadas. La Biblia dice que el problema real es la pereza. Y como la pereza es pecado, es un problema que puede solucionarse.

Primer paso: Admitir el pecado ( 1 Juan 1:9). El primer paso hacia la solución de este problema consiste en admitir que la pereza es el pecado y confesarlo a Dios. No debe disimularse este pecado diciendo que es un problema de indisciplina. Mientras no se reconozca que algo es pecado, habrá muy poca motivación para hacerle frente."

                                  (Gary W. Kuhne)