Registrada en el Ministerio de Justicia en 1.993. Miembro de la F.E.R.E.D.E. y del C.E.A.A.

       

          "¿NO PODRÉ YO HACER DE VOSOTROS COMO ESTE                        ALFARERO, OH CASA DE ISRAEL? DICE JEHOVÁ.

       HE AQUÍ QUE COMO EL BARRO EN LA MANO DEL                          ALFARERO, ASÍ SOIS VOSOTROS EN MI MANO"

                                   (Jeremías 18:6)

 

 

¿SERVIMOS AL SEÑOR CON ALEGRÍA?

 

Servid al Señor con alegría” (Salmo 100:2)

 

He podido comprobar, a través de los años de servicio al Señor, que muchos cristianos no le sirven con alegría. Posiblemente, esto sea motivado por no saber que hay un llamamiento específico al servicio de Jesucristo en la iglesia local; o bien porque existe una insatisfacción interna por el trabajo a realizar para el Señor, al considerar injusta la labor encomendada ante las cualidades que se cree poseer. La verdad, es que el hombre, en líneas generales, no encuentra alegría en el servicio que realiza, por un motivo o por otro. ¡No es lo mismo hacer algo porque se está obligado a hacerlo, por una necesidad ineludible, que servir con alegría!

 

Los hijos de Dios estamos llamados a ser servidores de Cristo, y a servirle con alegría. Para los creyentes el servir al Señor no se debe considerar una carga ,una obligación gravosa, sino que debemos hacerlo de corazón:”Todo lo que hagáis, hacedlo de coraón, como para el Señor” (Colosenses 3:23). No es, por tanto, una obligaciónhacer “lo que es agradable delante de él por Jesucristo” (Hebreos 13:21). Un ejemplo a tener en cuenta es el del propio Jesús, “...el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio” (Hebreos 13:2). Nuestra vida, al igual que la del Maestro, debe ser un vivo testimonio de servicio gozoso, porque hemos sido elegidos “para servir al Dios vivo y verdadero”. ¡Qué hermoso testimonio de gozo en el Señor el de los apóstoles Pablo y Silas en la cárcel de Filipos, cantando himnos a Dios en medio de su injusta situación por causa del nombre de Cristo! (Hechos 16:25).

 

El apóstol Pablo nos anima con su propio ejemplo a servir al Señor con alegría en todas las circunstancias y durante todos los díasde nuestra peregrinación. Él era un hombre sujeto a debilidades como nosotros, viviendo momentos difíciles como nosotros, sufriendo por la ingratitud y el rechazzo de los suyos. . . como nosotros, pero su corazón ardía de gozo sirviendo a su Señor en cualquier circunstancia, positiva o negativa: “Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros” (Colosenses 1:24); “Y aunque sea derramado en libación sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe, me gozo y regocijo con todos vosotros, Y asimismo gozaos y regocijaos también vosotros conmigo” (Filipenses 2:17-18).

 

Amado hermano, si Cristo nos llama a estar “siempre gozosos” (1ª Tesalonicenses 5:16), y a regocijarnos “en el Señor siempre” (Filipenses 4:4), no hay excusa ante Él para que le sirvas con un corazón triste y desganado, justificándote en tus problemas personales. Al igual que David, pídele a Dios: “Hazme oír gozo y alegría, y se recrearán los huesos que has abatido” (Salmo 51:7).

     (Texto: Jesús Mª Vázquez Moreno/Ilustración: Coro Iglesia Torre Fuerte de Jerez Fra.)

 

   

El Evangelio de la gracia

soberana de DIOS

  

Si algo es aborrecido enconadamente es el verdadero Evangelio de la gracia de Dios, especialmente si esa odiosa  palabra “soberanía” se menciona al mismo tiempo. Atrévanse a decir: “Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca” (Romanos 9:15), y habrá furiosos críticos que les insultarán desmedidamente.

El religioso moderno sólo aborrece la doctrina de la gracia soberana, sino que despotrica y se enfurece con su sola mención. Preferiría que blasfemáramos antes que predicáramos la elección por el Padre, la expiación por el Hijo o la regeneración por el Espíritu. Si quieren ver a alguien excitado hasta que lo satánico prevalezca claramente, dejen que algunos de los nuevos teólogos les oigan predicar un sermón sobre la libre gracia. Un evangelio que sea según los hombres será bienvenido por los hombres; pero hace falta una operación divina en el corazón y la mente para que alguien esté dispuesto a recibir en lo más profundo de su alma este inaceptable Evangelio de Dios.

 

Mis queridos hermanos, no traten de hacerlo agradable a las mentes carnales. No oculten el tropiezo de la cruz, no sea que la hagan vana. Los ángulos y las esquinas del Evangelio son su fuerza: recortarlos significa quitarles su poder. La moderación no es el aumento de la fuerza sino su muerte. ¡Claro!, habrán notado que aun entre las sectas sus puntos distintivos son los cuernos de su poder; y cuando éstos quedan prácticamente omitidos, la secta decae. Aprendan, pues, que si quitan a Cristo del cristianismo, el cristianismo está muerto. Si quitan la gracia del Evangelio, el Evangelio desaparece. Si a la gente no le gusta la doctrina de la gracia, denle tanto más de la misma."

                                                                                                                                      (Carlos H. Spurgeon)

(Conferencia dirigida a una asamblea de ministros del Evangelio en abril de 1890)

"Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos" (Mateo 5:43-45)

 

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   Solo la Fe

  Solo la Gracia

  Solo Cristo

  Solo la Escritura

  Solo a Dios gloria 

                       El honor de Dios

El honor de Dios sigue siendo el asunto más importante de esta vida. Y está siendo pisoteado en este mundo moderno, sobre el cual él, a pesar de todo, es misericordioso, sí, pero sobre el cual él también gobierna enviando sus juicios. Todo esto debería hacer  que nos conmoviéramos.  El especta-culo de ver a la Iglesia del Señor Jesucristo presa de la confusión y el error debería hacer que nos consumié-ramos. El Señor Jesucristo ganó a su Iglesia al precio de su inmaculada sangre, de incalculable e infinito valor. Él merece, por tanto, reinar sobre una Iglesia visible conforme a las ordenanzas que él ha establecido y que proclame la verdad que él ha revelado.

Esta, y no otra, es la necesidad de la Reforma de la Iglesia, ayer y hoy.

(Texto: Jorge Ruiz /Ilustración: Fragmento obra de Sébastien Bourdon-Museo Hermitage)

           Nuestra reverencia hacia Dios

Que la sangre de Cristo nos haya limpiado de todos nuestros pecados, no debería disminuir nuestra reverencia hacia Dios, sino más bien aumentarla. La obra redentora de Cristo es una clara indicación de que nuestro Dios  no toma el pecado con ligereza. De ahí la solemne reverencia del autor de la Epístola en el vers. 25: "Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháramos al que nos amonesta desde los cielos" (Heb. 12:25). 

A la luz de esta realidad, el autor nos advierte en los versículos 28 y 29: " Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia; porque nuestro Dios es fuego consumidor".

 

Los creyentes del nuevo pacto poseen una percepción más clara de la santidad de Dios que los santos en el antiguo; ellos saben ahora que, por causa de sus pecados, Dios envió a su propio Hijo a derramar su sangre en la cruz, pues de otro modo nadie habría podido ser salvo; consecuentemente, los creyentes del nuevo pacto deberían experimentar una reverencia más profunda cuando se acercan a ese Dios en adoración.     (Sugel Michelén)