Registrada en el Ministerio de Justicia en 1.993. Miembro de la F.E.R.E.D.E. y del C.E.A.A.

       

          "¿NO PODRÉ YO HACER DE VOSOTROS COMO ESTE                        ALFARERO, OH CASA DE ISRAEL? DICE JEHOVÁ.

       HE AQUÍ QUE COMO EL BARRO EN LA MANO DEL                          ALFARERO, ASÍ SOIS VOSOTROS EN MI MANO"

                                   (Jeremías 18:6)

 

 

JESÚS, EL ÚNICO MÉDICO QUE NUNCA NOS DEFRAUDA

(Marcos 5: 21-43)

Hace unos días, viajando en un autobús urbano de mi ciudad, escuché a una mujer quejarse, con palabras destempladas, de los médicos y de la sanidad en general. No pude saber los motivos con certeza, pero sí que esta mujer se encontraba desalentada y frustrada por la situación que estaba viviendo.

 

La verdad, hermanos, es que muchos enfermos van de aquí para allá, de médico en médico, de consulta en consulta sin encontrar solución para sus males y enfermedades. Y, lo peor, es que cada día se encuentran peor y más desesperados, aparte de sufrir graves pérdidas económicas.

 

Resulta paradójico, y a la vez preocupante, que en una sociedad moderna como la nuestra, dotada de los más modernos avances en tecnología molecular, biológica, etc., cuando cada día nos sorprenden con nuevos y espectaculares descubrimientos médicos; siendo las inversiones en gastos asistenciales muy elevadas, los resultados sean tan bajos y poco esperanzadores.

 

De ahí que muchos de estos enfermos, sean de barrios periféricos o de clase medio-alta, acudan a la medicina alternativa o a curanderos desaprensivos e ineficaces para aliviar sus sufrimientos y dolencias. Pero pocos, muy pocos, saben de un Médico Todopoderoso al que pueden acudir gratuitamente y en cualquier momento, sin cita previa ni largas esperas, para encontrar el oportuno y anhelado socorro: Jesús de Nazaret.

 

Querido hermano o amigo, haz como aquella mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce largos y dolorosos años, viviendo en una constante amargura y desesperación: Acércate a Jesús y, por fe, toca su manto. Ella, que oyó hablar de Jesús, tuvo muy claro en su corazón atribulado tres cosas que hicieron posible este maravilloso milagro, algo que también está a tu alcance, ya que el Señor “no está lejos de cada uno de nosotros” (Hechos 17:27): En primer lugar, que solo Cristo era su última esperanza (Hechos 5:27); después que solo tenía esa única oportunidad (27-28) y, por último, que solo su fe en Cristo y en su poder divino podía sanarla (28).

 

Para ella bastaba con poco, después de haber sufrido de muchos médicos (26), habiendo gastado todo lo que tenía sin obtener resultado (26), y yendo su enfermedad para peor (26): tocar el manto de Jesús (28), ¡Y el milagro se produjo, gloria al Señor! ¿A que esperas para acercarte en fe al Señor Jesucristo?

                                                                                   (Jesús Mª Vázquez Moreno)

 

 

EL FUNDAMENTO DE LOS APÓSTOLES Y PROFETAS

 

Cristo “llamó a sus discípulos y escogió doce de ellos, a los cuales también llamó Apóstoles". Este llamamiento, que al principio parecer provisional, se convirtió en algo definitivo y de capital importancia para llevar a cabo los planes salvíficos de Dios. 

El papel de los Apóstoles dentro de la historia de la salvación, es único. No tanto porque fueran constituidos recipientes de la revelación sino porque fueron hechos portadores autorizados de la misma. A ellos quiso ligar Cristo su Iglesia para siempre. Ellos son los instrumentos del mensaje de Cristo. Sobre ellos el Señor estableció su Iglesia y, sobre ellos, sigue edificándola. Muchos cristianos, aparte de los Doce, fueron también testigos de la revelación cristiana y de sus grandes eventos redentores, pero solo los Apóstoles fueron constituidos instrumentos, oficialmente designados y sobrenaturalmente equipados, de dicha Revelación.

 

El significado peculiar del apostolado dentro de la economía del Evangelio aparece claramente evidenciado, de muchas maneras, en el Nuevo Testamento. De los Apóstoles se dice que fueron llamados para conocer el consejo redentor de Dios en relación con el envío de su Hijo al mundo.

 

La singularidad del oficio apostólico se pone de relieve también en la expresión, tan a menudo repetida en el Nuevo Testamento: “Apóstol de Jesucristo”. La investigación más reciente ha sugerido que la estructura formal del apostolado se deriva del sistema jurídico hebreo, dentro del cual una persona podía conferir a otra, para que la representase propiamente, toda su autoridad y poder legal. La propia palabra griega “apóstolos” es una traducción del vocablo arameo “sheliha” (en hebreo “sháliah”). Según el derecho de los rabinos, el sháliah representaba de manera cabal, completa y perfecta, por medio de su persona, a aquel que lo había enviado. Toda su autoridad, sin embargo, se derivaba de la representación que ostentaba; como delegado, o embajador, obraba en nombre de quien le había encomendado una misión. El sheliha (apóstol) de una persona era como esta persona misma. En este sentido, cualquiera que recibe a un apóstol recibe a Aquel que lo envió. Jesús aplicó este concepto a sus Apóstoles de manera formal: “El que os recibe a vosotros, a mí me recibe; y el que a mí recibe, recibe al que me envió”.

 

A los Apóstoles confirió, pues, Cristo el poder único de representarle. En un sentido singular y exclusivo, Jesús les confió el Evangelio del Reino. Ellos son los instrumentos de Cristo y como sus órganos para la continuación de la revelación. Con Cristo comparten el basamento sobre el cual se apoya toda la estructura del edificio de la Iglesia: ellos son “roca”, “fundamento” y “columnas” de la Iglesia. Sin embargo, los Apóstoles de Cristo no tienen ni autoridad ni mensaje propios. Su autoridad les viene únicamente por delegación. Les ha sido dada por Jesucristo y a Él deben obedecer, permaneciendo en su estrecha e íntima comunión”.

(Texto: Fragmento del libro “El fundamento apostólico”, de José Grau/ Ilustración: obra de C.Morell en el Ayuntamiento de Granada)

"Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos" (Mateo 5:43-45)

 

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"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia" (2ª Timoteo 3:16)

   Solo la Fe

  Solo la Gracia

  Solo Cristo

  Solo la Escritura

  Solo a Dios gloria 

              El valor de las Escrituras

"Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis

la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí" (Juan 5:39)

 

"Cuando Cristo comenzó su ministerio en la sinagoga de Nazaret con las palabras de Isaías: "El Espíritu del Señor es sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres", Él dijo: "Hoy se ha cumplido esta Escritura en vuestros oídos" (Lc. 4:17-21). En el Sermón del Monte nuestro Señor dijo: "No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas: no he venido para abrogar, sino a cumplir. Porque de cierto os digo, que hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde perecerá de la ley, hasta que todas las cosas sean hechas" (Mat. 5:17-19).

 

En estos días tenemos muchos libros acerca de la Biblia, pero hay muy poco escudriñamiento de las mismas Escrituras. Un estudio detenido de lo que Jesús mismo dice acerca de las Escrituras del Antiguo Testamento, con el ruego de que la luz del Espíritu Santo sea arrojada sobre las páginas, recompensaría bien al estudiante de la Biblia.  Muy pocos tienen idea de cuán numerosas son las citas del Antiguo Testamento hechas por nuestro Señor. Él hace referencia a veinte personajes del Antiguo Testamento, Cita de diecinueve libros diferentes. . ."¿No habéis leído?" o "Escrito está", es el fundamento del constante llamado de Cristo".         

(Texto: A.M.Hodgkin/Ilustración: Obra de Rembrandt) 

                  ¡La soberanía de Dios!

¿Qué queremos decir con esta expresión? Queremos decir la supremacía de Dios. que Dios es Rey, que Dios es Dios. Decir que Dios es soberano es declarar que es el Altísimo, el que hace todo conforme a su voluntad en los huestes de los cielos y entre los habitantes de la tierra, de modo que nadie puede detener Su mano ni decirle: ¿Qué haces? (Daniel 4:35). Decir que  Dios es soberano es declarar  que es el Omnipotente, el Poseedor de toda potestad en los cielos y en la tierra, de modo que nadie puede frustrar Sus consejos, impedir Sus propósitos, ni resistir Su voluntad (Salmo 115:3). Decir que Dios es Soberano es declarar que "se enseñoreará de las gentes" (Salmo 22:28), levantando reinos, derrumbando imperios y determinando el curso de las dinastías según le agrada. Decir que Dios es soberano es declarar que es el "solo soberano", Rey de reyes, y Señor de señores" (1ª Timoteo 6:15). Tal es el Dios de la Biblia".         

 (Del libro "La soberanía de Dios", de A.W. Pink)