Registrada en el Ministerio de Justicia en 1.993. Miembro de la F.E.R.E.D.E. y del C.E.A.A.

     

                    Lema para 2017:

    "...porque es tiempo de buscar a Jehová"                          (Oseas 10:12)

        (Tomado de la Iglesia "Torre Fuerte")     

                         _____________________                He aquí  que como el barro en la mano del                alfarero, así sois vosotros en mi mano" (Jer. 18:6)

 

 

La Palabra silenciada

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"Jesús les dijo:  . .procuráis matarme, porque mi palabra no halla cabida en vosotros" (Juan 8:37)

 

Cuenta la escritura divina que antes que Dios destruyese la ciudad y reino de Jerusalén por Nabucodonosor, rey de Babilonia, dijo al profeta Jeremías estas palabras: “Toma un libro en blanco, y escribe en él todas las palabras que te he dicho contra Judá y contra Israel, desde el día que comencé a hablar contigo hasta el día presente, y léelo en presencia del pueblo para ver si por ventura, oyendo esta gente todos los males que yo pienso hacerles, se apartarán de sus malos caminos, para que así les sea yo propicio y les perdone sus pecados, y cese de enviarles este castigo que tengo determinado” (Jeremías 36:1-3). Y dice luego la Escritura que como Baruc, notario de este profeta, escribiese todas estas palabras y las leyese en presencia del pueblo y de los príncipes dél, que cayó tan gran temor y espanto sobre ellos, que se miraban a las caras unos a otros como atónitos por la grandeza de las cosas que habían oído.” (F. Luís de Granada, ·Guía de pecadores” /texto original).  ¡Dios advirtió a su pueblo de la desgracia que les vendría encima, pero ellos no escucharon ni obedecieron al profeta Jeremías : La destrucción total no tardó en llegar a sus vidas. Dios es misericordioso, pero su justicia no se retarda!

 

Me confiaba recientemente un pastor amigo algo que entristeció mi corazón en gran manera. Este pastor  -hombre curtido en la obra del Señor, luchador incansable en la defensa de la fe de Jesucristo frente a la siempre preocupante invasión de herejías y conceptos antibíblicos, humanistas y modernistas; defensor a ultranza de la santidad de vida de los miembros del Cuerpo de Cristo, incluidos los mismos ministros de la Iglesia-  había sido objeto de comentarios y murmuraciones poco edificantes, aparte de engañosos e infundados, sobre su íntegro y reconocido ministerio. La firme denuncia del pecado y la vida corrupta, la llamada permanente e insistente a una consagración total a Aquel que murió para redimir un pueblo llamado a alumbrar al mundo con su testimonio de vida en el Señor; su constante preocupación por la obstinada vida carnal de ciertos miembros de la comunidad a la que pertenece, parece ser que no ha gustado a ciertas personas que no consideran conveniente el pretender restaurar el compromiso cristiano en esa citada comunidad de creyentes.

 

Después de oír tal confidencia, no pude dejar de acordarme del texto arriba citado, párrafo que recientemente pude leer en un libro que contiene consejos muy estimulantes y convenientes para una vida cristiana de acuerdo a la demanda santa de Dios: “Guía de pecadores”. En él, el escritor cita al profeta Jeremías, el cual es llamado por el Señor para denunciar el pecado de Judá “...a causa de toda su maldad” (Jeremías 1:16). Pero el problema se agravó para este tímido profeta de Dios, cuando Jehová le revela algo que supera su carácter retraído y temeroso: “Porque he aquí que yo te he puesto en este día como ciudad fortificada, como columna de hierro, y como muro de bronce contra esta tierra, contra los reyes de Judá, sus príncipes, sus sacerdotes, y el pueblo de la tierra. Pero pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo, dice Jehová, para librarte.” (Jeremías 1:18-19). Difícil y ardua tarea la asumida por este siervo de Dios. Pero el Señor lo capacita derramando su poder en él (Jeremías 1:9). Ahora tiene lo necesario para denunciar el pecado del pueblo que vive en tinieblas: autoridad, poder  y Palabra de Dios.

 

Este pueblo de Judá, que no se ha avergonzado de su fornicación e idolatría, no recibe el llamamiento de Dios para el arrepentimiento, respondiendo con soberbia desafiante: “No andaremos”, “No escucharemos”(Jeremías 616-17). La respuesta del Señor no se retardó ante tamaña insolencia: “He aquí yo traigo mal sobre este pueblo, el fruto de sus pensamientos; porque no escucharon mis palabras, y aborrecieron mi ley” (Jeremías 6:19).

 

Hermanos amados, no permitamos que la relajación se apodere de nuestras congregaciones, entronizando costumbres y formas de vida que alejen a las almas de la Palabra  santa y de su Señor y Salvador, porque como dice el apóstol Pablo:Porque si las cosas que destruí, las mismas vuelvo a edificar, transgresor me hago”. . . “¿Tan necio soy? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?” (Gálatas 2:18; 3:3). Por ello, te pregunto muy seriamente: ¿Vas a quemar la Palabra de Jehová en el fuego del silencio y la desobediencia a Dios como hizo el impío rey Joacim? ¿Echarás al profeta que te habla la Palabra de advertencia del Señor a la cisterna llena del cieno maloliente de la murmuración y la insidia? ¿Dejarás que otros te arrebaten el tesoro más importante de la Iglesia, la Palabra revelada de tu Dios? Tuya es la respuesta, tuya es la decisión. No seas como la rebelde Judá: “Esta es la nación que no escuchó la voz de Jehová su Dios, ni admitió corrección; pereció la verdad, y de la boca de ellos fue cortada” (Jeremías 7:28). ¡Teme a Dios; escucha su Palabra y síguela! ¡Mejora tu camino y tus obras! ¡Busca la bendición de Dios para tu vida!

    (Texto: Jesús Mª Vázquez Moreno/Ilustración:"El apóstol Pablo en la cárcel", obra de Rembrandt)

 

 

¿Conocemos siempre al buen pastor de las ovejas?

 

"Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas. Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa”  (Juan 10:11-12).

 

En esta parábola aparecen tres personajes: el buen pastor, el asalariado o mal pastor  y el lobo. Estos se definen, según la Palabra de Dios, como el que da su vida por las ovejas por amor a ellas; el que no arriesga nada por defenderlas y huye cobardemente; y aquel al que solo le interesan las ovejas para matarlas y alimentarse con su carne, engordando a costa de los indefensos animales. 

Para muchos cristianos experimentados no debería resultar difícil diferenciar a estos tres personajes en muchos de los ministerios que se mueven libremente entre nuestras iglesias. Ya Jehová, por medio del profeta Jeremías, se lamentaba de los falsos pastores que dañaban su rebaño: “¡Ay de los pastores que destruyen y dispersan las ovejas de mi rebaño!” (Jeremías 23:1). Más adelante, de nuevo habla Dios -con justificada dureza- por boca del profeta Ezequiel contra los malos pastores que solo se aprovechan del rebaño, no apacentando ni cuidando a las ovejas bajo su  responsabilidad

(Ezequiel 34:1-24)Otro profeta de Dios, Isaías, habla a nuestro corazón palabras llenas de consuelo y seguridad: “Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan” (Isaías 58:11).

Todos somos pastores, o al menos así nos reco-nocen en nuestras congregaciones. Todos tene-mos el mandato de cuidar y apacentar el rebaño del Señor, amándolo hasta la muerte, si es nece-sario. Todos hemos reconocido, pues, que el pastorado es un gran regalo del Señor a nues-tras vidas, pero al mismo tiempo todos también hemos asumido la responsabilidad de vivir sólo para el Señor y para sus ovejas, pero nunca de ellas.  Este, sin lugar a dudas, es el buen pastor, con el cual se identifica Cristo en este mensaje. El mal pastor, el asalariado, es aquel que solo se preocupa de las ovejas para su provecho y beneficio egoísta, sin importarles en absoluto la vida espiritual de ellas ni el peligro al que están expuestas por causa de su mal pastoreo, como bien lo expresó cierto siervo de Dios: "Quien sirve a Dios por dinero; es capaz de servir al diablo por un mejor salario". El mal pastor entiende que la autoridad recibida del Príncipe de los pastores es un privilegio ante los demás, pero nunca un llamamiento santo al humilde y abnegado servicio de las almas (1ª Pedro 5:2-4). Desgraciadamente, estos abundan en muchas congregaciones cristianas. De ahí, la dolorosa situación que están padeciendo algunas iglesias en nuestros días.  Carlos H. Spurgeon, siervo fiel y prudente del Señor,  profetizó sobre todo esto hace más de ciento cincuenta años:  "LLegará un día en que en lugar de pastores alimentando a las ovejas habrá payasos entreteniendo a las cabras". Tristemente, hermanos, tenemos que reconocer que este día ya ha llegado al pueblo cristiano. 

 

El  lobo y estos pastores asalariados se confunden en más de una ocasión. No hay duda alguna de que el lobo -feroz y sangriento depredador- actúa con terrible egoísmo criminal contra las ovejas (es la manifestación de su instinto natural), aunque muchos de ellos aparecen vestidos con piel de oveja ,  oveja a la que previamente han matado y devorado. Por la gracia y el amor de Dios, he podido tratar ministerialmente a algunas de estas ovejas que han sido dañadas y maltratadas por estos seudopastores sin ungimiento ni autoridad de Dios. Sin la ayuda del Espíritu Santo y la Palabra  sanadora, jamás hubiesen sido restauradas en su vidas espirituales gravemente heridas.

 

Hasta aquí, hermanos amados, la descripción de cada uno de los personajes de esta parábola de Jesús. Pertenece ahora a la Iglesia, con la iluminación del Espíritu, el discernir quién es quién en el rebaño del Señor. El apóstol Juan nos advierte sobre este grave peligro que se cierne sobre la Iglesia de Jesucristo: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios” (1ª Juan 4:1).

          (Texto:Jesús Mª Vázquez Moreno/Ilustración 1ª: Obra de Jean-Francois Millet)

 

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"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia" (2ª Timoteo 3:16)

   Solo la Fe

  Solo la Gracia

  Solo Cristo

  Solo la Escritura

  Solo a Dios gloria 

      La grandeza de Cristo en relación                    con la Iglesia (Colos.1:18)

Cristo es la Cabeza única de la Iglesia que es su Cuerpo. En ningún lugar de las Escrituras se hace mención de alguna otra en ningún sentido, ni literal ni figurado, ni visible ni invisible. No hay absolutamente nadie en quien Cristo haya delegado la facultad de ser Cabeza.

 La dignidad de la Cabeza de la Iglesia está íntimamente relacionada con la resu-rrección (v.18) y, en consecuencia, con la muerte de la cruz. "Cristo es el que murió, más aún, el que también resu-citó, quien además está a la diestra de Dios" (Rom. 8:34).  Sólo Cristo murió. Sólo Cristo resucitó. Sólo Cristo ha sido dado como Cabeza a la Iglesia (Ef. 1:20-23).

"Para que en todo tenga preeminencia". Cristo ostenta la primacía en cuanto se refiere a la dirección de su Iglesia. Aun los movimientos más insignificantes del Cuerpo debieran efectuarse siempre en respuesta a órdenes de la Cabeza"

( Pastor José M. Martínez -1924/2016)

          La  seguridad de la salvación 

 "Hay muchos verdaderos creyentes que nunca disfrutan la plena seguridad de la esperanza en todos sus días. Su fe es tan débil y su sentido del pecado tan fuerte que nunca sienten confianza en su propio interés por Cristo. Muchas veces podrían decir como David: "Al fin seré muerto algún día" (1º Samuel 27:1)., y con Job: "¿Dónde, pues, estará ahora mi espe-ranza?" (Job 17:15).

El gozo y la paz en el creer que algunos sienten, y el testimonio del Espíritu que otros experimentan son cosas que muchos creyentes, cuya fe es innegable, nunca parecen alcanzar. Llamados como lo han sido, por la gracia de Dios, nunca parecen gustar de la plena satisfacción de su llamamiento. Pero aun así han sido perfectamente salvados, aunque ellos mismos rehúsen reconocerlo".

                                    (Juan Carlos Ryle)

"¡Cuan importante es para los cristia-

nos estar firmes en la fe, y armados con el claro conocimiento bíblico de toda la doctrina del Evangelio!

Temo esa tendencia , que va creciendo, que considera todas las cuestiones doctrinales como asuntos de opinión, y mira a todo hombre que sea sincero, formal, serio y de buena fe, como correcto y verdadero, cualesquiera que sean las doctrinas que mantenga. Advierto que el resultado se-guro de dar pie a esta tendencia será el de una teología indefinida, barata y brumosa; una teología sin contenido de esperanza positiva, sin móvil positivo, y sin consola-ción positiva; una teología que falla más, precisamente, cuando más se necesita, en el día de la aflicción, en la hora de la enfermedad y en el lecho de muerte."

(Tomado del libro "Seguridad de Salva-ción" de  Juan Carlos Ryle)

"Cuentan que un predicador, después de

leer el texto latino de la Sagrada Escritura, comenzó así: "Dice el Espíritu Santo, y no le falta razón..." . Menos mal; este orador estaba conforme con lo que decía el Espíritu Santo. Somos bastantes, gracias a Dios, los que estamos conformes en que Dios tiene razón; eso no se lo discutimos a Dios tan fácilmente. Otra cosa muy distinta es que nosotros hagamos o no lo que Dios dice."

                                    (M. de Iraolagoitia)

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 En cierta ocasión,  Jesús contestó a aquellos que le avisaban de la llegada de su  madre y sus hermanos para verle: "Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la hacen" (Lucas 8:20-21).