Registrada en el Ministerio de Justicia en 1.993. Miembro de la F.E.R.E.D.E. y del C.E.A.A.

       

          "¿NO PODRÉ YO HACER DE VOSOTROS COMO ESTE                        ALFARERO, OH CASA DE ISRAEL? DICE JEHOVÁ.

       HE AQUÍ QUE COMO EL BARRO EN LA MANO DEL                          ALFARERO, ASÍ SOIS VOSOTROS EN MI MANO"

                                   (Jeremías 18:6)

 

 

La cara menos conocida de la tragedia del Covid-19

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Resulta muy doloroso y sobrecogedor conocer el número de personas mayores que han fallecido en las residencias públicas y privadas como consecuencia del virus Covid-19, sobre todo en la ciudad de Madrid y alrededores. Esta penosa circunstancia ha venido a actualizar un antiguo problema que se venía arrastrando de años anteriores: la carencia de medios adecuados y de personal especializado para poder hacer frente a situaciones límites como las padecidas en estos últimos meses. De este tema se ha hablado y se seguirá hablando por largo tiempo en todos los foros sociales y políticos, amén de los judiciales; pero se comentará poco o nada sobre una noticia aparecida en una cadena televisiva nacional, la cual dio voz a las protestas de una familia contra las autoridades por el fallecimiento de su anciana madre a causa, según ellos, de una injustificada falta de atención y cuidado durante el periodo más virulento de la epidemia.

 

Desgraciadamente, casos más o menos parecidos se han dado muchos en esos dramáticos días, pero en éste aparece una connotación diferente que a nadie he escuchado comentar: esta interna fallecida era madre de ocho hijos, circunstancia que vino a aumentar aún más mi atención y, sobre todo, al saber de la actitud reivindicativa de estos hijos. Por todo ello, no pude evitar el preguntarme: ¿A qué viene ahora tan manifiesto interés por la muerte de su anciana madre? ¿Estos ocho hijos se habían interesado debidamente por ella mientras vivía? Y, por último, una pregunta que me hubiese agradado hacerles directamente : ¿Ninguno de vosotros tenía disponible en vuestras viviendas una simple habitación para acomodar a vuestra madre, aquella que os dio la vida y os crió con sumo cuidado y amor? En cambio, ella, ¡cuántas veces, en los solitarios pasillos de ese gélido edificio, recordaría silenciosa y amorosamente a sus hijos y nietos!

 

Todo esto me llevó considerar la situación que viven muchísimos ancianos “ubicados” en asépticas residencias donde esperan, en lánguida soledad interior, el final de sus días. Es fácil suponer que este callado sentimiento alcanza mayor tristeza y dolor cuando se cuenta con una amplia familia como es el caso de esta anciana. ¡Cuántos de estos mayores se han ausentado de este mundo durante estos aciagos días con el corazón afligido ante una inesperada y vacía marcha sin despedida!

Según escribe Francisco Gras en un excelente artículo, “ser padres de los padres ya es la primera obligación de los hijos con sus padres, es cuidarles, ofreciéndoles como mínimo los mismos conceptos de seguridad, atención, cuidado y cariño que ellos recibieron de pequeños . . .Los padres llegan a una edad o a unas condiciones físicas que tienen que ser cuidados, quieran o no, incluso para evitar males mayores e irreversibles, como en su día fueron cuidados sus hijos. . .Los hijos a medida que se van haciendo mayores, vivan en la casa paterna, vivan fuera, o aunque tengan formada su propia familia, tienen que ser responsables de las obligaciones morales, familiares y cívicas que tienen con sus padres, los que en su día les dieron todo lo que necesitaban, para llegar donde han llegado hoy. . .Es un privilegio el tener padres. En algunas sociedades, más del 70% de los hijos viven en familias monoparentales. Cuidar de los padres cuando llegan a mayores, debe considerarse como otro privilegio.”

 

Amados hermanos, la Palabra de Dios dedica una especial atención al núcleo familiar, resaltando el papel de los padres en el plan de Dios para la familia. Entre los diez mandamientos contemplados en el Decálogo, sobresale uno de especial obligación moral y espiritual: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da” (Éxodo 20:12). Anastasios Kioulachoglou, autor cristiano nacido en Tesalónica, escribe lo siguiente sobre este mandato divino para su pueblo: “Es un mandamiento de Dios el honrar a nuestros padres con todo lo que ese honor pueda incluir. El mandamiento de honrar a nuestros padres es el primer mandamiento con promesa y en verdad qué promesa: ¡Vivir mucho en la tierra y que te vaya bien! ¡La mayoría de la gente no querría nada mas que esto! Bueno, esa es la promesa. ¡No es incondicional! Es condicional y será otorgada a aquellos que honren a sus padres. Este mandamiento era tan importante que el que hablara algo malo sobre sus padres iba a morir. Si, hoy vivimos bajo la era de la gracia pero el mandamiento del Señor y Su promesa están ahí. Y el reto está ahí para nosotros también.”

Después de esta lectura, es obligado presentarse delante de Aquel que conoce lo más íntimo de nuestros corazones con las siguientes preguntas : ¿Estoy cumpliendo con el mandamiento dado por el Señor  de honrar a  mis padres?¿Cuido a mis padres como ellos lo hicieron conmigo? ¿Les ayudo a ser felices en la última etapa de sus vidas? ¡Dios está esperando nuestra respuesta!                                                                                                  (Jesús Mª Vázquez Moreno)

 

 

 

 

¿PUEDE EL HOMBRE CAÍDO DECIDIR SOBRE SU SALVACIÓN ETERNA?

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"Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida" (Juan 5:21)

 

Muchos predicadores modernos fundamentan la salvación del incrédulo, --y algo más trascendente aún como es el nuevo nacimiento-- en la fe de aquellos que deciden dar un paso en obediencia al llamamiento presentado desde el púlpito. Esta es una práctica muy extendida en amplios círculos arminianos que está causando un gravísimo daño a las almas inconversas, ya que las envía sin remisión a un estado irreversible de condenación eterna. La Biblia, única y exclusiva regla que debe seguir el cristiano, amén de todo genuino ministro del Señor,  declara fehacientemente que la fe del propio hombre caído no es la causa de la justificación ante Dios, ya que no se encuentra absolutamente nada en él que pueda ser esgrimido ante el tribunal del Juez justo, porque ¿qué clase de fe puede tener una persona incrédula que no conoce al Señor, que nunca ha tenido un encuentro con Cristo y que ha vivido siempre en una religiosidad muerta donde se honraba y daba culto a las criaturas y no al Creador? (Romanos 1:25).

 

Si aceptamos que la fe nacida en el hombre pecador sirve para su justificación ante el Dios justo, entonces sería fácil considerar que esta es un mérito personal que podría satisfacer la obligada demanda de la Escritura. Pero no es así, ya que es solo una engañosa argucia del enemigo para seguir teniendo al hombre bajo su tiránico dominio y engaño, aún después de que éste proceda a dar el conocido  paso de "fe". Siguiendo esta tónica, se tendría que reconocer como válida la sangre de los animales sacrificados en el Antiguo Testamento para alcanzar la salvación. Por tanto, es evidente, que ni la fe procedente del hombre destituido de la gracia de Dios, ni la sangre de los animales ofrecidos en el altar de los sacrificios, tienen valor alguno para justificar al pecador frente a la perfecta justicia divina. Solo la sangre preciosa de Cristo, ofrecida por aquellos que son escogidos y llamados, obtiene eterna redención (Hebreos 9:12-15). Es, pues, Dios buscando al hombre, y no el hombre a Dios. Es Dios, por medio de su gracia, y según el designio soberano de su voluntad, dando vida a los elegidos, los cuales estaban muertos en delitos y pecados, siendo por naturaleza hijos de ira como los demás. En definitiva, es Dios derramando el don de la fe en aquellos que Él ha escogido para salvación antes de la fundación del mundo (Efesios cap. 1-2).

 

Esta bíblica posición teológica la encontramos, sorprendentemente, en un conocido autor católico del siglo XVI, contemporáneo de Juan Calvino, Fray Luis de Granada (1504-1588); por cierto nada sospechoso de influencias calvinistas. En el capítulo VI de su famosa obra "Guía de pecadores", expone lo siguiente sobre el beneficio de la divina elección: "Mira atentamente todas las circunstancias de esta elección, y verás como cada una de ellas por sí es un gran beneficio y una nueva obligación. Mira cuán digno es el elector que te escogió, que es el mismo Dios, infinitamente rico y bienaventurado, y que ni de ti, ni de nadie tenía necesidad. Mira cuán indigno por sí era el electo, que es una criatura miserable y moral, sujeta a todas las pobrezas, enfermedades y miserias de esta vida, y obligada a las penas eternas de la otra por su culpa. Mira cuán alta es la elección, pues fuiste elegido para un fin tan soberano, que no puede ser otro mayor, que es para ser hijo de Dios, heredero de su reino, y particionero (partícipe) de su gloria. . . Mira, otrosí (además) la singularidad de esta merced; pues entre tanta infinidad de bárbaras naciones y de condenados, quiso El que te cupiese a ti esta suerte tan dichosa en el número de los escogidos; y así te apartó y entresacó de aquella masa dañada del género humano por el pecado.” (Transcripción literal tomada de la edición de Editorial  Miñón,  S..A.)

 

Amado hermano, muéstrate firme en la doctrina de Jesucristo. No creas a aquellos que predican un evangelio humanista, antropocéntrico, donde el hombre usurpa el derecho y la autoridad de Dios con su arrogante decisionismo, encubriendo que Él salva a quien quiere en el uso de su prerrogativa santa y única. En tal sentido, así lo declaran las Escrituras : “Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia”(Romanos 9:15-16). El Hijo de Dios lo ratificó gravemente: “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere” (Juan 6:44). ¡Alégrate y gózate con esta verdad eterna y alaba al Señor con cánticos de gratitud!                                                                                                           (Jesús Mª Vázquez Moreno)

 


                                                                

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"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia" (2ª Timoteo 3:16)

   Solo la Fe

  Solo la Gracia

  Solo Cristo

  Solo la Escritura

  Solo a Dios gloria 

      Lo que aspiramos ser: MAESTROS

"Hermanos, anhelo que todos podamos ser "aptos para enseñar". La iglesia nunca tiene demasía de aquellos cuyos labios "alimentan a muchos". Debe ser ambición nuestra "ser buenos mayordomos de la multiforme gracia de Dios". Todos conocemos ciertos ministros capacitados que son expositores de la Palabra e instructores de los creyentes. Siempre os lleváis algo cuando vais a oírles. Se ocupan de cosas de gran precio; su mercadería es de oro de Ophir. Ciertos pasajes de la Escritura son citados y reciben nueva luz; y ciertas especialidades de la experiencia cristiana son descritas y explicadas. Salimos de estas predicaciones con la sensación de que hemos estado en una buena escuela. Hermanos, deseo que cada uno de nosotros ejerza un ministerio así de edificante. ¡Ojalá tengamos la experiencia, la iluminación y la laboriosidad necesarias para una vocación tan elevada! ¡Cuánto necesitamos más sermones ricos en instrucción! Hermanos, mirad muchos de los sermones modernos. ¡Qué fuego, qué furia! ¡Cuántos destellos y cuánta velocidad! ¿Qué es todo esto? ¿Cuál es el propósito de tal exhibición? Solemos encontrarnos con sermones que son caleidoscopios, de una belleza maravillosa; pero, ¿qué contienen? . . .

Es preciso alimentar al rebaño de Dios. Debemos ocuparnos de verdades eternas, y hacer presa en el corazón y en la conciencia. Debemos, de modo efectivo, vivir para educar una raza de santos, en quienes  el Señor Jesús se reflejará como en mil espejos."

                               (Carlos H. Spurgeon)

      TESTIMONIO FIRME Y COHERENTE

Llegó a decir el teólogo Dionisio Borobio: "Una de las palabras más desfiguradas por el uso hoy en día, es la palabra "testimonio". Dar testimonio con la propia vida es la consigna de los que toman la vida en serio. Dar testimonio del Evangelio es haber tomado en serio su doctrina. Mas la vida de muchos cristianos es una continua oposición entre lo que dicen creer y lo que de verdad dicen sus obras. Y sobre todo si ser cristiano es. .  . esta especie de "egoísmo" espiritual en que se ha encerrado las más de las veces una piedad rutinaria en que todo gira alrededor de nuestra propia conveniencia."  (D. B.)

   ORACIÓN DE GRATITUD  (Efes.1:3-10)

"Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinados para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra."