Registrada en el Ministerio de Justicia en 1.993. Miembro de la F.E.R.E.D.E. y del C.E.A.A.

       

          "¿NO PODRÉ YO HACER DE VOSOTROS COMO ESTE                        ALFARERO, OH CASA DE ISRAEL? DICE JEHOVÁ.

       HE AQUÍ QUE COMO EL BARRO EN LA MANO DEL                          ALFARERO, ASÍ SOIS VOSOTROS EN MI MANO"

                                   (Jeremías 18:6)

 

¿Estás siempre atento a la vida de tus hijos?

Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (Prov. 22:6)

 

Los hijos son, en manos de los padres, lo que la arcilla en manos del alfarero, una masa blanda que se presta a toda clase de formas, y de la que se hace el uso que se quiere. De acuerdo a la educación bíblica que reciben y al testimonio cristiano presenciado en su hogar, dará como resultado una forma u otra del barro.. El apóstol Pablo lo reconoce en su epístola al joven Timoteo: “. . .trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también” (2ª Timoteo 1:5).

 

Muchos padres piensan que aman a sus hijos con todo su corazón, y no es verdad, ya que los dejan en manos del mundo, permitiendo que otros los arrastren con sus dañinas e impías enseñanzas y prácticas al aborrecimiento de la piedad, de Dios y de su Palabra, que es similar a entregarlos al dios Moloc, tal como lo hacían los sanguinarios amonitas. No es nada nuevo que muchos padres creyentes lo hagan, porque los propios israelitas se vieron arrastrados a tan horrible práctica a los ojos de Dios (2º Crónicas 33:6). ¿Este es el amor que padres como el rey Manasés –que pasó a sus hijos por fuego—le tienen a sus propios hijos? ¡Cuántos padres han ayudado y empujado a sus hijos al fuego destructor del pecado y del vicio!

 

Atendamos esta parábola ilustrativa: “Un pastor de ovejas cristiano fue apresado y conducido a la cárcel sin saber por qué. Una vez en su celda, comenzó a examinar su conciencia para ver si podía encontrar la causa que había motivado su prisión. Sin duda alguna, pensó, me encuentro aquí por alguna falsa acusación, porque ¿qué motivo he dado a la justicia para ser detenido? Todos los días oraba al Señor y le alababa tocando mi instrumento y cantaba hermosos himnos. Sentado a la sombra de algún árbol meditaba en la santa Palabra de Dios y, no obstante, me han metido entre rejas. Al ser llevado ante el juez, fue condenado a pagar una considerable multa. El pastor, sorprendido, exclamó: Pero ¿por qué, señor? Le contestó el juez: He aquí que mientras tú orabas y alababas a tu Dios, y leías la Biblia, tu ganado entró en algunas viñas, las devastó y causó daños irreparables. Aquellos animales no tenían juicio, pero a ti te tocaba tenerlo por ellos”. ¡Así ocurre, tristemente, con muchos padres creyentes de hoy!

 

Amado hermano, puede ser que mientras tú oras a Dios, alabas su bendito nombres, o te deleitas en su Palabra, tus hijos hayan saltado la valla de tu propia responsabilidad ante Dios. A ti te toca “tener juicio”. Espero que esta advertencia del Señor sea recibida con gratitud y humildad, no olvidando que herencia de Jehová son los hijos” (Salmo 127:3).

                                                                                                               (Jesús Mª Vázquez  Moreno)

 

 

EL VALOR DEL TIEMPO

DADO POR DIOS

 

Mirad, pues, con diligencia como andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” (Efesios 5:15-16).

 

Muchos cristianos desperdician neciamente el tiempo dado por Dios, sin tener en cuenta que este tiempo es demasiado precioso para que no sea estimado como un regalo inapreciable de Dios. Los hijos de Dios deberíamos conocer el precio del tiempo para comprender la gran pérdida que significa el emplearlo de forma ociosa e irresponsable. El tiempo es algo tan valioso, que todos los bienes def este mundo no valen lo que vale un sólo instante delante del Señor. Podemos decir, con toda seguridad, que cada minuto que no hemos empleado en hacer la voluntad de Dios expresada en su Palabra, hemos desperdiciado más que si hubiésemos perdido los más valiosos tesoros de la tierra.

 

Un cristiano relajado en su fe, en su lecho de muerte, se dolía tristemente del tiempo perdido en ociosa y vana mundanalidad: “¡Cuán irreparable pérdida, cuántas ridículas y vacías conversaciones con personas ajenas al Espíritu, cuánto tiempo desperdiciado en entretenimientos frívolos! ¡Oh, si yo tuviera una sola hora de aquel tiempo que tan mal empleé, cuánto haría para ti, Señor! Tuve a mi disposición horas y horas, meses y años, y los perdí insensatamente, de forma irresponsable. ¡Cuánto me acuerdo de aquel versículo que aprendí de niño en mi iglesia:”Mirad, pues, con diligencia como andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” (Efesios 5:15-16). Pero, Señor, yo tuve estas horas , tuve a mi disposición todo el tiempo que tú me concediste, y perdí estérilmente este preciado regalo”.

 

El conocido predicador Carlos H. Spurgeon, dijo en una de sus predicaciones: “No juguéis con el tiempo ni digáis: “Hay tiempo de sobra; quien es sabio sabe que bastante tiempo apenas basta”. No hagáis como aquel hombre ebrio que, al llegar a su casa una noche, vio que una vela había sido encendida en su cuarto.

¡Dos velas, murmuró entre dientes asombrado! ¡Qué derroche” Apagaré una”.

¡Hay tantos hombres embriagados por el pecado, que ven delante de sí dos vidas cuando solamente tienen una! Creen disponer de una vida para derrocharla viviendo perdidamente y otra para entregarla a Dios. De esta forma apagan la única vela y se quedan eternamente en tinieblas. ¡Recuerda siempre que tienes sólo una vida!”.

 

Amado hermano, nuestros días son como sombra que se va”, y se consumen “como humo” (Salmo 102:3, 11). Por ello, como advierte el apóstol Pablo a la iglesia de Efeso, tienes que mirar con diligencia como andar (Efesios 5:15). Debes aprovechar bien el tiempo para que cuando te presentes delante del Señor Él pueda dec irte: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor” (Mateo 25:21, 23)               

                                                                                                             (Jesús Mª Vázquez Moreno)

 

31 octubre 1517/ 2019

502 ANIVERSARIO  DE LA REFORMA PROTESTANTE

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  LA ABNEGACIÓN QUE DIOS DEMANDA

"Entonces Jesús dijo a sus discípulos:

Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame" . (Mateo 16:24)

 

Todo discípulo de Jesucristo de asumir que si quiere seguir al  Maestro, si decide ir en pos de Él, debe considerar si está dispuesto a afrontar las dos demandas del Señor: negarse a sí mismo y tomar su cruz cada día.  No es una opción voluntaria que hay que meditar, sino una demanda que hay que cumplir como discípulo fiel y verdadero de Jesús. 

Por otro lado, también hay que considerar que la negación de sí mismo es imprescindible para la propia perfección y santidad espiritual. Negarse a sí mismo es negarse a nuestro amor  propio; es dejar de amar la propia vida, los bienes y atracciones de este mundo y la fuerte seducción de la carne y de los sentidos; en definitiva, todo aquello que domina y esclaviza nuestro corazón.   (J.Mª V.M.)

         LA GRAN OCUPACIÓN DEL

                   FIEL MINISTRO

  "La gran obra del ministro, en la que debe radicar su fortaleza de cuerpo y mente, es la predicación. Por flaco y despreciable, o loco (en el mismo sentido en que llamaron a Pablo loco) que pueda parecer, es el gran instrumento que Dios tiene en sus manos por el que los pecadores serán salvos y los santos serán hechos aptos para la gloria. Plugo a Dios , por la locura de la predicación, salvar a los que creen. Fue para ello que nuestro bendito Señor dedicó los años de su propio ministerio. ¡Oh, cuánta honra ha dado Jesús a la obra de la predicación, al predicar Él en las sinagogas, o en el templo, o bien sobre las quietas aguas del mar de Galilea! ¿No hizo Él a este mundo como el campo de su predicación? Esta fue la la gran obra de Pablo  y de todos los apóstoles. Por esto dio el Señor el mandamiento: "Id por todo el mundo y predicad el evangelio". ¡Oh, hermanos, ésta es nuestra gran obra!  Buena obra es visitar a los enfermos, y enseñar a los niños, y vestir a los desnudos. Bueno es también atender el ministerio del diaconado; también lo es escribir o leer libros. Pero la principal y más grande misión es predicar la Palabra. "El púlpito --como dijo Jorge Herbert-- es nuestro gozo y trono." Es  nuestra torre de alerta. Desde aquí hemos de avisar al pueblo. La trompeta de plata nos ha sido concedida. El enemigo nos alcanzará si no predicamos el evangelio.              (Robert M. McCheyne)