Registrada en el Ministerio de Justicia en 1.993. Miembro de la F.E.R.E.D.E. y del C.E.A.A.

       

          "¿NO PODRÉ YO HACER DE VOSOTROS COMO ESTE                        ALFARERO, OH CASA DE ISRAEL? DICE JEHOVÁ.

       HE AQUÍ QUE COMO EL BARRO EN LA MANO DEL                          ALFARERO, ASÍ SOIS VOSOTROS EN MI MANO"

                                   (Jeremías 18:6)

 

 

 EL GRAVE PELIGRO DEL PECADO ESCONDIDO

 

No podrás hacer frente a tus enemigos, hasta que hayáis quitado el anatema de en medio de vosotros”( Josué 7:13).

 

Cada paso en la conquista diaria del creyente, es similar a la conquista de la tierra de Canaán por el pueblo de Israel. Los fracasos de los israelitas son nuestros fracasos. Después de grandes victorias sobre el enemigo, somos derrotados con facilidad en aquello que consideramos de poca importancia. Pero en este caso nuestro corazón nos engaña, porque no nos toca a nosotros valorar lo pequeño o lo grande, lo justo o lo injusto, lo santo o lo pecaminoso: esto pertenece a la absoluta soberanía y perfecta justicia del Dios Todopoderoso. Muchos hombres de Dios han fracasado como consecuencia de pretender ocupar un lugar que solo pertenece al Señor, llegando al punto de no ver por esta causa sus debilidades y pecados, osando encubrirlos a los ojos de los demás, pero  no de Aquel que ve lo oculto y lo escondido, como en el dramático caso de Acán. Al igual que Josué, nadie podrá hacer frente a sus enemigos hasta que haya erradicado el pecado oculto de su vida (Josué 7:13). Esto es así, y no de otra manera, porque Dios lo ha declarado en su Palabra infalible. El hombre puede desobedecer u ocultar la voluntad del Señor, pero no puede librarse de las consecuencias que de ella dimanan: “El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia”(Prov. 28:13)

 

Todos sabemos que a la victoria espectacular y poderosa en Jericó siguió la vergonzosa derrota ante los hombres impíos de Hay, una ciudad de poco rango, fácil de tomar (Josué 7). Aparte de no invocar el nombre del Señor, tuvieron en poco al enemigo: “No suba todo el pueblo, sino suban como dos mil o tres mil hombres , y tomarán a Hay; no fatigues a todo el pueblo yendo allí, porque son pocos” (vers. 3). El resultado de este ataque fue una derrota ignominiosa con pérdida inútil de valiosos hombres. Pero Dios mostró, a un Josué quebrantado delante de Él, el verdadero motivo de esta inesperada derrota: “Israel ha pecado, y aun han quebrantado mi pacto que yo les mandé. . .por esto los hijos de Israel no podrán hacer frente a sus enemigos” (vers. 11-12).

 

La derrota, pues, de Hay fue causada por el pecado escondido en medio de Israel ¡Qué gran lección para nosotros, aquellos que culpamos a los demás injustamente de nuestras caídas y fracasos! En verdad, el pecado siempre es el origen de todos los problemas del pueblo de Dios, y el encubrimiento es la necia respuesta del pecador obstinado a la justa demanda de Dios. Esto ocurrió en el huerto con Adán (Génesis 2: 6-12), y sigue, tristemente, ocurriendo en nuestros días.

Por ello, nuestras victorias en la fe están condicionadas por la obediencia absoluta al Señor y por la santidad de vida. Cuando el pecado ha sido confesado y limpiado, y no ocultado con engaño, el Señor nos da la victoria sobre nuestros enemigos: “No temas, ni desmayes; toma contigo toda la gente de guerra, y levántate, y sube a Hay. Mira, yo he entregado en tu mano al rey de Hay, a su pueblo, a su ciudad y a su tierra” (Josué 8:1).

 

Amado hermano, el Señor te dará la victoria precisamente en ese lugar donde has sido derrotado vergonzosamente. No podrás seguir adelante sin restaurar tus fracasos, los cuales debes asumir sin culpar a nadie. Para ello necesitas del poder de Dios para cada batalla, grande o pequeña, asumiendo tu responsabilidad delante del Señor. Medita, por tanto, en este poderoso versículo: “Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1ª Corintios 15:57).                                              ( Jesús Mª Vázquez Moreno)  

 

       Alivio en medio de las pruebas

                  y tribulaciones

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Ningún reposo tuvo nuestro cuerpo, sino que en todo fuimos atribulados; de fuera, conflictos; de dentro, temores”  (2ª Corintios 7:5).

Muy posiblemente, hermano, estés pasando por una etapa dura y difícil, tanto que cuando procuras descansar o abstenerte de pensar en ello no logras evitarlo. Al intentar buscar al Señor en oración con el fin de encontrar reposo para tu alma, no salen siquiera de tus labios unas torpes palabras hacia Él. Llega un momento en el que, en medio de tanta incapacidad, te rindes y decides reconocer tu inútil esfuerzo, llevándolo todo a Dios y descansar, a la vez, en su Palabra consoladora: “Señor, tú lo sabes” (Apocalipsis 7:14). ¡Verdaderamente Él lo sabe todo! ¡Qué bendita quietud para nuestra alma atribulada cuando decidimos llevar todas nuestras cargas a los pies de nuestro Dios! ¡Qué suave alivio para nuestro corazón angustiado cuando el Señor Jesús nos acerca amorosamente al suyo! Cuán acertada la expresión del apóstol Juan: “Señor, tú lo sabes” (Juan 21:17).

 

Pero, con frecuencia, nos queda una pregunta oculta en el corazón que no nos atrevemos a musitarle al Señor, a pesar de haber encontrado alivio y sosiego para nuestra alma:¿Por qué, Señor, me llevas a experimentar esta tribulación tan dura y amarga, si sabes cuánto te amo? El Señor no contesta, calla, guarda un paciente silencio ante el gemir de nuestro corazón. Este tipo de preguntas sólo encuentra respuesta dentro de la presencia de Dios: “Hasta que entrando en el santuario, comprendí. . .” (Salmo 73:17). ¡Oh Dios mío, cuán torpe era yo que no entendía el por qué del sufrimiento que Tú estabas permitiendo en mi vida! Ahora he entendido, mi Señor, que tenías un propósito amoroso: el mostrarme que debo depender en todo de Ti; que tu mano estuvo siempre extendida hacia mi sosteniéndome. . .y yo no lo sabía.

 

Amado hermano, al igual que a los corintios, el Señor nos quiere recordar que el tesoro de Dios no somos nosotros, sino que su gloria descansa en nuestra debilidad, porque “. . .tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, más no angustiados: en apuros, más no desamparados,, derribados, pero no destruidos” (2ª Corintios 4:7-9). Sólo hay una forma de experimentar una vida poderosa de fe, y es por medio de la prueba. En la placidez, en el deleite, en la tranquilidad, no se adiestra el soldado para la batalla. La enseñanza de Dios, una vez aprendida, es una sabia y poderosa arma contra el enemigo de nuestra fe. ¡Verdaderamente, Señor, tú lo sabes todo! 

(Texto: Jesús Mª Vázquez  Moreno) (Ilustración: Fragmento de una obra de José Garnelo)        https://www.museogarnelo.org/author/museo-garnelo/.

 

24 noviembre 1572 , parte con el Señor el reformador escocés JOHN KNOX (1514-1572).

Viviendo como vivimos en días de ignorancia acerca de la Historia, hay, sin embargo, al menos una cosa que es por lo general recordada de JOHN KNOX: es que su nombre ha sido comúnmente tratado con desaprobación y crítica. Probablemente a ninguna figura en la Historia de la Iglesia de Gran Bretaña le ha sido concedida tal permanente hostilidad. En su propia época fue injuriado, amenazado, proscrito, quemado en efigie y casi asesinado.”(Ian Murray).

No debe extrañarnos tan feroz persecución contra este intachable y fiel ministro del Evangelio porque, precisamente, en boca de Jesucristo, este es el mejor aval que acredita su vida de duro servicio al Maestro: “Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan,y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos,porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros” (Mateo 5:11-12). El epitafio que aparece en su tumba lo describe muy bien: "Aquí yace un hombre que en su vida nunca temió al hombre, que fue a veces amenazado con daga y puñal,pero que acabó sus días en paz y honor". Más...www.iglesiapueblonuevo.es/index.p

"Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte. Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna en él" (1ª Juan 3:14-15)

 

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   Solo la Fe

  Solo la Gracia

  Solo Cristo

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  Solo a Dios gloria 

            EL PODER DE LA LENGUA

  "Es muy usual que los hombres  fundamenten su poder, tanto para hablar el bien como para dañar con el mal, en el poder de sus lenguas.

Y así lo escribió Santiago en su epístola: "La lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno. . .Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios" (Santiago 3:6, 9).

 

Es muy posible, hermanos, que la mayoría de nosotros hablemos demasiado y, algo peor y más dañino, hablemos cosas gravísimas que atentan contra la integridad y honra de algún hermano o ministerio. Lo verdadera-mente preocupante es que casi nunca reconocemos haberlo hecho ante los demás, aunque el Espíritu Santo nos muestre nuestra imprudencia e insensatez.  De todas maneras, el mal ya está hecho y la reparación  siempre tarda en llegar, si es que  alguna vez llega.

¡Qué reprochable es ante Dios y los hombres manchar la integridad de alguien con palabras que salen de un corazón no limpio, ensuciado por la maldad, el rencor o la envidia!

 

Es verdad que cuando hablamos demasiado no siempre lo hacemos  prudente y sabiamente, tal como  afirma la propia Palabra:  "En las muchas palabras no falta pecado" (Proverbios 10:19).

Por ello, el salmista decía: "Pon, oh Jehová, guarda a mi boca; guarda la puerta de mis labios" (Salmo 141:3).

Jesús, dirigiéndose a los fariseos, les denunció: "¿Cómo podéis hablar lo bueno siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca?" (Mateo 12:34). 

Ante esta común debilidad humana, el Señor nos aconseja: "Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él mana la vida" (Proverbios 4:23).

Si no es así, si no atendemos el consejo sabio de Dios, sólo nos espera el severísimo juicio del Juez justo: "Y de toda palabra ociosa que hablaren los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio" (Mateo 12:36).   (J.Mª V.M.)     

        FRASES SOBRE LA FE PURITANA

"El puritano no es un hombre fuerte. Es un hombre muy débil al que se le ha dado fuerza para darse cuenta que es débil" (Martyn Lloyd-Jones)

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"Debemos establecer la Palabra de Dios siempre ante nosotros como una regla, y creer en nada más que lo que enseña, no amar nada sino lo que prescribe, no odiar nada más que lo que prohíbe, no hacer nada más que lo que ordena" (Henry Smith)

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"Las Escrituras nos enseñan la mejor manera de vivir, la manera más noble de sufrir, y la forma más alentadora de morir". (John Flavel)                   

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"Es al contemplar la gloria de Cristo por fe que somos edificados espiritual-mente y edificados en este mundo, porque al contemplar su gloria, la vida y el poder de la fe se fortalecen cada vez más. Es por fe que crecemos para amar a Cristo. Entonces, si deseamos una fe fuerte y un amor poderoso que nos den descanso, paz y satisfacción, debemos buscarlos al contemplar diligentemente la gloria de Cristo por la fe. En esta tarea deseo vivir y morir.

En la gloria de Cristo fijaré todos mis pensamientos y deseos, y cuanto más vea la gloria de Cristo , más se marchitarán ante mis ojos las bellezas pintadas de este mundo, y seré cada vez más crucificado para él". (John Owen)